NO TE MUEVAS  
 
Título orginal: Non ti muovere
País, Año:

Italia, 2003

Dirección: Sergio Castellitto
Intérpretes: Penélope Cruz, Sergio Castellitto, Claudia Gerini. Lina Bernardi. Pietro De Silva. Angela Finocchiaro.
Guión: Sergio Castellitto
Producción: Marco Chimenz. Giovanni Stabilini. Riccardo Tozzi
Fotografía: Gianfilippo Corticelli
Música: Lucio Godoy
Montaje: Patrizio Marone
Distribuidora: Sólida
Duración: 125 minutos
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

Dos consonantes perdidas en tres vocales

Entre la ensoñación y la realidad nace esta película de Sergio Castellito, basada en la novela homónima de Margaret Mazzantini (esposa del director) con guión de ambos e interpretada también por éste junto a Penélope Cruz y Claudia Gerini.

El argumento del filme, aunque mantiene cierta dosis de infidelidad al relato original, nos relata, a través de sucesivos flash-backs, el viaje al pasado de un prestigioso cirujano (Timoteo), convencionalmente casado con una mujer triunfadora (Elsa), que en un momento crítico de su existencia (su hija Angela se debate entre la vida y la muerte, después de sufrir un accidente de moto) rememora, no por casualidad, la relación extraconyugal mantenida quince años atrás con una joven triste, desválida y marginal (Italia).

Timoteo es el personaje-bisagra de esta historia de amores imperfectos que se debate entre dos mundos opuestos e irreconciliables: el de procedencia (representado por Italia) y el alcanzado (encarnado por Elsa). Tránsfuga del mundo miserable en que nació y se crió, es un hombre incompleto hasta que conoce a Italia. Ella es el vínculo con el pasado, con su mundo anterior de pobreza, un enlace con el recuerdo y el dolor emocionalmente nunca superado de su desgraciada y amarga infancia. Italia es, probablemente, el tipo de chica que le hubiera estado destinada si no hubiera superado aquel status. Elsa, en cambio, representa la consolidación del esfuerzo por huir de sus orígenes, el premio por haberlo conseguido. Es bella, elegante, pulcra, rica, triunfadora (radiante). Italia es fea, pobre, desaseada, ordinaria, vulnerable (opaca) 

La puesta en escena reafirma este contraste constante entre ambas mujeres, como si ya de por sí no fuera evidente, encadenando la ropa íntima de una a la de la otra o el rostro grasiento y poroso de la amante (a Italia se la filmó con una lente dura para acentuar su crudeza) contra el terso y luminoso de la esposa. Y entre la luz y la oscuridad está Timoteo, contradictorio y perverso con sus bajos instintos y su amor sublime en medio de ambas, entre la miseria y la riqueza, la verdad y la mentira, el amor y la conveniencia. Y aunque él hace su elección; finalmente será el caprichoso destino el que (le) imponga la suya.

Elsa es un personaje pasivo, se mantiene al margen, presiente lo que ocurre e intenta ignorarlo (“Tantas cosas no se dicen” –comenta en una ocasión–), quiere conservar lo que tiene porque no quiere cambiar su vida. La propia actriz afirmó que utilizó el aislamiento real durante el rodaje para aprovecharlo en la creación de su personaje.

Italia es el personaje fuerte (central) de la historia. Es una mujer conmovedora y desahuciada, arrastra un pasado doloroso que parece habérsele tatuado en el gesto amargo de su rostro. Es ingenua, generosa y agradecida ,pero está condenada a la infelicidad por mucho tinte glorioso con que se quiera disfrazar su angelical cometido.

Fascinada y conmovida por esta melodramática historia, desde que leyera la novela  durante un viaje en avión, Penélope Cruz se sintió interiormente abocada a ser Italia y se ofreció a encarnarla. Su empeño en incorporar este “especial” y complicado papel a su repertorio, le supuso un doble reto: el primero exigía de la actriz un cambio físico notable (convertir al cisne en patito feo) y moverse con soltura dentro de él. Según el director “Penélope, por su belleza, no era la más idónea para protagonizarlo, pero se dejó llevar por el papel sin tener ninguna idea preconcebida”. El segundo reto se lo impuso la propia Pe porque, aunque le ofrecieron doblarla, ella insistió en que con ese nombre tan significativo el personaje debía expresarse en su lengua materna. Una congruente decisión que la honra, ya que no hablaba italiano. Los entendidos opinan que su acento es más que digno y los que no lo somos que su conocimiento y comprensión del idioma haría sonrojar a muchos intérpretes (traductores). Esta interiorización tan profunda del personaje se nota en su interpretación y la trasciende hasta el extremo de llevarla a afirmar: “esta película me ha cambiado la vida”.

También Castellito ha alegado sentir lo mismo: “Esta película ha entrado en nuestras vidas… me ha hecho mejor persona”. Sin embargo, resultará difícil para los espectadores que entre en las suyas, porque ninguno de esos sentimientos tan sublimes que defienden sus creadores traspasa la pantalla. En el camino entre la novela (un best-seller en Italia) y la película deben haberse perdido los pensamientos y permanecido, sólo, las hueras palabras. Una realización poco significativa, salvo a nivel cromático (el sucio mundo ocre y siena de Italia contra el límpido blanco y azul de Elsa es perfecto) y una banda sonora efectista hacen el resto.

Fantasía sensiblera que, entre la magia y la realidad, vuela sobre los límites afectivos, sexuales… y las contradicciones humanas y sociales, poniendo en contacto mundos alternativos, paralelos, y haciéndolos converger en un infinito sin posibilidades de materializarse. Fábula negra, machista (el redimido es el que menos se lo merece: a Timoteo no le debería absolver ni su amor profundo por Italia ni su cariño por Elsa porque nunca ha estado al lado de ninguna de ellas cuando realmente le necesitaban, y porque una violación no puede justificarse, siquiera figuradamente, como “una especie de destilación amorosa” –según su autor–), clasista (el status debe mantenerse aún a costa de los sentimientos) y conservadora (se permiten los escarceos amorosos, pero no que prosperen); donde triunfa la fortuna, la mentira y la conveniencia y donde un pasado imperfecto y un amore inconveniente sólo pasan factura a la que menos tiene para pagarla, aún a cambio de cierto tipo de celeste inmortalidad. Una forma de pasar del ocre al azul demasiado radical, además de imposible.

Purilia