La música en el cine de Bergman

  01 Junio 2020

Von Koch, Nordgren, los clásicos… y el silencio

bergman-0Descubrir el universo sonoro de la filmografía de Ingmar Bergman puede resultar una experiencia sumamente enriquecedora y a la vez harto complicada, pues el comentario de todas sus obras nos requeriría la extensión de un libro. Por ello aquí vamos a realizar un simple catalogo y descripción de sus obras y tendencias.

Bergman ha pasado a lo largo de toda su filmografía por varias etapas o tendencias: consolidó perfectos tándems director-compositor con Erland Von Koch y Erik Nordgren, utilizó música preexistente de los grandes compositores clásicos y también fue un maestro del silencio, rechazando cualquier partitura musical y supliéndola con el ritmo y dinamismo que nadie como él sabía imprimir a sus imágenes.

Erland Von Koch

Bergman inició su andadura cinematográfica con Crisis (1945) y para su primer film buscó a uno de los mejores compositores suecos del momento, Erland Von Koch (1910-2009).

Con él, Bergman realizó las películas: Llueve sobre nuestro amor (1946), Barco hacia la India (1947), Noche eterna (1948), Una mujer libre (1948) y Prisión (1949).

La colaboración entre ambos, aunque duró tan solo cinco años (ya que Von Koch volvió a sus composiciones clásicas, para el teatro y la televisión) dio lugar a partituras muy notables en las que se manifiesta una perfecta compenetración entre músico y director.

Erik Nordgren

Finalizada su etapa con Von Koch, apareció en escena Erik Nordgren (1913-1992), un excelente compositor sueco, director del Svensk Filmindustri, con el que Bergman realizaría sus obras más importantes, aquellas que le valdrían el reconocimiento internacional.

Suyas son las composiciones para La Sed (1949), Esto no puede ocurrir aquí (1950), Juegos de verano (1951), Tres mujeres (1952), Un verano con Mónica (1953), Sonrisas de una noche de verano (1955), El séptimo sello (1957), Fresas salvajes (1957), El rostro (1958), El manantial de la doncella (1960), El ojo del diablo (1960), Como en un espejo (1961) y Esas mujeres (1964).

A destacar de todas ellas Un verano con Mónica, Fresas salvajes y El séptimo sello, que cuenta con una partitura que roza la perfección y que recoge coros y danzas de la música medieval escandinava.

Algunas de estas composiciones se recogen en un CD de la casa Marco Polo que con el nombre de The Bergman Suites rinde homenaje a este gran compositor sueco fallecido en 1992. Este CD constituye uno de los pocos documentos sonoros con los que puede contar el aficionado.

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Otros compositores

Durante todos estos años de colaboración con Nordgren, pero sobre todo en años posteriores, Bergman tuvo algunos flirteos con otros compositores y así contó con Karl-Birger Blomdhal para Noche de circo (1953), con Stuart Görling para Sueños (1955), con Ivan Renliden para El silencio (aunque su música nunca se utilizó y, en cambio, sí usó de Johann Sebastian Bach) y con Lars Johan Werle para Persona (que también contó con música de Bach) y La hora del lobo (1968).

Silencio

Tal vez las malas experiencias con estos, o un pequeño declive en su filmografía después de estos últimos títulos o su matrimonio con la pianista noruega Kabi Laretei hizo que imprimiese un brusco giro en su concepción de la música cinematográfica que le llevó al abandono de ésta como tal y a su sustitución por el silencio o bien por música de compositores clásicos.

El silencio de Bergman no es tal, sino que el ritmo de sus imágenes, las palabras del texto, los ruidos, los movimientos de cámara, los gestos y las acciones de los personajes confluyen creando un dinamismo que le dan vida propia a la película y que representa su propia banda sonora, aunque esta sea inexistente musicalmente hablando.

Con ello demuestra que algunas veces el silencio es el mejor acompañamiento que pueden tener unas imágenes que ya tienen de por si vida, con el ritmo y la cadencia adecuada. Claros ejemplos de esto son sus filmes La vergüenza (1968) y Pasión (1970).

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Música clásica

Su otra tendencia durante estos años, la utilización de música clásica, está muy marcada sobre todo por la música del compositor Johann Sebastian Bach, presente en muchos de sus películas: El silencio (1963), Persona (1966), Como en un espejo (1961, que es a la vez una de sus últimas colaboraciones con Nordgren), Los comulgantes (1963), Stimulantia: episodio Daniel (1967), Gritos y susurros (1972) y Sonata de otoño (1978).

Aunque también utilizó composiciones de Wagner, Chopin —en Fanny y Alexander (1982)—, Schumann, Bartok, Schubert, y Mozart —en La flauta mágica (1975)—.

Un valioso comentario a la utilización de música clásica y del silencio en las obras de Bergman, lo podemos encontrar en el libro de Michel Chion La música en el cine.

Últimos compositores

Sin embargo, ya en sus últimos trabajos ha vuelto a contar con la presencia de un compositor que elabore el comentario musical de sus películas. Entre otros, ha contado con las colaboraciones de: el compositor alemán Rolf Wilhelm en El huevo de la serpiente (1977) y en De la vida de las marionetas (1980), con Ingrid Yoda en su trabajo para la televisión sobre el Marqués de Sade, Markisinnan de Sade (1992) y con Daniel Bell y otros compositores noveles en la excepcional Fanny y Alexander (1982) en la que también contó con piezas clásicas.

Sirva pues este comentario para introducirnos en la obra sonora de un gran creador. Una tarea que, como ya se advertía al principio, resulta un tanto complicada y que requeriría una extensión más amplia, pero que puede ayudar a conocer mejor la obra de Ingmar Bergman.

Escribe Juan Francisco Álvarez


Este artículo fue inicialmente publicado en el nº 19 de Encadenados, en marzo de 2001.

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