George Sidney: su cine musical y la música en su cine

  27 Diciembre 2020

No siempre valorado

sidney-1-escuelaGeorge Sidney será recordado siempre como un excelente director de musicales, ejemplos muy claros lo demuestran: Bésame Kate, Magnolia, Levando Anclas, Escuela de sirenas, Pal Joey, La mitad de seis peniques, Bye Bye Birdie, Pepe...

Pero en su medio centenar de películas también podemos encontrar otras pertenecientes a diversos géneros, que van desde el de aventuras, pasando por el melodrama y terminando con la comedia. En la mayoría de ellas contó con excelentes compositores. Estamos hablando de Scaramouche con Victor Young, La reina virgen y El Danubio rojo con Miklos Rozsa, Key to the city con Bronislau Kaper, Dos edades del amor con Roy Webb y ¿Quién es esa chica? con André Previn, por nombrar algunas.

Escuela de sirenas, uno de sus primeros musicales más aclamados, obedecía al lucimiento de la brillante Esther Williams, y para acompañar sus sinuosos movimientos dentro del agua, además de los focos, surtidores e incluso llamas, se dotó a la banda sonora con ritmos cálidos y latinos.

Ahí estaba Lina Romay, con la rumba Bim Bam Boom, al son de las maracas y con los fastuosos escenarios de Hollywood de fondo, o con el tema Alma Llanera (Yo nací en una ribera...) del venezolano Pedro Eliás Gutierrez, quien, según se cuenta en una anécdota, ofreció este tema perteneciente a una zarzuela de su creación a los delegados de la Metro cuando estos acudieron a él en busca de material para la película. El tema fue un exitazo y, posteriormente, ha sido versionado por muchísimos cantantes latinos.

Otra figura aquí presente es el tenor colombiano Carlos Ramírez, quien cantando Muñequita Linda conseguía encandilar a propios y extraños en una época en la que España y Europa vivían tiempos de vacas flacas después de la guerra civil y la segunda guerra mundial.

A todo este ambiente kitsch hay que añadir la Orquesta de Xavier Cugat, los Music Makers del trompetista Harry James, pero fundamentalmente la pieza Tico Tico con el órgano electrónico de Ethel Smith, sugerente y encendedora de miles de pasiones en aquella época.

La película contaba con números para todos los gustos, desde el ritmo más frenético, al número clásico del musical, pasando por las rumbas, rancheras, vals y piezas clásicas, y todo ello hace que el espectador casi no llegue a apreciar el excelente trabajo del auténtico compositor del resto de la música, John Green, que también ejerció el trabajo de director y supervisor musical.

En cuanto a su edición discográfica, destacaremos la edición en CD por parte del sello Blue Moon, que, aunque nos ofrece el soundtrack completo con efectos de sonido incluidos, nos permite disfrutar y rememorar este film tan peculiar y que creó la moda en la España de finales de cuarenta y los cincuenta, de que no había verano sin un filme de Esther Williams.

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Con Levando anclas se consiguió, además de revolucionar el musical de la época, un Oscar a la mejor adaptación musical para George Stoll en 1945. ¿Quién no recuerda a Gene Kelly saltando por doquier en su permiso por Hollywood y al bobalicón de Sinatra teniendo más suerte que su maestro en el arte de ligarse a las chicas de la meca del cine?

Números destacables son el llamado Celos, ambientado en España o tal vez en México, el célebre número de Gene Kelly haciendo pareja de baile con el mismísimo ratón Jerry con The worry song, el pianista José Iturbi, la portentosa voz de Kathryn Grayson, y «la voz» cantando la preciosa canción I fall in love too easily, que recibió una nominación al Oscar.

También se dispone de una edición en compacto de Blue Moon de esta banda sonora, pero con el mismo defecto que la anterior, aunque con buen criterio, va acompañada de otro plato fuerte musical: Un día en Nueva York.

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Después vino un musical menor, Las chicas de Harvey, con la espléndida Judy Garland. Un musical sobre las chicas camareras que trabajaban en los restaurantes que Fred Harvey construyó a lo largo de la línea de Santa Fe para así poder proporcionar la comida que el ferrocarril no daba a sus viajeros.

