Bienvenida
(¿o no?) la República
Una historia sobre la Historia. La rebelión del pueblo (?) o, más
bien, de unos puritanos ingleses contra la corrupción real. Una
especie de prólogo, o experimento sobre el diluvio que años más
tarde iba a caer en Europa ante el empuje de la Revolución Francesa.
Aquí se eliminó a un Rey (ajusticiado por la guillotina); allí,
antes, la cabeza fue cortada por un hacha. Los paralelismos son
curiosos entre ambos hechos. Es como si la caída del monarca inglés
hubiera sido el ejemplo de la Asamblea francesa.
Hace años hubo una película inglesa llamada Cromwell interpretada
por Richard Harris que hablaba de ese hecho. No era una gran cosa,
pero al menos era más divertida y menos engolada que ésta. Y es
que el filme de Mike Barker está aquejado de la misma enfermedad
que atenaza al reinado de Carlos I de Inglaterra: mucho boato
y poca claridad. No basta con hacer que personajes históricos
deambulen por la pantalla para dar rigor a lo contado. O que suelten
(los personajes) esas frases conocidas o menos conocidas que tratan
de acreditar, desde su sentido lapidario, la historicidad de lo
contado. No hace falta sólo retratar ampulosamente hechos, lo
que hay que hacer es expurgar los accesorios y clarificar lo que
se quiere mostrar. Nada de eso ocurre en este oscuro y relamido
título muy en la línea de cierto cine (plúmbeo) inglés. Si, por
volver a las analogías del principio entre Inglaterra y Francia,
tuviera que señalar un título, habría que pensar en la vacuidad
de Patrice Chereau y La reina Margot (al menos novelado
y no histórico a ultranza).
No basta, pues, con unas palabras introductorias y epilogales que
traten de centrar la historia, ni mucho menos sentirnos rodeados
de gentes que existieron para tener la sensación de verdad o de
lección histórica. Y, no lo es, porque la película es oscura en
sus planteamientos, pueril en su desarrollo centrado en una anodina
relación familiar. La mirada del filme sobre la Historia es muy
elemental, de escasa profundidad. Los hechos mostrados para nada
aclaran la situación que se trata de contar, ni la manera de actuar
los personajes, que a veces aparentan estar más cerca de las intrigas
policiales o perversas que otra cosa.
Al final, no se sabrá cuáles son las motivaciones de Cromwell ni
de su amigo Fairfax en este conflicto. Ni tampoco el grupo de
amigos o enemigos que a manera de coro parece rodearles. Más bien,
incluido el rey, son personajes de una pieza puestos ahí para
soltar su discurso. Todo precipitadamente, para que el rodaje
se adecue al de una película de duración normal. Mucho menos se
aclara la posición del pueblo. Y no hablemos para nada de las
múltiples conexiones que existieron en realidad en esa rebelión.
Todo se reduce al grupo de Cromwell (por sus vestimentas, unas
miradas "torvas" y unos detalles más o menos insignificantes),
al que parece no gustarle el "lujo" real y el jefe del Parlamento.
El resto de los grupos implicados (desde el problema religioso
al social) parecen no pintar nada. Para remate, la actuación de
los protagonistas no se aclara, de forma que, por momentos, toda
la narración parece bascular entre un trío: el integrado por Cromwell
y la familia Thomas. La actuación, al comienzo, de Cromwell no
se sabe muy bien si quiere insinuar el "amor" que siente hacia
Thomas o qué otra cuestión. Tamaña (y por otra parte bastante
aleatoria) relación entre los amigos resulta como mínimo extraña.
Otro de los errores del filme es su intento de señalar, sin que
se sepa muy bien la razón, a unos personajes como aparente parte
integrante de la acción. Pero, de eso nada. Como las intrigantes
figuras "negras" de los sectarios de Cromwell, son despistantes
elementos que sirven (quizá) para mantener al espectador en un
vilo innecesario. Es el caso de algún parlamentario o del "extraño"
hijo pequeño de Cromwell al que se le regalan hasta una serie
de primeros planos, para desaparecer de misma manera que ha entrado
en la historia. Eso no es nada serio.
Para remate, el director quiere poner su granito de arena para
destacar su maravillosa clase directora. Se recrea, así, con planos
inútiles e imposibles que no tienen ningún sentido dentro de la
acción como ese que coge a la mujer de Thomas y a una amiga en
una fiesta en una toma desde el suelo o esos otros que toman a
los personajes (¿quiere hablar de seres escondidos?) entre objetos.
Tan mono como inútil.
Ni lección de historia, ni de cine. Todo muy cuidado, como es normal
en las producciones inglesas, pero sin alma, sin fuerza. La ambientación
y los actores bien, pero eso no hace más que dar la sensación
de que asistimos a la proyección de una parte mínima de una amplia
serie sobre el tema realizada para la televisión. Una pena.
Mister Arkadin