Carmelo Alonso Bernaola

  16 Mayo 2020

Artesano de los de obra bien hecha

carmelo-bernaola-0Carmelo Alonso Bernaola, el músico que más trabajó con Patino. El 5 de junio de 2002, con 72 años de edad, nos dejó Carmelo Alonso Bernaola, toda una institución en el arte de la composición. Maestro de maestros y buen amigo de sus amigos, este vasco fue el más fiel colaborador del salmantino Basilio Martín Patino, quien por su parte también anunció en la Seminci 2002 de Valladolid que dejaba el cine activo y pasaba a la reserva.

Sirva pues este pequeño trabajo acerca de la música del cine de Martín Patino como homenaje al gran maestro desaparecido.

Llamado Carmelo por haber nacido en un día del Carmen, el 16 de julio de 1929, en Ochandio, Vizcaya. Muy pronto, con tan solo siete años de edad, se traslada a la ciudad burgalesa de Medina de Pomar, donde se inicia en la música. Su primer instrumento fue el clarinete, y la banda del pueblo y el Trío Medinés sus primeras formaciones.

A los 14 se traslada nuevamente, esta vez a Burgos, y allí estudia con los maestros Amoreti, Blanco y Quesada. Ingresa por oposición en la Banda Militar de la Academia de Ingenieros y, en 1951, dada su condición de suboficial del ejército, es trasladado a Madrid, donde complementa sus estudios musicales en el Conservatorio (con los maestros Pina, Massó y Gómez), forma parte de un cuarteto músico-militar junto Cristóbal Halffter, Ángel Arteaga y Manuel Angulo, y oposita a la Banda Municipal de Madrid, condición que aprovecha para dejar el ejército.

En 1957 es becado por la Fundación Carmen del Río de la Academia de Bellas Artes, en 1959 logra otra beca para el Curso de Música de Compostela y ese mismo año también consigue la oposición Premio Roma sección española que le permite asistir a Roma y ser alumno de nombres tan ilustres como Goffredo Petrassi y Bruno Maderna.

Con todo, prosigue su formación y la consecución de premios: Mención honorífica en el Premio Nacional de Música (1955), Mención honorífica en el Premio Samuel Ross (1956) y Premio Nacional de Compositores del SEU (1956). Asiste nuevamente a cursos de formación en Alemania, bajo la tutela de Bruno Maderna, en Santiago de Compostela con André Jolivet y nuevamente en Italia, donde estudia dirección de orquesta con Sergio Celibidache.

De vuelta a Madrid, compagina su vocación de compositor con la de clarinetista en la Banda Municipal. En 1962 consigue su primer Premio Nacional de Música. Después pasa fugazmente de profesor de Armonía en el Conservatorio de Madrid a su etapa como director de la escuela de música Jesús Guridi de Vitoria, cargo que ocupa hasta 1991.

Durante todos estos años va compaginado sus labores educativas con las de compositor y desarrolla ampliamente su faceta de compositor para la imagen, ya sea cine, teatro o televisión.

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En 1990 es elegido académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con un discurso de ingreso que fue contestado por su amigo y compañero Luis de Pablo. En 1992 recibe nuevamente el Premio Nacional de Música, compartido esta vez por el pianista Joaquín Achucarro, y en 1998 es investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid... Además, podríamos reseñar una numerosa cantidad de premios, menciones y medallas conseguidas a lo largo de su carrera.

En el campo de la música cinematográfica Bernaola ha sido premiado con un Goya en 1988, por Pasodoble, de José Luis García Sánchez, y el premio del Círculo de Escritores en tres ocasiones: Si volvemos a vernos, de Francisco Regueiro, Corazón solitario, de Francesc Betriú, y Del amor y otras soledades, de Basilio Martín Patino. Además, pocos días antes de su fallecimiento, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España le concedió la Medalla de Oro por el compendio de su trabajo.

Se puede decir que Carmelo Bernaola tuvo unos maestros de lujo en el campo de la composición cinematográfica, pues gracias a esa beca en Roma tuvo la suerte de conocer al maestro Petrassi y, posteriormente, en un curso de composición cinematográfica en Siena, al gran Angelo Francesco Lavagnino, quien le dio la oportunidad de colaborar en su composición para Campanadas a Medianoche en 1965, y, posteriormente, en La Regenta, de Gonzalo Suárez, en 1974.

Su debut en la composición cinematográfica lo realizó de la mano de Jordi Feliu con Diálogos de la paz, en 1964, y un año después ya estaba componiendo para el cine español a un ritmo vertiginoso: Nueve lecciones de amor, La barrera, Adiós cordera, El rayo desintegrador y, para Basilio Martín Patino, Nueve cartas a Berta.

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Así pues, el primer largo de Martín Patino es también una de las primeras composiciones de Bernaola, y en ella ya podemos vislumbrar esa formación clásica del maestro que transforma en una música densa, seria pero que aun así no adolece de falta de melodía, sino que es capaz de crear leitmotivs ajustados a la imagen llenos de una cuidada calidad y hermosura.