Estas chicas debían de ser recatadas y con un buen concepto ético y moral, y por ello chocaban con el rudo vaquero del salvaje oeste y con el grupo de chicas con moral distraída del lugar.

Por todo ello, además de las excelentes canciones interpretadas mayoritariamente por Judy Garland, ya que el filme sirve de vanagloria de la actriz, son también protagonistas del mismo el ferrocarril y una genial Angela Lansbury, capitana de un grupo de mujeres que se enfrentan a la llegada de las Harvey Girls.

Este musical consiguió alzarse con el Oscar de 1946 a la mejor canción: On the Atchison, Topeka and the Santa Fe. La música y letra de casi todas las canciones del film se deben a Harry Warren y Johnny Mercer.

Y además de esta clásica canción del musical, la Garland también se lució con otras como: Swing your partner round and round, In the valley o My intuition.

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Con Ziegfeld Follies, George Sidney se limitó a realizar un espectáculo colosal para conmemorar el 20 aniversario de Metro-Goldwyn-Mayer con todos los actores y actrices del estudio y dándole un numerito a cada uno.

Por ello, la música y letra de las canciones pertenecen a los compositores más variados y variopintos de la plantilla del estudio, y así, por mencionar algunos, tendríamos que destacar a George e Ira Gershwin con la canción Liza, aquí interpretada por Avon Long, y la excepcional The rabbitt and the bromide, con Gene Kelly y Fred Astaire como artífices del número, dos genios cara a cara bailando al son de esta pieza. 

Harry Warren, autor como acabamos de ver de la música de Las chicas de Harvey entre otras muchas, también intervino aquí junto con el letrista Arthur Freed, y ambos dieron forma a la mejor de las canciones de este musical This heart of mine, interpretada nuevamente por Fred Astaire.

En la película también intervenían otros prestigiosos nombres: Esther Williams, Lena Horne, James Melton, Red Skelton, etc.

Posteriormente Sidney se toma un respiro musicalero y retoma otras empresas. Sin embargo y a pesar de abordar diversos estilos, sus «otras» películas poseen un ritmo y un dinamismo propio de un musical.

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El más claro ejemplo lo tenemos con Los tres mosqueteros (1948), donde repiten con el director Gene Kelly y Angela Lansbury, además de contar con Lana Turner, June Allyson y Vicent Price entre otros.

Aquí las luchas entre mosqueteros y espadachines parecen provistas de una musicalidad inusitada en una cinta de aventuras. Los movimientos de los personajes parecen coreografías de un número musical y la partitura de Herbert Stothart, conocedor del género musical (es uno de los artífices de El mago de Oz, entre muchas otras), ayuda en las diversas escenas a convertirlas en auténticas delicias del séptimo arte.

Con El Danubio rojo, junto al maestro Miklos Rozsa, ocurriría algo muy semejante con una bailarina del Bolshoi, y, posteriormente, con Victor Young, para Scaramouche y retomando las espadas, lo volvería a demostrar.

Sin embargo, con La reina virgen y nuevamente con Miklos Rozsa, tenemos una película épica, romántica y lejos de los clichés del musical. Miklos Rozsa compone una partitura pomposa, cuidada hasta el mínimo detalle y muy a tono con el periodo histórico que se narra en el film.

Se trata pues de una de las partituras más melódicas de Rozsa, provista de refinada inspiración y de numerosos temas y matices musicales: fanfarrias, temas suntuosos, temas pasionales, marchas procesionales inglesas, etc.

La película resultó ser un producto de muy buena calidad, a pesar de lo poco dado que estaba George Sydney a los melodramas históricos, y la partitura pasa por ser una de las más cuidadas y trabajadas del maestro Rozsa.

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Pero volviendo a los musicales, no hay que olvidar que George Sidney realizó en 1950 Annie get your gun (La reina del Oeste), con música de Irving Berlin y Roger Edens, y en 1951 el espléndido Show Boat, aquí llamado Magnolia, un musical al más puro estilo clásico.

