Principal
Arriba

Cuando ruge la marabunta
Aquí un amigo
Con la muerte en los talones
Rashomon-Chicago
Cinema Paradiso
Sin perdón
El último de la lista
Ópera prima
Los otros
El valor del cine
Malalts de tele
Network
El bazar de las sorpresas
Gremlins 2
Ábrete de orejas
Farenheit 451
Retorno al pasado


He aquí la segunda página que dedicamos a la televisión (la otra es Malalts de tele). Sumadas os ofrecen mucho más que un análisis de la programación televisiva: constituyen toda una filosofía de vida.

 GUERRA Y PAZ EN TELEVISIÓN

Por Ángel San Martín

Durante las semanas pasadas hemos vuelto a comprobar todo el poderío que es capaz de desplegar la televisión. Sé que me repito, pero las circunstancias obligan: el medio de medios sigue siendo la televisión. Cierto que hoy no se explica sin el cine, la informática o internet, pero a todos ellos los neutraliza imponiendo su lógica de espectáculo de masas, ahora postmoderno. El relato televisivo a propósito de la Guerra del Golfo II y de la visita del Papa a Madrid, así lo acredita. En ambos casos y al pairo de “en vivo y en directo”, nos presentó, de modo más o menos cómplice, la imagen del gran poder con aires de redentor universal. La televisión nos presentó como cierto lo que sólo eran conjeturas. En definitiva, el verbo se hizo imagen para salvar de las tinieblas a los infieles.

Un deslenguado asesor de Bush afirmó que ante la magnitud de la operación “Libertad para Iraq”, convenía “educar a la población” que debía asumir sin rechistar la invasión militar de un país lejano y pobre. A partir de esta idea matriz se diseñó la estrategia de información. Comenzaron “formando” a los periodistas acreditados en el campo de batalla para que supieran a qué atenerse. Luego, supongo que los más aventajados, fueron “empotrados” entre las tropas invasoras para dar cuenta de cuanto veían y les dejaban contar. Los responsables de TVE fueron menos sutiles, por ello pusieron directamente ante el micrófono, junto a su jefe de informativos de probada fidelidad, a un representante de la curia con idea y tono adecuados para la ocasión. ¡Por lo menos se ahorraron el formar a un periodista en asuntos clericales!

Los integristas del Pentágono dieron al mundo ejemplo de cómo un principio básico en la información, cual es el de independencia, muta en casquería ideológica de resonancias tecnológicas: la inmediatez. Mientras que a los periodistas que sí apostaron por la libertad de información, empezaron interfiriéndoles sus emisiones y terminaron siendo objetivo militar bombardeados en el hotel donde se alojaban. TVE, obviando estos detalles éticos y su condición de ente público en un Estado aconfesional, pone todo su potencial al servicio de una confesión religiosa. La cual, como no podía ser de otro modo, aprovecha tan ventajosa cesión para impartir doctrina desde el púlpito catódico. Púlpito salpicando planos generales atestados de gentes a punto de levitar y llenos de luz; la luz mediterránea sobre decorados blancos y amarillos. Por el contrario, del frente en Iraq nos llegaban planos polvorientos, muchas veces de ese verde fosforescente que destilan los ordenadores, con rostros aterrados por el dolor físico de una guerra injusta. Planos oscuros atravesados por estrellas fugaces que conducidas “inteligentemente” harían blanco sobre un objetivo inocente, casi seguro.

Para que el espectáculo televisivo suscitara interés entre las audiencias, era preciso crear la sensación que tan importante es lo que está dentro de campo como lo que queda fuera. En los encuadres sí cabían los muertos, las tierras “conquistadas” e incluso los prisioneros de guerra iraquíes, fuera de campo quedaban los desastres y errores aliados. TVE no ahorró esfuerzo para ofrecer una imagen grandilocuente del Papa. Sólo en contadísimas ocasiones, probablemente atribuibles al despiste, vimos planos que delataran el delicado estado físico del visitante. Nos quedamos, pues, sin argumentos visuales quienes pensamos que incluso la vejez debe ser digna y honorable para el ser humano que hay dentro de ella. Pero al relato no le puede faltar intriga, tensión, ingredientes imprescindibles para cautivar a las audiencias. Así el dúo Bush/Blair se cruzaba mensajes televisivos con el sátrapa iraquí, probablemente ninguno de ellos los veía, si bien prolongaban la vigencia del mismo discutiendo la autenticidad de la autoría. Y para que todo esto adquiera tinte dramático, los personajes han de ser taimados.

Por ello las televisiones nos presentaron al trío de las Azores como el de los machotes dispuestos a llevar la democracia a un pueblo, del que únicamente les interesaba el control de su hábitat y el petróleo del subsuelo. Por idéntica razón dramática TVE enfatizó que el Presidente de Gobierno español se postraba ante el Papa, quien nunca ocultó su radical oposición a la acción bélica, pero que tampoco evitó ni su anillo al beso de Aznar ni la bendición a quien le negó tres veces en el Golfo.

Y toda historia tiene un final, aunque nunca definitivo. De ahí que Bush proclamara sobre un portaaviones el fin provisional de las acciones bélicas y TVE hiciera desaparecer al Papa por detrás de un avión con la voz en off asegurando que Su Santidad quería volver pronto a España. En fin, Dios los cría y la televisión los junta.

 

 
Volver al SUMARIO Página ANTERIOR Página SIGUIENTE Ir a la ÚLTIMA PÁGINA