LA MEJOR JUVENTUD  
 
Título orginal: La meglio gioventù
País, Año:

Italia, 2003

Dirección: Marco Tullio Giordana
Intérpretes: Luigi Lo Cascio, Alessio Boni, Adriana Asti. Fabrizio Gifuni. Maya Sansa. Sonia Bergamasco
Guión: Stefano Rulli. Sandro Petraglia.
Producción: Angelo Barbagallo
Fotografía: Roberto Forza
Montaje: Roberto Missiroli
Distribuidora: Araba Films
Duración: 368 minutos
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Historias de familia

Marco Tullio Giordano, nacido en 1950, es ya un realizador con varias películas en su haber, aunque la mayoría de ellas se adscriban al formato televisivo. Este medio era, en principio, el destinatario de este filme producido por la RAI, firma que otrora dio gloria al cine italiano al poner en su nómina a algunos de los mejores realizadores del país. Eran otros tiempos, donde la cultura parecía primar sobre la modorra, vulgaridad o comercio del momento actual.

El sistema de producción televisivo de La mejor juventud se vislumbra en el disparatado metraje del producto ya terminado y que se correspondería con su emisión completa en unos seis o siete capítulos. De todas maneras, en ningún lugar hemos podido encontrar la exacta duración de esta serie-saga familia que abarca casi 40 años de vida italiana. Así, alguna ficha le atribuye una duración de 400 minutos mientras que otras oscilan entre los 330 y los 360 minutos, dependiendo de país en el que se ha exhibido.

Al parecer, el pase de la película por una de las secciones del festival de Cannes de 2003 fue la que convenció a la RAI sobre la posibilidad de estrenarla en salas comerciales antes de agotarla/quemarla con sus pases televisivos. Se volvió así a plantear idéntica disyuntiva a la generada en un principio por el canal televisivo estatal italiano: su gran duración, que impedía que pudiera proyectarse en una única sesión. Y es que a pesar del gran interés que pueda tener una película, seis horas son demasiadas horas para ser visionadas de un tirón. Esa es la razón por la que la historia familiar se ha convertido en dos películas de unas tres horas de duración cada una.

Nos llega ahora la primera parte, sobre la vida, milagros, triunfos, traiciones, ilusiones y desgracias de la familia Carati, compuesta por dos hermanos y dos hermanas, siendo ellos los que poseen importancia en el relato mientras que (al menos en esta parte, y mucho me temo que en la siguiente) el papel de las hermanas es anecdótico y hasta forzado. Las mujeres de la familia, madre incluida (que de pronto, y para sorpresa del espectador, aparece como una especie de maestra comprometida (?) con un trabajo social), aparecen por imperativos del guión cuando le viene bien, venga o no a cuento, al escritor de la historia. Probablemente se consigue así una forma alternativa de salto de personajes e historias.

De manera curiosa, en España se ha tratado de ocultar el carácter interminable de la película al no indicar en parte alguna que se trata de la primera parte de una película. Solamente los títulos de crédito, al comienzo del filme, atestiguan tal hecho, sorprendiendo a aquellos espectadores que lo desconozcan. A pocos, por supuesto, porque no serán muchos los que acudan a ver un filme desconocido por títulos, actores o director y estrenado, para mayor ocultamiento, en versión original. Por todo ello se condena ya de entrada a La mejor juventud a un conocimiento limitado entre públicos de, por llamarlos de alguna manera, cierta élite.

Giordano, pues, no ha tenido demasiados “apoyos” para darse a conocer entre nosotros (es su primer título estrenado por acá). Con este filme ha intentado adherirse a un cine más o menos utilizado, desde uno u otro punto de vista y con mejor o peor suerte, en películas anteriores por importantes (y algunos ya clásicos) realizadores italianos. Trataban (ellos) de contar la Historia del país al socaire del discurrir de unas vidas familiares. Recordemos entre otros títulos memorables El gatopardo (Visconti, 1963), Amarcord (Fellini, 1973), Novecento (Bertolucci, 1976), El árbol de los zuecos (Olmi, 1978), Una mujer y tres hombres, estúpido título que oculta el excelente C’era vamo tanto amati (1975), El baile (1984), La familia (1987), Splendor (1989) –los cuatro títulos dirigidos por Scola– o Cinema Paradiso (Tornatore, 1988). En todos ellos se trataba de mostrar la evolución histórica del país, aunque tal mirada se produjese desde perspectivas distintas y a veces distantes. En cualquier caso, se trataba de impartir “lecciones” de Historia en las que se analizaban, criticaban o simplemente se observaban una serie de hechos importantes para entender la evolución del país.

