FUENTES ESTÉTICAS DEL CINE NEGRO
Por Milagros López
Morales
I. INTRODUCCIÓN
El objetivo de este
artículo es analizar algunas de las fuentes estéticas que están
en el embrión del cine negro americano, sin pretender profundizar
en los contenidos (temática, psicología, moral...) que son muchos,
variados y controvertidos, aunque como quedará demostrado no es
posible desligarlos totalmente de su tratamiento formal.
II. FORMA Y CONTENIDO
Un signo es un todo indisoluble formado
por dos componentes, bien diferenciados, complementarios e inseparables:
significante y significado, forma y contenido.
Toda imagen como signo que es participa también
de ambos elementos. Ambos contribuyen a definirla, clasificarla,
a dotarla de sentido. La disolubilidad del vínculo desintegra
el fundamento esencial del signo que es “significar”, representar,
denotar, decir algo. Su separación, no define no significa, no
dice nada; es la ausencia del signo como tal y su carencia solo
crea vacío y perplejidad.
Una película puede
también, en su conjunto, ser definida como un signo, una imagen
cinematográfica, dotada de una apariencia formal (planificación,
angulación, movimientos de cámara, iluminación, encuadre...) y
un contenido (argumento, mensaje...) que hagan de ella un todo
significativo.
El cine se expresa
a través de sus filmes. En su corta pero intensa y densa evolución
cada película se ha convertido a su vez en signo particular dentro
de una manera conjunta de significar, es decir las películas son susceptibles de significar por sí mismas, individualmente, y, a
la vez, como parte integrante de un conjunto, grupo o categoría
significativa que las engloba: escuela, estilo, movimiento...
o género cinematográfico.
Estos conjuntos o
categorías significativas han sido etiquetadas socialmente según
su enclave en un momento histórico concreto, duración, estética,
temática, intención (política, social...), iconografía...
Los críticos, teóricos,
historiadores y estudiosos cinematográficos buscan características
y generalidades que faciliten su labor clasificadora, pero aunque
existen aproximaciones no siempre existe consenso. En primer lugar
caben diferentes formas de definir los conceptos (género, estilo,
escuela...) y en segundo no siempre hay acuerdo para adscribir
tal o cual película a uno de ellos.
Esta forma de clasificación
cinematográfica, no solo no ha perdido vigencia sino que se ha
consolidado -en la actualidad las películas se siguen adscribiendo
a un determinado movimiento (Dogma 95), género (ciencia-ficción,
terror...), estilo (realista, kitsch...)....-
como un código decodificador más, que cumple una función
de anclaje y reconocimiento por parte del espectador.
III. LOS GÉNEROS CINEMATOGRÁFICOS
Sin intención de
hacer una indagación exhaustiva y pormenorizada y una exposición
minuciosa y detallada sobre los mismos analizaremos únicamente
aquellos aspectos que sean pertinentes para nuestro estudio, es
decir, que sirvan para clarificar si podemos considerar al cine
negro como uno de ellos.
ORIGEN
Los géneros cinematográficos
– musical, western, terror, comedia...- fueron creados (en primera
instancia por el teatro, la novela, el periodismo..., y en segunda,
por las productoras para serializar la producción) e instrumentalizados
para: garantizar la audiencia y el éxito (función
económica); disminuir y facilitar la selección entre la
variedad de temáticas posibles (función
narrativa) y crear en el público hábitos perceptivo-sensitivo-identificativos
(función comunicativa).
DEFINICIÓN
Según Roman Gubern
el género es “un modelo cultural rígido, basado en formas estandarizadas
y repetitivas, sobre las que se tejen las variantes episódicas
y formales que singularizan a cada producto concreto y dan lugar
a familias de subgéneros temáticos dentro de cada gran género”.
Y añade A. Tudor que además un género “define un modo social
y oral, así como un entorno físico e histórico”. La componente
histórica, está, sin embargo, más próxima al concepto de movimiento
que de género. ¿Qué diferencia a uno de otro?
Los géneros, a priori, no están vinculados
a épocas/acontecimientos históricos concretos (a pesar de que
puedan estar relacionados con ellas/os y definirlas/os), por eso
pueden ser extrapolables a otras épocas. No son innovadores ni
rupturistas, permiten una gran variedad y flexibilidad estilística,
“son evolutivos, conservadores y acumulativos”.
Los movimientos no son modelos de nada, son
espejos rupturistas (a nivel social, cultural, ideológico y estético),
surgidos como respuesta a un momento histórico concreto. Buscan
y promueven el cambio consciente y colectivamente. Son homogéneos
estilísticamente, suelen ser revolucionarios y de corta duración.
Su irrepetibilidad hace que no sean extrapolables a otros momentos
históricos.
EL CINE NEGRO:
¿GÉNERO O MOVIMIENTO?
¿Qué es el cine negro?
¿Un género, un movimiento cinematográfico, un subgénero, un estilo
visual...? Quizás un poco de todo. En un primer momento surge
como movimiento con un estilo visual y argumental característico,
aunque no observe a rajatabla todas las características que así
lo definan. Decimos movimiento porque,
aunque no supuso
ruptura estética contundente –tenían un antecedente en el expresionismo–
si posee una homogeneidad estilística definida, está vinculado
a los
cambios y evolución
de la sociedad americana de entreguerras, es revelador de muchas
claves sociales (época de emigración y desarraigo –cine policíaco–;
época de prohibición –cine de gángster–; época de sindicatos ilegales
–cine de corruptelas políticas–; etc.), fue de corta duración,
promueve el cambio, aunque no lo busque (el pesimismo y desidia
que lo habita le impide creer en él) y no es extrapolable aunque
pueda ser reproducido.
