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NINETTE  
 
Título orginal: Ninette
País, Año:

España, 2005

Género: Comedia
Dirección: José Luis Garci
Intérpretes: Elsa Pataky, Carlos Hipólito, Enrique Villén, Beatriz Carvajal, Fernando Delgado, Mar Regueras, Miguel Rellán.
Guión: José Luis Garci y Horacio Valcárcel; basado en las obras "Ninette y un señor de Murcia" y "Ninette, modas de París" de Miguel Mihura
Producción: Juan Carmona y Salvador Gómez
Fotografía: Raúl Pérez Cubero
Música: Pablo Cervantes
Montaje: Miguel González Sinde
Duración: 120 minutos
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Ninette de Mihura, vista por Garci

José Luis Garci vuelve su particular mirada al escenario teatral. Ambientada en los años 60, Ninette es la refundición y adaptación cinematográfica de dos obras de Mihura, en el año en que se conmemora el centenario de su nacimiento: Ninette y un señor de Murcia y Ninette, modas de París.

La cinta, rodada completamente en interiores, comienza narrando la aventura de Andrés (Carlos Hipólito), un “españolito” gris que viaja a París para renovar su tienda de artículos religiosos y que no llegará a conocer la ciudad, “secuestrado” por Ninette (Elsa Pataky), una joven parisina que representa el ideal de mujer de la época: sensual, traviesa, encantadora, seductora y virgen, que conoce sus encantos y los utiliza, y que representa el idealismo y la libertad tan añorados en los años de posguerra.

Sin embargo, en un afán por mostrar la sensualidad de la protagonista, la picardía y sugestión que rodean al personaje en la obra original se reduce a lo físico (un hecho que queda patente en el material publicitario de la cinta) debido a un uso excesivo y forzado del desnudo por parte del director, en escenas que, como la que muestra a la joven Ninette dialogando con Andrés a través de una cortina transparente de ducha, rozan lo artificioso. Una pena, ya que Elsa Pataky, aunque en ocasiones exagera gestos y miradas –tal vez siguiendo las instrucciones del director– se aproxima, en otras, a la frescura y a la verdadera esencia del que fuera el personaje preferido de Mihura.

Quizás a la desvirtualización o a la no total comprensión del personaje (que sólo al final de la historia expresa su manera de ser, enamorada, de forma que no sean sus palabras o su cuerpo) contribuya el hecho de que el resto de personajes, que en el texto de Mihura matizaban la carga sensual de Ninette a través de jocosos diálogos, hayan quedado reducidos a un segundo plano, especialmente en la segunda parte de una cinta, cuyo punto fuerte son sus actores secundarios.

Es a través de estos personajes de carne y hueso donde se muestran temas interesantes, como la confluencia de distintas ideologías a través de los diálogos entre el padre republicano de Ninette (Fernando Delgado) y el cura de una ciudad de provincias como Murcia (Miguel Rellán). Escenas cotidianas, como las reuniones y las partidas de cartas del protagonista y sus amigos, donde se respetan los diálogos y se atisba el humor absurdo de Mihura, dotan al inicio de la historia de un ritmo más vivo del que acostumbra Garci a presentarnos en otras de sus películas.

Sin embargo, a medida que avanza el metraje de la cinta –tal vez excesivo–, la ironía y sagacidad del dramaturgo dejan paso a una mayor intervención del director, que no respeta tanto el texto de Mihura en la segunda obra, en la cual la historia en la que la dependienta de la tienda del protagonista (Mar Regueras), representa el choque entre la imaginación, el deseo sexual y la realidad de éste, no llega del todo a comprenderse. Ello, sumado a la mala hilvanación de las dos piezas de teatro, en una cinta cuya acción salta de un modo brusco de París a Murcia, deriva en un final forzado, sin clímax, en cuyo último plano aparece Javivi interpretando a un botones de un lujoso hotel parisino.

No obstante, fiel a su estilo y a su idea de cine artesanal, Garci, quien dijo que “lo mejor de la película es Mihura”, demuestra su dominio de la fotografía y del uso de la cámara y nos presenta una iluminación, un diseño de producción y una banda sonora que prueban que los puntos fuertes del realizador, cuya norma es no rodar más de 6 horas al día, siguen siendo los pequeños detalles.

María Sánchez