LA SONRISA DE LA MONA LISA  
 
Título orginal: Mona Lisa smile
País, Año:

EE.UU., 2003

Género: Drama
Dirección: Mike Newell
Intérpretes: Julia Stiles. Julia Roberts. Kirsten Dunst. Maggie Gyllenhaal. Dominic West. Juliet Stevenson. John Slattery. Topher Gracee. Ginnifer Goodwin. Marcia Gay Harden.
Guión: Mark Rosenthal. Lawrence Konner
Producción: Deborah Schindler. Elaine Goldsmith-Thomas. Paul Schiff
Fotografía : Anastas N. Michos
Música: Rachel Portman
Distribuidora: Columbia Tristar Films de España
Duración: 100 minutos
 
 

 

 

 

 

 
 

Individuo contra institución

Nos encontramos ante una película correcta, una película que sin duda puede agradar a un buen número de espectadores por los muchos alicientes que ésta tiene, incluso aún cuando la historia que se cuenta es algo manida: la del profesor de ideas liberales que, una vez ganados sus alumnos rebeldes a su causa, se enfrenta a la dirección del colegio que defiende el más feroz conservadurismo.

La historia que se cuenta es la siguiente: la profesora Catherine Watson se ha formado allá por los años cincuenta en la universidad de Berkeley y es contratada como docente en el colegio para señoritas de alto standing. Allí se encontrará con un panorama desolador para ella: una institución de élite donde estudian las jóvenes de la alta burguesía. A estas chicas lo que menos les importa es la carrera universitaria: están a la caza de un buen partido matrimonial, para después sumergirse íntegramente en los aburridos deberes familiares. La profesora intentará, a través de la asignatura de arte que ella explica, que las alumnas, vencidas sus resistencias, piensen por sí mismas, tomen iniciativas, cojan el rumbo de sus vidas y sean capaces de hacer compatible su vida profesional y laboral sin renunciar por ello a la familia. Todo esto lógicamente le acarreará la oposición frontal de la dirección del colegio.

Estamos pues ante un filme que continúa esa especie de subgénero del cine de profesores liberales en colegio conservador: Adiós Mr Chips, Rebelión en las aulas, El club de los poetas muertos. En el fondo, La sonrisa de Mona Lisa es una versión feminista de esta última: es casi la misma época, el profesor Keating es sustituido por la profesora, e incluso el final de ambos, en su puesta en escena, es muy, muy similar: en vez de subirse en el pupitre, las chicas acompañan a la profesora expulsada en bicicleta.

Pero creo que poco importa que el argumento sea bastante conocido y previsible. La película está bastante bien construida y sus otros elementos artísticos, muy bien seleccionados, lo que hace que se vea con agrado. Lo más interesante de La sonrisa de Mona Lisa es la acertada descripción de los ambientas de la sociedad americana en los años 50. Cómo esa época, rebasada la Segunda Guerra Mundial y como reacción a la escalada comunista y la ascensión a la situación de Rusia como potencia internacional, la sociedad americana se fue encerrando en la intolerancia ideológica (la caza de brujas del senador McCarthy, el conservadurismo a ultranza, auge de las llamadas Ligas de la Decencia, la prepotencia de la censura etc.) y en una especie de autoconformismo cultural. Los colegios y universidades se dedicaron a impartir una educación muy tradicional y conservadora anclada sólo en valores que incentivaban la mirada hacia el pasado. La mujer aparecía sojuzgada por un rol establecido que la condenaba a no salir prácticamente de las cuatro paredes de su hogar. Recuérdese lo que en aquellos mismos años Douglas Sirk, el gran cineasta de los melodramas (Invitación a la vida), plasmó allá por los años 50 en las pantallas.

La película está producida e interpretada por la carismática Julia Roberts y es un auténtico recital de esta actriz. Su sonrisa, tan encantadora y enigmática como la de la Gioconda, ilumina muchas veces la pantalla. Se ha rodeado además de un grupo de actrices jóvenes que en nada desdicen el carisma de la veterana actriz.

José Luis Barrera