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El
dreamcatcher (atrapa sueños) es
un ornamento indio que supuestamente captura las pesadillas para procurar
el descanso a su poseedor. Salvo su forma de telaraña que representa la
amistad, el título no tiene otra relación con el objeto. Una unión en
torno a una persona tan débil como poderosa para protegerla frente a
quienes amenacen el círculo establecido. Unos lazos que se remontan al día
en que salvaron a Duddits (Donnie Wahlberg, el que fuera cantante del
grupo New Kids On The Block y más
famoso que su hermano Mark) de la humillación de unos gamberros. Un acto
heroico del ayer que les prepara –dotándoles de dones especiales- para
algo más complejo en un futuro. Quinto amigo, sentido y elemento. Los
personajes en varios momentos escriben SSDD, aunque lo parece, no apela de
algún modo a Duddits, ni tampoco significa “somos diferentes”, sino
que son las siglas de Same Shit Different Day (literalmente: misma mierda, diferente día)
algo más fino en la versión doblada.
Con
lo expuesto hasta el momento podemos ver detalles del autor de la
historia: un grupo de niños corriendo aventuras, como en Cuenta
conmigo, o que el más desfavorecido tenga algún poder como Carrie;
no serán las únicas constantes que encontraremos. Parece como si la
incansable imaginación de Stephen king hubiera tocado techo (o fondo) y
fuera su obra definitiva, o la más aglutinante de sus creaciones. Cuando
un grupo de animales corre despavoridos a través del bosque en una misma
dirección es imposible no recordar El
cementerio de animales. Estamos en el estado de Maine donde siempre
transcurren sus relatos, en cuyos bosques, como en Tommynockers,
se establecen los extraterrestres. Alcanza el máximo de lo personal en el
momento en que uno de sus personajes es atropellado brutalmente por un
automóvil, como le sucedió al propio King.
No
sólo son los detalles o los momentos lo atribuible al escritor; su
ausencia de sutileza y la ironía son las claves con las que rellena su
relato visceral y terrorífico. Dreamcatcher
es una película “abárcalo todo”: desde la propagación de una plaga
como la de Estallido, a la
invasión alienígena a lo Independence
Day. Película de buenos sentimientos, bélica, en clave de comedia
aunque con momentos repugnantes y de terror. Nada escapa a las garras de
King, y todo se le escurre, aunque los irreverentes zarpazos a otros
textos no dejan indiferente. Retoma la tradición del cine de ciencia
ficción de antaño como Los
secuestradores de cuerpos, en el que los peligrosos seres espaciales
representaban al comunismo, llevándoselo a su terreno. La primera aparición
alienígena es esclarecedora. Llega al refugio donde se reúnen anualmente
los cuatro amigos un hombre con malestar: la tripa hinchada, una mancha
roja en el rostro y una fuerte aerofagia. Lo gases que emite el sujeto
–disparan la comicidad- y su hinchazón estomacal empeoran. Cuando
Jonesy (Damien Lewis) y Beaver (Jason Lee) van a la habitación donde lo
han dejado reposando instantes antes se la encuentran vacía y totalmente
enrojecida. Sus ojos se dirigen hacia el cuarto de baño. Allí, McCarthy
(así se llama el infectado, suponemos que rindiendo cuentas con el
anticomunista senador), sentado en la taza comienza a dar a luz, de forma
no muy diferente a como lo hacían los Aliens, pero sin necesidad de reventar el estómago, en lo que se
podría considerar como el nacimiento de un comunismo de mierda. Defeca,
causándole la muerte, una babosa asesina como las de Slugs, muerte viscosa, que por unos instantes Beaver consigue
retener sentado en el inodoro -risas, asco, tensión…-. En varios planos
queda totalmente desmitificada la escena de la ducha de Psicosis. A continuación, lo ridiculizado (y ya era bastante ridícula)
es la secuencia de Mel Gibson en Señales,
hurgando bajo una puerta intentando ver a los extraterrestres. Una
secuencia que acaba con un nuevo portador para el alienígena y quién iba
a ser si no, el pelirrojo.
Invasores
comunistas que han de ser eliminados por los militares más
especializados. Hay que erradicar alienígenas y contener la plaga. Esa es
la dedicación de Curtis (Morgan Freeman), que dirige un comando al amparo
de una legislación especial, la suya. Su mayor orgullo es ser poseedor de
un revólver que perteneció a John Wayne, esa es su ley, la del “hago
lo que quiero porque yo soy la justicia”. Otro guiño surge en este
instante al mencionar a un tal General Matheson, un alto cargo para un
novelista de ciencia ficción. Abraham Owen Underhill (Tom Sizemore) es el
sucesor de Curtis, un hijo para él, pero aunque pertenece a su cuerpo de
elite no es tan radical, por lo que acaba rebelándose, frente a la
decepción y reprimenda del padre. A diferencia de la ciencia ficción que
toma como referencia, existe el bien y el mal en todos nosotros, en
extraterrestres y en humanos. No todo es blanco o negro. Entre el
extraterrestre que desea eliminar a los humanos por la supervivencia de su
raza y Curtis, con idénticas intenciones con los otros, se encuentran el
resto de seres vivos con sus virtudes y su miserias.
Jonesy,
desde que adquirió los poderes, creó un almacén de recuerdos, un lugar
en su memoria inaccesible para sus amigos telépatas, que posteriormente
le sirve para seguir vivo en su interior cuando su cuerpo es poseído por
el extraterrestre. Esa dualidad la resuelve Lawrence Kasdan con el mismo
recurso que se usa en Las dos torres
con Gollum, estableciendo
un plano contraplano del mismo actor con matices en las interpretaciones.
Mientras que Kasdan se limita a plasmar el imaginario de King, a través
de lo que parece una mera traslación mental de la novela, la aportación
de Goldman al guión -que de King ya había retocado Misery
y Corazones en la Atlántida- se centra en equilibrar y depurar las
psicologías de los personajes, porque el resto es una coctelera genérica
que desarma al espectador y no sabe con qué quedarse. La sensación de
haber asistido a un espectáculo de factura aceptable con bastantes medios
económicos a tenor de los efectos especiales. Una más de Stephen King
–él, según dice, contento y satisfecho con el resultado- cinematográficamente
carente de autoría, a medio camino entre las grandes adaptaciones de sus
obras, y tantas y tantas otras con regusto, lo fueran o no, a telefilme de
sobremesa.
Israel L. Pérez
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Título:
El cazador de sueños. Dreamcatcher
Título Original: Dreamcatcher
País y año: EE.UU.
, 2002
Género: Fantástica
Dirección: Lawrence Kasdan.
Interpretes:
Thomas Jane. Morgan Freeman. Tom Sizemore. Jason Lee. Damian Lewis.
Timothy Olyphant.
Guión:
William Goldman.
Producción:
Lawrence Kasdan.
Música:
James Newton Howard.
Montaje:
Carol Littleton. Raúl Dávalos.
Distribuidora:
Warner Sogefilms
Calificación:
No recomendado menores de 13 años
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