Henry Mancini y Blake Edwards

  09 Junio 2020

La pareja perfecta

mancini-edwards-0Blake Edwards puede considerarse el director cinematográfico que formó parte del mejor binomio compositor-director de la historia del cine. Excelentes relaciones y colaboraciones entre un compositor y un director las ha habido y hay muchas, pero ninguna ha sido tan fiel, tan prolífica y de tan extraordinaria calidad, como la que mantuvo Blake Edwards con Enrico Nicola Mancini.

Dicho de esta manera, muchos se quedarán diciendo que quién es este señor, aunque si les decimos que se trata de Henry Mancini es posible que ya no tengan ninguna duda sobre quién es, y si aún persiste ésta, con decirles que fue el compositor de piezas tan maravillosas como Desayuno con Diamantes (Moon River), La pantera rosa, Hatari!, Charada, La carrera del siglo, Darling Lili, Víctor o Victoria, Días de vino y rosas, Sed de mal, Los girasoles, etc., ya no quedará ninguna duda de quién estamos hablando.

Enrico Nicola Mancini nació en Cleveland, Ohio, el 16 de abril de 1924. Hijo de inmigrantes italianos, pronto iniciaron a su hijo en el camino de la música preocupados porque éste no pasase las penalidades que ellos sí pasaron, y a los ocho años ya tocaba la flauta en la banda local de Aliquippa, en Pensilvania. Posteriormente, ampliaría sus estudios musicales en la Juilliard School of Music de Nueva York, pero llegó la segunda guerra mundial y tuvo que servir en el ejército durante tres años.

A su vuelta le esperaba un trabajo como arreglista y pianista de la Tex Beneke Orchestra (orquesta de estilo musical a lo Glenn Miller). En ésta conoció a su mujer, Ginny, la cantante del grupo. Se casaron años más tarde, en el 47, y juntos entraron a trabajar como arreglistas en los estudios Universal.

Allí y gracias a antiguos contactos de su mujer, poco a poco fue pasando a componer sus primeras bandas sonoras para películas de serie B y de bajo presupuesto y empezó a codearse con Hans J. Salter, Herman Stein y Frank Skinner.

Entre sus trabajos más renombrados de aquella época destacan principalmente sus bandas sonoras para el género fantástico y de terror:  La mujer y el monstruo (1954) y Tarántula (1955). Fue una etapa de su vida bastante dura, ya que prácticamente hacía de todo en la Universal, con pocos medios y poco dinero. Pero a la vez fue forjando un Henry Mancini cada vez más hábil en la orquestación y en la experimentación musical en todos sus campos.

Durante estos años (del 1952 al 1958) trabajó en más de 100 producciones, casi siempre sin acreditar, aunque también tuvo su primera nominación al Oscar en la adaptación de Música y lágrimas y con ello el primer reconocimiento que le saco del anonimato. Mancini demostró su buen hacer y experiencia en ésta y en otra adaptación musical dedicada a otro gran director de Big Band blanca, La historia de Benny Goodman.

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Su último año en la Universal le sirvió para realizar una de sus obras cumbre, Sed de mal para Orson Welles, una música muy jazzística y con algo de salsa. Música cálida, con ese saxo provocador, o con una insinuante percusión que acompaña al tema principal escudada en ese tic-tac de la bomba de relojería del famosísimo plano secuencia del inicio de la película.

Repentinamente, fue despedido de la Universal y Henry Mancini se vio en el paro. Un paro más bien corto y provechoso. Pues le serviría para conocer al otro protagonista de este artículo, Blake Edwards. Juntos realizarían las obras más divertidas y encantadoras de los años sesenta. Su amistad y relación profesional ha sido tan fiel y fructífera que fue la envidia de otros compositores y realizadores.

Con este binomio se inició una nueva visión de la música cinematográfica, completamente diferente a las hasta entonces establecidas. Con la banda sonora de una película, además de acompañar y dar vida a las películas, Henry también buscó su comerciabilidad. Y así, no dudó en componer excelentes canciones pegadizas, que fueron números uno de la época, y sus discos se convirtieron en auténticos superventas.

