Patino presentó
su obra en la FNAC
de Valencia
 

Adolfo Bellido, director
de Encadenados,
presentó el acto
 

Equipo de "Encadenados"

Público en la FNAC
 
 
 
 
 

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HAY MOTIVO: LA OBRA DE BASILIO MARTÍN PATINO EN DVD
Por Adolfo Bellido López


Sobre Basilio Martín Patino

No hace mucho ha salido en DVD, brillantemente recuperada por la distribuidora SUEVIA FILMs, toda (o casi toda) la obra audiovisual de Basilio Martín Patino. Siempre he creído que es, y así lo expresé el día en que presenté esta obra de Patino en la FNAC de Valencia, con la presencia del propio Patino, una especie de “Godard español”. Deseo explicar esa aseveración.

Patino, ese su segundo apellido (en algunos sitios escriben su apellido como Patiño, es decir añaden una ñ, mientras, caso curioso, a Buñuel le suelen quitar la ñ) es uno de los realizadores más innovadores del cine español. Ha trabajado la imagen audiovisual de múltiples maneras, buscando nuevas salidas, nuevas formas de expresión. No ha trabajado solamente (y experimentado) con el formato cine. Lo ha hecho tanto en formato vídeo como en otros formatos. Además, ha preparado diversos montajes audiovisuales (hizo, en colaboración con su hijo Pablo, uno magnífico en la catedral de Salamanca durante la exposición Las Edades del Hombre), intervino en la puesta en marcha de las primeras emisiones “locales” de televisión, así como de (sorprendentes) periódicos audiovisuales. También fue uno de los mejores realizadores de anuncios publicitarios de España durante la década de los sesenta y ochenta del siglo pasado.

Patino, como se ve o puede descubrirse, ha sido un hombre inquieto al que, como él mismo dice, le gusta jugar con el cine pero con el fin (en caso contrario es muy aburrido) de que también entren (en el juego) los propios espectadores. Su desilusión se producirá cuando el espectador se niegue (o sea, casi siempre) a aceptar el juego. En muchos casos no lo acepta porque desconoce tanto su cine en particular como el cine (la manera de “hablar” de este medio u arte) en general. Para muchos espectadores, desgraciadamente, Basilio sólo es el director de títulos como Nueve cartas a Berta o Canciones para después de una guerra. Piensan que no ha hecho más películas, pero su obra, sin ser excesivamente grande, abarca bastantes más títulos. La ignorancia de su cine es tal que su película más premiada en festivales, Madrid, casi no existe para el público: la productora, ahuyentada quizá por tan poco comercial título, decidió arrinconarla sin llegar siquiera a estrenarla. 

Hay una razón, entre otras muchas, por la que el cine de Patino lo considero innovador, novedoso: siempre busca nuevas formas de expresión. Basándose su cine en algo real como es la realidad más inmediata, trata de elevarse sobre ella construyendo un documento amplio sobre la España encerrada en su oscuro pasado. Algo (la vuelta a aquellos tristes años) que la gran mayoría de esta España nuestra deseamos no vuelva, aunque algunos dirigentes de la derecha española parecen soñar con esa vuelta. Como muestra de ello sólo hay que echar un vistazo a la realidad que nos circunda.

Nada tienen que ver, pues, las películas de Patino con el realismo a ultranza, y mucho menos con el italiano, como ocurre en la mayor parte de las obras realizadas por los directores de su generación. Si, en algún caso (su obra de graduación en la escuela de cine, Tarde de domingo, por ejemplo) parece adaptarse al estilo de un italiano, será al de un realizador tan distinto al uso como es Antonioni. Pero su obra posterior, aunque asentada en lo real, busca formas de expresión innovadoras, diferentes a las regladas. Todo es válido para llegar a una determinada comunicación. De ahí sus continuas rupturas narrativas, su montaje alejado de cualquier planteamiento adocenado o libresco. Para Patino el cine, sobre todo en lo que concierne a algo tan esencial en su obra como el trabajo de montaje, supone libertad absoluta en la expresión creativa: todo, en función de lo contado, es válido.

 

¿Existe el documental?

