Increíble homenaje al cómic
Asombroso derroche de imaginación, pero sobre todo de medios. Aquellos
que desconozcan el mundo del cómic sucumbirán sorprendidos frente
al alarde de inventiva, mientras que el que sepa de viñetas gozará
con las muchas referencias, y notará que la frescura no es tanto
por las ideas como por la forma en que las han llevado a cabo.
Todos los miembros de esta familia de superhéroes –que hace que
los 4 fantásticos ya no sea la única–, tienen claros referentes.
Mister Increíble (hombre fuerte sustento familiar), es un Superman
al uso, posee una fuerza descomunal, como aquel héroe alérgico
a la criptonita. Elastigirl (esposa que se estira para las faenas
de la casa), no es sino la versión femenina de Mister Fantástico,
cuya mujer en el cómic es capaz de generar campos de fuerza y
hacerse invisible, poderes que aquí tiene Violeta, hija invisible
en edad del pavo). Dash (revoltoso jovencito), el mediano, puede
correr a una velocidad descomunal –como Flash o Mercurio, del
que hereda también su peinado–. Y finalmente, el bebé Jack Jack
(tan imprevisible que parece normal), que en principio es el raro,
por ser el único en la familia sin ningún poder, demuestra capacidad
polimórfica –como muchos mutantes– y un poder inmenso que todavía
no puede controlar –como el hijo de Reed y Sue–.
Pero no sólo recurre a la fuente primigenia para caracterizar a
sus personajes, sino que también le rinde tributo de manera elegante,
sin caer en plagios ni copias burdas. El inicio de Los
increíbles, con los superhéroes dispersos por la ciudad y
queridos por todo el mundo, al realizar su incuestionable servicio
a la sociedad, es la representación de la edad de oro de los superheroes,
zarandeada –entre otras cosas– por el libro La seducción del
inocente del psicólogo Fredric Wertham, que trata al medio
de perjudicial para la juventud, dando lugar a un juicio en el
Congreso por el revuelo montado, y finalmente un código de autocensura.
En el filme, es una demanda interpuesta por un suicida que deseaba
practicarse la eutanasia y es salvado por Mr. Increíble, esto
hace que el gobierno les retire de la actividad, llevándoles a
un retiro forzoso, al olvido, y a la asimilación rutinaria de
la sociedad. Pero, como las modas, todo vuelve, y los héroes se
reinventan, se nos cuentan sus miserias y su vida privada (como
hicieron Lee y Kirby) para definitivamente volver a la acción.
Un viaje en el tiempo que también va de lo individual a lo colectivo,
de los héroes dispersos a la agrupación (para enfrentarse a males
mayores como Los vengadores, o por un sentimiento común
de rechazo como los X-men), a la familia (Los 4 fantásticos)
en este caso.
El enemigo, toda una tradición, un personaje
bueno que se deja llevar por el fracaso hacia los métodos menos
convencionales para destacar en la vida. Síndrome es un fan de
los comics, un humano normal y corriente que quiere convertirse
en compañero del héroe, hecho que le lleva a estar a punto de
morir –de igual forma que Bucky, el socio del Capitán América–
explotando colgado de una bomba ante la impotencia de su mentor.
El resentimiento de la negativa le ha hecho decantarse por el
lado de los villanos, con una mala idea, eliminar a todos los
héroes de siempre, y dotar a toda la humanidad de superpoderes,
es decir, subir todo el escalón de la mediocridad. Unas hipótesis
que suponen las variantes más pervertidas de los héroes tradicionales
–a modo de esquizofrenias, dobles personalidades, todos son héroes,
o que usan métodos fascistas–, que ya han sostenido varios comics
contemporáneos. Perversiones y miserias cotidianas plasmadas y
retorcidas hasta extremos insospechados por Frank Miller o Alan
Moore.
Los increíbles esta plagada de
momentos impagables que sacian el sentido del humor de pequeños
y mayores. Se ve lo grises que pueden llegar a ser las personas
en un trabajo no deseado, y cómo todos desearían saltar frente
a un jefe indeseable. Destacar en este sentido la magnifica secuencia
de montaje del superhéroe recobrando la forma física perdida por
la vida sedentaria, o la narración de lo perjudicial que resulta
para los héroes llevar capa, muriendo de las formas más absurdas.
A partir de que la familia se enfunda las mallas, lo que acontece
es el desenlace lógico (y no tan adulto): una sucesión de las
acciones planteadas, los enfrentamientos, el salvamento de la
ciudad, y el consiguiente cierre de tramas. La consecución de
lo deseado llega si se hace con la unidad familiar, un discurso
moral que llega de la propia historia y no de un adoctrinamiento
gratuito.
La película cumple con creces, divierte a los pequeños y gusta
a los mayores. Tiene algo de mala uva, y a la vez un espíritu
de unión familiar, con lo que no se puede pedir más a un producto
que pretende abarcar a tan amplio espectro de público. El que
siga pensando que los comics son cosa de niños, él se lo pierde.
Israel L. Pérez