La banda sonora Joseph Kosma para «Calle Mayor»

  01 Octubre 2020

Kosma vs. Maiztegui

kosma-calle-mayor-0Esta maravillosa crónica provinciana que retrata la España de los cincuenta cuenta con una partitura musical que es fruto de una curiosa historia que en este estudio vamos a desvelar. Y tal vez se peguntarán dónde nos lleva tanto misterio en una cinta de poco más de hora y media de duración con apenas comentario sonoro.

Pues bien, esta coproducción hispano-francesa contó desde el principio con la participación en la composición de su banda sonora del ilustre compositor argentino, afincado en Madrid de 1952 a 1969, Isidro B. Maiztegui.

Éste realizó una música monótona, aburrida y muy alejada del espíritu que la película pretendía transmitir. De hecho, cuando la película estuvo terminada y, en un primer pase en los Estudios Chamartín al que asistieron el productor, Manuel Goyanes, el director Juan A. Bardem y Ricardo Muñoz Suay, el primero manifestó que era la película más aburrida que había visto en su vida y Ricardo sólo acertó a decir que la música era muy mala.

Entonces ocurrió que la película viajó de contrabando a Francia para poder entrar en la selección a concurso de la Biennale de Venecia, dado que España la había vetado. Todos sabemos que Juan A. Bardem militaba en el PCE, que estuvo en prisión más de una vez y que con esta película tuvo sus más y sus menos con la Censura, la Brigada Político-Social y, en definitiva, con el régimen de Franco.

Allí en Francia, de la mano del productor francés, Serge Silberman, la película mejoró sustancialmente, dado que se realizaron nuevas mezclas y nueva copia, se realizó su doblaje al francés y se repitió toda la banda sonora.

El encargado de tal fin, fue el gran compositor francés de origen húngaro, Joseph Kosma. Kosma, abanderado del cine de Jean Renoir, construye una partitura bella y simple a la vez. Con un único tema principal, agridulce, a medio camino entre un vals y una marcha procesional, es capaz, con sus variaciones, de dotar a la película con otro aire más acorde con la broma de señoritos de casino que Bardem trataba de transmitir.

Frente a éstos, Isabel, la típica solterona de provincias con treinta y cinco años que se aferra a un clavo ardiendo cuando encuentra la posibilidad de tener novio y casarse. Existe en la película un duelo interpretativo entre los dos protagonistas, Isabel y Juan, donde los planos de una (absorta en los dulces pensamientos de haber conseguido por fin aquello que tanto anhelaba) y otro (ese señorito de casino que inició la broma ,pero ahora vive atormentado pues no sabe cómo salir de ella sin hacer daño a nadie), se van siguiendo y musicalmente cuentan con un tema musical perfecto en el que se van sucediendo la dulzura y encantamiento del tema principal con notas más graves y tortuosas para ilustrar la desesperación de Juan.

Juan A. Bardem ha manifestado en más de una ocasión su enemistad con la música en el cine,  es un hecho palpable en sus cintas la escasez de ésta, y precisamente tuvo que ser un hijo suyo, el excelente compositor cinematográfico Juan Bardem, quien consiguiera persuadirlo de ello aunque fuese ya en los albores de su carrera: sólo trabajaron juntos en Resultado final y, para la televisión, en Lorca, la muerte de un poeta y El joven Picasso, aunque Juan también ha trabajado con su hermano Miguel en otros tres filmes.

En el caso que nos ocupa, Calle Mayor, esta tendencia del director a poner poca música está de nuevo presente, y si bien en la primera mitad de la película una mayor presencia musical hubiese ayudado a mejorar el resultado, en la segunda mitad y desenlace del film, la música e incluso los silencios están muy bien distribuidos y no se le puede reprochar nada ni al compositor ni al director por ello.

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Valga, como ejemplo, cómo la ausencia de música en la escena de la pedida de noviazgo en medio de la procesión por la Calle Mayor está más que justificada, pues sólo con los cantos de las feligresas, las miradas de la gente y un soberbio montaje, consiguen sin más ayuda crear esa sensación de agobio asfixiante al que se ve sometido el protagonista frente a la felicidad casi celestial que está viviendo la protagonista, ensimismada en la situación y a la que parece no importarle nada más en esos momentos.

La música sí está presente en otras escenas, mayoritariamente son pasajes incidentales, pensamientos de los protagonistas, transiciones entre escenas... también tiene pequeños momentos de gloria como el que se produce al final en la huida desesperada del casino de Isabel, donde la música adquiere sonidos atonales, críticos y casi experimentales para la época.

Afortunadamente, en el siglo XXI se ha conseguido un registro de esta música editado por fin en CD, aunque no lo hay de la descartada de Maiztegui, pues aunque conservaron una muy pequeña parte de lo que había compuesto en el filme y por ello figura junto a Kosma en los créditos, hubiese sido curioso poder comparar el trabajo de ambos tal y como hoy día podemos hacer en más de un film, incluso sin salir de nuestras fronteras: véase el trabajo rechazado de Ángel Illarramendi y el oficial de Alejandro Amenábar para La lengua de las mariposas, ambos editados y disponibles para que juzguen ustedes mismos.

Si analizamos la carrera de los nombres que aquí nos han aparecido, llegaremos a descubrir un poco más quienes eran.