Una adaptación al cine del musical de Broadway con el mismo título de los espléndidos Jerome Kern y Oscar Hammerstein II. Un musical más de la MGM, con Ava Gardner, Howard Keel y Kathryn Grayson como principales estrellas del film.

El musical cuenta con canciones de gran calidad, este es el caso por ejemplo de Can’t help lovin’ dat man, o de Bill. A pesar de la demostrada calidad vocal de la Gardner, la Metro decidió sustituir su voz por la de Annette Warren. Esto desilusionó enormemente a la actriz que tuvo sus «tira y afloja» con la Metro.

Sin embargo, y a pesar de esto, el aficionado puede deleitarse con ambas versiones en la magnífica edición en compacto que realizó hace años la Turner Music y comparar que voz prefiere. A buen seguro que muchos se decantarán por la cálida voz de Ava Gardner.

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Y ni que decir tiene el excelente trabajo de Kathryn Grayson, de cuya voz «seria» ya nos hemos hecho eco en el comentario de Levando anclas y de la que seguimos hablando dado que Sidney continuaría trabajando con ella en su siguiente musical, Bésame Kate.

Un musical con música y letra de Cole Porter, aunque con el excelente trabajo de ese hombre que siempre está a la sombra y del que muy pocas veces se habla que es el adaptador, arreglista, director musical y que en este caso es André Previn.

De Cole Porter sobran palabras, pues lo ha sido todo en el mundo de la música y sus composiciones tienen esa magia y ese encanto que las hace irresistibles. De ahí que muchas de sus canciones se puedan escuchar en un sinfín de obras de cine, teatro y televisión.

Nuevamente estamos ante una adaptación al cine de un musical de éxito en Broadway, y las interpretaciones de Kathryn Grayson, Howard Keel y Ann Miller hacen de esta obra un gran musical de cine.

Destacan las canciones de la Grayson y Keel en Kiss me Kate o la de la Miller en Too darn hot. Solamente el trabajo de Andre Previn y Saul Chaplin como adaptadores de la música mereció una nominación al Oscar de 1953. Y destacar nuevamente la excelente edición en compacto de este musical realizada por Turner Music, con numerosa información detallada.

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Con Esther Williams, Sidney volvió a trabajar con el filme La amada de Júpiter, un musical atípico basado en la historia de la negación de Aníbal en torno a la decisión de arrasar Roma.

El número acuático para la Williams no falta y aquí se trata de una fuga submarina. La música pertenece en este caso a Burton Lane, David Rose y —aunque no esté acreditado— el tema musical Horatio’s narration corresponde a Saul Chaplin. Destaca, por su frescura y gracia, el tema musical de La vida de un elefante.

Howard Keel vuelve a estar espléndido en esta cinta; sin embargo, Esther Williams está en el ocaso de su carrera y después de este filme la Metro rescindiría su contrato. En las canciones la Williams estuvo doblada por la voz de Jo Ann Greer.

Respecto a su edición discográfica destacar que ha salido al mercado un compacto con fragmentos de tres filmes de la Williams que recoge ocho cortes musicales de este film.

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En el año 1956, con The Eddy Duchin story, George Sidney se lanza a recrear la vida del malogrado pianista Eddy Duchin, con la pareja del momento, Tyrone Power y Kim Novak, y aunque el encanto de estos dos personajes es un buen reclamo, la película peca de sentimentaloide y excesivamente larga.

En cuanto a su apartado musical, ni que decir tiene que Tyrone Power solo se limitaba a simular que tocaba el piano y fue realmente la pianista Carmen Cavallaro quien interpretó las piezas escogidas para el film.

El tema principal, que es a la vez el tema de amor de la historia, To love again, tiene sus origines en el Nocturno en Mi bemol de Chopin.

La adaptación musical corrió a cargo de Morris Stoloff y George Duning y simplemente se limitaron a adaptar los temas más famosos del pianista y conjuntarlos con orquesta.

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Al año siguiente Sidney se atrevió con Pal Joey, un musical de Lorenz Hart y Richard Rodgers que se estrenó en Broadway en 1940 y que no tuvo críticas muy halagadoras, más bien fueron realmente destructivas.

