Historias
de familia
Marco Tullio Giordano, nacido en 1950,
es ya un realizador con varias películas en su haber, aunque la
mayoría de ellas se adscriban al formato televisivo. Este medio
era, en principio, el destinatario de este filme producido por
la RAI, firma que otrora dio gloria al cine italiano al poner
en su nómina a algunos de los mejores realizadores del país. Eran
otros tiempos, donde la cultura parecía primar sobre la modorra,
vulgaridad o comercio del momento actual.
El sistema de producción televisivo de La mejor juventud se vislumbra en el disparatado metraje del producto
ya terminado y que se correspondería con su emisión completa en
unos seis o siete capítulos. De todas maneras, en ningún lugar
hemos podido encontrar la exacta duración de esta serie-saga familia
que abarca casi 40 años de vida italiana. Así, alguna ficha le
atribuye una duración de 400 minutos mientras que otras oscilan
entre los 330 y los 360 minutos, dependiendo de país en el que
se ha exhibido.
Al parecer, el pase de la película por una de las secciones del
festival de Cannes de 2003 fue la que convenció a la RAI sobre
la posibilidad de estrenarla en salas comerciales antes de agotarla/quemarla
con sus pases televisivos. Se volvió así a plantear idéntica disyuntiva
a la generada en un principio por el canal televisivo estatal
italiano: su gran duración, que impedía que pudiera proyectarse
en una única sesión. Y es que a pesar del gran interés que pueda
tener una película, seis horas son demasiadas horas para ser visionadas
de un tirón. Esa es la razón por la que la historia familiar se
ha convertido en dos películas de unas tres horas de duración
cada una.
Nos llega ahora la primera parte, sobre la vida, milagros, triunfos,
traiciones, ilusiones y desgracias de la familia Carati, compuesta
por dos hermanos y dos hermanas, siendo ellos los que poseen importancia
en el relato mientras que (al menos en esta parte, y mucho me
temo que en la siguiente) el papel de las hermanas es anecdótico
y hasta forzado. Las mujeres de la familia, madre incluida (que
de pronto, y para sorpresa del espectador, aparece como una especie
de maestra comprometida (?) con un trabajo social), aparecen por
imperativos del guión cuando le viene bien, venga o no a cuento,
al escritor de la historia. Probablemente se consigue así una
forma alternativa de salto de personajes e historias.
De manera curiosa, en España se ha tratado de ocultar el carácter
interminable de la película al no indicar en parte alguna que
se trata de la primera parte de una película. Solamente los títulos
de crédito, al comienzo del filme, atestiguan tal hecho, sorprendiendo
a aquellos espectadores que lo desconozcan. A pocos, por supuesto,
porque no serán muchos los que acudan a ver un filme desconocido
por títulos, actores o director y estrenado, para mayor ocultamiento,
en versión original. Por todo ello se condena ya de entrada a
La mejor juventud a
un conocimiento limitado entre públicos de, por llamarlos de alguna
manera, cierta élite.
Giordano, pues, no ha tenido demasiados “apoyos” para darse a conocer
entre nosotros (es su primer título estrenado por acá). Con este
filme ha intentado adherirse a un cine más o menos utilizado,
desde uno u otro punto de vista y con mejor o peor suerte, en
películas anteriores por importantes (y algunos ya clásicos) realizadores
italianos. Trataban (ellos) de contar la Historia del país al
socaire del discurrir de unas vidas familiares. Recordemos entre
otros títulos memorables El
gatopardo (Visconti, 1963), Amarcord (Fellini, 1973),
Novecento (Bertolucci, 1976), El árbol de los zuecos (Olmi, 1978), Una mujer y tres hombres, estúpido título
que oculta el excelente C’era
vamo tanto amati (1975), El
baile (1984), La familia
(1987), Splendor (1989) –los cuatro títulos dirigidos
por Scola– o Cinema Paradiso
(Tornatore, 1988). En todos ellos se trataba de mostrar la
evolución histórica del país, aunque tal mirada se produjese desde
perspectivas distintas y a veces distantes. En cualquier caso,
se trataba de impartir “lecciones” de Historia en las que se analizaban,
criticaban o simplemente se observaban una serie de hechos importantes
para entender la evolución del país.
La mejor juventud
se inicia en el año 1966 y concluirá probablemente, en la continuación,
al comienzo del siglo XXI. La primera parte, que contemplamos
ahora, llega hasta 1980. A lo largo de casi 15 años asistimos
a una serie de hechos, que conllevan los cambios del país (social-política-económicamente)
y, de acuerdo a ello, de los personajes. El problema concluyente
en un intento de generalización es que muchas de las cosas que
ocurren en el filme-río son excesivamente localistas, minimizando
el carácter general de lo narrado. Por ejemplo, la importancia
que se da a la inundación de Florencia, suceso que lleva incluso
a que Nicola, que trabaja en los países nórdicos, regrese a su
país por (una sorprendente) indicación de su nórdica amante, y
a la ciudad inundada para sacarla del caos. No sé si con tal propuesta
la película desea plantear/insinuar una, falaz a todas luces,
especie de unidad patria colectiva.
