La música del cine de Akira Kurosawa

  14 Agosto 2020

Fidelidad a cinco grandes compositores

kurosawa-0-samuraisEl gran maestro japonés Akira Kurosawa cuenta en su haber treinta y una películas dirigidas entre los años 1943 y 1993, y desde un principio quiso contar con un compositor para la música de las mismas. Si por algo se ha caracterizado Akira Kurosawa es por una gran fidelidad a sus compositores.

Básicamente toda su filmografía se debe única y exclusivamente a cinco grandes autores japoneses. Algunos de ellos trabajaron hasta sus últimos días, como es el caso del gran amigo del maestro Fumio Hayasaka.

Seiichi Suzuki

Sus tres primeros filmes: La leyenda del gran judo, La más bella y La nueva leyenda del gran judo, contaron con el compositor Seiichi Suzuki, que dio a sus partituras un aire clásico pero lleno de maravillosos leitmotivs que nos recuerdan las incipientes imágenes del que llegaría a ser un virtuoso de los sentimientos y gran conocedor del género humano.

Un ejemplo muy clarificador de esto se encuentra en La leyenda del gran judo, cuando Sugata observa cómo florece una flor de loto revelándole el secreto del judo. La música que le acompaña es dulce y tierna, las cuerdas de los violines le dan un aire bucólico a la secuencia, y tanto la música como los maravillosos paisajes que vemos contrastan con la dramática historia que aquí nos cuenta el maestro Kurosawa.

Sin embargo, en La más bella la música no ejerce un gran papel en la película y sólo subraya determinadas acciones de ésta, y para La nueva leyenda del gran judo, Seiichi Suzuki simplemente se molesta en hacer unas pequeñas variaciones a los temas de la primera o insertar estos sin más.

Para Los que construyen el porvenir, Akira Kurosawa cuenta con un desconocido Noburu Ito, al que únicamente le ofrece esta oportunidad.

Tadashi Hattori

Será el compositor Tadashi Hattori quien le suceda y componga tres películas más del maestro, concretamente: Los hombres que caminan sobre la cola del tigre, No añoro mi juventud y Un domingo maravilloso.

En la primera, la música ejerce un papel premonitorio, ya que los diferentes leitmotivs se escuchan segundos antes de que tenga lugar la acción o que aparezca el personaje con el que se identifican.

Además, se incluyen algunas canciones tradicionales japonesas y toda la música está en consonancia con la tradición nipona, algo que se repite en todos los filmes del maestro, sea quien sea el compositor.

Para No añoro mi juventud el compositor dotó a la partitura de un amplio catálogo de ambientes y matices musicales de lo más variado, además vuelven las canciones, y el protagonista de la historia, Yukie, interpreta también en determinados momentos a clásicos como Chopin y Moussorgsky (Cuadros de una exposición). Esta tendencia de Akira Kurosawa a insertar piezas clásicas en sus filmes, la repite también en Un domingo maravilloso, y en sus últimas películas.

Con Duelo silencioso, Kurosawa contará con la participación del que es conocido por todos como el compositor de las películas de Godzilla, Akira Ifukube, que aquí pasará sin pena ni gloria, con una composición nada interesante y en la que en algunos pasajes se abusa de la percusión tradicional japonesa.

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Fumio Hayasaka

Es justamente el momento en el que el cine de Akira Kurosawa se vuelve más maduro y comprometido con la Naturaleza, el Ser Humano y los Sentimientos, cuando conocerá a uno de los compositores que mejor han sabido interpretar su obra, Fumio Hayasaka.

Trabajará con el maestro en ocho de sus películas, hasta la llegada de una muerte prematura por tuberculosis en 1955, después de componer Crónica de un ser vivo, cuya partitura tuvo que concluir Masaru Sato.

Para El ángel ebrio compone una partitura a medio camino entre la música del western y la música tradicional japonesa, incluso se permite introducir algunas notas de jazz, tan de moda en tiempos de posguerra. La guitarra es la gran protagonista de la música de esta historia donde también hay lugar para algunas canciones y otros cortes con influencias occidentales.

En El perro rabioso nos encontramos con una partitura muy rica en temas y contenidos que nos sumerge de lleno en las investigaciones policíacas del film.

El Escándalo y El idiota cuentan con partituras de desigual calidad: mientras que en la primera encontramos numerosas canciones y música de corte muy americanizado, en la segunda utiliza en abundancia composiciones de Moussorgsky.

