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CONAN, EL MUY BÁRBARO por Mister Kaplan

1.- Carne y sangre

"Aquello que no nos mata nos hace más fuertes"
(Friedrich Nietzsche).

Durante cinco largos años, Edward R. Pressman estuvo peleando para obtener los derechos para el cine de Conan, el bárbaro, unos relatos de Robert E. Howard que en los años setenta habían adquirido gran notoriedad sobre todo gracias a las adaptaciones al cómic realizadas por Frank Frazetta.

Hubo en aquella época un primer guión de Ed Summer y Roy Thomas (un novelista de la Marvel que también repetiría en la historia inicial de Conan, el destructor). Sin embargo, no satisfizo a los productores, por lo que se encargó una nueva historia a Oliver Stone, quien ofreció una aventura llena de magia y violencia que, según sus propias palabras, "era el primero de doce guiones. Arnold debía haber vuelto cada año como Conan, algo parecido a la serie de James Bond... pero lo vendieron mal".

En esa fase del proyecto ya habían rechazado dirigir la película nombres como Roger Donaldson, Alan Parker o Ridley Scott, por lo que Pressman pensó en que Stone debutara como director al lado de Joe Alves (un técnico especialista en efectos especiales en títulos como Tiburón). Finalmente, el proyecto fue vendido a Dino De Laurentiis y éste lo produjo a través de la Universal, con la condición de que fuera John Milius quien lo dirigiera.

Ya en manos de Milius, el proyecto iba a ser una trilogía, con un primer episodio dedicado a la fuerza, un segundo centrado en la responsabilidad, y el tercero en torno a la tradición y la lealtad. Pese al éxito de la primera entrega, en la secuela no repitieron ni Stone en el guión, ni Milius en la dirección, siendo sustituidos por Stanley Mann y Richard Fleischer, respectivamente. De hecho, de los grandes nombres del primer equipo técnico, sólo repitió Basil Poledouris en la música, en ambos casos de corte operístico y omnipresente, aunque con una capacidad de sorpresa mucho menor en el segundo título, Conan, el destructor.

Las dificultades para poner en marcha el proyecto (cuyos derechos estaban tan repartidos que hubo que crear una sociedad entre individuos que en aquel entonces ni se hablaban, sólo para poder venderlos a De Laurentiis), no se centraron sólo en la historia. Una vez cerrado el reparto y la preproducción, cuyo rodaje estaba previsto en Yugoslavia, hubo que cambiar las localizaciones debido a la inquietante situación política que se vivía en los Balcanes... y que acabó con una guerra hoy ya casi olvidada.

Este hecho permitió que John Milius rodara por segunda vez en España (la primera vez había sido en Almería y el desierto de Almerinar, con El viento y el león). El 7 de enero de 1981 el rodaje daba comienzo en localizaciones como la ciudad encantada de Cuenca (la escena de la bruja que se transforma en fuego), Segovia (el asalto inicial al campamento), Ávila (la rueda del sufrimiento), así como exteriores en Madrid, Almería y Almerinar (los paisajes desérticos, los viajes, las batallas), además de dos hangares abandonados en Madrid por las fuerzas armadas, que fueron utilizados para construir los decorados más grandes desde que Bronston trabajara en España.

De aquella época es significativa la entrevista que realizaba un tal Fernando Trueba (más tarde director de cine y ganador del Oscar por Belle epoque) al propio Milius en la desaparecida revista Casablanca (número 4, abril 2001). Mientras Trueba formulaba las preguntas propias de un joven fascinado por un gran director al que consideraba el último gran aventurero, Milius se limitaba a contestar que no le gustaba el cine, que no le gustaba la televisión, que su actor favorito era John Wayne o que las películas que criticaban al ejército americano eran irrespetuosas con los soldados yanquis. Estas afirmaciones, que no acababa de encajar bien el joven Trueba, se veían apoyadas por una definitivamente irreductible: "mi ambición era ser general, no director de cine... y filmar Conan es lo más parecido a una batalla de gran magnitud". No en vano, en su sillón de director había escrita una insignia, "Obersturmanfuhrer Milius, Von Milius", que venía a ser algo así como la constatación de un hecho innegable: al mando del rodaje de Conan había un auténtico dictador en potencia, un hombre amante de la sangre, la carne, el fuego, las armas, el ejército, la disciplina. Su cine posterior como director demostró que, efectivamente, Milius es un tipo de una ideología discutible. Aunque, curiosamente, era la persona ideal para hacer de Conan, el bárbaro un trabajo singular.

