Roy Webb

  16 Abril 2020

Más allá de «Retorno al pasado» (*)

retorno-al-pasado-0Seguramente quien más o quien menos que haya tenido la oportunidad de ver Retorno al pasado recordará con nostalgia y cariño su tema musical principal. Un tema romántico que nos introduce al personaje de Kathie, después de que Jeff Markham la encuentre descalza por las playas de Acapulco.

Y sería un error atribuir este tema al compositor de la película, Roy Webb, ya que hurgando en las entrañas de este tema uno detecta que ya ha sido utilizado en otros filmes anteriores de la RKO. Como ejemplo y remontándonos a su uso más antiguo, este tema aparece en El ídolo de Nueva York (1937).

Curiosamente, este film contó con la música adicional de Max Steiner y del propio Roy Webb, pero el tema en cuestión, que aquí se le atribuye a Allie Wrubel y Nathaniel Shilkret, realmente es un tema plenamente inspirado en el cuarto movimiento de la primera sinfonía de Brahms. Es decir, que la música que con tanto cariño recordamos de este filme no pertenece ni a Roy Webb, ni a los primeros que la utilizaron, sino al mismísimo Johannes Brahms.

Esta práctica de utilizar música ya usada en otras películas de la misma productora o recurrir a temas llamados de librería, o estándares, eran muy comunes en la época, sobre todo en la RKO, donde no hay que olvidar que contó en sus inicios con Max Steiner como director musical y Roy Webb como su ayudante.

Más tarde, en 1936 Max Steiner dejó la RKO para irse a la Warner Bros. y Roy Webb se quedó al frente, cosa que hizo que éste se prodigase mucho más en su trabajo de compositor y por ello llegó a realizar más de trescientas cincuenta bandas sonoras en toda su carrera (en algunas de ellas no aparece acreditado).

Aunque este tema musical no le pertenezca, sí el resto de la partitura, una música sugerente, misteriosa y de ambiente inquietante. Desgraciadamente, la composición no está editada en su integridad, pero sí disponemos de un lujoso compacto recopilatorio en el que podemos encontrar una pequeña suite de casi tres minutos que nos evoca claramente las escenas de este imprescindible clásico del cine negro.

Jacques Tourneur

Su colaboración con el cine de Jacques Tourneur no fue esporádica, sino que se prodigó en la mayoría de sus filmes de la década de los cuarenta.

Su primer filme juntos fue en 1942, La mujer pantera, en la cual Roy Webb compuso una de sus mejores partituras para Tourneur. La ambientación tenebrosa y sombría del film se evoca en contraposición con la música de Webb, delicada y pausada.

La película tuvo cierto éxito y Tourneur quedó contento con la aportación de Webb, y así en su siguiente film, Yo anduve con un zombie en 1943, repitieron colaboración y la combinación de música terrorífica con otra más lírica e incluso romántica, consiguiendo nuevamente excelentes resultados.

Y con la misma tónica le siguieron sus dos siguientes trabajos: El hombre leopardo (1943) y Noche en el alma (1944). Ya en 1947 llegaría Retorno al pasado y su última colaboración juntos se produjo en 1949 con Vida fácil.

Pero conozcamos algo más acerca de este prolífico autor, etiquetado muchas veces como compositor gris, cuya trayectoria y calidad resulta indiscutible para todo aquel que profundiza en su carrera.

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RKO Radio Pictures

Roy Webb nació el 3 de octubre de 1888 en Nueva York. Siendo joven tanto su madre como su tío le inculcaron un amor por la música que pudo aprovechar en su estancia en la Columbia University. En aquel lugar sus enseñanzas fluctuaban entre las composiciones de Bach y de Beethoven.

Sin embargo, sus inicios fueron en Broadway, componiendo, arreglando y dirigiendo musicales. Allí consiguió ir escalando puestos y fue de la mano de Victor Baravalle —quien ya le contratara en su día para dirigir el musical de Fred Stone Steping Stones— quien, siendo director musical en la RKO, le llamó para que le ayudase a orquestar la banda sonora de Rio Rita (1929), de Luther Reed. Allí coincidió con Max Steiner y, aunque ya se habían conocido anteriormente, mantuvieron una estrecha amistad que les duró hasta la muerte de Steiner en 1971.

En sus inicios en la RKO compaginó sus composiciones para musicales con bandas sonoras para cortos y películas, pero poco a poco su labor fue íntegramente volcada con el cine. Roy Webb abarcó, en sus veinticinco años al servicio de la RKO, todo tipo de géneros. Desde el drama, la comedia, las grandes superproducciones o incluso las películas de más bajo presupuesto.

Aunque si en algo se especializó este compositor fue en el género de terror, de cine negro, el de gangsters y los thrillers. Un género que surgió en los años cuarenta y que Roy Webb vivió de pleno. No sólo en las partituras para las películas de Jacques Tourneur que acabamos de comentar, sino también para otros directores.

Merecen especial mención sus trabajos para: Historia de un detective y La escalera de caracol, donde Webb usó el teremín como nadie para acompañar musicalmente el caos mental del psicópata asesino protagonista del filme.

Sin embargo, su trabajo más notorio en esta época es Encadenados (1946) de Alfred Hitchcock. Una excelente composición donde la música adquiere un papel protagonista en el filme del gran maestro del suspense. A la postre, y en declaraciones del propio Webb, éste es el trabajo del que se siente más orgulloso.