Pero el reconocimiento y maestría en el plano cinematográfico y musical les vino a ambos por títulos como Rashomon, Vivir y Los siete samuráis, que cuenta con una de las partituras más celebradas de Hayasaka. Si bien con El ángel ebrio, ya dieron ambos la nota, fueron estos tres títulos los que más destacaron de su trabajo en conjunto.

Para Rashomon, Kurosawa le pide a su buen amigo Hayasaka que componga un bolero al estilo del Bolero de Ravel. Después de un primer intento sin resultados, este compone una excepcional pieza que estará a buen seguro en la memoria de cualquiera que haya visto esta película. Música e imágenes se funden maravillosamente en perfecto trabajo de compenetración director-compositor.

En Vivir, Watanabe, el protagonista, descubre la vida nocturna de la mano de un novelista, y la música se apoya en la mayoría de sus cortes en el tema principal que es una melancólica canción llamada Life is so short.

Los siete samuráis supone el punto más álgido en la carrera de ambos, y es el film por el que Kurosawa empieza a ser conocido en el resto del mundo. La música tiene la particularidad de poseer temas para cada uno de los caracteres, así los campesinos y los samuráis tienen música, pero no así los bandidos.

La música que acompaña a los samuráis se asemeja a una marcha procesional de Semana Santa con una alta carga de trompetas y resto de metales. Un tema de los que no se olvidan: aunque no tan pegadizo como el de Elmer Bernstein para Los siete magníficos, posee su belleza y particular concepción japonesa.

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Masaru Sato

Masaru Sato era el alumno más aventajado del maestro Hayasaka y Akira Kurosawa, después de que el joven Sato de 27 años terminara la partitura de su maestro para Crónica de un ser vivo, no dudó en ofrecerle sus siguientes trabajos.

Desde Crónica de un ser vivo, en 1955, hasta Barbarroja, diez años después, son un total de nueve las colaboraciones entre ambos: Los bajos fondos, El trono de sangre, La fortaleza escondida, Mercenario, Los canallas duermen en paz, Sanjuro e Infierno de odio.

La partitura para El trono de sangre posee una música siniestra, tenebrosa, con una flauta estridente rompiendo la monotonía, y unos coros solemnes de difícil digestión.

Los bajos fondos tiene la particularidad de ser la única película de Akira Kurosawa sin música, ya que si exceptuamos unos acordes de kabuki al principio y final del film, la música está totalmente ausente y sólo aparece una divertida canción a capella a mediados del metraje y que tiene su repetición al final.

Masaru Sato compone una divertida partitura para La fortaleza escondida; otra más triste, oscura y de escasa calidad para Los canallas duermen en paz; y una copia en cuanto a esquemas y tonalidades de Vivir y El perro rabioso —de su maestro Hayasaka—, para Infierno de odio.

Sin embargo, dos de sus trabajos más reconocidos son Mercenario (Yojimbo) y Barbarroja.

Yojimbo cuenta con un tema que es sarcástico y fúnebre a la vez, más o menos como el personaje que interpreta Toshiro Mifune en esta película. Un samurái precursor del Clint Eastwood de los filmes de Leone, y que hasta en el apartado musical rezuma aires de western con cierta ironía musical.

A ésta le siguió su secuela, Sanjuro, en la que Sato se vuelve más cómico e introduce otros instrumentos (armónica, saxofón y trompeta) y un nuevo tema principal más hilarante si cabe. No obstante, estos dos temas forman parte de la tarjeta de visita de Masaru Sato, como los más agradecidos y brillantes dentro de su vena más cómica.

Barbarroja es un trabajo más lírico, menos atonal y de ambientes, con menos percusión y metales que en sus trabajos anteriores, y que tiene momentos de gran brillantez. En el film también se intercalan piezas de música clásica de Brahms, Beethoven y Haydn. Esta sería la última colaboración entre ambos, estamos en 1965.

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Toru Takemitsu

A partir de aquí las películas del maestro se hacen más de rogar y se distancian cinco años entre ellas. La próxima sería Dodes’ka-den en 1970, a la que pondría música Toru Takemitsu, compositor conocido por sus trabajos para el director Masaki Kobayashi.

La película cuenta con muy poca música a pesar de su largo metraje, pero el tema principal —leitmotiv— es muy alegre y emotivo, construido con amplia variedad de instrumentos (un xilófono, una armónica, unas panderetas, unas maracas, una flauta, una guitarra y una trompeta) y aparece al principio, en el nudo argumental y en el desenlace de la historia.