2.- Aquello que no te mata te hace más fuerte

"Lo mejor de la vida es aplastar a tus enemigos, verlos destrozados y oír el lamento de sus mujeres"
(primeras palabras de Conan en el filme).

La edición de Conan, el bárbaro y Conan, el destructor en DVD permite apreciar hoy no sólo las numerosas diferencias entre ambos filmes, sino también documentar gran parte de los procesos que condujeron finalmente a la gestación de ambos títulos. Los numerosos extras de los dos DVDs hacen al menos recomendable para los adictos al cómic echar un vistazo a ambos...

Aunque a nivel de películas, sólo la de Milius resiste bien el paso del tiempo, quedando la secuela dirigida por Richard Fleischer como un título a medio camino de todo, pero muy poco interesante: ni el grupo salvaje es tan salvaje, ni los paisajes mejicanos pueden competir con los españoles, ni el exceso de diálogo ayuda a saborear la aventura del cimeriano (un tipo que hablaba poco, tanto en los comics como en el primer filme), ni el humor pedestre ayudaba a que aquello fuera creíble, por no hablar de una escena final calcada de La guerra de las galaxias, con la recepción oficial de la reina a los héroes ante los ejércitos formados.

De Conan, el destructor se salva la fotografía de Jack Cardiff (pese a cierta tendencia a abusar de los filtros), la criatura creada por el entonces en boga Carlo Rambaldi (con ciertos toques de Alien, no hay que negarlo), la música de Basil Poledouris (que repite gran parte de los temas de la primera, aunque con otras orquestaciones) y cierta ironía que aporta Schwarzenegger a su personaje (y es que el tono exagerado y paródico del resto de sus héroes iba a acabar imponiéndose en su filmografía: pero no era ese el tono que convenía a Conan, al menos tal y como lo visualizó Milius en la primera aventura).

Una voz en off nos introduce en la leyenda. Los créditos se superponen a la creación de una espada forjada al fuego, con la cara de Conan niño asistiendo admirado. Su primer aprendizaje, de manos de su padre, será escueto: "sólo somos hombres, ni dioses, ni gigantes... en nadie puedes confiar, ni hombre, ni mujer, ni animal; sólo en el acero puedes confiar".

En Conan, el bárbaro, los primeros minutos ya dan una idea del espectáculo que nos espera: unos bárbaros arrasando el poblado de los cimerianos y dando muerte a todos los adultos, incluida la madre de Conan, que muere a manos del mismísimo Thulsa Doom. Todo ello sin diálogos, una larga carnicería apoyada sólo en la vibrante música de Basil Poledouris, que fue elegido por Milius porque éste recordaba haber escuchado alguna pieza musical primitiva suya mientras estudiaban juntos en la Universidad: "y Milius, sabiendo que la película iba a tener poco diálogo, me pidió una música que fuese como una ópera". Una música primitiva, con potentes percusiones y la voz humana utilizada como un instrumento más: una joya musical que posteriormente el mismísimo Jerry Goldsmith homenajeó (¿o quizá plagió?) cuando compuso el tema principal de Desafío total, curiosamente también interpretada por Schwarzenegger.

Hecho prisionero, una bella elipsis nos mostrará el crecimiento de Conan, siempre dando vueltas en la rueda del sufrimiento, mientras sus compañeros van muriendo hasta quedar él solo dando vueltas al molino. Es su segundo aprendizaje: la hora de hacerse fuerte, resistir o morir. Un aprendizaje donde sobran las palabras.
Su tercer aprendizaje, esta vez como gladiador, no será más complejo: "eh, tú, lucha o morirás". Son las palabras con que le lanzan a la arena. Y lucha, vaya si lucha. Este aprendizaje sintético fue repetido leoninamente por Ridley Scott en Gladiator... aunque sus peleas fueron menos feroces, pese a las apariencias.
Pasados veinticuatro minutos de película, oímos hablar por vez primera a Conan: aplastar a los enemigos y ver sufrir a sus mujeres, así resume el cimeriano lo mejor de la vida. Toda una declaración de principios para un hombre que hablar, habla poco.