Sin embargo, la Columbia se atrevió a encargarle este proyecto a George Sidney para la MGM. El directivo Harry Cohn, de la Columbia, impuso en el reparto la presencia de Rita Hayworth con el firme propósito de hacerla quedar mal y humillarla en este filme, máxime cuando su compañera de reparto iba a ser la nueva estrella de los estudios, Kim Novak.

El protagonista masculino corrió a cargo del por entonces cuarentón Frank Sinatra, en detrimento de Gene Kelly que había interpretado el papel en la escena. A pesar de todos estos despropósitos la interpretación de los tres estuvo sobresaliente y Rita Hayworth más que mal parada, salió muy respaldada y beneficiada de este proyecto.

La adaptación musical corrió a cargo de George Duning y Nelson Riddle y los arreglos musicales a cargo de Morris Stoloff. Nuevamente aparece Jo Ann Greer como dobladora en las canciones, en este caso de Rita Hayworth, y Trudy Erwin dobló a Kim Nowak.

Los adaptadores musicales eligieron sólo algunos temas originales de la obra teatral para la versión cinematográfica, y para completar escogieron algunos temas de los autores, pero pertenecientes a otras obras y entre estos últimos se encuentra una de las más destacables interpretaciones de «la voz»: The Lady is a tramp.

My funny Valentine es otro tema ajeno a la obra que se mete en ella de la mano de Kim Novak. Rita Hayworth está espléndida con sus encantos en el número Zip. El musical no tuvo ninguna nominación en el apartado musical y sí podemos comentar que tiene una correcta edición en compacto por el sello Capitol.

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En 1960 llegaría Pepe, un musical para el lucimiento de Mario Moreno Cantinflas, repleto de estrellas que hacen pequeños cameos y de paso algunos nos dejan alguna cancioncilla de éxito.

Está Shirley Jones con la canción que da título al film, Maurice Chevalier, Sammy Davis Jr., André Previn, Judy Garland, Johnny Green, Bing Crosby, Frank Sinatra, Kim Novak, Tony Curtis... En estos cameos y canciones radica el único interés posible en el filme.

Ya entrados los sesenta, nos encontramos con los musicales con los que cierra su carrera. Entre ellos destaca el repipi, colorista y simpático a la vez, Bye Bye Birdie (Un beso para Birdie), con música y letra del genial Charles Strouse (autor entre otras de Annie).

En el reparto, Janet Leigh, Dick Van Dyke y Ann-Margret, que le proporcionan toda la ironía y el encanto a este curioso musical en el que la mitomanía y el culto a las estrellas del rock salen bien escaldados.

Con este musical Sidney logra recuperar ese dinamismo y ritmo de sus primeros musicales. Algunos de los números más logrados y curiosos son: The telephone hour, Kids, Spanish Rose y One last kiss.

Dick Van Dyke jugaba con ventaja dado que él, junto Chita Rivera, llevó previamente a los escenarios de Broadway esta misma obra. Y, por otra parte, Ann-Margret repetirá con Sidney en sus siguientes obras: Cita en Las Vegas y Chica sin barreras.

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Cita en Las Vegas o ¡Viva Las Vegas! que es el nombre que tomó originariamente aquí en España, sirve al lucimiento de un Elvis Presley de moda. Y aunque este musical de Elvis no es una de sus mejores interpretaciones, se deja ver y entretiene.

Para finalizar, su última obra, La mitad de seis peniques, resultó ser un fracaso. Musical interpretado previamente en Broadway y en el West End de Londres por Tommy Steele, fue él mismo el que junto a Julia Foster se encargó de interpretar este poco convincente musical de David Heneker.

Los arreglos corrieron a cargo de Irwin Kostal que poco o nada pudo hacer para adecentar esta obra menor. A pesar de ello canciones como Half a Sixpence o This is my world son bien conocidas por el buen aficionado al musical.

Y hasta aquí el repaso al apartado musical de la obra del a veces no bien valorado director George Sidney, en el que se ha dejado constancia de sus mejores obras. No están todas las que son, pero sí son todas las que están.

Escribe Juan Francisco Álvarez

Artículo inicialmente publicado en Encadenados en junio de 2002, en el monográfico de George Sidney

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