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A PROPÓSITO DE ENCADENADOS Y EL SENDERO DE LA TRAICIÓN
Por Luis Tormo

Los remakes constituyen en la mayoría de ocasiones una fuente de curiosidad provocada por las diferentes posibilidades que abre respecto a temas como el de la fidelidad o no a la obra originaria, la razón de su existencia (puede ser un tema estrictamente comercial o puede ser un tributo/homenaje a un filme), la falta de ideas originales (véase el expolio de películas francesas adaptadas por el cine americano), el origen literario que produce variados tratamientos (los últimos Ripley de Minghella y Cavani), etc. En cualquier caso, no suele dejar indiferente.

Algunas películas de la filmografía de Alfred Hitchcock han tenido su remake, empezando por las versiones que el propio director realizaría de El hombre que sabía demasiado. Más recientemente hemos visto las nuevas revisiones de Crimen Perfecto (Un crimen perfecto, Andrew Davis, 1998) y de Psicosis (Psicosis, Gus Van Sant, 1998).

Ahora bien, el análisis propuesto en este artículo en el que uniremos Encadenados (Notorius, 1946) de Hitchcock y El sendero de la traición (Betrayed, 1989) de Costa Gavras, no es estrictamente un remake. No aparece en los títulos de crédito del director nacido en Grecia ninguna referencia al filme antiguo, es decir, no hay ninguna necesidad legal de tener que referirse a una obra anterior, pero, aun así, la visión de El sendero de la traición remite directamente a una de los mejores trabajos del maestro inglés. Tanto mejor pues la inspiración suele dar un juego fílmico más enriquecedor que la mera copia.

En este juego de la inspiración tiene un papel fundamental el guionista, Joe Eszterhas, que también colaboraría en la siguiente película de Gavras en EE.UU, La caja de música, una denuncia sobre la supervivencia del nazismo. Eszterhas, guionista de larga trayectoria lanzado a la primera división con Instinto básico y con una carrera que ha ido decayendo por los sucesivos fracasos (Sliver, Showgirls, Jade) suele recurrir a la revisión o actualización de temas presentes en filmes anteriores. Lo veremos en El sendero de la traición y pasaría después en los guiones de Sin escape (un filme de Jean-Claude Van Damme que es una revisión encubierta de Raíces profundas) o Showgirls (una puesta al día de Eva al desnudo, en el cual Paul Verhoven se tomó el título español de manera literal).

Entre las coincidencias que podemos encontrar entre el clásico de Hitchcock y El sendero de la traición destaca, en primer lugar, la trama. Una mujer se infiltra en una organización para desenmascarar las relaciones criminales de un grupo de personas. Para este fin, termina uniéndose al principal sospechoso, entablando lazos afectivos y sentimentales, creando tensión con el otro personaje masculino que la implica en la historia. En el original Ingrid Bergman debía investigar a un nazi que vivía tras la guerra en América y en la película de Costa Gavras el personaje de Debra Wringer se introduce en un grupo neofascista de un pequeño pueblo agrícola en EE.UU.

Pero esta trama no es suficiente para mantener lazos estrechos. En realidad la trama de investigación de Encadenados no es más que el macguffin del que hablaba continuamente el director inglés pues los temas verdaderos son todos aquellos que se mueven por debajo de las imágenes (y muchos comunes en la filmografía de Hitchcock) como son el personaje femenino fuerte, ese malo que no lo es (Claude Rains), la familia, la madre, el engaño y la traición, etc. Y son en estos temas importantes donde se producen las coincidencias:

a)      Los personajes femeninos que encarnan Ingrid Bergman y Debra Wringer representan la complejidad que supone pasar de una mera infiltración para descubrir una sospecha a verse implicadas personalmente (se unen y forman parte de la familia del criminal). Son, en ambas películas, personajes mimados en su tratamiento ya que sostienen el peso del engaño, sufren la tensión y, en cierto modo, tienen su lado negativo.

b)      El personaje del malo: tanto Rains en la versión de Encadenados como Tom Berenger en El sendero de la traición consiguen aunar la ternura que despiertan en el espectador (ambos están enamorados de la persona que los está traicionando) con la maldad de sus actos (en ningún momento se ocultan sus fechorías). Son personajes que el espectador –que sabe más que ellos– puede llegar a entender, a encariñarse, a pesar del aspecto negativo que conllevan.

c)       La madre y la familia. Tema emblemático en los filmes del maestro inglés, la madre de Encadenados velará en todo momento por su hijo, previniéndole de los peligros que corre al casarse. Madre vigilante, castradora, que no duda en oponerse a todo. Esta figura de la madre se acompaña de la familia, entendiendo el término familia en el sentido más amplio, así los compañeros nazis en Encadenados forman esa pequeña familia que tiene sus reglas, al igual que el grupo formado en El sendero de la traición constituye un círculo cerrado.

d)      El engaño y la traición. Este apartado constituye uno de los aspectos más interesantes que desarrollan ambas películas pues el engaño de la pareja Bergman/Rains y Wringer/Berenger es doloroso por los sentimientos que ambos personajes terminan despertando. De hecho, los personajes de Claude Rains y Tom Berenger están tan convencidos –enamorados– que son capaces de poner en peligro todo su mundo. Así, Tom Berenger confía tanto en su mujer que es capaz de llevarla a la cacería nocturna donde asesinarán a un hombre de color, convirtiendo un acto execrable en una muestra de amor. Lo mismo le ocurre a Rains en Encadenados, casándose con quien le está espiando. Es por ello que para ambos la muerte física no importa tanto pues ya han muerto por el engaño.

Vemos, entonces, que en el apartado temático tienen muchos puntos en común. La diferencia entre una película y otra es fundamentalmente un tema de estilo, algo que no se puede copiar (y el ejemplo lo tenemos en el experimento realizado por Gus Van Sant en el remake de Psicosis, copia literal de la planificación del original, pero que no tiene nada que ver con el). Así, mientras El sendero de la traición es una película que muestra, Encadenados sugiere. Un buen ejemplo lo tenemos en la comparación de la muerte de los personajes de Rains y Berenger. En El sendero de la traición la muerte de Berenger se muestra directamente, tiroteo incluido (violencia, sangre, etc.). Sin embargo, en Encadenados, la muerte de Rains no se ve, aunque el espectador sabe lo que le espera porque ya lo hemos visto con otro personaje secundario que tenía un descuido. Pero, precisamente por no mostrarla, la escena es más contundente por el desamparo que produce la visión de Rains plantado en la puerta de su casa.

A Gavras le interesa mucho mostrar el aspecto de denuncia del movimiento neofascista, el aspecto ideológico. A Hitchcock, en el fondo, lo que le interesa es contar la historia de un hombre que estando enamorado de una mujer la empuja a los brazos de otro, siendo la implicación nazi una mera excusa facilitada por el momento en que se hizo la producción (1946, recién terminada la segunda guerra mundial).

En definitiva, llámese remake, inspiración, tratamiento de temas universales, etc. el caso es que la interacción entre El sendero de la traición  y Encadenados funciona y la visión de una película trae a la mente el recuerdo de la otra.

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