Toru Takemitsu repitió con el maestro en la épica Ran en 1985, para la que construyó una partitura más grandilocuente, con un estilo kabuki bien claro. Las cuerdas estridentes y los sonoros tambores inician y terminan cada corte musical.

El tema principal está bien diferenciado del resto y se puede escuchar en todo su esplendor en las escenas de las batallas. Aquí el maestro no dudo en dotar a ciertas escenas de eso que muy pocos directores saben hacer bien, el silencio.

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Isaac Schwartz

Pero entre estas dos únicas colaboraciones de Toru Takemitsu con el maestro Kurosawa, nos encontramos con la magnífica cinta Dersu Uzala, en la que el maestro cuenta con un staff extranjero, y el compositor no lo es menos, pues en este caso se trata de un desconocido Isaac Schwartz.

Las aventuras de Dersu y Arseniev cuentan con una majestuosa música de situaciones, y que mayoritariamente es triste y desprovista de matices, al igual que la taiga y su gélida condición.

Sin embargo, en algunos momentos puntuales surgen notas que ilustran situaciones más cómicas, como las fotografías de Dersu con los soldados; o más dramáticas, como los momentos de acecho del tigre Amba, la muerte.

También los coros adquieren su protagonismo de mano de los soldados rusos en sus acampadas nocturnas, en momentos de soledad, y en la muerte de Dersu.

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Shinichiro Ikebe

Otra película de gran importancia y repercusión en la filmografía de Kurosawa rodada entre las dos colaboraciones de Toru Takemitsu, fue en el 1980 Kagemusha, cuya música se debe a Shinichiro Ikebe, con el que el maestro Kurosawa terminaría su filmografía.

En esta epopeya feudal nipona, encontramos una música cuidada, con numerosos tintes folclóricos y la percusión tradicional haciendo mella en la totalidad de los temas.

Cuenta con un tema principal precioso, que recuerda el estilo sinfónico de John Barry para Bailando con lobos. En él, metales y cuerdas dirigen la música hacia las fortalezas de los señores de la guerra.

Los pasajes más tranquilos cuentan con música dulce donde las cuerdas de un arpa y las notas de un oboe, nos encandilan hacía los hermosos parajes aquí fotografiados. Un solo de trompeta nos recuerda la concepción de western nipón de esta película.

Una buena obra para un principiante Ikebe, que sirvió para que el maestro contase nuevamente con él en Los sueños de Akira Kurosawa. Aquí cada sueño cuenta con su propia música diferenciada de las otras. Encontramos acordes de Kibaku, unos con voces de niños y más alegres, otros más misteriosos y otros más dramáticos. Una partitura de lo más variada que cumple con el objetivo de ilustrar los diferentes sueños aquí relatados.

En Rapsodia en agosto no hay casi música original y se escucha muy brevemente en contadas ocasiones. Kurosawa utiliza aquí a Ikebe básicamente para que le realice las mezclas de la música clásica que quiere incorporar. Anteriormente ya hemos comentado que iba a ser la tónica habitual en las últimas películas del maestro: aquí incorpora a Schubert y Vivaldi.

En su última película, Madadayo, vuelven a repetirse las mismas circunstancias que en la anterior y hay muy poca música original, aunque en este caso son numerosas las canciones que se incorporan, incluso una que utilizó por primera vez en el film Un domingo maravilloso, una de sus primeras películas, como si supiese que iba a ser su última película y quisiese rendirse un auto homenaje.

También aparecen los clásicos, esta vez son Las cuatro estaciones de Vivaldi en los títulos de crédito finales.

Y para cerrar, simplemente comentar que la película After the rain, con guión de Akira Kurosawa, rodada en 1999 por Takashi Koizumi, contó con la música de Masaru Sato y fue ésta su última composición antes de morir, en el que también rindió un profundo homenaje al maestro y compuso una brillante partitura, llena de hermosura y pasión.

La mayor parte de estas composiciones se pueden encontrar fácilmente en sendas cajas recopilatorias que reúnen en un total de once compactos las obras que estos grandes autores realizaron para el maestro Kurosawa. Aunque también se pueden encontrar otros compactos recopilatorios de las obras más importantes del maestro nipón.

Escribe Juan Francisco Álvarez


Artículo publicado inicialmente en el monográfico nº 31 de Encadenados, dedicado a Rashomon y el cine de Kurosawa, en enero de 2002.

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