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He aquí la segunda página que dedicamos a la televisión (la otra es Malalts de tele). Sumadas os ofrecen mucho más que un análisis de la programación televisiva: constituyen toda una filosofía de vida.

 IMÁGENES DEL MAL

Por Ángel San Martín

Lo que las televisiones han montado sobre el 11-S es, simplemente, una orgía audiovisual.Como estamos en el mes de septiembre y pese a no ser muy dado a las celebraciones, me veo obligado a volver sobre la última orgía audiovisual montada por las televisiones. A nadie se le habrá escapado que me estoy refiriendo al 11-S. El despliegue de los distintos medios, y muy especialmente la TV, fue de tal envergadura que se merece unas líneas. Los días previos a la efeméride calentaron el ambiente, si bien de modo poco convincente a tenor de las audiencias captadas. Se anunciaron documentos inéditos, testimonios en exclusiva, programas especiales desde el mismísimo lugar de autos, etc. Daba igual que la cadena fuera pública que privada, todas prometían parecidos productos. De modo que, con semejante menú, no merecía la pena zascandilear de cadena en cadena. Bastaba con ponerse ante el aparato y ver lo que estuviera sintonizado.

Las imágenes más impactantes, desde luego, fueron las de Tele 5, entre otras razones porque nos ofrecieron el documental grabado por ese par de franceses que andaban por las torres en aquel fatídico momento. Pero no se conformaron con el retorcer de hierros ni la caída de cascotes de las Torres Gemelas, esta cadena nos enganchó con otro reportaje. A base de coloquio y cámara oculta, nos mostraron que los procedimientos de control puestos en marcha en los aeropuertos, un año después, seguían siendo igualmente vulnerables. La duda, no Las mismas imágenes, los mismos mensajes patrióticos... todo, todo, muy conocido. obstante, quedó en el aire sobre si esa vulnerabilidad era una creación para la audiencia, dado cómo se montaron las secuencias grabadas, o consecuencia de la privatización de la seguridad en la mayoría de los aeropuertos. Antena 3 aprovechó la ocasión para sacar del trastero a los Hermida, Sáez de Buruaga y demás. Con tanta reserva espiritual en pantalla, hubo que dar por bueno aquello de murieron casi tres mil pero no ha habido ni una sola imagen de despojos humanos. Canal Plus, por su parte, reservó para los abonados los documentales de mayor carga informativa, ofreciendo en abierto coloquios y entrevistas con expertos sobre el alcance histórico del 11-S. La demostración del poderío logístico corrió a cargo de la deficitaria TVE, con un descomunal despliegue de corresponsales y conexiones vía satélite. Y todo esto para apoyar a Bush en su interesada cruzada contra las fuerzas del Mal, capaces de cometer semejantes canalladas.

La conclusión de tal conmemoración es que quedamos un poco hartos de ver una y otra vez las mismas imágenes, repetidas hasta la saciedad. Al final uno creía que, en cualquier momento, un avión te acabaría taladrando la sien con total desprecio para las pocas o muchas neuronas cobijadas a esa altura. Y es que después de tantas hora de programación sobre el atentado, Tanto despliegue audiovisual no era más que una ayudita a un tal Bush a la hora de señalar quién es el culpable de todos los males de este mundo. no se lograba despejar ninguno de los muchos interrogantes que rodean al suceso. Cierto que nos evitaron ver muertos, pero se regodearon hasta el hastío en el sufrimiento de los vivos, fueran familiares o supervivientes. Cierto que el despreciable atentado se produjo en las dos ciudades más importantes del imperio, pero ello no debería ser obstáculo para ofrecer el suceso desde distintos ángulos y distintos lugares del planeta. Cierto que EEUU se está forjando sus propias enemistades, pero éstas no tienen por qué ser también las nuestras. Es decir, el maniqueísmo de las imágenes ofrecidas en torno al 11-S era tan evidente, estaban tan dirigidas a señalar al “malo de la película”  que en muchas ocasiones perdían toda credibilidad. Una vez más, por tanto, el espectáculo televisivo se dirigió al corazón de la audiencia negándole su condición de ser pensante. Resultó, pues, inevitable pensar que tanto despliegue audiovisual no era más que una ayudita al Bush en su paranoia de señalar al sur como fuente del Mal y lugar hacia el que se ha de lanzar el castigo.

 

 
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