EL ASOMBROSO MUNDO DE BORJAMARI Y POCHOLO  
 
Título orginal: El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo
Pais, Año:

España , 2004

Dirección: Enrique Lopez Lavigne, Juan Cavestany
Intérpretes: Javier Gutierrez, Javivi, Carles Sans, Maria Ruiz, Gerardo Malla, Carmen de la Maza, Cote Soler, Patricia Vico, Antonio de la Torre, Diego Paris, Pilar Castro, Santiago Segura, Guillermo Toledo
Guión: Enrique Lopez Lavigne, Juan Cavestany
Producción: Enrique Lopez Lavigne, Javier Gutierrez
Fotografía: Teo Delgado
Montaje: Ivan Aledo
Duración: 95 minutos
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La sosa película de Borjamari y Pocholo

Santiago Segura tiene su pequeño negocio, su tiendecita, un puestecito de risa cutre que  le va muy bien, es como el entreñable “todo a cien” del barrio: ahí está, a dos pasos de casa, no molesta a nadie, o a casi nadie, un mundo de cositas de colorines hechas de plástico barato, figuritas de porcelana rosa brillante y sartenes antiadherentes más “adherentes” que otra cosa. Oye, todos hemos acabado comprando allí, a algunos incluso nos cae muy bien el señor chino del mostrador, siempre con esa sonrisa tan confortable, y además es todo tan barato...  no cuesta apenas esfuerzo soltar unos centimillos de nada para hacerse con ese sacacorchos con la cabeza de un Power Ranger, nadie tiene por qué enterarse.

Eso sí, no sé cuánto dinero hacen los dueños de estas deslumbrantes tiendas, pero estoy seguro que nunca tanto como el que el pizpireto Santiago Segura hace vendiendo su basurilla dulce.

La última golosina que ha producido y, junto a Javier Gutiérrez, protagonizado, es El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo. Una película escrita y dirigida por Juan Cavestany y Enrique López Lavigne sobre dos tontos muy tontos que resulta que además son pijos madrileños ochenteros que no han asumido que el mundo ha cambiado desde que hace ya 14 años acabó la colorista década. Estos dos freaks pasean por la película de gag en gag hasta que después de la última gracia llegan los títulos de crédito.

Por supuesto, no hay ni hilo narrativo ni tensión, ni fuerte ni débil, nada (bueno creo que en algún momento Borjamari duda de algo, pero no, tranquilos, falsa alarma) los personajes son estereotipos que, además de maniqueos, resultan incoherentes, los acontecimientos inverosímiles y gratuitos, los actores interpretan de forma tosca y caricaturesca y el humor de los chistes es burdo e insustancial.

Hasta aquí todo correcto. Una comedia al estilo de los Farrelly... bien, de acuerdo, vamos a verla. Pero resulta que apenas hace gracia, es más, durante muchos momentos es aburrida. El inicio, por ejemplo, lejos de sus pretensiones, es completamente anticlimático: empezamos con el típico flash-back anterior a los títulos de crédito, en él vemos a los protagonista en su salsa en el año 84. Normalmente anteponer una pequeña historia a  los títulos de crédito responde a la voluntad de lo que podríamos llamar “empezar fuerte” porque, además de ponernos en situación, cosa que queda ya resuelta de cara al posterior desarrollo, acaba en un clímax repentino que enlaza con unos títulos enérgicos que nos predisponen positivamente de cara la verdadera historia que quiere contar el filme y que todavía está por comenzar. En el caso de El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo este flash-back es un gag al estilo Cruz y Raya, es decir sin historia, empieza y acaba cuando le da la gana a los guionistas; dura cinco minutos, pero podría haberse cortado sin problemas a los dos minutos (ojalá) o haberse prolongado diez más, no hay tensión dramática, es decir no hay clímax, te puede haber hecho gracia durante los primeros segundos o no, pero te deja igual... ¿eso es empezar fuerte?

Pero es que, además, durante toda la película el sentido del ritmo, fundamental en la comedia, es muy deficiente, se tiene la constante sensación de que esto o aquello ha durado demasiado o demasiado poco (normalmente demasiado) y eso sospecho que es porque cuando hay pocas ideas se acaba cayendo en la cobardía de estirarlas como un chicle hasta que pierden su sabor. Es una lástima, porque algunas de las ocurrencias que mata la cadencia arrítmica de la película podrían ser graciosas.

Además la realización es torpe, la cámara apenas participa de la comedia, se limita a filmar las payasadas de los protagonistas, lo pretendidamente cómico entra mucho más por los oídos que por los ojos y en la mayoría de los casos es puro diálogo, una decepción para los que nos gusta ver cine cuando vamos al cine.

Aún así no todo es fallido, algunas cosas hacen reír, las suficientes como para que el público más fiel de la pandilla de amiguetes no salga enfadado del cine, la secuencia en la que recorren Madrid con un mapa fascinados ante los monumentos típicos como si fueran turistas es divertida, los momentos escatológico-masturbatorios funcionan como no podía ser de otra manera, son facilones y nada originales, pero quién con sentido común pide originalidad y virtuosismo a esta película..., la escena en la que Paloma (Pilar Castro) llora gravemente desconsolada mientras canta bajito una canción de Alex Ubago es muy graciosa, quizá la única con un poco de mala leche.

Y es que, seamos sinceros, creo que casi todo el mundo coincidirá conmigo en que Santiago Segura hace mucho más gracia en sus apariciones televisivas que en sus películas, y de eso vive, y eso debería hacernos reflexionar sobre el capacidad del medio más poderoso inventado hasta la fecha, la televisión. Ese electrodoméstico que nos trae a casa a múltiples personajes, brinda a estos la oportunidad de hacerse un hueco en nuestra familia, o peor, en nuestro circulo de amigos. Segura aprovecha esa oportunidad y se convierte en el tío simpático que aparece por navidad o en todas las bodas, o en el colega gracioso que anima todas las fiestas, y claro, si un tío nuestro o un amiguete hace una película, aunque sea mala... ¿cómo no vamos a ir a verla? 

Con El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo estamos una vez más ante una nueva simpática treta del pícaro Santiago Segura que, sobre la inercia de sus éxitos, se pone delante de la cámara unos meses, se calza una camiseta unas semanas mientras pasea por nuestras casas de canal en canal y se sienta a ver cómo unos cuantos rentables ingenuos decimos “eh, tío, vamos a ver la de Santiago Segura, que es un cachondo”.

Ignacio Alonso