Son discutibles, pues, los sucesos que se toman como muy importantes
o determinantes para la evolución de los personajes o del mundo
al no entrar en un planteamiento universal. De todas maneras,
puede entenderse (en esta película) que, a pesar de ello, por
encima o por debajo de los acontecimientos, sucesos y hechos narrados,
centrados en Italia, se vislumbra un cambio general del mundo.
Del Occidental al menos. Diferente e insuficiente sería considerar
la carencia de una lógica narrativa, así como la aparición/utilización
de unos convencionalismos poco, o nada, creíbles. Son por ejemplo
las cartas que cruzan ambos hermanos (sin saber ninguno de ellos
dónde está el otro, por lo que es imposible que les lleguen) y
que por misterios (del azar) llegan a su destino. O los repetidos
encuentros, bastantes inverosímiles, de los personajes. Tan forzados
como previstos por el espectador. Acontecimientos que tienen lugar
por exigencias del guión y nunca por un lógico y natural desarrollo
de los hechos.
Hay más cuestiones negativas que deben tenerse en cuenta. Así,
tanto el gran desequilibrio que muestra el filme en su discurrir
como lo elemental y previsto de algunas fáciles resoluciones.
Ejemplo de lo primero sería la larga primera parte que narra la
fuga de los dos hermanos con la muchacha esquizofrénica por algunos
lugares de Italia. Instantes que poco aportan, en su amplitud,
al relato y que, por el contrario, dejan ver sus muchas debilidades.
Ahí la historia individual, inconsecuente como prototipo de un
determinado periodo histórico, va dominando a la verdadera Historia.
Falta así, concreción en una monótona relación de sucesos donde
también la “lógica” está ausente el resto del relato: por ejemplo
¿cómo en una ciudad pueden llegar a encontrar con tal facilidad
(a las primeras de cambio) al padre de la muchacha? ¿Por qué se
construye tan torpemente la secuencia de la estación en la que
la muchacha se “enfrenta” a la compra de helados?
¿Qué queda del filme? Su hondura “humana”, al menos eso sí lo intenta,
el dibujo de unos seres que nos pueden resultar bastante cercanos.
En ese sentido, la película nos habla de cuestiones tan vitales
y simples como el amor, los celos, la vida y la muerte. Gente
corriente enfrentada a situaciones cotidianas. Seres con deseos
e ilusiones que ven esfumarse algunos de sus ideales al tiempo
que el mundo, y el suyo, cambian. Personajes que evolucionan,
se estancan o retroceden en sus pensamientos. El filme habla de
enamoramientos, bodas, nacimientos, enfermedad, sacrificio, muerte.
También de huelgas, frustraciones, trabajos, economía, terrorismo.
Demasiadas cosas para tal metraje aunque, como éste, sea largo.
La mejor juventud,
en su primera parte, ni es demasiado irritante
ni logra interesar en demasía. En el primer tercio del filme decidimos
resignarnos ante el cúmulo de situaciones dispuestas en cadena
y aceptarlas. Está claro que todo (como se cree debe ser una crónica
histórica) debe tener cabida y ser tratado, aunque sea en forma
simple o forzada: la psiquiatría y la antipsiquiatría, los movimientos
hippies, la revolución del 68, la crisis económica, las
huelgas obreras, el paro, la suspensión de la empresas pioneras,
el advenimientos de los yuppies, la mafia, las brigadas
rojas... Insisto en que una cosa es la cantidad de cosas acumuladas
y otra muy distinta el análisis de un tiempo de la Historia. Eso
es lo que, en definitiva, el filme no acaba de reflejar. De cualquier
manera, a partir de su primera hora (de las tres que dura) la
película aparece como más entonada, aunque no consiga profundizar
en la mayoría de los personajes o limite los principales a un
esquematismo ideológico bastante frustrante.
Tal elemental propuesta queda explicada
en el filme por la propia presencia de los dos hermanos protagonistas,
que no son más que una representación simbólica con la que expresar
dos diferentes formas de ser. Y, por cierto, desde unas propuestas
bastante inconsistentes, como en el caso del sorprendente, y difícilmente
explicable, personaje de Matteo. Símbolos carentes, en más de
un instante, de un significado coherente. Lástima tanto esfuerzo
para tan pobres resultados.
Mister Arkadin