Se ha dicho, desde un desconocimiento total de su obra, que Basilio es un realizador de documentales. Personalmente, y creo que es de mi opinión, no creo en el documental como representación de la realidad. Cualquier película es “documento” de algo. Nada es documental al estilo puro. Como máximo, hablaremos de cine de ficción y de no ficción, o mejor, de cine construido desde la ficción (el inventado) o desde la no ficción (el que muestra “hechos reales”, aquellos que ocurren). Pero lo mismo da, ya que tanto un cine como el otro son ficciones: una creada durante un rodaje y luego seleccionada en una sala de montaje y la otra creada sobre todo en la sala de montaje. Que una se convierte en otra muy bien puede explicarse con un ejemplo: al comienzo de La noche americana de Truffaut vemos cómo algo que nos parece real se altera por el hecho de que “eso” (admitido como tal) no es más que un rodaje que trata de imitar la realidad.

El cine está formado por un conjunto de imágenes asumidas como reales que pueden proceder o no de la realidad inmediata. Esto es algo que Patino conoce y demuestra a la perfección en su cine. Si tuviera que explicarlo con una de sus películas, tomaría una perteneciente a la serie Andalucía, un siglo de fascinación. Me refiero concretamente al episodio de Casas viejas. A lo que asistimos es (aparentemente) a la visión de los rodajes que dos equipos distintos (uno ruso y otro inglés) hicieron de un episodio histórico ocurrido en Andalucía: el levantamiento y aplastamiento de la sublevación anarquista que tuvo lugar durante la segunda República Española en un municipio de la provincia de Cádiz.

Los dos episodios de Casas viejas se muestran en el filme como integrantes de un rodaje real, uno daría sentido a una película en cuanto a su forma de estar narrada (con su ritmo, su sentido de la historia, su forma, en definitiva, de contar), el otro sería un documental al uso. Para hacer la “película”, así es de suponer, se encontraba en el lugar de los hechos un equipo compuesto por varios técnicos, que tomaron planos en diferentes lugares en los que transcurrió la acción. El documental (parte que sirve al mismo tiempo de complemento de la película) fue tomado por un único operador, un documentalista inglés que debía estar por aquella zona cuando tuvo lugar tanto la sublevación obrera como su posterior aplastamiento. Ambas partes están planteadas dentro de unas determinadas coordenadas lógicas: la película rusa es muy “rusa” en todo: en su planificación, en la utilización de la música, la fotografía, el montaje; las imágenes del documentalista inglés son muy “documental” de la época (años treinta). ¿Dónde radica el misterio de este filme en el que parece que Patino sólo ha hecho de recopilador?

Si las dos partes de Casas Viejas existen es porque son del director. Ninguna de ellas se realizó en los años treinta, ni mucho menos en el pueblo de Casas Viejas. Ambos episodios fueron rodados y montados utilizando la técnica del cine ruso (para la primera) y del documental inglés (para la segunda). ¿Ha tratado el director de engañar al espectador? En absoluto. Se ha servido del cine para plantear una reflexión sobre la existencia de la propia realidad fílmica. Para que nadie se mueva a engaño esparce una serie de datos, pistas, aquí y allá, para que el espectador sea capaz de darse cuenta de que aquello es una ficción (un mismo actor hace varios papeles, el cura del pueblo es distinto en la parte rusa que en la inglesa...). Una reflexión necesaria y precisa sobre el cine y su poder (y la manipulación en estos tiempos que tanto se utiliza, y lo que es más grave, por medio de gobiernos democráticos) presente en ese filme pero con la que el realizador adorna todo su cine de forma admirable. Trata de que despertemos del ensueño que supone la visión adocenada de tanto filme.

 

La oferta en DVD de la obra de Patino

La distribuidora SUEVIA FILM, con gran criterio, ha brindado al espectador la posibilidad de conocer la obra de Basilio Martín Patino y lo ha hecho a lo grande: sacando en DVD casi todo lo que ha realizado el director salmantino. Faltan sus montajes y periódicos audiovisuales, algunos curiosos cortos que realizó y, también, sus spots publicitarios. También, claro, falta esa obra nunca terminada, y perdida, que hubiera sido Rinconete y Cortadillo. Y se nos priva (por deseo del propio realizador, ya que no la considera como una película suya) de contemplar completo uno de sus largometrajes. El segundo que realizó y que posee un expresivo título unamuniano: Del amor y otras soledades. Bien es verdad que no es bueno, pero realmente tampoco es para despreciarlo en su totalidad. 

