MATAR A UN REY  
 
Título orginal: To Kill a King
País, Año:

Alemania, Reino Unido, 2003

Dirección: Mike Barker
Intérpretes: Tim Roth, Dougray Scott. Olivia Williams. James Bolam. Corin Redgrave. Julian Rhind-Tutt. Adrian Scarborough. Rupert Everett.
Guión: Jenny Mayhew
Producción: Kevin Loader
Fotografía: Eigil Bryld
Música: Richard Mitchell
Montaje: Guy Bensley
Distribuidora: Lauren Films
Duración: 102 minutos
 
 

 

 

 

 

 
 

Bienvenida (¿o no?) la República

Una historia sobre la Historia. La rebelión del pueblo (?) o, más bien, de unos puritanos ingleses contra la corrupción real. Una especie de prólogo, o experimento sobre el diluvio que años más tarde iba a caer en Europa ante el empuje de la Revolución Francesa. Aquí se eliminó a un Rey (ajusticiado por la guillotina); allí, antes, la cabeza fue cortada por un hacha. Los paralelismos son curiosos entre ambos hechos. Es como si la caída del monarca inglés hubiera sido el ejemplo de la Asamblea francesa.

Hace años hubo una película inglesa llamada Cromwell interpretada por Richard Harris que hablaba de ese hecho. No era una gran cosa, pero al menos era más divertida y menos engolada que ésta. Y es que el filme de Mike Barker está aquejado de la misma enfermedad que atenaza al reinado de Carlos I de Inglaterra: mucho boato y poca claridad. No basta con hacer que personajes históricos deambulen por la pantalla para dar rigor a lo contado. O que suelten (los personajes) esas frases conocidas o menos conocidas que tratan de acreditar, desde su sentido lapidario, la historicidad de lo contado. No hace falta sólo retratar ampulosamente hechos, lo que hay que hacer es expurgar los accesorios y clarificar lo que se quiere mostrar. Nada de eso ocurre en este oscuro y relamido título muy en la línea de cierto cine (plúmbeo) inglés. Si, por volver a las analogías del principio entre Inglaterra y Francia, tuviera que señalar un título, habría que pensar en la vacuidad de Patrice Chereau y La reina Margot (al menos novelado y no histórico a ultranza).

No basta, pues, con unas palabras introductorias y epilogales que traten de centrar la historia, ni mucho menos sentirnos rodeados de gentes que existieron para tener la sensación de verdad o de lección histórica. Y, no lo es, porque la película es oscura en sus planteamientos, pueril en su desarrollo centrado en una anodina relación familiar. La mirada del filme sobre la Historia es muy elemental, de escasa profundidad. Los hechos mostrados para nada aclaran la situación que se trata de contar, ni la manera de actuar los personajes, que a veces aparentan estar más cerca de las intrigas policiales o perversas que otra cosa.

Al final, no se sabrá cuáles son las motivaciones de Cromwell ni de su amigo Fairfax en este conflicto. Ni tampoco el grupo de amigos o enemigos que a manera de coro parece rodearles. Más bien, incluido el rey, son personajes de una pieza puestos ahí para soltar su discurso. Todo precipitadamente, para que el rodaje se adecue al de una película de duración normal. Mucho menos se aclara la posición del pueblo. Y no hablemos para nada de las múltiples conexiones que existieron en realidad en esa rebelión. Todo se reduce al grupo de Cromwell (por sus vestimentas, unas miradas "torvas" y unos detalles más o menos insignificantes), al que parece no gustarle el "lujo" real y el jefe del Parlamento. El resto de los grupos implicados (desde el problema religioso al social) parecen no pintar nada. Para remate, la actuación de los protagonistas no se aclara, de forma que, por momentos, toda la narración parece bascular entre un trío: el integrado por Cromwell y la familia Thomas. La actuación, al comienzo, de Cromwell no se sabe muy bien si quiere insinuar el "amor" que siente hacia Thomas o qué otra cuestión. Tamaña (y por otra parte bastante aleatoria) relación entre los amigos resulta como mínimo extraña.

Otro de los errores del filme es su intento de señalar, sin que se sepa muy bien la razón, a unos personajes como aparente parte integrante de la acción. Pero, de eso nada. Como las intrigantes figuras "negras" de los sectarios de Cromwell, son despistantes elementos que sirven (quizá) para mantener al espectador en un vilo innecesario. Es el caso de algún parlamentario o del "extraño" hijo pequeño de Cromwell al que se le regalan hasta una serie de primeros planos, para desaparecer de misma manera que ha entrado en la historia. Eso no es nada serio.

Para remate, el director quiere poner su granito de arena para destacar su maravillosa clase directora. Se recrea, así, con planos inútiles e imposibles que no tienen ningún sentido dentro de la acción como ese que coge a la mujer de Thomas y a una amiga en una fiesta en una toma desde el suelo o esos otros que toman a los personajes (¿quiere hablar de seres escondidos?) entre objetos. Tan mono como inútil.

Ni lección de historia, ni de cine. Todo muy cuidado, como es normal en las producciones inglesas, pero sin alma, sin fuerza. La ambientación y los actores bien, pero eso no hace más que dar la sensación de que asistimos a la proyección de una parte mínima de una amplia serie sobre el tema realizada para la televisión. Una pena.

Mister Arkadin