Adolph Deutsch y la banda sonora de «El apartamento»

  03 Diciembre 2020

Su obra maestra: madurez y despedida

el-apartamento-0Adolph Deutsch fue uno de esos grandes compositores que decidió afincarse en el Hollywood de los años dorados y que, a diferencia de sus otros colegas europeos, pasó injustamente desapercibido.

Nació el 20 de octubre de 1897 en Londres y falleció el 1 de enero de 1980 en Palm Desert (California). Hijo de un afamado violinista, inició de bien pequeño sus estudios musicales y estos le llevaron a la Royal Academy of Music donde completó su formación.

Sus primeros trabajos como director musical en la radio y la televisión no le satisficieron y ello le llevo a emigrar a los Estados Unidos, donde acabó nacionalizándose. Una vez allí se convirtió en un prestigioso director y adaptador de musicales en Broadway de la mano de Paul Whiteman.

Siguió así bastantes años, y se resistió a la llamada de Hollywood, hasta que gracias a Forbstein, en 1937, firmó un contrato con la Warner Bros, primero como arreglador y copista y posteriormente como subdirector musical del estudio, que lo tuvo atado durante nueve años.

Son años en los que aprende del gran maestro Max Steiner quien, además de involucrarle en grandes proyectos como orquestador (en Lo que el viento se llevó además de orquestador compone la música de algunas escenas), le dará las primeras oportunidades para que demuestre su valía en solitario. Algunos de estos títulos son de gran calidad, como El halcón maltés, Gloria Incierta, Pasión ciega, Busca tu refugio o Persecución en el norte.

En 1945 pasa a formar parte de la Metro, y vuelve a sus orígenes como adaptador y director musical de los musicales de la época de la MGM: Siete novias para siete hermanos, Melodías de Broadway 1955, Las Girls, Una cara con ángel, Magnolia, Annie cogió su fusil, etc.

Además, también compone algunas célebres partituras para otras tantas comedias y dramas: Un remolque larguísimo, Melodía interrumpida, Mujercitas, Té y simpatía (por la que consiguió una nominación al Oscar), El padre de la novia, etc.

Después de unos años en la Metro, cambia nuevamente de estudio y ficha esta vez por la United Artists con la que finalizará su carrera. Y es aquí donde compone sus mejores obras, y precisamente para Billy Wilder: Con faldas y a lo loco y El Apartamento, esta última su obra más madura y mejor lograda.

Los títulos de crédito del filme se abren con una imagen nocturna de las ventanas del famoso apartamento y sus luces encendidas. Acompañando a los títulos suena el tema principal, el Tema de El apartamento. Una melodía memorable, con amplia orquestación y gran protagonismo de cuerdas y sobre todo del piano. Un piano cuyo intérprete es el jovencito John Williams, que también realiza las labores de orquestador aquí y en Con faldas y a lo loco.

Seguidamente vemos la ciudad de Nueva York, los pomposos rascacielos y miles de trabajadores dirigiéndose a sus puestos de trabajo. Siguiendo a uno de estos rascacielos nos introducimos en las amplias oficinas de la compañía de seguros donde trabajan los protagonistas de esta historia. Todo este viaje lo hemos realizado con una irónica y graciosa marcha llamada Career March, cargada de trompetas y que se repetirá a lo largo del filme en los momentos en que las oficinas y sus trabajadores tomen las riendas de la historia.

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Sin embargo, el tema principal es el verdadero protagonista de la música de este filme, dado que, con él, además de ser un excepcional tema de amor, también refleja la soledad de los protagonistas, C. C. Baxter (Jack Lemmon) y Fran Kubelik (Shirley MacLaine) en una ciudad repleta de gente, pero donde la gente honrada y decente escasea.

Ambos protagonistas son víctimas del sistema, y con ellos y en las situaciones que viven, siempre les acompaña el cálido tema principal, bien sea con un solo de piano, de saxofón, o versionado al jazz o incluso en un marchoso cha cha cha.

En el caso particular del personaje de Lemmon, suena cada vez que éste espera a la salida de las diferentes parejas de su apartamento, o cuando recupera la paz y tranquilidad en el mismo. Por contra, los planos que la cámara nos deleita de las ventanas del apartamento o cuando surge una nueva cita en el mismo, se reflejan con una rumba delirante, This night, que nos da una idea de las juergas que en él se montan sus ocupantes. Nuevamente nuestro protagonista tiene que dejar libre el apartamento para otra pareja y el saxofón interpreta tristemente la furtiva salida de Jack Lemmon del mismo o su deambular por las vacías calles de Nueva York.

En el filme se produce uno de los mejores encadenados musicales de la historia del cine, incluso las dos escenas encadenadas, cinematográficamente hablando, también es de lo mejor de la carrera de Billy Wilder. Se trata por un lado del encuentro en el apartamento de Fran y Shealdreck, el jefe de la compañía de seguros, y por otro lado del café-bar donde C. C. Baxter se está emborrachando porque es conocedor de la relación entre Fran, la chica que ama, y su jefe y además ésta se está consumando en su propio apartamento.

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El encadenado se inicia con la pareja en el apartamento bajo las notas musicales del tema principal, que se va enrareciendo y volviéndose más oscuro y triste hasta derivar sin pausa en un tema jazz de big band que nos conduce a la otra escena: C. C. Baxter borracho, bailando con una cazahombres la noche de Navidad. También es memorable la escena anterior donde la cazahombres lanza reiteradamente las fundas de pajitas en la barra del bar para acabar dedicándole un villancico al desdichado C. C. Baxter.

El resto de música incidental cumple a la perfección con su cometido y subraya cada una de las escenas del filme, pues la música está presente en casi todo su metraje y eso que hablamos de algo más de dos horas de película. Adolph Deutsch cumple con maestría en estos momentos menores y proporciona a la música el tono y la variación adecuada a cada momento.

Algún ejemplo de esto es el caso de cuando la casera de C. C. Baxter sube muy enfadada a reprimendar a éste por los largos paseos que escucha la noche anterior en el apartamento y donde la subida por las escaleras de ésta se acompaña de una música terrorífica, enfurecida, que nos da una idea de su estado de ánimo, antes de que diga nada. Y así podríamos decir muchos más ejemplos, que demostrarían que está música no es inferior a los temas musicales de una banda sonora, y si tal vez uno se da menos cuenta de ésta, es porque ésta está cumpliendo perfectamente con su papel.

Así pues, estamos ante la obra absoluta, su obra maestra y más madura, de un Adolph Deutsch que después de esta banda sonora ya dejó prácticamente de trabajar, y que queremos aquí recordar, no sólo por el especial a Billy Wilder que nos ocupa en este número, sino también por reivindicar la figura de Adolph Deutsch, un compositor que mereció todos los honores, ya que sus obras fueron trabajos de gran maestría y que, tal vez por cumplir con su cometido, la gente no supo apreciar y valorar en su justa medida.

Vaya aquí nuestro reconocimiento a estos dos grandes maestros.

Escribe Juanfra Álvarez

Artículo publicado en el nº 34 de Encadenados, en el monográfico de Billy Wilder

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