Muchas veces tenía concepciones diferentes para sus bandas sonoras y sus discos de éstas. Por ello fue muy criticado entre sus colegas de profesión y un gran incomprendido. Creó un estilo propio, un sello auténtico y original que después difundió por doquier con su Henry Mancini Orchestra y la Big Band Sound of Henry Mancini. El sello discográfico RCA fue su buque insignia.

Ello también le valió sus primeros enemigos y/o detractores, incluso hoy en día, entre los compositores, directores y hasta en los aficionados, que encuentran en la música de Mancini, una música vacía de contenido, facilona y resultona, pero que no cumple con el acometido de acompañamiento musical, de protagonista sonoro de la historia. Críticas más bien gratuitas, ya que es fácil reconocer en el trabajo de Mancini su maestría conceptual, su buen hacer y la perfecta sincronización e implicación de su música con las imágenes labradas por Blake Edwards.

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Pero volvamos a los hechos. Henry Mancini se encontraba sin trabajo, y ello le obligó a empezar a trabajar como compositor independiente no adscrito a ninguno de los grandes estudios. Circunstancia que propició que un joven y talentoso director le llamase para componer la música de una serie de televisión para la NBC llamada Peter Gunn.

Henry Mancini dotó a la serie de una atmósfera jazzística inigualable que acompañó al detective privado Peter Gunn en más de 140 episodios. Su tema principal es actualmente muy conocido y ha experimentado numerosísimas versiones.

Pero en la época fue un auténtico bombazo y nunca un tema musical de una serie de televisión había experimentado tal aceptación hasta la fecha. La gente empezó a familiarizarse con el jazz en la televisión y empezó a demandar más.

Después de esta primera colaboración llegó una segunda serie de televisión, Mr. Lucky, ésta para la CBS, y aunque no tuvo el éxito arrollador de la primera, tan solo se realizaron 34 episodios.

También contaba con un pegadizo tema principal, menos jazzístico y más psicodélico, que se ha podido escuchar en Crónicas marcianas ante la aparición del presentador Boris. Esta banda sonora posee un toque más místico y gracioso que la anterior y suponía un pequeño adelanto del Mancini que todos conocemos.

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Antes de llegar el gran éxito que fue para director y compositor, Desayuno con diamantes, realizaron juntos Operación Pacífico (1959) y High Time (1960), que erróneamente se consideran como las primeras películas de ambos, pero increíblemente ya habían trabajado juntos en la etapa de la Universal, con el título El temible Mr. Cory, un film menor con un temible Tony Curtis metido a conquistador: ¿les suena?

En High Time ya se respira ese aire burlón y gracioso en cada nota de la música de Henry Mancini. Bing Crosby interpreta a Harvey Howard, un viudo de 51 años que un día decide dejar de vender hamburguesas e irse a la Universidad a estudiar una carrera. La comicidad está servida y Blake Edwards va sometiendo al protagonista en escenas cada vez más comprometidas.

Henry tampoco tuvo piedad del personaje y con su sello particular dotó a la imagen de la salsa y gracia que exigía, siguiendo, eso sí, con una partitura totalmente jazzística.

Por fin, en 1961, llega el reconocimiento para ambos en la gran obra maestra que es Desayuno con diamantes. Mancini desarrolló una trepidante composición, con mucho ritmo, con mucha vitalidad, con una canción melancólica y conmovedora (Moon River), con música que ambientaba las extravagantes fiestas de Audrey Hepburn, Holly, o cada pasaje irónico y conmovedor de la película. Mambos, cha-cha-chas, jazz, etc., completan esta banda sonora que le reportó los dos primeros Oscar (banda sonora y canción) a Henry Mancini.

Si bien, la lenta y triste melodía de Moon River acompaña a una frágil Audrey Hepburn en su deambular por la Quinta Avenida, en su deambular por la vida, los mambos y cha-cha-chas dan vida a la Holly más divertida y festiva. Moon River se convirtió en un gran éxito de ventas de la música americana y Henry Mancini aprovechó el tirón para sacar un montón de LPs con música inspirada en la película.

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Al año siguiente, Blake Edwards realizó dos películas más serias y Henry Mancini cambió su registro festivo y dulzón por misterioso y amargo. Así, las notas disonantes y desgarradoras, los ritmos más pausados y etéreos acompañan a Chantaje contra una mujer y Días de vino y rosas.

