SER Y TENER  
 
Título orginal: Etre et avoir
País, Año:

Francia, 2002

Dirección: Nicolas Philibert.
Intérpretes: Georges Lopez
Guión: Nicolas Philibert.
Música: Philippe Hersant
Montaje: Nicolas Philibert.
Distribuidora: Karma Films
Duración: 104 minutos
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Enseñar y aprender en la escuela unitaria

Hay una aspecto muy hermoso y creo que muy conseguido en este filme que, por otro lado, nos sabe muy francés: es la sensación suave y creíble que nos transmite del transcurso del tiempo, expuesto a través de la denotación de los trabajos de los campesinos, del cambio de paisajes a través de las estaciones. Quizá sea la extrema sencillez con que se desarrolla la historia documental de esta película la causa de la sensación última que deja en el espectador: no haber visto nada nuevo en la pantalla, sino el espectáculo de ver desfilar ante sus ojos un variado mosaico de situaciones diferentes de unos niños de escuela primaria en el proceso escolar de aprendizaje, junto a un maestro abnegado, paciente y vocacional. Al lado de ellos, las humildes familias de los niños, que los ayudan en sus casas a hacer los deberes escolares. Estamos en el corazón de la Auvernia francesa, en la Francia profunda, en una escuela unitaria cuyo maestro es monsieur Georges López, hijo de un inmigrante andaluz y una francesa, que desde hace más de treinta años se dedica a la enseñanza y le falta año y medio para jubilarse.

A lo largo de la película vemos a los niños, asistidos continuamente por su maestro, aprender a escribir, pintar láminas, aprender la regla de tres, corregir su francés, escribir al dictado, etc. Después viene el recreo con sus conversaciones graciosas e ingenuas, sus peleas, sus travesuras, etc. Cuando viene el buen tiempo, salen de excursión o dan la clase al aire libre. Somos también testigos de las conversaciones personales con su maestro, o de los dilemas que crean a sus padres cuando éstos intentan ayudarles a hacer los deberes. También contemplamos cómo estos niños ayudan a sus padres en las tareas del campo o de las granjas como si fueran ellos casi adultos. Se nos sugiere que la escuela no va a cambiar cuantitativamente la vida de estos niños: ellos seguirán ejerciendo el mismo oficio que sus padres y antepasados -recoger el heno, estar al cuidado de las vacas, trabajar con el tractor-, pero sí cualitativamente; junto al conocimiento de las cosas más elementales, escribir, sumar y restar, etc., el educador les enseña los valores humanos más fundamentales. Es muy significativa y hermosa, por ejemplo, la secuencia en la que le maestro conversa con los dos chicos que se pelean constantemente en el recreo.

Ser y tener tiene un acento melancólico en el sentido que nos está apuntando a un modelo de educación personalizado y cálido que parece ya perderse en los modelos educativos masivos, despersonalizados de nuestra sociedad. Las mismas palabras del maestro, que él dirige a los espectadores, nos lo dan a entender. El verdadero maestro con vocación educadora parece ya una rara avis y ha dado paso al profesor funcionario que sólo sabe de su asignatura y la imparte fría y despersonalizadamente. Es por ello que este filme es más que recomendable para todas las personas que se dedican a las tareas educativas, sean escolares o de otra índole.

El film es un documental (en su versión doblada, oímos, por ejemplo, las voces originales) y la misma cámara realiza muy pocos acercamientos -sobre todo en los momentos más íntimos- para guardar una cierta neutralidad en el documento que se nos quiere mostrar, lo cual provoca una cierta insatisfacción en el espectador. Momentos emotivos como el de la niña que se emociona cuando sabe que va a dejar la escuela o lemas dramáticos de la conversación de un chico que le cuenta entre sollozos al maestro la grave enfermedad de su padre están maravillosamente expuestos, sobre todo por la contención de la cámara que, alejada, asiste con pudor a un momento tan personal.

En su parte negativa, a Ser y tener se le puede achacar de una cierta idealización de la escuela: no se nos muestran carencias ni conflictos serios y la figura del maestro parece la de un santo laico; y más: no sabemos prácticamente cómo es él, qué hace fuera de la escuela, se soslaya incluso su estado civil. Sólo al final se sabe que tiene un coche de la marca Audi.

José Luis Barrrera