NO SOS VOS, SOY YO  
 
Dirección: Juan Taratuto
Intérpretes: Diego Peretti, Soledad Villamil, Cecilia Dopazo, Marcos Mundstock, Luis Brandoni, María Eugenia Tobal, Mariana Brisky, Hernán Jimenez, Roly Serrano
Guión: Juan Taratuto
Producción: Hernán Musaluppi
Fotografía: Marcelo Iaccarino
Música: Jorge Drexler (canciones), Diego Grimblat
Montaje: César Custodio
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 

A vueltas con el cine social

Desde hace un tiempo, el cine argentino se ha ido colando por las ranuras de la cinematografía haciendo pequeñas piezas muy bien logradas. No obstante, al igual que ocurre con la mayoría de las cosas que comienzan a gustar al público, se puede caer en la tentación de reproducir clichés demasiado vistos, situaciones vividas por todos que, aunque al comienzo pueden ser entretenidas, finalmente terminan agotando.

Desde que vimos El hijo de la novia, Historias mínimas o Nueve reinas, parece ser que el gusto por el cine social ha ido cabalgando a marchas forzadas, observando como un filón la situación de pobreza, corrupción y desolación argentinas. Pero como ya sabemos, todo esta contado, lo único que diferencia a una u otra película, es la manera de hacerlo, siendo buenos filmes aquellos que no te dejan indiferente una vez has salido de la sala.

No sos vos soy yo, es una producción simple que, mezclando algunos toques que se quieren asemejar al cine de Woody Allen, hace que el protagonista, interpretado por Diego Peretti, refleje una mezcla de sentimientos continua que desemboca en graciosos gags, que ya hemos visto en muchas otras ocasiones.

Javier,(Diego Peretti), es un médico treintañero que está recién casado y que junto a su mujer María, la actriz Soledad Villamil (también vista en la película El mismo amor, la misma lluvia), tiene planes de comenzar una nueva vida en Estados Unidos. Justo antes de partir hacia su nuevo destino para encontrarse con ella, ésta lo llama para confesar que se ha enamorado de otro y que prefiere dejar la relación, ya que su confusión podría empeorar la situación que viven. Javier, desesperado porque ha vendido su piso, ha dejado su trabajo para marchase con ella y porque cree que María es el centro de su vida, intenta volver a la normalidad, acudiendo obviamente al psicólogo y refugiándose día tras día en sus amigos.

El director de esta película, Juan Taratuto, ha querido reflejar la situación de desesperación que se vive en ese país suramericano, la necesidad de inmigración para poder llevar una vida holgada y la excesiva manipulación de un sistema corrupto, bajo un manto de comedia. El problema, es que la narración de la historia se hace densa, de manera que al comienzo se suceden casi atropelladamente diversas situaciones, que sitúan al espectador en el centro de la trama, pero que luego no se desarrollan adecuadamente. La obsesión de querer reflejar una situación de malestar de manera cómica en vez de hacerlo con tintes dramáticos, puede producir que al final el espectador se olvide del propósito real de la película.

Además, esta vez el director ha querido representar el “problema” con los típicos tópicos de pareja, sacando a escena a la mujer dudosa, al marido depresivo tras la ruptura, al sentimiento de necesidad de no estar solo, al fracaso en el trabajo y a la vuelta a casa con los padres, combinándolo además con el psicólogo argentino. Por lo tanto, la mezcla que sale de este conjunto de ingredientes, es algo que todos ya conocemos, acompañado de una aceptable fotografía que ayuda al desarrollo de las imágenes, sin dejar de nombrar la buena interpretación de Diego Peretti.

Quizás el fallo esté en el esqueleto del guión, que nace de la obsesión a la que se ha llegado, de intentar innovar en temáticas en las cuáles es muy complicado hacerlo, al ser muy fáciles de narrar pero difícil hacerlas de manera original. Al fin y al cabo el amor y el desamor están continuamente en el aire y, en realidad, son el papel que envuelve a ésta comedia argentina de 105 minutos, que tampoco es algo distinto de lo que hayamos podido ver con anterioridad.

Anaïs Pérez Figueras