Si en la primera el suspense y miedo están presentes en sus notas, en la segunda la melancolía y la desesperación son sus bazas más fuertes. Y efectivamente el jazz está detrás de todo esto, frío y desordenado o desolado y cálido según ambas propuestas. De nuevo la fortuna le sonrió y consiguió un nuevo Oscar por la canción de Días de vino y rosas.

Pero Henry también realizó otros trabajos durante estos años en su línea más cómica: Soltero en el paraíso y ¡Hatari! (con su célebre Baby Elephant's Walk). Éstos le servirían para no perder el norte de cara a otro de sus más aclamados trabajos con Blake Edwards, La pantera rosa. Tal vez su composición más conocida, ya que no solo acompañó a unas cuantas secuelas de la película sino también a la serie televisiva.

El tema principal arranca poco a poco con un aire humorístico y socarrón que caracterizan al Inspector Clousseau y que acaba manifestando notas de jazz, ese jazz que Mancini lleva dentro. Este tema no es el único presente en la banda sonora, aunque si el más conocido; y así encontramos de nuevo mambos, cha-cha-chas, parodias de otro0s estilos musicales... que completan el universo sonoro de ésta.

En todas las secuelas posteriores, aparecerá de nuevo el tema principal, variaciones de éste, nuevos temas y canciones, nuevas parodias de diferentes estilos musicales según las ocasiones y un largo etcétera de música festiva, grotesca y divertida que irá menguando en calidad a cuantas más secuelas y abusos del tema musical se realicen, aunque en otros casos creará nuevos y variados temas para la ocasión: El nuevo caso del inspector Clouseau, El regreso de la Pantera Rosa, La Pantera Rosa ataca de nuevo, La venganza de la Pantera Rosa y  La maldición de la Pantera Rosa.

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Mientras van realizando todas estas secuelas, tendrán tiempo de hacer juntos otras películas con temáticas diferentes.

En La carrera del siglo compone una amplia muestra de marchas, un bello tema de amor y unos cuantos temas irónicos que, junto con el elenco de protagonistas de la película, hace que música y film tengan un sonado éxito.

Sin embargo, en otra película de gran éxito como es El guateque no se le valoró suficientemente su trabajo y pasó con más pena que gloria, a pesar de que es una partitura notable que, si bien tiene menos melodía que otros trabajos anteriores, sí acompaña a cada personaje y situación de la película creando un ambiente propicio; y si bien su escucha aislada puede no decirnos nada, la película no sería nada sin esta música.

Otros trabajos que tuvieron una valoración menor fueron ¿Qué hiciste en la guerra, papi?, Gunn y Darling Lili, un musical que fracasó ante el público, pero que después de los años mejora en calidad como los buenos vinos de mesa, y que permite apreciar a una prodigiosa Julie Andrews cantando hermosísimas canciones como Whistling away the dark o The girl in no man’s land.

Sin embargo, esta recta final de la década de los 60, la década de Henry Mancini (ya que se impuso su estilo, su genio, sus canciones y discos), no estaría sólo marcada por pequeños fracasos, sino que también realizó exitosas composiciones para Stanley Donen: ¿quién no recuerda sus hermosas composiciones para Charada, Arabesco o Dos en la carretera? Cuentan con preciosas melodías, grandes temas de amor…. y la última es, a la postre, la composición favorita del maestro.

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Blake Edwards realizó un pequeño paréntesis en su relación profesional con Henry Mancini durante los 70, a excepción de las secuelas de La pantera Rosa ya comentadas, y buscó en otros renombrados compositores aquello que solo Henry le había dado. Así en Dos hombres contra el Oeste contó con un más que correcto Jerry Goldsmith, en Diagnóstico: asesinato con Roy Budd, y para La semilla del tamarindo con un John Barry en horas bajas.

Mientras tanto, Henry Mancini aprovechó este paréntesis de los setenta para cambiar y dar variedad a su estilo, creando obras de notable factura: Odio en las entrañas (esta magistral partitura con aire sinfónico y toques folk irlandeses es una de sus obras más valoradas), Los girasoles de Vittorio de Sica (excelente ambientación rusa y hermoso tema de amor), el documental sobre los Juegos Olímpicos de Munich Visions of Eight, El carnaval de las águilas, Los hawaianos, Oklahoma año 10, El zoo de cristal, Harry e hijo, Casta Invencible, Alas en la noche, etc.