En esta primera etapa
podemos distinguir dos fases: una fase
de formación que se inicia dentro del cine mudo: La
ley del hampa (1927), Luces de Nueva York (1929)...;
y una fase de maduración que abarca los años 30 y 40. En los 30 adquiere
popularidad y clasicismo con películas como: Las calles de
la ciudad (1931), Scarface (1932), El hombre
delgado (1934), Furia, (1936), Dead end (1937)...;
y en los 40 se consagra como auténtico thriller con El
halcón maltés (1941) –considerado por muchos críticos como
el prototipo del mejor cine negro–, Laura (1944), La
mujer del cuadro (1944), Perdición (1944), Alma
en suplicio (1945), El sueño eterno (1946), El beso
de la muerte (1947), Retorno al pasado (1947), Cayo
largo (1948)...
El particular estilo
de este tipo de cine se expande por este período a otros géneros
(western, terror, melodrama...) instaurando así una preeminencia
delatora del existencialismo que impregna este tipo de producciones,
al margen de variables formales.
Su segunda etapa
queda establecida a partir de la década de los 50, en que se asienta
como auténtico “genero” al entrar en una fase
de decadencia, en la cual se mantienen los cánones
clásicos, hay un mayor protagonismo del sector industrial, se
innova poco (La casa de las sombras, 1951, The big
Combo, 1955...) y se permite mayor flexibilidad estilística
(Sed de mal, 1958; Encubridora, 1952, en color...).
Durante los sesenta
–fase de añoranza–
es un género poco cultivado y los filmes que aparecen recrean
la temática precedente (Bonnie and Clyde, 1967) o bien
son remakes de películas anteriores (La ley del hampa,
1967; A quemarropa, 1967)...
En los setenta comienza
una fase de impulso
con películas como El largo adiós (1973), donde se vuelve
a las novelas de Chandler y a su personaje central Philip Marlowe,
producciones personales como Malas calles (1973), La
noche se mueve (1975)...; y remakes en color, como Adiós
muñeca (1975)
y Detective privado (1978).
A partir de este
momento el género irá haciéndose más ecléctico en su tratamiento
estético y visual, pero seguirá manteniendo constante la ética
negra de la existencia.
Así, en los setenta
aparece a la vez una fase
de renovación con obras magistrales como El padrino
(1972) y El padrino II (1974) de Francis Ford Coppola,
ambas ganadoras del Oscar a la mejor película de sus respectivos
años.
En la década de los
ochenta la producción se ralentiza –fase de hibernación- pero surgen directores noveles que a partir
de su opera prima seguirán cultivando el género negro; es el caso
de los hermanos Cohen que debutan a mediados de los ochenta con
Blood simple y de John McNaughton que finaliza en 1986
Henry, retrato de un asesino (en España se estrenó en 1991).
En los noventa se
produce un nuevo boom del thriller, en cualquiera de sus vertientes (psicológico,
político, romántico, policíaco...) o combinado con otros géneros.
Son magníficos exponentes de está década: Muerte entre las
flores (1990) y Barton Fink (1992), ambas de los Cohen,
Uno de los nuestros (1990) de Martin Scorsese, Beltenebros
(1991) de Pilar Miró, Amor a quemarropa (1992) de Tony
Scott, El padrino III (1993) de Coppola, L.A.
Confidencial (1997) de Curtis Hanson...
Y a partir del nuevo
siglo son reseñables ejemplos como Brother (2001) de Takeshi
Kitano, El hombre que nunca estuvo allí (2002) de los hermanos
Cohen, filmada en B/N, Camino a la perdición (2002) de
Sam Mendes... En España también lo han intentado Enrique Urbizu
con La caja 507 (2002)
y Mariano Barroso con Hormigas
en la boca (2005)...
DENOMINACIÓN
Bajo este epígrafe
se reúne una serie de filmes con temáticas diversas (cine de gangsters,
policíaco, político...) que tienen en común representar con una
estética similar (angulaciones excesivas, contrastes lumínicos
contundentes, composiciones inquietantes...), una ética social–lóbrega,
corrupta, violenta, criminal...– también común. Independientemente
del subgénero (no por inferior sino por diferente) al que pertenezca
cada una de estas películas, estas dos constantes se mantienen
siempre. Estética “negra” (forma) de la ética “negra” (contenido)
de la realidad.
La procedencia del
término “cine negro”, aparecida en la segunda mitad de los cuarenta,
proviene de la denominación literaria gala “Série Noire” con que
se habían identificado en Francia las novelas de ciertos escritores
americanos: Raymond Chandler (El sueño eterno, 1939; Adiós
muñeca, 1940) y Dashiell Hammett (El gran golpe, 1928;
El halcón maltés, 1929), principalmente. Cuando estas obras
se adaptaron al cine y llegaron a Francia (durante la ocupación
las películas americanas habían estado prohibidas) los críticos
franceses tomaron prestado el término de la literatura y así la
Série Noire (novela negra) derivó en Film Noir (cine negro). No es casual
que estas obras gustaran tanto al público francés. Francia vivía
una época nihilista y contradictoria representada
por escritores existencialistas como Jean Paul Sartre o
Albert Camus. El fatalismo y escepticismo de las novelas negras
americanas encajaba muy bien en el espíritu pesimista francés.
El cine negro surge en el seno de la sociedad americana del desencanto,
es “la pesadilla del sueño americano” como la han denominado algunos
sociólogos, que nació antes de la Segunda Guerra Mundial –la ley
seca, la gran depresión financiera de los años 30...–, y se acentuó
después de ella –cambios sociales, de valores, de roles sexuales
y económicos, incertidumbre política...– dejando al descubierto
la miseria existencial de una sociedad paranoica y corrupta.
Dicen Carlos F. Heredero
y Antonio Santamarina “El cine negro sienta las bases fundamentales
de su estilo en este momento (durante el transcurso de la guerra)
mientras devuelve a los espectadores, como si de un espejo metafórico
se tratase, la imagen de una “sociedad en descomposición sustentada
en el miedo colectivo”.
Es un género ecléptico
que recibe influencias de la novela
negra americana (R. Chandler, D. Hammett, W. Irisch, James
M. Cain...), del naturalismo
poético francés, también llamado “realismo negro” (Marcel
Carné, Julien Duvivier, Jean Renoir...) y la obra de los directores
alemanes emigrantes (Fritz Lang, Billy Wilder, Robert Siodmak,
Joseph von Sternberg, Otto Preminger,
Edgar G. Ulmer, Max Ophuls...) que extrapolan a la América
de los años 30-40 la problemática y estética de la Alemania de
los años 20.