Esta primera colaboración, les llevará a trabajar más estrecha y concienzudamente en futuros proyectos; y así, en 1969, con Del amor y otras soledades, Bernaola construye un tema principal precioso y una partitura más sólida. Además, Carmelo tiene una fugaz aparición como actor en esta cinta.

Basilio Martín Patino estrena en 1976 su siguiente largo, un documental sobre las canciones de la guerra civil que titula Canciones para después de una guerra, y en la que contará con las canciones de Manuel Parada y clásicos de la Guerra Civil Española.

En 1977, con Queridísimos verdugos, abandona momentáneamente su colaboración con Carmelo Bernaola, para trabajar con Antonio Gamero, este actor y prolífico compositor que construye una partitura a la medida de la película de Patino dada su amplia experiencia en partituras para filmes ambientados en la posguerra.

Y en 1985 se vuelven a encontrar Bernaola y Patino con Los paraísos perdidos, donde el compositor vasco elabora su mejor partitura para el director salmantino. El tema principal de este filme es de los más bellos compuestos por Bernaola y, gracias al concierto que dio con motivo del II Encuentro Internacional de Música de Cine, en mayo de 1988 en Sevilla, podemos disfrutar de una pequeña suite en la que se funden los temas principales de ésta y de Nueve cartas a Berta.

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En el compacto que se grabó con motivo de este concierto, se incluyen otros temas de Bernaola, así como otros de Jesús Guridi, dirigidos por el propio Bernaola a cargo de la Orquesta y Coro Nacionales de España.

Esta es la única grabación de música cinematográfica de Nueve cartas a Berta, la primera colaboración de Patino y Bernaola en compacto. Esperemos que, en los próximos años, entidades como la SGAE, con su sello de música de autor, nos deleite con más obras de este gran artesano.

Por desgracia, Bernaola y Patino ya no colaborarán más juntos y para Octavia, el último film de Patino, éste utiliza música clásica del XVIII de Giovanni Battista Pergolesi.

Sin embargo, el trabajo de Bernaola se extiende mucho más allá y a sus colaboraciones con Martín Patino hay que sumar los trabajos con Pedro Olea: Días de viejo color, La casa sin fronteras, Akelarre, Un hombre llamado flor de otoño, Tormento, Bandera negra, Pim, pam, pum, fuego, etc.;

Tambien con Antonio Giménez Rico: Jarrapellejos, El hueso, El cronicón, ¿Es usted mi padre? y Soldadito español; Antonio Drove: Tocata y fuga de Lolita, Mi mujer es muy decente dentro de lo que cabe...; Roberto Bodegas: Los nuevos españoles, Vida conyugal sana; José Luis Gª Sánchez: El love feroz, Adiós con el corazón, Pasodoble; o Fernando Fernán Gómez: Mambrú se fue a la guerra...

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Su trabajo también se extiende al teatro y a la televisión, donde cuenta con sintonías de series y programas, y a sus archiconocidas músicas para Verano azul y el programa de su amigo José Luis Balbín, La clave, hay que sumar una larga lista de composiciones: Juan Soldado, El caballero de la mano en el pecho, Página de sucesos, Plinio y muchas otras.

Además, cuenta en su haber ser el compositor de la música del himno del Athlétic de Bilbao, su otra gran pasión, así como de la canción popular El cocherito leré.

Bernaola abanderó lo que se ha venido en llamar Generación del 51, formada por aquellos compositores españoles nacidos alrededor de los años treinta y que adoptaron las corrientes más renovadoras de la música española a finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Junto a él encontramos nombres como los de Cristóbal Halffter, Antón García Abril, Luis de Pablo, Tomás Marco, ...

A pesar de sus más de 80 composiciones para la gran pantalla y sus numerosas aportaciones en la composición de música para teatro, televisión, música de cámara... Bernaola nunca ha sido lo suficientemente valorado en nuestro país, y por el contrario en el extranjero ha sido ampliamente reconocido.

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Puntualmente, en el campo de la composición cinematográfica, ha sido valorado gracias a sus composiciones para el cine de terror español de los setenta, donde un trabajo selecto y perfeccionista superaba a la calidad de las imágenes. Así títulos como El gran amor del conde Drácula, El espanto surge de la tumba, El jorobado de Notre Dame... o coproducciones internacionales como Ernesto, La casa sin fronteras o El valle de las viudas se cuentan entre sus partituras más recordadas fuera de nuestras fronteras.

Curiosamente, la banda sonora más conocida de Patino sólo tiene canciones de la época... aunque también Bernaola compuso una muy famosa: El cocherito leré.

Sin saberlo y casi como presagio de su futura desaparición a causa de la complicación de un cáncer, la última película que musicó fue Adiós con el corazón, de José Luis García Sánchez, en el 2000.

Y nada mejor para concluir este artículo y para definir a esta gran persona, las palabras que su amigo y contemporáneo Cristóbal Halffter pronunció al conocer su muerte: «sobre todo era un músico artesanal de los de obra bien hecha y con las ideas muy claras».

Escribe Juan Francisco Álvarez


Artículo publicado en el nº 37 de Encadenados, en febrero de 2003, en el monográfico de Basilio Martín Patino.

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