Incluso el gran Alfred Hitchcock osó despreciar su partitura para Frenesí, por considerarla demasiado herrmanniana.

En 1979 se reencuentran compositor y director en la exitosa 10, la mujer perfecta, que supuso un nuevo reconocimiento de público para ambos, a pesar de que Mancini cedió a la incorporación del Bolero de Ravel en la banda sonora de la película, donde éste tiene un protagonismo importante frente a la casi ausente partitura original de Mancini.

Sin embargo, el éxito de la película permitirá que ambos caminen nuevamente juntos hasta el final de los días de Henry.

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Estamos ya en los ochenta y después de S.O.B. (Sois honrados bandidos), vendría otra de las obras cumbre de ambos, Victor o Victoria, que a Mancini le reportó su cuarto y definitivo Oscar de la Academia por la adaptación de este sensacional musical, repleto de inspiradísimas canciones y también soberbias composiciones incidentales que nos muestran el Mancini más maduro.

Una música con frescura, descaro, inspirada y que acopla como anillo al dedo a este maravilloso film en el que vemos de nuevo a la extraordinaria mujer del director dejándose la piel en cada canción. Destacables cómo no, son el dueto You and me, con Robert Preston, y las conocidísimas The shady dame from Seville y Crazy World.

Después vendría una serie de trabajos menores: Mis problemas con las mujeres, El gran enredo, ¡Así es la vida!, Cita a ciegas, Asesinato en Beverly Hills, Una rubia muy dudosa y la serie de televisión Julie. También aprovechó en 1989 para publicar su autobiografía: Did they Mention the Music?

Para otros directores realizó obras remarcables en esta época, como las sintonías de conocidas series televisivas: El pájaro espino, Remington Steele, Hotel… o las bandas sonoras de los films Lifeforce (Fuerza Vital), Santa Claus, Basil, el ratón superdetective, Sin pistas o Tom y Jerry en 1992.

Y finalmente su última obra juntos: El hijo de la pantera rosa, un intento fallido de recuperar ambos la confianza perdida y que demostró que Henry Mancini, aún a las postrimerías de su vida, no le faltaba talento e ingenio para crear una buena despedida.

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Fueron más de treinta películas juntos, unas con más éxito y gloria que otras, pero que forjaron una relación que fue más allá de la estrictamente profesional. No en vano, Blake Edwards y Julie Andrews declararon al conocer la noticia del fallecimiento de Henry Mancini: «El mundo ha perdido un enorme talento. Nosotros hemos perdido a nuestro amigo más querido».

Henry Mancini falleció el 14 de junio de 1994, en su casa de Badora Drive, a causa de un cáncer de páncreas. Meses antes, en su 70 cumpleaños, varios de sus amigos (Quincy Jones, John Williams, Lucciano Pavarotti, Dudley Moore, etc.) le dieron un sentido homenaje.

Algunos de los actuales pesos pesados en la composición de música cinematográfica, aprendieron bajo sus órdenes: John Williams (pianista en Peter Gunn), John Scott, etc. En su haber, además de las cuatro estatuillas de la academia ya mencionadas de un total de 18 nominaciones, también tiene 20 premios Grammy, 7 globos de oro, el premio de la Sociedad para la Preservación de la Música de Cine en 1992 y numerosos premios de otras entidades.

Su música perdurará para siempre. Como él decía: «Mi música tiene dos caras. Tiene melodía y tiene humor». Y es que Henry siempre apostó por la felicidad en sus notas. Notas que salen del corazón, manifestando los sentimientos más directos, desde la ternura y el amor, hasta la frustración y la desesperación.

Mancini ha sido, es y será uno de los más grandes compositores melódicos que nos ha dado el cine. Sus partituras, llenas de melancolía, comicidad y humildad, perdurarán a lo largo de todos los tiempos.

Mancini debe escribirse con letras grandes en la historia del cine.

Escribe Juan Francisco Álvarez


Artículo inicialmente publicado en junio de 2001, en el monográfico nº 22 de Encadenados, dedicado a Blake Edwards.

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