IV. FUENTES
ESTÉTICAS DEL CINE NEGRO
A continuación, a través de un flash back retrocederemos en el tiempo
(del más próximo al más lejano) y bucearemos en la historia de
la cultura artística y cinematográfica para recuperar algunas
de las fuentes estéticas de las que se nutre el mejor cine negro.
EL EXPRESIONISMO
El expresionismo
es un movimiento de difícil definición porque adquiere rasgos
distintos según la forma en que se manifieste. Posee sin embargo
el contenido existencial común a todas las transfiguraciones que
pueda adoptar porque el expresionismo es, como dice Mario de Micheli,
mucho más que un movimiento, es una “condición”. Es una actitud estética y
vital, una forma de sentir la vida y de plasmarla, una posición
ante la existencia, el predominio del sentimiento sobre el pensamiento,
una manera de aprehender la realidad desde el interior, o de inventarla,
la necesidad del alma humana de expresarse contra lo que la oprime,
la manifestación del desgarro, la ambigüedad, la contradicción...
que habitan en ella, sin filtros, sin velos, sin engaños.
Antes que el expresionismo
se convirtiera en un movimiento específico ya la historia nos
había legado los vestigios artísticos de algunas almas torturadas
El Greco, Goya, Van Gogh, Edward
Munch... que habían
aportado al arte europeo el testimonio artístico del drama interior
a través de sus obras.
Gran parte de la
obra de Goya: Las pinturas negras, los grabados sobre Los
desastres de la guerra (1808-1814), etc., están en esa antesala
expresionista que luego, a su vez, influirán en el cine negro
americano, con su temática desquiciada, dominada por el influjo
del mal, de lo demoníaco, como paradigma de la corrupción social
y moral del hombre.
Uno de los primeros
cuadros de Van Gogh, Los comedores de patatas (una obra
con gran influencia de Rembrant), es una de las imágenes más utilizadas
por el cine negro para representar esas partidas de pocker en
las que un grupo de personajes dispuestos alrededor de una mesa,
juegan tensos, iluminados por una luz artificial (lámpara de techo
que cuelga baja) en un cuarto oscuro y clandestino. Eso es más
o menos lo que vemos en el óleo de Van Gogh, sustituyendo los
jugadores por los miembros de una familia, la partida por una
cena y el tugurio por una cocina miserable. Sin embargo lo importante
en este caso no es el tema sino el tratamiento estético dado.
También encontramos
su huella, en un contexto más afín al representado en el cuadro,
en la película negra Una vida marcada -Cry of de city- (Robert Siodmak, 1948). La secuencia
que citamos también se desarrolla en la cocina cuando el gangster
(Richard Conte) apunta con una pistola al policía, en otros tiempos
amigo suyo (Victor Mature). Con algunas variaciones, (aquella
es una tranquila escena familiar y ésta no) supresión de un personaje,
cambios de posición (en el filme dos están de pie), etc., no cabe
duda que el parecido es notable.
El expresionismo
como movimiento, propiamente dicho, es un fenómeno europeo con
varios focos significativos (fauvismo francés, expresionismo alemán,
belga, nórdico, eslavo e italiano) que tiene su origen común en
la oposición al optimismo positivista y en consecuencia al impresionismo
y naturalismo de finales del siglo XIX.
La pasividad naturalista
y el sensible hedonismo impresionista con su carácter puramente
sensorial, su percepción externa de la realidad y su alejamiento
de la matriz realista crispaba a los expresionistas que veían
como el hombre había sido privado de la pasión y emoción de vivir
y con una desesperación lúcida existencial lanzaban un grito de
angustia a su tiempo, invocando al espíritu, para que el hombre
recuperara su alma robada. Herman Bahr en un ensayo de 1916 dice:
“Nosotros ya no vivimos, hemos vivido... el hombre ha sido
privado del alma...Nunca hubo época más turbada por la desesperación
y por el horror de la muerte... Nunca el hombre fue tan pequeño.
Nunca estuvo más inquieto... También el arte grita en las tinieblas,
pide socorro e invoca al espíritu: es el expresionismo”; y
culpan de esta congoja y tormento existencial al impresionismo.
La vena expresionista
que late en el cine negro no es sólo cinematográfica y tampoco
afecta únicamente a la forma (iluminación y angulación) como se
ha intentado resumir en un afán reduccionista; es mucho más amplia
y densa, más vital. No es una mera postura estética. La diferencia
estriba en que el espíritu americano, en general es menos combativo
emocionalmente que el europeo, de ahí que la expresividad de sus
imágenes sea más fría y distante. Sin embargo podemos afirmar
que si alguna vez ha habido un brote expresionista, una “condición
expresionista” en el cine americano ese ha sido en el cine negro.
Las afinidades sociales,
políticas, existenciales... de la Europa de principios de siglo
y de después de la primera gran guerra y la América de después
de la gran depresión son propiciatorias de un desarrollo expresivo
tanto en las formas como en los contenidos.
También nos atrevemos
a afirmar que si no hubieran desembarcado en América, justo en
ese crudo momento, los directores alemanes y centroeuropeos que
huían del rugido nazi, el cine negro hubiera sido mucho más gris.
EL EXPRESIONISMO ARTÍSTICO
El expresionismo
artístico europeo del que encontramos más reminiscencias en el
cine negro americano es el alemán. No porque los de otras procedencias
(especialmente el francés) fueran menos significativos sino porque
no tuvieron la repercusión que éste. El expresionismo alemán fue
y sigue siendo el más influyente y prolífico, quizás porque el
alma centroeuropea siempre ha sido menos complaciente con la realidad
que el alma mediterránea (la diferencia entre abstracción y naturaleza
que afirmaba Worringer) y en los tiempos duros la condición expresionista
puede rebelarse en cualquier momento. También es el más interesante
para este estudio porque en su trayectoria es en el que más parecidos
encontramos.
