El bosque animado
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El bosque animado

La enésima producción estrenada este verano llena de buenas intenciones y pobres resultadosResulta difícil criticar una propuesta en principio tan atractiva como ésta: a partir de la novela homónima de Wenceslao Fernández Florez (que ya fue adaptada al cine por José Luis Cuerda) se nos presenta la primera película europea enteramente realizada por ordenador, con un gran despliegue de técnicos (sobre todo gallegos), y con un guión surgido del prestigioso taller de guiones dirigido por la gurú Linda Seger en tierras gallegas hace un par de años.

Si el diseño de personajes es atractivo (aunque con evidentes deudas con los Bichos de Pixar & Disney) y la música y las canciones de Luz cumplen una función análoga al modelo disneyano (hacen avanzar la acción y transmiten con elegancia los sentimientos de los personajes), no se puede decir lo mismo del guión: la historia comienza en el bosque, con el conflicto entre los viejos árboles y el nuevo y engreído poste de teléfonos... pero este conflicto desaparece de la película a los diez minutos, para centrarse en las peripecias de topos, luciérnagas y moscas en su enfrentamiento con el hombre. No hay enlace entre ambas tramas y, de hecho, no volvemos a saber nada de los árboles hasta un breve epílogo en el que, una vez más, se aboga por la naturaleza frente a la obra del ser humano, quizá por si no había quedado clara la frase-mensaje que se repite una y otra vez en el filme: “que el hombre te ignore”.

Además, falla la estructura. La historia no avanza con agilidad, no apasiona. Esto permite al espectador, entre bostezo y bostezo, advertir que tras el elegante diseño de fondos y personajes se esconden unos movimientos más torpes y bruscos de lo deseable (especialmente cuando los protagonistas suben escaleras o trepan por los árboles), por lo que ni siquiera esa primera impresión de excelente factura técnica se mantiene a lo largo de la proyección.

Quedan, eso sí, las buenas intenciones y un esfuerzo de producción más que notable... aunque tampoco acaba resultando suficiente para mantener el interés de los más pequeños, quizá porque éstos ya están habituados al dinamismo de las producciones Disney y este tipo de lenguaje audiovisual le resulta, como mínimo, algo lento.

Mr. Kaplan

 

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