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Curiosamente en esta década de los cuarenta también consiguió las únicas siete nominaciones que obtuvo a los Oscar de la Academia, pero incomprensiblemente (ya que en aquella época los Oscar no son la pantomima de la actualidad) ninguna de ellas fue para Retorno al pasado ni para Encadenados.

Las siete nominaciones las obtuvo para: Olivia de George Stevens (1937), Mi mujer favorita (1940) de Garson Kanin, Juana de París (1942) de Robert Stevenson, Me casé con una bruja (1942) de René Clair, The fallen sparrow (1943) de Richard Wallace, The Fighting Seabees (1944) de Edward Ludwig y Su milagro de amor (1945) de John Cromwell.

Si analizamos estas nominaciones tiene su gracia el que sólo una de ellas, The fallen sparrow, corresponde a una composición para el género de cine negro, thriller o terror al que antes hemos hecho mención, y ninguna de ellas corresponde a su excelente trilogía de terror de Jacques Tourneur (director) – Val Lewton (productor) – Roy Webb (compositor): La mujer pantera, Yo anduve con un zombie y El hombre leopardo.

En esta década de los cuarenta es también cuando Roy Webb realiza más composiciones. En estos años sale a una media de doce partituras por año, y desgraciadamente dado el volumen de su trabajo en la RKO, muchas veces no aparecía en los créditos, aunque sí nos queda constancia de su autoría.

También en esta década, pero esta vez formando otro notable equipo: Robert Wise (director) – Val Lewton (productor) – Roy Webb (compositor) realizaron dos clásicos del cine del terror: La venganza de la mujer pantera (1944) y El ladrón de cadáveres (1945), con Boris Karloff y Bela Lugosi.

Así mismo, también son remarcables las composiciones que realizara para otro gran director del género, Mark Robson: The seventh victim (1943), The ghost ship (1943) y Bedlam (1946).

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Constantin Bakaleinikoff

En todos estos filmes, Roy Webb contó con la incansable colaboración de Constantin Bakaleinikoff, quien se encargaba de la supervisión y la dirección musical de todos los títulos de la RKO desde 1941 hasta el fin de ésta.

Constantin Bakaleinikoff nació en Moscú en 1896 y muy pronto se formó en el conservatorio de su ciudad natal en violonchelo y composición. Emigró a los Estados Unidos para formar parte de la orquesta Los Angeles Philharmonic y a partir de entonces pasó a desempeñar el cargo de director musical por diferentes estudios.

En 1928 lo fue de la Paramount y Columbia, en 1933 pasó a la Metro Goldwyn Mayer y en 1941 a la RKO, hasta el fin de su carrera en 1957. Falleció diez años más tarde, y en su etapa en la RKO constituyó un sólido apoyo y gran amigo para nuestro protagonista, Roy Webb.

Últimos años

Cuando la RKO se disolvió, Roy Webb buscó trabajo en otros estudios y siguió componiendo, aunque no con la misma intensidad y calidad que con la RKO. Todavía resaltará su labor en composiciones como las de Marty (1955) de Delbert Mann, La sirena de las aguas verdes (1955) de John Sturges, El zorro de los océanos (1955) de John Farrow, o su último trabajo, Enséñame a querer (1958) de George Seaton.

Sin su RKO, desengañado y sin su habitual ritmo de trabajo, este artesano nato, modesto y humilde donde los haya (pues nunca reclamó un mérito especial y pasó muchas veces desapercibido), abandonó el terreno de la composición desapareciendo sin dejar rastro. Falleció el 10 de diciembre de 1982 de un ataque al corazón en Santa Mónica (California).

Tristemente hay que reconocer que son pocos los que se cuentan como sus seguidores, que más escasas aún son sus bandas sonoras editadas, y que ciertos críticos siguen tachándole de compositor gris y mediocre.

Sin embargo, si uno rastrea sus trabajos, se percatará que Roy Webb fue un gran compositor de música cinematográfica, con trabajos de una calidad encomiable y que nada tienen que envidiar a los de otros colegas suyos de la época de mucha mayor fama y renombre. Cierto es que entre su vasta obra encontramos composiciones más bien mediocres, otras con uso y abuso de piezas reutilizadas, pero también hay entre ellas muchas otras en las que el trabajo original y laborioso de este gran maestro brilla y destaca tanto o más como otras composiciones de la época que corrieron mucha mejor suerte en cuanto a su difusión y valoración.

Roy Webb, un trabajador incansable al servicio de un estudio al que dedicó toda su vida profesional, y al que es necesario descubrir y dar a conocer, pues su obra lo merece.

¿Para cuándo nuevas ediciones de muchos de sus grandes trabajos inéditos?

¿Para cuándo ediciones completas de sus trabajos para La mujer pantera, Retorno al pasado y Encadenados?

Y si abandonamos el plano materialista-coleccionista, y nos centramos en el humano…

¿Para cuándo el justo reconocimiento a este gran compositor, que lo fue, Roy Webb?

Escribe Juan Francisco Álvarez


(*) Este texto fue inicialmente publicado en el monográfico dedicado a Retorno al pasado, en el nº 48 de Encadenados, diciembre de 2005. 

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