16º Festival de Cine Alemán de Madrid (4): en la recta final

  26 Junio 2014

La oscuridad del drama… y la comedia no tan negra

aleman-ummah1Si hay algo que me haya sorprendido siempre del cine alemán es su imprevisibilidad, que habitualmente desemboca en una cierta oscuridad en sus cintas que sirve como sello para identificarlo y diferenciarlo del resto. Las películas no son predecibles porque no tienen por qué acabar bien, porque puede ocurrir cualquier cosa y porque, como la vida misma, a menudo no sabes qué esperarte de ellos.

Hoy, curiosamente, el planteamiento ha sido justo el contrario. A pesar de encontrarnos cintas de enorme nivel, estas lo eran por su buena realización y lo bien que estaba llevada la historia; sin embargo, no había imprevisibilidad en ellas, sino que todo se podía anticipar o descubrir, y la trama deparaba pocas sorpresas. Únicamente se mantenía hasta cierto punto ese toque de oscuridad en lo que se contaba.

O al menos, era así en alguna de las proyecciones: tanto en alguna repetida, como Banklady, como en otras nuevas, como Ummah – Entre amigos, cinta que ponía la guinda final al Ciclo Arthaus y abría la tarde del viernes.

La película recupera un tema que los alemanes de la última década ya han dejado bien claro que adoran: la extraña pareja. Pareja (o más bien trío, en este caso) representado por otro de los tópicos del cine teutón de los últimos años, como es el de los inmigrantes, especialmente turcos y árabes, y la relación de los nacidos alemanes con estos.

La trama se centra en Daniel, un policía secreto que, después de resultar herido en una operación que le llevó a asesinar a dos neonazis de la célula donde estaba infiltrado, viaja a Berlín para ocultarse y desaparecer en un barrio con una fuerte presencia de árabes y turcos. Allí no tardará en entablar una sólida amistad con Abbas y Jamal, que le darán un nuevo significado a su vida.

Los derroteros que va a tomar la película son obvios: Daniel se ve cada vez más inmerso en esa cultura musulmana, hasta el punto de enfrentarse con otra inmigrante muy crítica con la cultura de la que procede; mientras, ve la opresión y el desprecio a que sus amigos se ven sometidos sólo por motivos de su religión y etnia, e intenta luchar contra ello y contra sus superiores, que quieren mantenerlo como agente infiltrado para sus propios fines.

Con esa trama no queda mucho lugar a la imaginación o lo inesperado, y todo sucede tal y como cabría esperar; únicamente se podría destacar en ese sentido un final más sorprendente y personal, pero que dada la oscuridad ya comentada, tampoco es en exceso extraordinario.

A pesar de la falta del elemento sorpresa, la película funciona a la perfección, y tras un arranque tal vez demasiado lento, mantiene la atención hasta el final merced a un apartado técnico nuevamente impecable y muy sobrio, pues todo se centra en los actores (puntos extra para Kida Ramadan y para Frederick Lau, que parece el hermano menor y despistado de Liam Neeson)… que son el segundo punto a favor de la película, pues estos son capaces de construir personajes sólidos, atractivos y creíbles.

aleman-fack-ju-goehte-1Con todos esos elementos, incluso la descarada amabilidad con que se trata la cultura musulmana, en la que apenas si se ven ligerísimas críticas mientras se demoniza todo lo que vaya contra ella, resulta algo con un gran atractivo y fuerza, por su realismo y el importante mensaje de tolerancia que pretende (y logra) transmitir.

Y como a un drama se opone una comedia, se proyectaba también en esos momentos Querida Courtney. En el pase siguiente se daba la vuelta: el drama estaba en la repetición del documental Art War, y la comedia en la novedad de Fack ju Goehte.

Al igual que Ummah, resultaba esta nueva cinta predecible de principio a fin. Incluso más que la anterior, de hecho. Algo que tampoco sorprende si nos enfrentamos a la historia de un expresidiario que cuando ha de recuperar un botín enterrado descubre que está bajo un nuevo gimnasio en un colegio… lo que le lleva a hacerse pasar por profesor para intentar encontrarlo. Por diversos avatares le tocará en suerte la clase más pendenciera y conflictiva del lugar, y se verá luchando por educarles o al menos sobrevivir.

El tema no es nada que no hayamos visto ya mil veces, obviando los detalles: ya sea con la comedia, en Sister Act 2: De vuelta al convento y Escuela de rock; o con el drama, en la famosa Mentes peligrosas. El tema del profesor falso, o del profesor que se enfrenta a una clase de casi delincuentes (o ambos unidos) es algo visto hasta la saciedad, sobre lo que poca innovación queda.

Y por eso, Fack ju Goehte no es innovadora. Ni lo pretende, en absoluto. Partiendo de una base tópica no se molesta en ocultar las influencias, en utilizarlas, y en construir un guión predecible hasta la última línea. ¿Qué la hace funcionar? Como en Ummah, es la buena química entre los personajes protagonistas (algunas de las actrices asistieron a la proyección), magníficamente interpretados y estructurados en torno al magnetismo de Elyas M’Barek, que devora la pantalla en cada plano.

Esa gran química repercute en un apartado cómico de gran ingenio y acidez, que es lo que mantiene a flote una cinta que se pasa en un suspiro, y que ha permitido convertirla en uno de los mayores éxitos en taquilla de toda la historia del cine alemán. No es nada nuevo, ni especial, pero en cuanto a entretenimiento, es una cinta de matrícula de honor, y eso siempre es de agradecer.

Más allá de estas dos películas se proyectaba también el cortometraje Patch, una obra de animación experimental que resulta en un interesante ejercicio técnico, pero cuyo valor más allá no destaca demasiado. Por otra parte, se realizaba también la primera de las dos proyecciones de Wolfskinder, cinta de corte histórico que se repetirá el sábado.

Sin ser un día de películas especialmente llamativas ni obras maestras, las presentadas han cumplido con creces y gozado de un enorme encanto y personalidad, que permiten mantener la calidad de un festival que cada año se reafirma en su posición.

Escribe Jorge Lázaro 

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