1) El primer
foco expresionista fue el grupo Die
Brücke (El puente) nacido, en Dresde, a la par que el grupo
Fauve (fieras) francés, en 1905. Pertenecen a él
Ernst L. Kirchner, Erich Heckel, Karl Schmidth-Rottluff,
Emil Nolde, Max Pechstein, Otto Müller y el escultor Ernst Barlach.
Oponen al realismo que copia la realidad un realismo que la inventa
(antiimpresionismo). Sus temas son actos de la vida cotidiana
y su tratamiento es rudo, áspero e intencionadamente torpe.
Buscan en sus imágenes
cierto primitivismo constructivo (también iconográfico) que muestre
la huella no-racional del acto creador (contrario a las formas
bien acabadas de la racionalidad del trabajo industrial).Más que
en la pintura encontramos rasgos comunes con las imágenes del
cine negro en la xilografía y la escultura.
En la xilografía (grabado en madera) encontramos
esta impronta manual, cromática y formal agresiva, más o menos
distorsionada (no opticamente) por la subjetividad de su autor.
Dice Argan: “La deformación expresionista no es la caricatura
de la realidad; es la belleza que, al pasar de la dimensión de
lo ideal a la de lo real, invierte su propio significado y se
convierte en fealdad”... “lo feo no es más que lo bello caído
y degradado”.
Los rostros bruscamente
contrastados (puro banco y negro) de los personajes del cine negro
no respetan siempre la belleza externa de sus líneas en beneficio
de la mayor expresividad de su mensaje. Es fácil convertir a Humphrey
Bogarth o Robert Mitchum en un “monstruo” atravesado por las sombras;
sin embargo, es difícil mancillar la belleza casi sobrenatural de Gene
Tierney o casi animal de Ava Gardner con este tratamiento tenebrista
(la belleza del mal).
De la misma forma
la escultura expresionista
también presenta los mismos contrastes, planos de luz y de sombra,
generados por la materia al plegarse. La obra de Barlach poblada
de los personajes más desfavorecidos de la sociedad (campesinos,
mendigos, vagabundos) es especialmente significativa a este respecto.
2) El segundo grupo expresionista Der Blaue
Reiter (El jinete azul) surge en Munich en1911, fundado por
Kandinsky y Franz Marc. Tienen en común con los anteriores su
antinaturalismo, antipositivismo, rechazo al impresionismo y a
la sociedad de su época. Pero ellos no buscan verter sus instintos
en el lienzo, sino captar la esencia espiritual de la realidad
y la abstracción será su camino. Rechazan la deformación y la
agresividad expresionista del grupo anterior.
El expresionismo
lírico de Kandinsky no guarda semejanzas externas con la dramática
negra del “film noir”, aunque su poética sobre el color y la forma
pueden tener resonancias internas en estas películas. En su obra
“De lo espiritual en el arte” habla de los colores y de
la forma.
Respecto a los colores,
nos interesa especialmente su visión del blanco y del negro.
Afirma que el blanco
es “la nada anterior al comienzo, al nacimiento”, “un
gran silencio absoluto”... “un silencio que no está muerto
sino, por el contrario, lleno de posibilidades. El blanco suena
como un silencio que de pronto puede comprenderse”. En cambio
del negro dice “suena interiormente como la nada sin
posibilidades, como la nada muerta después de apagarse el sol,
como un silencio eterno sin futuro y sin esperanza”. El negro
(color) del cine negro de tan negro es plano, no tiene profundidad,
despliega y expande su manto sobre la pantalla cubriendo total
o parcialmente rostros, objetos, estancias... como una mortaja
densa e impenetrable. En la escena final de Los amantes de
la noche (1941) de Nicholas Ray, después de la muerte de Bowie
(Farley Granger), el negro se cierne paulatinamente sobre el rostro,
en primer plano, de Keechie (Cathy O´Donnell), hasta oscurecerlo
totalmente cubriendo toda la pantalla. Este es el último plano
de la película. Es el fin de la esperanza en una vida juntos.
Y continua “no
en vano el blanco es el color de la alegría pura y de la pureza
inmaculada, y el negro el color de la más profunda tristeza y
símbolo de la muerte. El equilibrio de estos dos colores, creado
por mezcla, da como resultado el gris”... el gris es
insonoro e inmóvil... Cuanto más oscuro es el gris tanto más predomina
la desesperanza y se acentúa la asfixia. En Detour
(1945) de Edgar G. Ulmer los grises de tan oscuros son
casi negros para expresar el fatalismo y desesperada angustia
de su protagonista.
“Al aclararlo, el color respira y adquiere un
cierto elemento de esperanza recóndita”. Los personajes de
las películas negras no tienen posibilidad de redención en esta
vida, por eso cuando dominan los grises claros sabemos que aunque
no haya salvación terrenal posible, quizás si la haya espiritual.
Como en la secuencia final de El último refugio (1941)
de Raoul Walsh, donde Roy Earle (Humphrey Bogart) que tampoco
puede librarse de su destino muere a pleno sol.
Dice también que
“la armonía de los colores debe basarse únicamente en el principio
del contacto adecuado con el alma humana” y a ese principio
le llama “principio de la necesidad interior”. El cine
negro solo encuentra ese contacto con el alma de sus personajes
tortuosos y torturados en la armonía de los contrarios más absolutos:
el blanco y el negro.
Sobre la forma argumenta
que “es la expresión del contenido interno” y que la armonía
formal debe basarse en el mismo principio anterior. Las formas
de los “films noirs” no están definidas, desdibujan sus contornos,
ocultas entre las sombras, mezclándose con ellas en un todo informe
que sólo define grandes manchas blancas, negras o grises. Esta
indefinición formal es símbolo de la indefinición moral (contradicción,
dualidad vital...) que subyace en el alma de los personajes que
las soportan.
