YO, ROBOT  
 
Título orginal: I, Robot
País, Año:

EE.UU., 2004

Dirección: Alex Proyas
Intérpretes: Will Smith. Bridget Moynahan. Bruce Greenwood. Chi McBride. Alan Tudyk. James Cromwell.
Guión: Mark Rosenthal. Jeff Vintar. Akiva Goldsman
Producción: John Davis
Música: Marco Beltrami
Montaje: Richard Learoyd. Jeffrey Ford. Armen Minasian
Distribuidora: Hispano Fox Films
Duración: 123 minutos
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

Fundación e Imperio

No, no es lo más molesto que la película tome el nombre de Asimov en vano. De hecho, de autor soviético no toma más que el título y varias ideas sueltas aparecidas en algunos de los relatos que componen la novela Yo, Robot (las tres normas de los robots, el robot que se puede saltar dichas normas, el vertedero de viejos robots sustituidos por otros más modernos, el cuento de Hansel y Gretel como hilo conductor de una subtrama, la presencia de una doctora aquí convenientemente rejuvenecida y poco más). Vale, vale, siempre se puede argumentar que adaptar distintos relatos, inconexos entre sí, tiene esa pega.

No, no es lo más molesto que esté filmada como cualquier otra superproducción de la “escuela de Michael Bay”, a saber: teleobjetivos por un tubo, bonitos contraluces, cambio de plano cada segundo (si no hay peleas, en ese caso dividir por dos), abuso de música y efectos en dolby digital, cámara casi siempre en movimiento... De hecho, siempre se puede decir que Alex Proyas es un experto en el cine con efectos digitales, una etiqueta que suelen colocar los estudios en cuanto uno ha hecho una película de cualquier tipo y ha funcionado en taquilla. Vale, de Proyas funcionó El cuervo, pero no cumplió las expectativas comerciales Dark City que, curiosamente, era un título mucho más atractivo.

No, no es lo más molesto que fusile escenas enteras de la trilogía de Matrix. De hecho, ya estamos acostumbrados a que sus efectos sean copiados en vídeo clips, spots publicitarios y, en fin, cualquier programa de televisión. Vale, es un peaje que hay que pagar en el cine de ciencia ficción actual, pero ¿es necesario?

No, no es lo más molesto que el guión que finalmente ha llegado a filmarse (y, créanme, ha habido unos cuantos antes), sea, como siempre sucede en estos casos, el más elemental de todos. De hecho, uno está ya acostumbrado a ver películas que fusilan ideas de otras películas (¿he hablado ya de Matrix?). Aquí, qué curioso, tenemos la historia de un super-robot que toma conciencia de su propio poder y decide acabar con la humanidad... aunque sea para protegerla de su propia violencia. Fíjate por dónde hace años un tal James Cameron puso en marcha una saga, Terminator, que también narraba cómo Skynet tomaba conciencia de su poder y aniquilaba la raza humana. Vale, vale, Proyas lo ha disimulado muy bien haciendo que el robot sea “una robot” llamada Viki (¡viva la originalidad!) y así también se evita que el final, con la desactivación de la robot, no parezca un plagio de la lobotomía que Dave Bowman realiza a Hal-9000 en 2001, una odisea del espacio.

No, no es lo más molesto que los super-robots de última generación, cuya fuerza hemos comprobado a lo largo del filme, sean poco menos que estúpidos cuando han de enfrentarse a grupos de humanos armados con palos. De hecho, esas ridículas escenas de peleas podrían entrar en el libro Guinness de la falta de coherencia narrativa, pero para entonces no creo que haya nadie en la sala preocupado por la lógica de un relato que progresa a patadas. Vale, se trataba de ser “fiel al espíritu” de Asimov y demostrar que la raza humana se puede unir en lo momentos de una auténtica hecatombe... aunque para eso ya está El día de mañana y muchos otros blockbusters que no buscan la coartada cultural-literaria.

No. Nada de eso es lo más molesto.

Lo que realmente me molesta es que se considere “estilo” de planificación a la infame secuencia del enfrentamiento final en la cima de la robot (¿alguien ha hablado de la pelea junto al generador central en La guerra de las galaxias?): la cámara dando vueltas, como si estuviera montada en un tiovivo, para transmitir la sensación de vértigo de un protagonista subido encima de la super-robot Viki. Inenarrable.

Lo que realmente me molesta es que todo el argumento, por más manoseado que esté, quede al margen cuando entra en escena Will Smith, quien parece olvidarse que no está en la tercera parte de Hombres de negro, sino en un título en apariencia más serio y comprometido. Vale, vale, cada vez que se levanta se toca el hombro de metal para demostrar que es un actor serio y concienciado en un título de Asimov... ¡¡Pero es que luego se dedica a lanzar mensajes reaccionarios, chistes sin gracia y a matar robots como si estos fueran de mantequilla!! Eso sí es hacerse con un personaje: simplemente, se cambia para adaptarlo a uno mismo y, ya está, Smith repitiendo una vez más su inolvidable personaje de –pongamos– Wild Wild West.

Lo que realmente me molesta es que el robot bueno (todo un prodigio de diseño de efectos visuales) tenga esos ojitos azules inocentes (¡vaya, como ET!), mientras que los malos despiden una sospechosa luz roja. ¡Mira qué bien, volvemos a los tiempos del senador McCarthy y su caza de brujas: los rojos son los malos! Vale, vale, seguro que es simple casualidad y este cronista ve demasiados mensajes ocultos donde no los hay... pero ¡¡si en Yo, Robot 2 aparecen los robots malos vestidos con chilabas y turbante no digáis que no os habíamos avisado!!

Lo que realmente me molesta, en definitiva, es que el mundo futuro que nos propone no se aleja un ápice del que ya aparecía en Demolition man, aquella innombrable película con Sylvester Stallone cazando a Wesley Snipes en un mundo modélico, pero falso, donde hasta las armas y los tacos estaban prohibidos. Vale, vale, estoy exagerando las similitudes, pero muy mal tienen que andar las mentes pensantes de Hollywood para que su nuevo blockbuster veraniego no sea más que un vulgar remake en muchos momentos de un filme de segunda división que en su día ni siquiera fue un gran éxito de taquilla.

De hecho, si soy sincero, me molesta haberme hecho ilusiones, pensar que la ciencia ficción seria iba a tener una nueva oportunidad, que 2001 o Blade runner iban a tener nuevas continuaciones, no serían ya filmes-isla, que, en definitiva, con las adaptaciones de Isaac Asimov se abría un nuevo filón en el cine de ciencia-ficción norteamericano.

Vale, vale, el éxito de Yo, Robot sin duda provocará nuevas adaptaciones. Pero esto no es Asimov. Esto no es ciencia ficción seria. Ni siquiera tengo muy claro que sea cine. Simplemente es una larga campaña publicitaria –y el filme un spot alargado–, destinada a que el consumidor de palomitas llene las salas durante dos semanas y luego se olvide rápidamente de lo visto. De ahí que no valga la reflexión, sólo las imágenes brillantes rápidamente borradas por otras brillantes imágenes. En definitiva, estamos asistiendo a la fundación de un nuevo cine de ciencia ficción, el “inspirado” en la obra de Asimov. Pero aquí lo de menos es la literatura, lo único que importa es el nuevo imperio y su punto de vista. O sea, la taquilla. Descansa en paz, Isaac.

Sabín