THIRTEEN  
 
Título orginal: Thirteen
País, Año:

EEUU, 2003

Dirección: Catherine Hardwicke
Intérpretes: Nikki Reed, Evan Rachel Wood, Holly Hunter, Jeremy Sisto, Deborah Unger, Kip Pardue, D. W. Moffett, Brady Corbet.
Guión: Catherine Hardwicke. Nikki Reed
Producción: Tim Bevan. Eric Fellner. Holly Hunter.
Fotografía: Elliot Davis
Música: Mark Mothersbaugh
Montaje: Nancy Richardson
Distribuidora: Hispano Fox Films
Duración: 100 minutos
 
 

 

 
 
 
 
 

Las amistades peligrosas

Estamos asistiendo recientemente a una serie de películas que exponen, con mayor o menor fortuna, actuaciones y sucesos que tiene que ver la situación actual en que se encuentra la juventud y la familia en la sociedad norteamericana, desde el análisis de fenómenos como el culto a la violencia, la moda, el sexo, las drogas... a la descomposición de las relaciones familiares, tal y como podemos ver en los últimos trabajos de realizadores como Larry Clark (Bully, Ken Park) o Van Sant (Elephant).

Ahora nos llega Thirteen (2003), la opera prima de Catherine Hardwicke, que aúna la combinación perfecta de una pequeña dosis de escándalo -falso, como veremos más adelante- con aquello de "una historia basado en hechos reales" que tanto gusta a los americanos; el guión está compartido entre la directora y una de las actrices, Nikki Reed, que aportó el testimonio de sus propias experiencias, para contar la historia típica de una familia de clase baja en la que la adolescente entra en contacto a través de una amiga del instituto con el mundo de las drogas, la violencia y el sexo mientras su madre se muestra incapaz de controlar la situación.

La película se plantea, a través de la estructura de la narración, explicar la causa que ha llevado a la protagonista (Evan Rachel Word) a la situación actual (las primeras imágenes muestran a las dos compañeras tomando drogas y golpeándose) para a continuación realizar un flash-back que nos retrotrae cuatro meses antes; todo ello a través de un lenguaje cercano al videoclip, donde el zoom, los desenfoques, las imágenes ralentizadas o la fotografía dura intentan configurar una propuesta de cine independiente (de hecho la película venía avalada por el premio a la mejor dirección en el festival de Sundance).

Ahora bien, bajo esta supuesta mirada arriesgada (lenguaje, drogas, sexo), el filme de Hardwicke se dedica a mostrar más que a analizar, de esta forma vamos asistiendo a un catálogo de tópicos (chica que conoce a otra, que la introduce en malos ambientes, que la madre no puede controlar, que estalla la tensión…) y donde los personajes de las jóvenes protagonistas no tienen ninguna oportunidad de expresar o justificar el porqué de sus acciones, así vemos que la influencia negativa aparece y desaparece de golpe.

Así, al final de la película, cuando parece que no hay salida, la chica mala traiciona a la amiga y la deja libre de su influencia sin mediar ninguna explicación, de esa forma madre e hija quedan libres (última escena donde la chica gira junto con la cámara y grita liberándose) por lo que la conclusión es que la imagen del adolescente no pasa de ser un mero objeto que no tiene capacidad de decisión ni posibilidad de discernir lo bueno de lo malo, y aquí es donde la película se acerca -bajo esa imagen de cine moderno- al telefilme conservador americano (cuidado con permitir la libertad, que luego viene lo que viene).

Queda fuera de esta quema la descripción de la madre, el único personaje que sobre el papel muestra las dudas y vacilaciones de lo que significa enfrentarse con la educación de la adolescente bajo condiciones sociales adversas, y que Holly Hunter encarna con habilidad moviéndose entre el amor a la hija y la incomprensión de lo que le está sucediendo.

En definitiva, después de revisar este Thirteen, si el espectador busca lo que significa el compromiso de la educación entre padres e hijos más vale que vea Buscando a Nemo y para una reflexión real sobre la adolescencia y su entorno social, sumen tres años más, y recuperen Sweet Sixteen de Loach.

Luis Tormo