Volviendo a Detour,
(una excelente película hecha con muy poco presupuesto), la indefinición
de las formas llega a la plena abstracción en la secuencia de
la muerte de Vera (Ann Savage). La cámara hace un rastreo por
la habitación convirtiendo las formas en manchas abstractas a
través de sucesivos enfoques y desenfoques hasta encontrar el
origen de la muerte de la mujer.
Esa expresividad
formal, causada, según muchos críticos, por la escasez de medios,
es otro de los síntomas de la plasticidad del cine negro. Ante
la adversidad económica, la censura moral (código Hays), las barreras
políticas, etc.... el género negro desarrolló una capacidad creativa
de superación que ha hecho de él uno de los géneros más sugerentes,
bellos y comprometidos del séptimo arte.
3) El tercer gran foco del expresionismo artístico alemán aparece
después de la Primera
Guerra Mundial. La dolorosa huella que ésta ha dejado en el pueblo
alemán (humillado, arruinado, hambriento...) hace que un grupo
de artistas e intelectuales (literatos, poetas, directores de
cine y teatro, músicos...) comprometidos con el renacimiento de
una nueva Alemania democrática se alejen de la corriente espiritual,
idealista y romántica precedente para abrazar un nuevo realismo
(Grupo de noviembre).
La nueva realidad
social de los 20, el dolor causado por la guerra y el advenimiento
del nazismo provocan la aparición de un realismo crítico, crudo,
incisivo y despiadado, cultivado por artistas como Otto Dix y
George Grosz, para representar el desorden moral, el crimen y
la violencia en el ambiente berlinés de la postguerra. Este realismo
radical, corrupto, violento y criminal será el que adopte el cine
negro para representar la miseria y la paranoia de la sociedad
americana del desencanto. Sin embargo, hay que matizar que, estos
realismos son muy diferentes en la forma, aunque ambos pretendan
expresar lo mismo a través de sus respectivas condiciones/concepciones.
El nuevo realismo alemán fue más expresionista de contenido que
de estilo visual. Otros expresionistas especialmente desgarrados,
pero con un toque más individualista fueron Beckmann y Kokoschka.
1.B. El EXPRESIONISMO
CINEMATOGRÁFICO
A la vez que los
pintores vuelven sus miradas hacía la realidad, el cine expresionista
la desvía. Heredero del expresionismo artístico, el expresionismo
en el cine aparece en la Alemania de los años 20, aunque ya se
consideran precursoras películas como El estudiante de Praga
(1913) de Paul Weneger y Stellan Rye, que narra
el drama de un estudiante que por amor vende su imagen
reflejada en los espejos y El Golem (1914) de Paul Weneger
y Henrik Galeen, basado en una antigua leyenda judía sobre un
hombre de barro al que por medios mágicos se dota de vida.
El
Golem, 1914
Estas inquietantes leyendas entroncadas con el romanticismo alemán
y el idealismo filosófico serán la semilla de El gabinete del
doctor Caligari (1919) de Robert Wiene, considerada la primera
película expresionista propiamente dicha. Basada en un caso de
criminalidad sexual acontecido en Hamburgo. Con argumento del
poeta checo Hans Janowitz y del austríaco Carl Mayer, el guión
narraba los crímenes que cometía el medium Cesare, en estado hipnótico,
bajo las órdenes del malvado Dr. Caligari, mientras recorría las
ferias exhibiendo a su sonámbulo. Se ofreció la realización a
Fritz Lang, que lo rechazó por considerar el tema demasiado macabro.
La auténtica revolución
de Caligari no está en la temática fantástica, sino en el tratamiento
formal que se dio a sus imágenes. Dice Román Gubern al respecto
:”...forzoso es reconocer que la baza principal de la película
estuvo en su desquiciamiento escenográfico, con chimeneas oblicuas,
ventanas flechiformes y reminiscencias cubistas, utilizando todo
en función no meramente ornamental, sino dramática y psicológica,
creando una atmósfera inquietante y amenazadora”.
El
gabinete del doctor Caligari, 1919
Estas revolucionarias innovaciones, debidas a los decoradores y
figurinistas Hermann Warn, Walter Reimann y Walter Röhrig, unidas
a una interpretación histriónica y exagerada, un maquillaje audaz
y una iluminación tenebrista (las luces y sombras que aparecen
en el decorado son pintadas) dieron a la película una dimensión
plástica, irreal y asfixiante que según ciertos autores la aproximaban
más al teatro (filmado) que al cine. Y no van descaminados, ya
que la estética del cine expresionista es deudora del teatro de
Max Reinhardt, en la utilización de la luz, los decorados
y los juegos expresivos claroscuristas.
Junto al expresionismo
pictórico de Wiene, que no volvió a realizar otra obra de la categoría
de Caligari, cabe destacar el expresionismo poético de F.W. Murnau
(que según R. Gubern con “su fina sensibilidad homosexual trató
de expresar su subjetividad lírica con el máximo respeto por las
formas reales del mundo visual, en original y equilibrada síntesis
expresionista-realista”) y el monumentalismo arquitectónico
de Fritz Lang.
Algunas películas
expresionistas especialmente significativas, además de las ya
citadas son: Nosferatu, el vampiro (1922), Fausto
(1926)... de Murnau; Rieles (1921) de Lupu Pick, La
muerte cansada, Las tres luces (1921), Dr. Mabuse
el jugador (1922), Metrópolis (1926)... de Frizt Lang;
Raskolnifoff (1923), Las manos de Orlac (1924)...
de R. Wiene; El gabinete de las figuras de cera (1924)
de Paul Leni, ...y especialmente Sombras (1923) de Arthur
Robison, una película en la que la iluminación es la protagonista
y las sombras su lenguaje.
Los elementos que
las películas negras heredarán del expresionismo cinematográfico
son: la iluminación claroscurista, los decorados interiores (de
estudio) frente al paisaje natural; las angulaciones forzadas
y la composición dinámica; el carácter desdoblado y ambiguo de
sus personajes y el lenguaje de las sombras.
