Dos consonantes perdidas en tres vocales
Entre la ensoñación y la realidad nace esta película de Sergio
Castellito, basada en la novela homónima de Margaret Mazzantini
(esposa del director) con guión de ambos e interpretada también
por éste junto a Penélope Cruz y Claudia Gerini.
El argumento del filme, aunque mantiene cierta dosis de infidelidad
al relato original, nos relata, a través de sucesivos flash-backs,
el viaje al pasado de un prestigioso cirujano (Timoteo), convencionalmente
casado con una mujer triunfadora (Elsa), que en un momento crítico
de su existencia (su hija Angela se debate entre la vida y la
muerte, después de sufrir un accidente de moto) rememora, no por
casualidad, la relación extraconyugal mantenida quince años atrás
con una joven triste, desválida y marginal (Italia).
Timoteo es el personaje-bisagra de esta historia de amores imperfectos
que se debate entre dos mundos opuestos e irreconciliables: el
de procedencia (representado por Italia) y el alcanzado (encarnado
por Elsa). Tránsfuga del mundo miserable en que nació y se crió,
es un hombre incompleto hasta que conoce a Italia. Ella es el
vínculo con el pasado, con su mundo anterior de pobreza, un enlace
con el recuerdo y el dolor emocionalmente nunca superado de su
desgraciada y amarga infancia. Italia es, probablemente, el tipo
de chica que le hubiera estado destinada si no hubiera superado
aquel status. Elsa, en cambio, representa la consolidación
del esfuerzo por huir de sus orígenes, el premio por haberlo conseguido.
Es bella, elegante, pulcra, rica, triunfadora (radiante). Italia
es fea, pobre, desaseada, ordinaria, vulnerable (opaca)
La puesta en escena reafirma este contraste constante entre ambas
mujeres, como si ya de por sí no fuera evidente, encadenando la
ropa íntima de una a la de la otra o el rostro grasiento y poroso
de la amante (a Italia se la filmó con una lente dura para acentuar
su crudeza) contra el terso y luminoso de la esposa. Y entre la
luz y la oscuridad está Timoteo, contradictorio y perverso con
sus bajos instintos y su amor sublime en medio de ambas, entre
la miseria y la riqueza, la verdad y la mentira, el amor y la
conveniencia. Y aunque él hace su elección; finalmente será el
caprichoso destino el que (le) imponga la suya.
Elsa es un personaje pasivo, se mantiene al margen, presiente lo
que ocurre e intenta ignorarlo (“Tantas
cosas no se dicen” –comenta en una ocasión–), quiere conservar
lo que tiene porque no quiere cambiar su vida. La propia actriz
afirmó que utilizó el aislamiento real durante el rodaje para
aprovecharlo en la creación de su personaje.
Italia es el personaje fuerte
(central) de la historia. Es una mujer conmovedora y desahuciada,
arrastra un pasado doloroso que parece habérsele tatuado en el
gesto amargo de su rostro. Es ingenua, generosa y agradecida ,pero
está condenada a la infelicidad por mucho tinte glorioso con que
se quiera disfrazar su angelical cometido.
Fascinada y conmovida por esta melodramática historia, desde que
leyera la novela durante
un viaje en avión, Penélope Cruz se sintió interiormente abocada
a ser Italia y se ofreció a encarnarla. Su empeño en incorporar
este “especial” y complicado papel a su repertorio, le supuso
un doble reto: el primero exigía de la actriz un cambio físico
notable (convertir al cisne en patito feo) y moverse con soltura
dentro de él. Según el director “Penélope, por su belleza,
no era la más idónea para protagonizarlo, pero se dejó llevar
por el papel sin tener ninguna idea preconcebida”. El segundo
reto se lo impuso la propia Pe porque, aunque le ofrecieron doblarla,
ella insistió en que con ese nombre tan significativo el personaje
debía expresarse en su lengua materna. Una congruente decisión
que la honra, ya que no hablaba italiano. Los entendidos opinan
que su acento es más que digno y los que no lo somos que su conocimiento
y comprensión del idioma haría sonrojar a muchos intérpretes (traductores).
Esta interiorización tan profunda del personaje se nota en su
interpretación y la trasciende hasta el extremo de llevarla a
afirmar: “esta película
me ha cambiado la vida”.
También Castellito ha alegado sentir lo mismo: “Esta película ha entrado en nuestras vidas…
me ha hecho mejor persona”. Sin embargo, resultará difícil
para los espectadores que entre en las suyas, porque ninguno de
esos sentimientos tan sublimes que defienden sus creadores traspasa
la pantalla. En el camino entre la novela (un best-seller
en Italia) y la película deben haberse perdido los pensamientos
y permanecido, sólo, las hueras palabras. Una realización poco
significativa, salvo a nivel cromático (el sucio mundo ocre y
siena de Italia contra el límpido blanco y azul de Elsa es perfecto)
y una banda sonora efectista hacen el resto.
Fantasía sensiblera que, entre la magia y la realidad, vuela sobre
los límites afectivos, sexuales… y las contradicciones humanas
y sociales, poniendo en contacto mundos alternativos, paralelos,
y haciéndolos converger en un infinito sin posibilidades de materializarse.
Fábula negra, machista (el redimido es el que menos se lo merece:
a Timoteo no le debería absolver ni su amor profundo por Italia
ni su cariño por Elsa porque nunca ha estado al lado de ninguna
de ellas cuando realmente le necesitaban, y porque una violación
no puede justificarse, siquiera figuradamente, como “una especie de destilación amorosa” –según
su autor–), clasista (el status debe mantenerse aún a costa
de los sentimientos) y conservadora (se permiten los escarceos
amorosos, pero no que prosperen); donde triunfa la fortuna, la
mentira y la conveniencia y donde un pasado imperfecto y un amore
inconveniente sólo pasan factura a la que menos tiene para pagarla,
aún a cambio de cierto tipo de celeste inmortalidad. Una forma
de pasar del ocre al azul demasiado radical, además de imposible.
Purilia