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Los músicos de Bardem

Juan A. Bardem inició su andadura cinematográfica con Luis García Berlanga y Esa pareja feliz, y feliz fue su inicio, pues se rodeó desde un principio de los mejores compositores de cine. Lástima que muchas veces por unos motivos u otros sus trabajos no fueran del todo aprovechados.

Jesús García Leoz y Manuel Parada, dos auténticas instituciones en este campo, firmaron los trabajos de Esa pareja feliz y Cómicos respectivamente.

Ya en Cómicos, Bardem se alió con Isidro B. Maiztegui, del que hablaremos más adelante, y su colaboración trajo consigo otros trabajos con dispar calidad: Felices Pascuas, Muerte de un ciclista, La venganza, Sonatas y Los inocentes.

Tuvo también la suerte de trabajar con el gran Georges Delerue en Nunca pasa nada y Los pianos mecánicos, y aunque fueron trabajos menores del francés, Bardem dejó constancia de su trabajo con uno de los grandes.

Las coproducciones extranjeras también le llevaron a trabajar con nombres de la talla de Franco Pezzullo, Gianni Ferrio, Kiril Tsibulka...

Y dentro de nuestro país también trabajó con Cristóbal Halffter, Waldo de los Ríos, y un principiante en estas lides por aquel entonces José Nieto, con El poder del deseo y El puente, entre otros trabajos.

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Isidro B. Maiztegui nació el 14 de julio de 1905 en Gualeguay, Argentina. Hijo de padre vasco y madre gallega, desde bien pequeño inició sus estudios musicales. También muy pronto encaminó sus intereses a su capacidad creadora y, ya en 1933, se encontraba componiendo música de películas argentinas.

Aunque sus trabajos abarcan desde música de cámara, música coral, solista, concertística... su mayor realización la encontró en la música de cine. Fueron 29 películas argentinas a las que puso música y, en España, donde se estableció de 1952 a 1969, realizó trabajos, además de para Juan A. Bardem, para Rovira Beleta, José María Forqué, José Luis Monter, León Klimovsky, Fernando Merino...

A su regreso a Buenos Aires dejó de lado la composición para el cine y se dedicó a dirigir el Archivo Musical del Teatro Colón y componer obras clásicas. Falleció en Mar del Plata el 29 de mayo de 1996.

Por último, Joseph Kosma, nació en Budapest el 12 de octubre 1905, curiosamente el mismo año que Maiztegui. Después de consolidar sus estudios musicales en su ciudad natal y ser nombrado director ayudante de la orquesta de la ópera de la misma, se traslada becado a Berlín en 1929. Y al estallar la segunda guerra mundial se traslada a Paris, donde se establecerá y empezará musicando poemas primero y películas después.

Sus primeros trabajos para el cine vienen de la mano de Marcel Carné y Jean Renoir. Durante la ocupación nazi, trabajó clandestinamente al lado de Maurice Thiriet componiendo la música de los filmes Les visiteurs du soir y Les enfants du paradis.

Tras la guerra, sus trabajos empiezan a multiplicarse y ya no solo trabaja para Renoir y Carné, sino también para Franju (Le sang des bétes), Decoin (Au grand balcon), e incluso con Buñuel en Así es la aurora.

En 1951 obtendría el premio a la mejor partitura musical en el Festival de Cannes por su trabajo para Carné en Julieta o la llave de los sueños.

Su producción musical es grandísima y, además de casi todas las obras de Renoir, Carné o de Jean-Paul Le Chanois, tuvo tiempo para componer la espléndida partitura de la que aquí nos hemos ocupado para Juan Antonio Bardem. Kosma también compuso ballets, óperas, oratorios y otras piezas clásicas. Falleció el 7 de agosto de 1969 en La Roche-Guyon.

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La opinión en 2003 (*)

¿Para cuándo la recuperación de los clásicos españoles de la banda sonora en nuevas grabaciones digitales? Es de lamentar que ni la banda sonora de Calle Mayor, ni algunas obras del maestro Maiztegui se puedan encontrar registradas ya sea en LP o CD.

De Kosma sí que existen unos CDs franceses en los que se recogen temas de diversos filmes de Renoir y Carné. Tarea pues a quien corresponda de recuperar nuestros clásicos, aunque esta vez, no nos toque tan cerca.

Es de alabar que José Nieto precisamente, esté embarcado, junto la Fundación Autor y el SGAE, en recuperar algunos de nuestros clásicos. Se está realizando una colección llamada Clásicos del Cine español que ya cuenta con tres volúmenes en el mercado, dedicados a los maestros: Juan Quintero, Jesús García Leoz y Manuel Parada.

Sin embargo, parece que últimamente esta gran empresa se encuentra paralizada y por ello deberíamos hacer llegar nuestras quejas para que esto no suceda y se sigan recuperando del olvido obras tan maravillosas como Locura de amor, Alba de América, Maribel y la extraña familia...

Que siga adelante la recuperación de los Clásicos del Cine español y que se vayan añadiendo nombres a la lista, Calle Mayor por ejemplo.

Escribe Juanfra Álvarez  


(*) En 2018, la editorial canadiense Cinémusique publicó un EP con seis temas y 11 minutos de duración, con la banda sonora de Calle Mayor.

Artículo publicado inicialmente en octubre de 2003, el nº 40 de Encadenados, dedicado a Calle Mayor.