Tras ser dejado en libertad por su señor, Conan vaga por distintos paisajes buscando la venganza. En su deambular le acompañan algunos amigos (un mago y un guerrero al que salva de la muerte, personajes que encarnan Mako y Gerry López, quienes repetirían en la segunda parte), descubre el amor y el dolor a manos de una valkiria (interpretada por la atlética Sandahl Bergman, descubierta por Bob Fosse en All that jazz), golpea y mata sin piedad, incluso descubre los placeres del dinero y de la carne (la Bergman pone toda la carne en el asador, algo que se agradece), de la vida fácil, del alcohol... Mientras se desliza por el tobogán de la autodestrucción, salvará la vida porque un rey (magistralmente interpretado por Max Von Sydow en una de sus primeras actuaciones comerciales, al margen del cine de Bergman) desea que rescate a su hija...

Y ahí comienza la aventura final. La búsqueda le conducirá a la guarida del mismísimo Thulsa Doom (interpretado con una mezcla de ironía y sabiduría por James Earl Jones), y ahí llegará la hora de la venganza. Antes aporreará camellos, golpeará monjes, matará hombres y asistirá aturdido a una orgía que uno (también aturdido) nunca esperaba ver en una producción comercial de los años ochenta (y que, desde luego, hoy no podría verse): es la prueba definitiva de que los elementos que maneja Milius no son aptos para todos los públicos.

"¿Qué es el poder del acero comparado con el poder de la carne? ¿Qué es el acero comparado con la mano que lo maneja?". Las palabras de Thulsa Doom ante un Conan en cautiverio, sirven de apoyo a otras de las tesis de la película: Conan resistirá pese a ser crucificado, incluso resucitará y volverá del más allá para cumplir su venganza. Las probables connotaciones cristianas de estos datos son solventadas por Milius a base de brutalidad: Conan se come al buitre que está picoteándolo en su cruz/árbol, salva la vida por la intervención de la valkiria también resucitada y, desde luego, no es un ángel salvador, sino un exterminador dispuesto a cortar por lo sano, de ahí que no tenga reparos en exhibir la cabeza cortada de su enemigo en la escena final. Mía es la venganza, que dijo aquél.

3.- Una ópera de fuego y muerte

"La guerra de las galaxias hecha por un psicópata"
(Crítica en la revista Time).

En su estreno la película despertó ampollas. La crítica de la revista Time, una de las más breves que se recuerdan en su historia, es suficientemente significativa: demasiada carne, demasiada sangre, demasiados muertos, demasiada violencia...

Eran tiempos en que Reagan era el prototipo de presidente y La guerra de las galaxias el prototipo de cine comercial. Curiosamente, hoy los tiempos no han cambiado mucho y los actores siguen dominando la política, mientras Lucas sigue invadiendo las salas con sus sagas infantiles.

Quizá por ello conviene revisar un filme que se adelantó en muchos años a la moda de los comics adaptados a la pantalla grande. Y lo hizo con un título ajustado sobremanera al lenguaje original, algo que en la pantalla hemos vuelto a ver sólo veinte años después, con la adaptación de Hulk en manos de Ang Lee, aunque en este caso no sólo se ha respetado la violencia y la complejidad del personaje, sino también cierto lenguaje visual cercano al mundo de las historietas gráficas.

Con su introducción y su cierre con la voz en off, un narrador que no es otro que el mago interpretado por Mako (doblado por Paco Rabal en la versión hispana), la película daba a entender que era el inicio de una saga. Precisamente que el narrador fuera un co-protagonista (pero sólo de algunas fases de la película) da idea del carácter mítico que también se intentaba transmitir a la aventura. La imagen final del cimeriano pensativo, esperando las nuevas aventuras que le ofreciera su dios Crom, fue repetida al final de la segunda entrega... pero no fue más que un cliché. En realidad la torpe secuela dirigida por Richard Fleischer, con su distanciamiento a base de humor y su drástica reducción de la violencia, marcaron el destino de Conan: la muerte prematura.

No ha habido más secuelas oficiales. Aunque sus hijos bastardos se extendieron durante los ochenta (destacando El señor de las bestias) y aún hoy llegan incluso a la televisión (con Xena a la cabeza). Pero son productos suaves, con poca carne y casi ninguna sangre, con muertes en off y humor de pacotilla. El verdadero espíritu de Conan, el bárbaro se perdió con la primera película, aquella que ofrecía en la escena de la muerte de la valkiria (la única mujer que Conan había amado), uno de los momentos de cine más bellos de los ochenta: Subotai, el guerrero interpretado por Gerry López, llora mientas Conan, imperturbable, prende fuego la pira con el cuerpo de su amada valkiria. Y mientras llora, nos explica sus motivos: "él es Conan, el bárbaro. Él no llorará. Yo lloro por él". Eso es cine. Puro cine.

Por Mister Kaplan

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