Oz, un mundo fantástico (Return to Oz, 1985)

  21 Noviembre 2020

Banda sonora de David Shire

return-to-oz-0Uno de los fracasos en taquilla más sonados de 1985 fue sin duda alguna Oz, un mundo fantástico (Return to Oz)cuya partitura fue compuesta por David Shire. La Disney apostó por un filme que venía a ser algo así como la continuación de El mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939), pero concebida de un modo radicalmente distinto al de su predecesora.

En lugar del tono alegre y festivo, de la cursilería y del cromatismo chillón, se optó por una atmósfera siniestra (que incluía algunas escenas verdaderamente terroríficas), efectos especiales cercanos al expresionismo y un conjunto de personajes más ajustados a las descripciones e ilustraciones del original literario de Frank L. Baum.

La gente no se esperaba todo esto y la película, que en teoría estaba destinada a un público infantil, acabó demostrando que no era en absoluto adecuada para los más pequeños; la falta de interés del público adulto por el filme fue determinante para el hundimiento definitivo de éste en las taquillas de casi todo el mundo (tan sólo en Japón fue un éxito).

La película había sido pensada conforme a la filosofía que motivó la creación de las últimas películas interesantes de Disney en los ochenta: unos productos concebidos de manera más adulta y sombría que las antiguas cintas para toda la familia, como fue el caso de El abismo negro (The Black Hole, 1979), El dragón del lago de fuego (Dragonslayer, 1981), Tron (Tron, 1982) o Fuga de noche (Night Crossing, 1982).

Todas ellas fueron interesantes tentativas que desembocaron en el fracaso económico, lo que hizo a la Disney replantearse su estrategia de producción y probar con otra clase de películas que no fueran tan arriesgadas. Eso también afectó a la concepción de las bandas sonoras, que perdieron interés conforme la productora de Fantasía (Fantasia, 1940) se iba acomodando a las nuevas generaciones de espectadores.

La música de El dragón del lago de fuego (a cargo de Alex North) resultó a todas luces una de las piezas claves de la música cinematográfica, pero era demasiado vanguardista para la línea clásico-romántica de Disney. Fuga de noche es una de las obras maestras de Jerry Goldsmith, con influencias de la Ariadna en Naxos straussiana y el Britten más romántico. Todo dentro del estilo de la música del siglo XX.

La partitura para Return to Oz no lo iba a ser menos. Su compositor, David Shire, reconoció las influencias que, previo acuerdo con el director Walter Murch, le habían inspirado la obra: Bartok, Prokofiev e Ives, a las que yo añadiría Stravinsky por la estructura rítmica e instrumental del tema The defeat of the Gnome King.

return-to-oz-1

En efecto, Bartok está presente en la música del disco que es objeto de este estudio. Tenemos un diálogo entre el violín y el contrabajo armónicamente similar al estilo del compositor de la Música para cuerdas, percusión y celesta, de donde toma Shire la idea del pedal en los timbales para la escena en la que Dorothy es observada por los gnomos recién llegada al país de Oz.

También tenemos música bartokiana en The flight in the storm, ya que el ataque de los violines y los trombones recuerda un pasaje en especial de El príncipe de madera que, junto con El castillo de Barbazul y El mandarín maravilloso (el cual también se pasea a lo largo de esta partitura), forma parte de la trilogía que para la escena escribió Bela Bartok.

Otro compositor muy tenido en cuenta por Shire para su música es Prokofiev. En el cuadernillo del disco menciona que pretendía hacer una especie de Pedro y el lobo, donde la música contara toda la película; y, de hecho, lo consiguió, componiendo el tema de Tik Tok con arreglo al estilo de la melodía de los cazadores del mencionado cuento del músico ucraniano y de la marcha de El amor de las tres naranjas.

La participación de Ives en este festín sonoro que es la presente partitura está un poco más difusa, pero algo queda de ella en la pelea entre Tik Tok y los rodadores, con esa música circular y caótica que recuerda la conclusión del segundo movimiento de sus Three Places in New England.

La partitura entera está recorrida por un sentimiento ensoñador, de añoranza de la niñez y del hogar (al que se le dedica un tema que se presenta primero cuando la protagonista está en su casa al principio de la película y más tarde cada vez que echa de menos Kansas). Es un pathos bastante triste (e inspirado en el sonido de los lieder de Richard Strauss como Morgen o las Cuatro últimas canciones) y que algunos podrían acusar de deprimente, pero que le da toda su fuerza a la composición.

return-to-oz-3

Se trata de la marca de fábrica de un Shire que ya había explorado estos sentimientos en obras pretéritas como el segundo movimiento de su Cocktail Sonata o la obertura de El Hindenburg y que más tarde reproduciría en una película menor como Bed and Breakfast.

Así, tristes, son los temas de Tik Tok (un Ejército de Oz venido a menos), el de Calabaza Jack (que ha perdido a su madre) o incluso el tema del Cabezón (una testuz de alce que se quedó sin cuerpo y sin vida durante una cacería y que la recupera gracias a un producto mágico de la malvada Mombi, cuyo tema es, por cierto, hipnótico y de nuevo bartokiano).

Ni siquiera el triunfalismo de Flight of the Gump o la vivacidad de la Rag March borran ese sentimentalismo que aflora más que en ningún momento en los títulos de crédito finales, un duelo entre el tema del violín (que representa a Dorothy) y el del violonchelo (que hace lo propio con el alter ego de Ozma y que tiene reminiscencias de otro cuento de hadas, la melodía que abre la Cenicienta de Prokofiev) que acaban congraciándose al final de la pieza como metáfora de que Dorothy ha aprendido a mantener una relación equilibrada entre el mundo de Oz (representado en Ozma) y el real (personificado por ella misma).

Es, en resumidas cuentas, una partitura primorosamente elaborada (escúchense los arabescos de los clarinetes en la ejecución de The Flight of the Gump o el scherzo de The Ride to Dr. Worley’s) y profundamente emocional, la mejor partitura de su autor y la obra clave de aquel año que, sin embargo, fue ignorada por los miembros de la Academia, quienes nominaron obras mucho más mediocres.

Escribe José Belón de Cisneros

Artículo publicado en el nº 44 de Encadenados, en septiembre de 2004

 

return-to-oz-00