SUEVIA ha editado los siguientes títulos: Nueve cartas a Berta, Canciones para después de una guerra, Queridísimos Verdugos, Caudillo, Los paraísos perdidos, Madrid, La seducción del caos, Desde lo más hondo (1ª y 2ª parte), El jardín de los poetas, Casas viejas, Ojos verdes, Paraíso, Carmen o la libertad y Octavia. Como extras en los diferentes DVDs se incluyen los cortos Torerillos, El noveno, trozos de La guerra civil española y Del amor y otras soledades. Como dato curioso indicar que la copia de su última película, Octavia (aparte de contar con muchas escenas que habían sido eliminadas de la versión que vimos en los cines), posee un montaje diferente al de su estreno comercial.

Para presentar su obra, Patino vino a Valencia a finales de febrero. La presentó en la FNAC. Hace años su presencia hubiera colgado el cartel de lleno total. Hoy el local de la FNAC donde tuvo lugar el acto acogió a bastante gente, pero sin aglomeraciones. La política cultural de ciertos gobernantes preocupados más por leer el Marca o por la cultura basura que por (quizá por peligrosos) los verdaderos artistas y, por tanto, por el verdadero arte, es la culpable, en gran parte, de este estado de cosas.

Me parece entrañable el comienzo del artículo que en la indispensable Cartelera Turia valenciana (número 2093) hacía de este acto J. R. García Bertolín y que reproduzco textualmente: “En estos tiempos de olvidos no es de extrañar que la convocatoria a la presentación de la filmografía de Basilio Martín Patino en formato DVD tuviera algo de SOS, de llamada para arropar a un director diferente, a este salmantino rebelde con causa...”

En otro párrafo se hace eco de mi insistencia en el acto por defender su cine: “Cine de culto, realizado en ocasiones de forma casi clandestina y con unos criterios estéticos diferentes y sui generis. Adolfo Bellido, entre proyecciones de fragmentos de su obra, insistía una y otra vez en que hay motivos más que suficientes para revisar la obra de Martín Patino, un director que siempre ha querido expresar lo que lleva dentro con películas documentales. <Cargados de un discurso ácido, el que le provocaba una España que nos sigue doliendo>”.

Efectivamente, se avisó del acto por carta a mucha gente. Fueron muchos de los convocados, pero muchos otros que se enteraron por otros medios. Todos estaban allí para volver a ver, escuchar o sentir la presencia de un artista comprometido y no de esos que se arriman al sol que más calientan. Lo suyo es ser fiel al compromiso. Algo que a ciertos endiosados dirigentes, siempre en posesión de su verdad, no les gusta. Allí había amigos, críticos, algún que otro político de izquierdas (con reservas), gente de acá y de allá y, cómo no, los “encadenados” en pleno. Como queda dicho anteriormente, presenté el acto y a  Basilio. Ambos conversamos sobre su cine y sobre esta España nuestra, que al fin y al cabo es lo mismo. Porque el cine de Patino es la representación de un trozo de nuestra Historia, de los vaivenes de este país al que tanto le duele un pasado que siempre, para desgracia nuestra, sigue  tratando de aparecer cuanto más felices (y creyéndolo superando) nos prometemos. En esta presentación de su obra visionamos trozos de sus películas y hablamos sobre cine, su obra y... otras cosas.

Fueron momentos deliciosos. Con su aire de eterno despistado que nada le interesa o de nada se entera Patino sabe conectar con la gente, hablando con su lenguaje culto y claro. Patino es una rara especie en este mundo vulgar y tramposo.

La última película que ha rodado, Octavia, es un ejemplo de su libertad creativa. Muchos al verla se preguntarán cómo una institución oficial le pudo pagar una película tan atípica sobre Salamanca. Un filme que al mismo tiempo es un canto de amor y de repudia hacia una ciudad, la suya y la mía, que vive anclada en los tiempos. Vieja historia de una ciudad provinciana dominada aún por los ataques malhumorados de los inquisidores o las comidillas de las comadres sin tareas.

Patino estuvo en Valencia. Pasó por aquí explicándonos su cine. Explicando con su porte y sus palabras lo que significa luchar por la libertad. Hay que agradecer que SUEVIA FILM se haya acordado de él y haya sacado al mercado todos sus títulos y, además, a precios asequibles. Es de esperar que de esa manera muchas personas puedan acceder a su obra. Merece la pena conocerla, descubrir que su cine es uno de los más innovadores que jamás se han realizado en España.

¿Sería mucho pedirle a Basilio que haga lo (im)posible por realizar otra nueva película? Pedido queda. El cine español actual (y el joven no digamos) está falto de muchos Patinos.

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