YA NOS SOMOS DOS  
 
Dirección: John Curran
Intérpretes: Mark Ruffalo, Laura Dern, Peter Krause, Naomi Watts, Sam Charles, Haili Page, Jennifer Bishop, Jennifer Mawhinney, Amber Rothwell
Guión: Larry Gross
Producción: Harvey Kahn, Naomi Watts, Jonas Goodman
Fotografía: Maryse Alberti
Música: Michael Convertino
Montaje: Alexandre de Franceschi
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

Juegos de parejas

Parece una película de Neil La Butte, pero no lo es. También se asemeja a una novela de Updike. Pero no, tampoco ha sido escrita por él. Para el caso es igual ,estamos ante un filme inmerso en la típica cultura americana. O en el tópico que tanto juego da en la literatura y en el cine. Existen bastantes películas y novelas parecidas al ser propias de una época y de una cultura. Misma forma de ver, mirar, pensar, decir.

A ese amplio grupo pertenece este filme de John Curran inspirado en una serie de relatos de Andre Dubus. En conjunto, se mire como se mire, no cuenta nada nuevo, diferente. La película, en toda su extensión, se reduce a mostrar unos personajes sin futuro, dominados por su propio egoísmo. Unos seres que intentan navegar por unas situaciones e instituciones viejas o, como mínimo, desfasadas.

Da la sensación de que es muy importante todo lo que ocurre en la película, pero en realidad las historias de esas dos parejas son vulgares, quedando aisladas en un entorno, digamos, político. Supervivientes en una sociedad sin futuro, enganchada a un pasado. Vueltas sobre las repetidas mentiras de unas parejas que intenta salir a flote de sus crisis. Engaños a cuatro, juegos sin sentido, sin admitir –o conocer– unas reglas que nadie está dispuesto a cumplir. Lo suyo es trampear como forma de salvación personal, sin preocuparse (o simplemente preguntarse) por el daño que pueden producir. Los personajes protagonistas como ejemplo de la cultura de la decadencia. Distintas maneras de mirar y enjuiciar los mismos hechos. Una idea que no se distancia demasiado de las lecciones explicadas por Woody Allen. La distancia está en la forma de expresar y de plantear. También en la de acercarse a las historias de unos seres adultos por la edad pero que se muestran infantiles en sus acciones y sus reacciones.

Ya no somos dos es la visión trágica de la pareja, de las parejas, de los encuentros y desencuentros, de los enamoramientos y las rupturas, del querer y del odiar. Cuatro, casi únicamente cuatro, son los protagonistas de esta desigual película. Dos hombres y dos mujeres. Una familia con sus hijos pequeños luchando por salvar lo insalvable y una pareja más joven demasiado metida en su mundo. Más egoístas estos últimos o quizá, de forma ingenua, más inocentes. O a lo mejor todo lo contrario.

Como fondo de sus vidas se muestra la sociedad del éxito y de la prisa. O no tan al fondo. Detrás del aparente éxito personal o general sólo se esconde el fracaso generalizado. Todo muy claro, pero englobado en un proceso de construcción o destrucción sexual. Ahí, en los encuentros entre las nuevas parejas que se forman o rompen, se gesta toda una sociedad. O al menos se muestran de acuerdo a una idea en cuya base pueden estar lar teorías freudianas.

Lo que ocurre es que “ese sentido” no es el único camino por el que se mueve la sociedad o la política. Hay películas que también indagan sobre otros aspectos. O que desde ahí tratan de abrirse a otros caminos. No es ese, ni mucho menos, el caso de esta monocorde –y más bien teatral– película, válida sobre todo por los cuatro magníficos actores que interpretan, pero sin vivir, los papeles que le ha tocado. Actuaciones, las suyas, que suponen el aprendizaje y enunciado de grandes parlamentos. No hay gestos, sólo palabras. Las miradas son rápidas y severas casi inquisitoriales, pero nunca basadas en esos pequeños detalles que dan vida, que humanizan a los seres que pululan por la pantalla. Una forma de interpretar de acuerdo a las grandes escuelas de teatro que para nada “semejan” la vida. Una película que tiene tras de si los ecos de los grandes dramas psicológicos-sexuales de la literatura y del teatro americano: Williams, Albee o, lo que es lo mismo, de Un tranvía llamado deseo a ¿Quién teme a Virginia Woolf?. Tanto monta.

Curran, de escaso currículum, ni es Kazan, ni siquiera Brooks. Sería mas el Nichyols de Closer que el Virginia Woolf en cualquier caso, pero sin pasarse, menos ilógico y más adulto. Falta garra y clase y un estilo propio. Con un tema parecido, Neil La Butte ha realizado alguna película muy estimable. Eso sin ser hasta el momento un gran realizador, pero por lo menos dota a sus películas de una cierta originalidad, cosa que no han logrado Curran ni otros como él.

Ya no somos dos es una película más de una serie de ellas que muestran la decadencia de una sociedad. Es como un espejo de otras muchas. Igual que ellas. Repetidas, miméticas. Prendidas del teatro, no saben llegar al sentido del cine. Medianías a la sombra de los grandes dramas de palabras altas y duras. Desgarradores panoramas lo que se muestra. Bien mirado, y salvando las distancias, no se trata de historias tan lejanaqs a los dramones recitados por las telenovelas radiofónicas o televisivas.

Todo se realiza de una manera lógica y de acuerdo a un tempo corto. No comete los errores de un filme parecido en tema, y ya citado, como es el mediocre y falsario Closer. Ahí las grandes elipsis consideradas como innovadoras no eran más que los pases de unos actos a otros de una obra teatral. Parece ser que algunos directores intentan descubrir ahora el teatro. Sin tan siquiera partir de una obra escénica. Una idea que se cierne, conscientemente, sobre este predecible y prescindible filme.

Mister Arkadin