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He
aquí la gran sorpresa de un verano repleto de estrenos mediocres.
Agradable y hermosa sorpresa la que nos depara Kenneth Lonergan en su
primer filme. Es un desconocido a medias, al menos para el público español.
Su actividad fundamentalmente se ha concentrado en el teatro. Ha escrito
varias obras y es uno de los miembros más activos de la compañía
teatral neoyorquina “Naked Angels”. En realidad la mayor parte del
reparto de esta película pertenece a dicha compañía.
Hasta
ahora en cine había escrito algunos guiones. El más conocido Una
terapia peligrosa, que aunque se inspire (y no se acredite) en una
idea de Wilder (algo que se puede leer en varios libros y en su
autobiografía), no deja de ser un buen guión estropeado por la
equivocada realización de Ramis, un director que sólo, por el momento,
ha hecho diana con Atrapado en el
tiempo. Un cazatalentos como Scorsese ha echado el ojo a Kenneth
Lonergan. Ha sido el productor ejecutivo de su primera obra, además de
haberle tenido como coguionista en el filme que acaba de terminar y en el
que Scorsese hará a continuación.
De la
sencillez de la película –no confundir con la tontería o la
desfachatez autoral–, de su “humildad” deberían aprender mucho esa
serie interminables de realizadores españoles, que nos martirizan últimamente
con sus insoportables obras.
¿Qué se
cuenta? Casi nada. Simplemente el discurrir durante unos días de unas
vidas en una ciudad sin horizontes de la América profunda. El encuentro
de dos hermanos, aparentemente muy diferentes, su necesidad de sentirse
queridos y que intentan alcanzar un sentido (difícil) en sus vidas. La
llegada del hermano Terry (Mark Ruffalo, actor que nos recuerda a Marlon
Brandon –curiosamente también llamado Terry- de La ley del silencio) supondrá un replanteamiento y un darse cuenta
del vacío en el que vive en la existencia de
Sammy (la extraordinaria actriz Laura Linney, que da todo un
recital de buen interpretar) y de su hijo, y por tanto sobrino de Terry,
Rudy (un muy aceptable Rory Culkin hermano del niño palizas de tantas
horrorosas películas norteamericanas producidas o dirigidas por el
insoportable Columbus).
Un prólogo
antecede a esa llegada. Duro y eficaz, rodado con
una apropiadísima utilización de la elipsis, algo que se extiende
a todo el filme. ¿Qué ocurre? Un matrimonio regresa en coche a casa.
Hablan entre ellos. Es un día cualquiera. Pero ese día se transforma en
tragedia. Un accidente de circulación y su muerte. Pasamos a una casa
donde en una habitación juegan dos hermanos, un niño y una niña. Una
joven está con ellos (¿un
familiar? ¿la canguro?). Un policía llama a la puerta. No escuchamos lo
que habla con la joven. Pero intuimos la muerte de los accidentados y
“sabemos” que los niños son los hijos. Salto a la Iglesia. Se
alternan los planos de los niños llorosos en el banco con sus manos
entrelazadas y el de la mujer (¿sacerdote? ¿ayudante?) que habla en el
oficio fúnebre. No se escuchan sus palabras tópicas, probablemente
hablando de consuelo, de designios... Algo que tampoco escucharan esos niños
acongojados que han quedado huérfanos. En pocos minutos se ha planteado
una situación. Ahora saltaremos años después. Los dos hermanos son ya
unos jóvenes. Ella tiene un niño. El hijo nunca ha visto a su padre. El
hermano vive en otro lugar, lejano. Su vida es un desastre, pero ¿acaso
la de su hermana es más satisfactoria?
El
hermano vuelve a la localidad donde transcurrió su infancia y donde sigue
viviendo su hermana. La película va a contar la relación de los tres
personajes (hermanos e hijo y sobrino) durante unos días. La relación
entre los tres. Su amor, sus conflictos, sus ilusiones y desengaños.
Finalmente la marcha de Terry hasta... no se sabe cuando.
Sammy y
Terry viven de diferente forma su insatisfacción. Ella aguantado la vida
en una ciudad parada, hipócrita, llena de chismes o de pequeños
problemas. Todos se conocen, todo es idéntico día a día. Una vidas sin
futuro. Un jefe de banco histérico, que guarda las forma, casado,
esperando un hijo, pero que desea acostarse con su empleada. Un trabajador
que sale con Sammy, callado, amándola en silencio, saldando su abulia con
esporádicos encuentros sexuales con la chica que quiere (¿o admira?). Un
niño que mira, observa, pregunta, trata de ser y de entender.
