AL CAER LA NOCHE  
 
Título orginal: The badge
País, Año:

EE.UU., 2002

Género: Thriller
Dirección: Robby Henson
Intérpretes: Billy Bob Thornton. Patricia Arquette. Sela Ward. William Devane. Julie Hagerty. Marcus Lyle Brown. Ray McKinnon.
Guión: Robby Henson
Producción: John Morrissey
Música: David Bergeaud
Montaje: Michael Duthie
Distribuidora: Filmax
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Negra y sucia

Al parecer en su país de origen (USA) el filme se estrenó directamente en vídeo. No porque fuera malo (como este los hay a montones e incluso peores), la razón era muy otra y habría que buscarla en la “ola” de moralidad (y de fariseísmo) que está invadiendo la América del señor Bush. Una vuelta, desgraciadamente, a tiempos pasados. Toquemos madera porque aquí también empiezan a sonar vientos que traen fétidos olores.

Pero, una vez dicho lo anterior, podemos cerrar el paréntesis inicial y decir que la pequeña mordacidad e incomodidad que puede tener la película no impide que estemos ante una cosa muy endeble.

Los puntos de partida pueden recordar a algunas obras maestras de la literatura o del cine norteamericanos: la vida parada, monótona en una pequeña población sureña y concretamente en la zona de Louisiana, que se ve sacudida por un asesinato. El comienzo, con ese sheriff cansado, aburrido, recuerda demasiado al personaje grandioso de Yo vigilo el camino de Frankenheimer. La “suciedad” del ambiente, es decir la hipocresía de unos personajes que van a lo suyo, podía llevarnos, además, a las novelas de Jim Thompson. Pero una cosa y la otra es un espejismo. No basta con introducir con calzador ideas y más ideas para llegar a una dura reflexión sobre la realidad USA. La acumulación puede resultar contraproducente, aparte de ir desviando la atención sobre el punto central del relato. Pero aquí no hay centro, ni línea definitoria y sí un cúmulo de (despropósitos) personajes, situaciones y temas que acaban por ser agobiantes. A la sorpresa inicial de la falsa mujer muerta (es un transexual) se une el conflicto religioso, político, social, personal y, al parecer el más importante (por resultar el detonante de la situación), de la identidad sexual...

Se trataría, en cualquier caso, de abogar por una permisividad de formas y actuaciones pero, eso y todo, está tan mal dado, contado con tan poca efectividad que la película (y de ahí que, a pesar de sus motivaciones, no sorprenda su pase directo en muchos países a la explotación en DVD) termina por parecerse más a un telefilme que a cualquier otra cosa.

Eso sí, el director (y al mismo tiempo guionista) se empeña en hacernos digerible lo intragable adornándolo con una fotografía sucia, oscura, que desea estar a tono con lo degradado de la situación. Algo que ni basta, ni alcanza su sentido. Como tampoco el deambular del personaje principal, el sheriff de marras interpretado pro Billy Bob Thornton haciendo, una vez más... de Bob Thornton, que al final se da cuenta de su error al despreciar a los que no siguen sus propios deseos sexuales: el final admitiendo a su hermano homosexual es de un ridículo “encantador”. Un final en el que, además, nos quedamos sin saber a ciencia cierta si el personaje que interpreta Patricia Arquette (¡mujer del transexual!) es mujer o transexual.

Ni unos ni otros, parece decir la película, en cuestión de política, porque también en eso se recrea (malamente), ya que toda la historia transcurre en unas elecciones. Tanto los demócratas como los republicanos terminan por salir malparados explicando el director (al votarse otra opción) que el futuro está en los independientes. Pues qué bien...

Pero si todo es pobre, el forzado final termina por llevar la película a la más total de las nimiedades: el transexual asesinado, a pesar de que hacia ello parece encaminarse el filme, no lo ha sido como producto de ningún trapicheo político y sí por un perturbado que desde el principio suena a culpable por todos los costados (sí para el sufrido espectador y no para el liante del guionista-director).

Sin que venga a cuento se acelera o ralentiza la imagen, se pasa del color al blanco y negro, se buscan insólitos (y bastantes feos) ángulos de cámara. O sea, que el señor Henson, en su primer largometraje, no parece estar demasiado entonado. Habrá que esperar una nueva (si le dejan después de este fiasco) película de este director. Una segunda oportunidad no se le debe negar a nadie.

Una pregunta a quien corresponda para final: ¿por qué se le ha dado este título a esta película cuando existe al menos otra estrenada entre nosotros con este mismo nombre?

Mister Arkadin