LOS INCREÍBLES  
 
Título orginal: The Incredibles
Pais, Año:

EE.UU., 2004

Dirección: Brad Bird
Intérpretes: Paul Giamatti, James Urbaniak, Daniel Tay, Hope Davis, Molly Shannon
Guión: Brad Bird
Producción: John Lasseter
Música: Michael Giacchino
Duración: 105 minutos
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Increíble homenaje al cómic

Asombroso derroche de imaginación, pero sobre todo de medios. Aquellos que desconozcan el mundo del cómic sucumbirán sorprendidos frente al alarde de inventiva, mientras que el que sepa de viñetas gozará con las muchas referencias, y notará que la frescura no es tanto por las ideas como por la forma en que las han llevado a cabo.

Todos los miembros de esta familia de superhéroes –que hace que los 4 fantásticos ya no sea la única–, tienen claros referentes. Mister Increíble (hombre fuerte sustento familiar), es un Superman al uso, posee una fuerza descomunal, como aquel héroe alérgico a la criptonita. Elastigirl (esposa que se estira para las faenas de la casa), no es sino la versión femenina de Mister Fantástico, cuya mujer en el cómic es capaz de generar campos de fuerza y hacerse invisible, poderes que aquí tiene Violeta, hija invisible en edad del pavo). Dash (revoltoso jovencito), el mediano, puede correr a una velocidad descomunal –como Flash o Mercurio, del que hereda también su peinado–. Y finalmente, el bebé Jack Jack (tan imprevisible que parece normal), que en principio es el raro, por ser el único en la familia sin ningún poder, demuestra capacidad polimórfica –como muchos mutantes– y un poder inmenso que todavía no puede controlar –como el hijo de Reed y Sue–.

Pero no sólo recurre a la fuente primigenia para caracterizar a sus personajes, sino que también le rinde tributo de manera elegante, sin caer en plagios ni copias burdas. El inicio de Los increíbles, con los superhéroes dispersos por la ciudad y queridos por todo el mundo, al realizar su incuestionable servicio a la sociedad, es la representación de la edad de oro de los superheroes, zarandeada –entre otras cosas– por el libro La seducción del inocente del psicólogo Fredric Wertham, que trata al medio de perjudicial para la juventud, dando lugar a un juicio en el Congreso por el revuelo montado, y finalmente un código de autocensura. En el filme, es una demanda interpuesta por un suicida que deseaba practicarse la eutanasia y es salvado por Mr. Increíble, esto hace que el gobierno les retire de la actividad, llevándoles a un retiro forzoso, al olvido, y a la asimilación rutinaria de la sociedad. Pero, como las modas, todo vuelve, y los héroes se reinventan, se nos cuentan sus miserias y su vida privada (como hicieron Lee y Kirby) para definitivamente volver a la acción. Un viaje en el tiempo que también va de lo individual a lo colectivo, de los héroes dispersos a la agrupación (para enfrentarse a males mayores como Los vengadores, o por un sentimiento común de rechazo como los X-men), a la familia (Los 4 fantásticos) en este caso. 

El enemigo, toda una tradición, un personaje bueno que se deja llevar por el fracaso hacia los métodos menos convencionales para destacar en la vida. Síndrome es un fan de los comics, un humano normal y corriente que quiere convertirse en compañero del héroe, hecho que le lleva a estar a punto de morir –de igual forma que Bucky, el socio del Capitán América– explotando colgado de una bomba ante la impotencia de su mentor. El resentimiento de la negativa le ha hecho decantarse por el lado de los villanos, con una mala idea, eliminar a todos los héroes de siempre, y dotar a toda la humanidad de superpoderes, es decir, subir todo el escalón de la mediocridad. Unas hipótesis que suponen las variantes más pervertidas de los héroes tradicionales –a modo de esquizofrenias, dobles personalidades, todos son héroes, o que usan métodos fascistas–, que ya han sostenido varios comics contemporáneos. Perversiones y miserias cotidianas plasmadas y retorcidas hasta extremos insospechados por Frank Miller o Alan Moore.

Los increíbles esta plagada de momentos impagables que sacian el sentido del humor de pequeños y mayores. Se ve lo grises que pueden llegar a ser las personas en un trabajo no deseado, y cómo todos desearían saltar frente a un jefe indeseable. Destacar en este sentido la magnifica secuencia de montaje del superhéroe recobrando la forma física perdida por la vida sedentaria, o la narración de lo perjudicial que resulta para los héroes llevar capa, muriendo de las formas más absurdas.

A partir de que la familia se enfunda las mallas, lo que acontece es el desenlace lógico (y no tan adulto): una sucesión de las acciones planteadas, los enfrentamientos, el salvamento de la ciudad, y el consiguiente cierre de tramas. La consecución de lo deseado llega si se hace con la unidad familiar, un discurso moral que llega de la propia historia y no de un adoctrinamiento gratuito.

La película cumple con creces, divierte a los pequeños y gusta a los mayores. Tiene algo de mala uva, y a la vez un espíritu de unión familiar, con lo que no se puede pedir más a un producto que pretende abarcar a tan amplio espectro de público. El que siga pensando que los comics son cosa de niños, él se lo pierde.

Israel L. Pérez