2. EL TENEBRISMO
BARROCO
El arte barroco se
desarrolla en Europa durante los siglos XVII y principios del
XVIII, como contraposición al clasicismo del Renacimiento y como
continuador en muchos aspectos y saturación en otros del Manierismo.
Estilo, aún hoy en día, muy controvertido, sólo extraeremos de
él aquellos aspectos que resulten relevantes para nuestro estudio
y que serán: el predominio de la mancha sobre la línea, la utilización
de la luz y el interés por la composición. Sobre la mancha/forma
ya hemos hablado en el capítulo anterior y aún incidiremos algo
en éste, sobre la composición hablaremos en el siguiente, analizaremos
aquí, únicamente, pues, el uso de la luz.
En toda la pintura
barroca la luz es uno de los elementos más importantes
(Rembrandt, Vermeer, los hermanos Le Nain, la escuela napolitana...
la utilizan para crear atmósferas y espacios místicos o habitables);
pero ciertos artistas hacen de ella el elemento primordial de
su obra, son todos aquéllos que pertenecen a la corriente “tenebrista”.
El tenebrismo consiste según Arturo Colorado en “destacar
las figuras violentamente iluminadas sobre un fondo obscuro como
si una luz dirigida incidiera sobre la composición levantando
fuertes contrastes entre las zonas iluminadas y las sombras”.
Inventado por Caravaggio, algunos artistas practican el tenebrismo
ocasional (Murillo, Zurbarán, Velázquez...) y otros harán de él
el sello que identifique y defina sus obras y su personalidad.
Son éstos últimos los que más nos interesan por sus repercusiones
en el expresionismo primero y en el cine negro después.
Caravaggio (1571 –1610)
La gran aportación
de Caravaggio a la pintura barroca, aparte de ese realismo puro
y crudo sin depurar ni idealizar (naturalismo), es la utilización
del claroscuro para dar a sus composiciones un valor simbólico.
No interesa aquí su temática (religiosa o profana) pero sí su
profundo misticismo terrenal y su alma atormentada que influirá
en el tratamiento que da a sus obras.
Sus composiciones
son muy elaboradas, unas son abiertas y profundamente manieristas
pero otras, las que nos interesan, son claustrofóbicas. Las figuras
que las habitan parecen prisioneras dentro de los márgenes del
encuadre (contrario a la idea de la obra abierta barroca), están
ubicadas en espacios cerrados, inciertos, invisibles arropadas
por una gran mancha negra y espesa. Son obras de fuertes contrastes
donde una luz dirigida y procedente del fuera de campo cae violentamente
sobre lo personajes rescatándolos de las sombras. Las sombras
que ocultan a las figuras, lejos de revelar un espacio en profundidad
son como un magma denso que parece empujar a los personajes hacía
la superficie.
El cine negro no
sólo hereda del tenebrismo este tratamiento lumínico agresivo,
también los encuadres opresores: planos medios, americanos y enteros,
donde personajes semiocultos entran y salen de las espesas sombras.
Las figuras caravaggiescas
parecen fotogramas sueltos, imágenes congeladas extraídas de una
secuencia existencial que el artista ha querido rescatar del tiempo.
Caravaggio escenificaba sus composiciones en el estudio y de allí
las trasladaba al lienzo, donde quedaban convertidas en imágenes
pictóricas (pensemos en la similitud con un rodaje fílmico de
donde se extraen los planos pertinentes que luego compondrán las
imágenes cinematográficas que veremos en la pantalla). Este carácter
teatral, no crea composiciones hieráticas, más bien al contrario,
parecen instantáneas obtenidas de una acción desarrollada en continuidad.
De Callejón sin
salida –Dead end– (1937)
de William Wyler extraemos la escena en la que Baby Face (H. Bogart)
habla con su madre en la escalera. En plano medio corto, una luz
puntual ilumina los rostros de ambos, mientras el resto del encuadre
aparece en un negro profundo. El fuerte claroscuro caravaggiesco
de la escena es un símbolo que acentúa la dramática conversación
entre ambos.
Otros artistas tenebristas
a tener en cuenta son José de Ribera (1591-1652) y Georges
de la Tour (1593-1652), aunque también es de reseñar la
labor de los Ribalta, padre e hijo.
Ribera estuvo en sus inicios muy influenciado por Caravaggio, desarrollando
posteriormente un estilo propio más clasicista y con tonalidades
más claras, sin embargo su utilización dramática de la luz le
emparenta con el dramatismo claroscurista de las películas negras.
La luz que ilumina sus cuadros no parece proceder de ninguna fuente
concreta, cae sobre las figuras contundentemente aislándolas del
fondo para resaltar su drama personal. Son especialmente significativos
sus “martirios”, La mujer barbuda...
El claroscuro de
La Tour distingue entre escenas realizadas con luz diurna
y escenas iluminadas con luz nocturna. En las primeras, la luz
es fría y clara y los espacios abiertos; en las segundas la luz
es densa y cálida. Son escenas que se desarrollan en espacios
cerrados y la luz que los ilumina procede de una fuente artificial
puntual (velas). En las películas negras la luz artificial que
ilumina las estancias suele ser también puntual: bombillas, lámparas,
flexos, velas... que centran la atención del plano/cuadro sobre
un personaje, objeto o elemento concreto haciendo que las sombras
giren a su alrededor.
Nos recuerda especialmente
a de la Tour la escena de la conversación que mantienen en El
último refugio (Raoul Walsh, 1941), Roy Earle y Marie (Ida
Lupino) a la luz de un quinqué, después de que ésta ha sido golpeada
por “Babe” Kozak; o la inquietante escena de La escalera de
caracol (Robert Siodmak, 1946) en la que Helen (Dorothy McGuire)
y Steve (Gordon Oliver) aparecen iluminados, únicamente, por la
luz de una vela que ella sostiene. En un plano contiguo ella apaga
la vela y él enciende una cerilla, acentuando, si cabe, la sensación
de angustia.