La mirada
del director se extiende sobre la ciudad, sobre los personajes. La cámara
escruta los rostros de los seres, sus gestos. Un cine de sugerencia y
miradas, donde nadie pontifica, donde no hay moralina, sólo la muestra de
unas vidas corrientes.
Hay
secuencias realmente admirables: la llegada del hermano al pueblo siendo
reconocido por todos, la comida de los dos hermanos en el restaurante, el
niño aprendiendo a clavar clavos con un martillo, Terry en su habitación
de niño sentado junto a su antigua cama ahora ocupada por su sobrino (y
la conversación entre ambos), el caminar de Rudy bajo la lluvia, Sammy y
Rudy esperando despedirse de
Terry a pesar que parece que no llegará, la secuencia del billar, la
despedida de los dos hermanos, Sammy en el coche tratando de buscar la
solución a su conflicto entre los dos hombres de su vida, la visita de
Terry al padre de Rudy para que ambos se conozcan.... Momentos mirados,
observados por una cámara precisa, que se fundamenta en gestos,
actitudes, en el movimiento de los actores.
Hay que
señalar el gran final, expresión de todo el filme. Terry se marcha en el
autobús, no sabe muy bien qué va a hacer. Al fondo se ve pasar el
paisaje, los lugares que va dejando. Primero se pueden ver las casas, los
árboles, luego todo será como una pintura verde o blanca que se entrevé
por la ventana del móvil. Su prisa por salir de esa ciudad de nadie, inútil,
que nade le dice, pero también su prisa por estar en el mundo pero sin
saber en cual. Luego pasamos a Sammy. La vemos conduciendo el coche. Después
una especie de plano subjetivo en el que vemos cómo la mujer se introduce
en el pueblo. Es absorbida, tragada por él. Una vida sin alicientes la
espera enclaustrada en ese lugar del que nunca ha querido salir. En el
colegio está Rudy, un futuro que también aparece enigmático.
Hermosa
película realizada con cuatro duros y mucho talento. Es, para mí, la
gran sorpresa del año. Probablemente la podría calificar como
interesante, pero por otras muchas causas la catalogo como una gran obra.
Por eso, por su sencillez, su encanto, su manera de mirar una realidad que
no es nueva, pero que se retrata con
una precisión modélica. La película triunfó en varios
festivales y fue nominada para dos Oscars, el de la mejor actriz y el
mejor guión original. No alcanzó ninguno. Era lógico. No era un filme
que le interesa avalar a las grandes productoras. Era simplemente una
pequeña y admirable película. Apunten el nombre de su director, y el de
los dos actores principales, si tienen apoyo (y el de Scorsese es bastante
interesante), van a dar mucho que hablar en el futuro., Veremos. De
momento, si aman el cine y la vida no se pierdan esta sorprendente película.
Sin duda todos los que han intervenido en ella también pueden contar con
nosotros. Por cierto Kenneth Lonergan, autor del argumento, guión y
dirección, interpreta también un pequeño papel.
Adolfo
Bellido |
YOU
CAN COUNT ON ME
Dirección
y guión: Kenneth Lonergan.
País: USA.
Año: 2000.
Duración:
109 min.
Interpretación: Laura Linney (Samantha 'Sammy' Prescott),
Mark Ruffalo (Terry Prescott), Matthew Broderick (Brian Everett), Rory
Culkin (Rudy), Amy Ryan (sra. Prescott), Michael Countryman (sr. Prescott),
Adam LeFevre (sheriff Darryl), Halley Feiffer (Amy), Whitney Vance (Terry
de pequeño), Peter Kerwin (Sammy de pequeña), J. Smith-Cameron (Mabel),
Jon Tenney (Bob Stegerson), Kenneth Lonergan (Ron), Gaby Hoffmann
(Sheila), Nina Garbiras (Nancy Everett).
Producción: Barbara De Fina, John Hart, Larry Meistrich
y Jeff Sharp.
Producción ejecutiva: Martin Scorsese, Steve Carlis,
Donald C. Carter y Morton Swinsky.
Música: Lesley Barber.
Fotografía: Stephen Kazmierski.
Montaje: Anne McCabe.
Diseño de producción: Michael Shaw.
Dirección artística: Shawn Carroll.
Vestuario: Melissa Toth.
Decorados: Lydia Marks.
Dirección de producción: Jill Footlick y Jamey H.
Zelermyer.
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