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UNA VIDA POR DELANTE  
 
Título orginal: An unfinished life
País, Año:

EE.UU., 2005

Género: Drama
Dirección: Lasse Hallström
Intérpretes: Robert Redford, Jennifer Lopez, Morgan Freeman, Josh Lucas, Damian Lewis, Camryn Manheim, Becca Gardner.
Guión: Mark Spragg y Virginia Korus Spragg
Producción: Leslie Holleran, Alan Ladd Jr. y Kelliann Ladd
Fotografía: Oliver Stapleton
Música: Christopher Young
Montaje: Andrew Mondshein
Duración: 107 minutos
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No se puede vivir sin perdonar

El director sueco Lasse Hallström dirige una vez más una de esas historias que nos devuelven el optimismo perdido y que consiguen inducirnos o, por lo menos, a plantearnos un cambio en nuestra conducta.

Es un cine de emociones que ha ido impregnando una a una odas sus películas, desde Mi vida como un perro (1985), pasando por ¿A quién ama Gilbert Grape? (1994) y Algo de que hablar (1995), hasta la corregible Atando cabos (2001). Están pendientes también de estreno su cinta Casanova, que no inspiró muchos halagos en Venecia, y otra que está rodando en la actualidad sobre el fraude de unos supuestos escritores que pretendían escribir la biografía autorizada de Howard Hughes, sin haber tenido ningún contacto con el productor. Richard Gere interpeta a uno de los impostores en la película que tiene por título, de momento, The Hoax. Estaremos al tanto, porque este director se ha convertido en un icono del nuevo cine sueco afincado en Hollywood, como su compatriota Billy August. Su cine está tachado de mojigato, sensiblero y apto sólo para incondicionales románticos sin remedio. Supongo que yo me debo encontrar en este grupo porque su cine, aunque no logra obras maestras, ni mucho menos, consigue emocionarme y envolverme con sus maravillosas historias. Saltó a la fama con la estupenda Las normas de la casa de la Sidra (1999) y continuó con Chocolat (2000) que refleja un universo mágico en el que los protagonistas, cargados de problemas, cuitas e infelicidades, se ven guiados por un personaje vitalista que refleja, como en otros filmes, el pensamiento del director y la moraleja de cada una de sus historias.

Aquí, el motivo de la infelicidad es la dificultad de perdonar –como en la estupenda  El perdón (2000), de Winterbottom–, que hace que seamos desgraciados porque el rencor nos reconcome por dentro y no nos permite comprender al agente que nos causó el mal (algo que convierte al problema en un círculo vicioso, pues si no escuchamos los motivos del otro, jamás nos pondremos en su lugar y, por lo tanto, estaremos incapacitados para perdonarle).

El personaje de Robert Redford es un hombre amargado por el trágico accidente de su hijo y por el odio que siente hacia su nuera, a la que culpa de todo lo ocurrido. Ella, viuda y con una hija, decide abandonar a su novio maltratador y regresar a la casa de su suegro con la esperanza de que les ayude a rehacer su vida. El personaje guía en esta ocasión es Morgan Freeman, que una vez más representa un papel secundario, pero que inunda toda la historia por su importancia y por su interpretación, como en Million Dollar Baby (2004), Sin perdón (1992), Seven (1995) o Paseando a Miss Daisy (1989). Es un ser que tiene todas las papeletas para quejarse y amargarse la existencia, pero ha decidido tomarse la vida según viene y alegrarse y vivir según sus convicciones, como un granjero, aún cuando tiene implícito ciertas desavenencias (a pesar de ser agredido por un oso polar demuestra ser una persona amante de los animales y de la naturaleza, al estilo del hombre antiguo, y no vengarse de él). Este hecho es uno de los más sobresalientes de su cine, pues se respira en todo el filme una interrelación hombre-naturaleza en igualdad, y no la moderna consideración del hombre como superior y por lo tanto, con el poder de cambiar el mundo a su antojo.

Es una película clásica, rodada de forma sencilla, con un guión sobrio, unas interpretaciones elegantes, incluso de la injustamente denostada Jennifer López. Se narra, como a la antigua usanza, una historia compleja de varias soledades y ansias de superación de varios personajes, siendo como resultado que para vivir en palabras mayúsculas, tenemos que aceptar y perdonar (primero a nosotros mismos, después a los demás y por último a la vida que llevamos y al entorno que nos rodea, no intentando cambiarlo sino intentando adaptarnos nosotros a él).

A pesar de la importancia de estos personajes, es una película coral desarrollada en un ambiente de ensueño –las montañas rocosas de Wyoming– y nos recuerda a series como Doctor en Alaska o Everwood, y películas actuales como Wilby Wonderful (2004), La gran seducción (2004) o Algo en común (2004). Así, después de visionar este tipo de películas nos invade una necesidad inmediata de escapar a las montañas rocosas o, en su defecto, a la sierra más cercana…

Por todo esto, el cine de Hallström, aunque previsible, nos enamora desde el primer instante por sus imágenes espectaculares, sus diálogos inteligentes (aunque alguno sobra porque parece que subvalora al espectador en alguna ocasión) su música y, por supuesto, su historia. En fin: una delicia.

Arantxa Bolaños de Miguel