Operación nostalgia
Avalada por un enorme éxito en el país vecino donde se ha producido,
nos llega ahora Los chicos del barrio, una cinta
que visita en su desarrollo un montón de temas clásicos y situaciones
tópicas en este tipo de cine, centrado en las tensiones de relación
en los dilemas educativos y en las situaciones enfrentadas de
los niños y los adultos que conviven en el sistema educativo de
un colegio.
A finales de los años cuarenta, Clement Mathieu es un profesor
de música sin empleo que acepta el oficio de vigilante en un internado
de niños de conducta difícil. Allí se encontrará con un director
que ejerce la autoridad de la dirección como la de un poder omnímodo
y unos alumnos que se hacen víctimas a sí mismas de la represión
que sobre ellos se ejerce. El buen profesor de música, utilizando
ésta, encontrará un medio eficaz para educar, aliviar y
aumentar la autoestima de sus oprimidos alumnos.
El primero y muy grave defecto de que adolece la película (después
ya hablaremos de de sus virtudes) es el exceso de azúcar con que
la cinta se adorna. El sentimiento nostálgico planea a lo largo
de toda la historia que se cuenta y se hace descaradamente, de
modo que todo parece inclinado para arrancar la emoción y la lágrima
fácil del espectador. A uno le viene en mientes aquella no exenta
de blandenguería y de estrepitoso éxito: Cinema Paradiso, no sé si por la connivencia
del mismo actor en el papel tan parecido Jacques Perrin (el actor
que encarna a Pepinót –el director de orquesta ya adulto–). Salvadas
las distancias, se parecen como dos gotas de agua: en ambas hay
niño y maestro unidos por un mismo amor –cine o
música–, y en ambas hay un elemento represor –cura censor
o director de colegio–.
Junto a este acaramelamiento excesivo de la historia, también juegan
en su contra algunos fallos estructurales del guión: personajes
que entran en la película y desaparecen sin explicación, hilos
narrativos que quedan sueltos, subrayados prescindibles o el mismo
motivo del flash-back de todo el filme, la muerte
de la madre del director de orquesta. Fallos que provocan una
película muy desigual, aunque, pese a todo, es encomiable sobre
todo por los asuntos que aborda.
Y estos temas son: el inmenso salto cualitativo que ha dado la
escuela con el paso de los años y el papel que ésta ha jugado
en la transformación de la sociedad con sus distintos métodos
pedagógicos, la influencia del adulto en la formación de la personalidad
de un niño, que ha acompañado, aunque a veces sea en poco tiempo,
el trayecto de su vida, y a la vez la memoria agradecida que ya
adultos se guarda de él.
Por último, el arte, como cauce de noble trasformación de ser humanos
y como quehacer no bonificable en el hombre se trata aquí de un
modo muy interesante (a nuestro parecer lo mejor del filme) y
nos vuelve a recordar este mismo tema (el arte como incentivo
educativo) también abordado en otras películas (Adiós,
Mr. Chips, El club de los poetas muertos, Billy Elliot). Desde
luego eso se plasma en lo mejor de la película: las hermosa música
de las bellas canciones que se cantan en la película, capaz de
provocar las más hondas emociones.
José Luis Barrera