3. EL MANIERISMO
El Manierismo surge
en el siglo XVI, en Italia (1527 exactamente, año del saqueo de
Roma por las tropas de Carlos V) como contraposición al equilibrio,
el orden y la armonía renacentista. Puente entre el Renacimiento
y el Barroco, es considerado, hoy en día como un “arte de crisis”
(religiosa, económica, social, bélica ..., racionalista) con respuestas
muy diversas por parte de los distintos artistas. No nos interesan
las tendencias decorativas, intelectuales y cortesanas. La tendencia
más oportuna en nuestro caso será la que cultiven pintores como
Tintoretto (1518-1594) y El Greco (1541-1614) imbuida
de una religiosidad atormentada y trascendental que afectará a
la expresividad formal de sus obras. La actitud interior, ante
la existencia, de estos artistas estaría también próxima a esa
“condición” expresionista a la que hemos aludido en capítulos
anteriores.
No hay afinidades
temáticas entre ellos y las películas negras, pero sí un lenguaje
plástico, consciente o inconscientemente, heredado por éstas.
Tintoretto (1518
-1594)
Hombre austero, hogareño,
reservado, profundamente religioso y con una pasión desbordada
por la pintura, desarrolló un arte alejado de la pomposidad de
las cortes y del boato que rodeaban a su maestro, Tiziano. Poco
amigo de los viajes vivió toda su vida en Venecia encerrado en
su obrador con las ventanas cerradas e iluminándose con lámparas
y antorchas, lo cual explica la abundancia de temas nocturnos
en su obra.
El manierismo de
Tintoretto recibe influencias de la presencia de Salviati y Pordenone
y de los grabados de Rafael, Miguel Angel y Giulio Romano. Sin
embargo “el pathos, el intenso clima religioso y su fogosa
pasión por pintar –ha dicho de él Jesús Hernández Perera–
determinaron su inconfundible lenguaje manierista: alargamiento
de las figuras, delgadas y verticales; ocupación asimétricas del
espacio, marginando al protagonista a favor del grupo; esguinces
de profundidad con escorzos atrevidos; inacabado filamentoso de
ciertas formas en contraste con otras terminadas; juegos violentos
de luz artificial,...” algo que sólo tendría continuación
en El Greco y en el naturalismo luminista de Caravaggio.
El Greco (1541 – 1614)
El Greco llega España
en 1576, desde su Creta natal, después de pasar por Italia, donde
recibe la influencia de Tiziano, Tintoretto y Miguel Angel. De
Tiziano se queda con el color irreal, de Tintoretto asume el doble
punto de vista en la composición –la diopsia-:el terrenal y el
divino y el alargamiento de la figuras y de Miguel Angel se influye
su manierismo monumentalista. Con todos estos ingredientes elabora
un lenguaje propio que cristaliza en una obra muy personal imbuida
de una profunda espiritualidad.
En Toledo, donde
se instaló definitivamente, encontró el clima místico acorde a
su profunda religiosidad. Los paisajes de Toledo (ya sea los exentos
o los que figuran al fondo de otras composiciones) pintados con
tonos fríos (verdes y azules oscuros) tienen la atmósfera tenebrista
de algunos paisajes nocturnos de las películas negras.
Su claroscurismo
es más colorista que el de Tintoretto, y la luz que ilumina sus
obras es también más irreal y divina. El cine negro utiliza, en
muchas ocasiones, ese tipo de iluminación irreal para adentrarse
en zonas del subconsciente (Recuerda, Alfred Hitchcock,
1945) o de la memoria (Detour, E. G Ullmer,1945).
El Manierismo aporta
al cine negro:
§
la eliminación del color real a favor de tonos más fríos e irreales, dirigidos más a las emociones
que a la razón. El cine negro, a pesar del realismo que le hemos atribuido, no duda en utilizar el B/N
en detrimento del color por considerarlo más apropiado para expresar
ese mundo/infierno torturado/interior en el que viven sus atrapados
personajes.
§
el desequilibrio compositivo, creado al desplazar el centro de interés hacía los lados, creando
un equilibrio asimétrico basado en la ley de compensación de masas
en detrimento de la ley de la balanza clásica.
§
la tensión interna que reflejan sus obras, propias de la pérdida de confianza en
el hombre y la razón y la angustia ante el futuro. El pintor manierista
rompe con el academicismo anterior como el cine negro quiebra
el clasicismo tranquilo y equilibrado de cierto cine complaciente
americano, para traslucir la desesperanza e incertidumbre ante
un mundo contradictorio.
La tensión manierista
la potencian en el cine negro:
§
la deformación a la que se ven
sometidas las formas. En El Greco la deformación estructural es simbólica. En el cine negro no son deformaciones
estructurales sino lumínicas, porque a pesar de su ocultamiento,
sabemos que la identidad visual de los distintos elementos (personajes,
objetos...) está intacta. Por ejemplo: la deformación visual que
las sombras producen en el rostro de Bogart crean una tensión
que desaparecería si se le iluminara con más naturalidad.
§
la oblicuidad, ya sea compositiva
o creada por las miradas entre los personajes. En la secuencia
inicial de Forajidos (Robert Siodmak, 1948) dos matones
entran en un bar preguntando por el sueco. La composición
muestra una perspectiva en profundidad del local (confluencia
de diagonales) y con la barra en primer término creando una oblicuidad
añadida. Tanta inestabilidad formal crea, en el espectador, una
tensión, “a priori”, que se refuerza cuando los sicarios entran
en acción. La secuencia de Perversidad (Fritz Lang,1945)
en la comisaría con Johnny (Dan Duryea) en el centro del encuadre
y una gran mesa oblicua en primer término que acentúa la tensión
del momento.
§
Las miradas en el cine negro son tan importantes como cualquier otro elemento
formal, no sólo crean ejes imaginarios, como ya sabemos, sino
que crean direcciones de lectura, centros de interés, dinamismo
interno... En Perdición (Billy Wilder, 1944), los personajes
interpretados por Fred McMurray y Barbara Stanwich se perforan
con las miradas haciendo que el espacio que hay entre ellos se
pulverice
§
El contraste cromático o lumínico también crea tensión. En las películas negras
se aplica el contraste más absoluto posible (B/N) para acentuar
ésta.