La mejor juventud se inicia en el año 1966 y concluirá probablemente, en la continuación, al comienzo del siglo XXI. La primera parte, que contemplamos ahora, llega hasta 1980. A lo largo de casi 15 años asistimos a una serie de hechos, que conllevan los cambios del país (social-política-económicamente) y, de acuerdo a ello, de los personajes. El problema concluyente en un intento de generalización es que muchas de las cosas que ocurren en el filme-río son excesivamente localistas, minimizando el carácter general de lo narrado. Por ejemplo, la importancia que se da a la inundación de Florencia, suceso que lleva incluso a que Nicola, que trabaja en los países nórdicos, regrese a su país por (una sorprendente) indicación de su nórdica amante, y a la ciudad inundada para sacarla del caos. No sé si con tal propuesta la película desea plantear/insinuar una, falaz a todas luces, especie de unidad patria colectiva.

Son discutibles, pues, los sucesos que se toman como muy importantes o determinantes para la evolución de los personajes o del mundo al no entrar en un planteamiento universal. De todas maneras, puede entenderse (en esta película) que, a pesar de ello, por encima o por debajo de los acontecimientos, sucesos y hechos narrados, centrados en Italia, se vislumbra un cambio general del mundo. Del Occidental al menos. Diferente e insuficiente sería considerar la carencia de una lógica narrativa, así como la aparición/utilización de unos convencionalismos poco, o nada, creíbles. Son por ejemplo las cartas que cruzan ambos hermanos (sin saber ninguno de ellos dónde está el otro, por lo que es imposible que les lleguen) y que por misterios (del azar) llegan a su destino. O los repetidos encuentros, bastantes inverosímiles, de los personajes. Tan forzados como previstos por el espectador. Acontecimientos que tienen lugar por exigencias del guión y nunca por un lógico y natural desarrollo de los hechos.

Hay más cuestiones negativas que deben tenerse en cuenta. Así, tanto el gran desequilibrio que muestra el filme en su discurrir como lo elemental y previsto de algunas fáciles resoluciones. Ejemplo de lo primero sería la larga primera parte que narra la fuga de los dos hermanos con la muchacha esquizofrénica por algunos lugares de Italia. Instantes que poco aportan, en su amplitud, al relato y que, por el contrario, dejan ver sus muchas debilidades. Ahí la historia individual, inconsecuente como prototipo de un determinado periodo histórico, va dominando a la verdadera Historia. Falta así, concreción en una monótona relación de sucesos donde también la “lógica” está ausente el resto del relato: por ejemplo ¿cómo en una ciudad pueden llegar a encontrar con tal facilidad (a las primeras de cambio) al padre de la muchacha? ¿Por qué se construye tan torpemente la secuencia de la estación en la que la muchacha se “enfrenta” a la compra de helados?

¿Qué queda del filme? Su hondura “humana”, al menos eso sí lo intenta, el dibujo de unos seres que nos pueden resultar bastante cercanos. En ese sentido, la película nos habla de cuestiones tan vitales y simples como el amor, los celos, la vida y la muerte. Gente corriente enfrentada a situaciones cotidianas. Seres con deseos e ilusiones que ven esfumarse algunos de sus ideales al tiempo que el mundo, y el suyo, cambian. Personajes que evolucionan, se estancan o retroceden en sus pensamientos. El filme habla de enamoramientos, bodas, nacimientos, enfermedad, sacrificio, muerte. También de huelgas, frustraciones, trabajos, economía, terrorismo. Demasiadas cosas para tal metraje aunque, como éste, sea largo.

La mejor juventud, en su primera parte, ni es demasiado irritante ni logra interesar en demasía. En el primer tercio del filme decidimos resignarnos ante el cúmulo de situaciones dispuestas en cadena y aceptarlas. Está claro que todo (como se cree debe ser una crónica histórica) debe tener cabida y ser tratado, aunque sea en forma simple o forzada: la psiquiatría y la antipsiquiatría, los movimientos hippies, la revolución del 68, la crisis económica, las huelgas obreras, el paro, la suspensión de la empresas pioneras, el advenimientos de los yuppies, la mafia, las brigadas rojas... Insisto en que una cosa es la cantidad de cosas acumuladas y otra muy distinta el análisis de un tiempo de la Historia. Eso es lo que, en definitiva, el filme no acaba de reflejar. De cualquier manera, a partir de su primera hora (de las tres que dura) la película aparece como más entonada, aunque no consiga profundizar en la mayoría de los personajes o limite los principales a un esquematismo ideológico bastante frustrante. 

Tal elemental propuesta queda explicada en el filme por la propia presencia de los dos hermanos protagonistas, que no son más que una representación simbólica con la que expresar dos diferentes formas de ser. Y, por cierto, desde unas propuestas bastante inconsistentes, como en el caso del sorprendente, y difícilmente explicable, personaje de Matteo. Símbolos carentes, en más de un instante, de un significado coherente. Lástima tanto esfuerzo para tan pobres resultados.

Mister Arkadin