Todas estas características,
presentes en las mejores obras manieristas, las reúnen también
las mejores películas negras. Tanto, que algunas de ellas reproducen
casi fielmente la obra de referencia.
Hay un claro parecido
a nivel formal entre La última cena de Tintoretto y Su
única salida de Raoul Walsh (un western negro que nos mostraba
a un Robert Mitchum traumatizado y vengador). En la pintura de
Tintoretto, Cristo, de naturaleza divina, aparece en el centro
(el perfecto equilibrio) de la composición, irradiando una luz
sobrenatural (sin embargo, no es así en otras obras de Tintoretto,
como por ejemplo en El lavatorio (1547), en la que Jesús
también aparece desplazado del centro, en el extremo derecho del
apaisadísimo encuadre). En la película de Walsh, Jeb Rand (Robert
Mictchum), a punto de ser linchado por la multitud,
no se merece esa posición central equilibrada porque su
naturaleza humana e imperfecta se lo impide. A pesar de estas
diferencias lógicas existe similitud en la utilización de los
tonos oscuros, el desequilibrio compositivo, la tensión interna,
provocada por la oblicuidad de la mesa, la dirección de las miradas...
4. LAS SOMBRAS
CHINAS
No sabemos cuando
se utilizaron las luces y las sombras, por primera vez, para contar
historias, ni por quién, pero seguramente fue en la noche de los
tiempos cuando, a la luz de una hoguera o antorcha, el hombre
vio la posibilidad de crear figuras a través de las imágenes producidas
por la sombra de objetos o cuerpos colocados delante de una fuente
de luz. Estas imágenes proyectadas sobre una superficie plana
y blanca, la pantalla, reproducían las siluetas en negro de los
objetos representados.
Los orígenes de los
espectáculos de sombras hay que buscarlos en Extremo Oriente.
Los primeros documentos que prueban su existencia
datan del siglo XI, aunque se cree que ya en el siglo III
existían. Desde China se difundieron por todo Extremo Oriente,
especialmente a Java, Bali, Indonesia, Japón y la India.
Las representaciones
de estos espectáculos de sombras orientales se basaban en historias,
poemas épicos o leyendas de origen mitológico o religioso, con
monstruos, dioses, héroes... como personajes principales. La lucha
del bien contra el mal era un tema muy recurrente, así como las
leyendas populares y relatos orales.
Comerciantes y viajantes
introdujeron este espectáculo en Europa Occidental a partir del
siglo XVII, consiguiendo cierta notoriedad hasta 1897 en que pasaron
a convertirse sólo en un juego y en un entretenimiento infantil
y familiar.
El cine negro está
poblado de sombras, como ya hemos dicho, pero no sólo de sombras-manchas amorfas e indefinidas, también lo habitan las
sombras-siluetas de los personajes que deambulan por sus claustrofóbicos
espacios. Siluetas, que se recortan sobre los muros, suelos, paredes...,
negras y amenazantes.
La sombra es interpretada
simbólicamente de formas diversas por distintas culturas. Para
los chinos la sombra es el aspecto ying (el principio femenino,
la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción) en oposición
al yang (el principio masculino, la luz, el cielo, la actividad
y la penetración). Son complementarios y su mutua interacción
constituye el verdadero proceso del universo. La ausencia de sombra
es para ellos símbolo de purificación, inmortalidad o realeza.
Los seres sin sombra son los que han conseguido la paz interior.
Para algunos pueblos
africanos la sombra es como la segunda naturaleza de los seres
y de las cosas y generalmente va ligada a la muerte.
En gran número de
lenguas indias de América del Sur la misma palabra significa sombra,
alma e imagen.
Los griegos celebraban
los sacrificios a los muertos a mediodía, “la hora sin sombra”...
Hemos visto como
el expresionismo recogía algo de todas estas filosofías y construía
su propio lenguaje de las sombras. El cine negro reelabora ese
lenguaje y hace de las sombras algo más que un motivo de espanto.
Las sombras de los personajes del cine negro son espejos de sus
almas turbias, fugitivas y contradictorias, cambiantes, perversas
y torturadas. Seres sin esperanza, sin paz interior, condenados
a llevar su alma-sombra pegada a sí mismos
como un ángel negro del que sólo la muerte les permite
desprenderse.
Esos perfiles recortados
bruscamente sobre las zonas de luz, nos anuncian otras veces que
a pesar del porte fiable del personaje que la lleva, su naturaleza
también es humana y como tal corrompible, sobornable, fácilmente
engatusable por cualquier felina seductora (no hay que olvidar
el carácter misógino del género), dual... Porque en el cine negro
no hay buenos y malos absolutos, como en el western, sino más
bien malos-malos y buenos ambiguos, y todos parecen/merecen, unos
y otros, llevar una sombra a cuestas.
Además de los ejemplos
que se reproducen en las imágenes anteriores, son reseñables:
las sombras gigantescas de los tres músicos que componen el cuadro
junto a la cantante (novia del protagonista) en Detour; la sombra fugaz del saboteador que recorre el muro en el plano-secuencia
inicial de Sed de mal; los personajes que pasan detrás de una gran pantalla de cine, proyectándose
sus sombras sobre ella, en Beltenebros; las dos siluetas negras de un hombre
y una mujer fumando (en plano medio largo) recortadas sobre un
fondo claro, sobre las que se imprimen los nombres de Humphrey
Bogart y Lauren Bacall, en los títulos de crédito de El
sueño eterno, y tantas otras ....
Las sombras-siluetas
pueblan las películas del cine negro, sombras que además de convenir a la trama, son un claro homenaje
a la procedencia del cine.
V. CONCLUSIÓN
Después de esta somera revisión por algunas de las fuentes estéticas,
que de forma más evidente, han influido en la creación de este
movimiento, primero, y género cinematográfico, después, se confirma
que el cine negro necesita ser revisado constantemente, ya que
es una fuente inagotable de inspiración que debe seguir siendo
explorada con mucha, muchísima más minuciosidad.