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ALGUNAS VERDADES Y ALGUNAS MENTIRAS SOBRE EL CINE

El cine de Basilio Martín Patino no es "documental", pero sí es un "documento" de la época en que se realiza, como el de José Luis Guerín y el de tantos otrosEs difícil definir y a veces distinguir cine bueno de cine malo. Entre otras cosas porque de entrada ya es difícil dar una definición del “cine”. Lo más sencillo para hacerlo sería decir que es la proyección de unas imágenes en una pantalla a la velocidad de 24 por segundo (en el cine sonoro). Pero eso, simplemente, es la regla “científica” para que podamos retener las imágenes.

Otros afirmarán que el cine es la vida perfecta. Algo así diría Truffaut en su más que interesante reflexión sobre el cine que es La noche americana. Un personaje dice, en ese filme, que entre la vida y el cine se quedaría con el segundo. Creo que siempre esta frase del director francés se ha entendido mal. Pienso que sus palabras tratan de indicar que el cine es la “realidad” perfecta. En la vida las cosas  pasan sin poder evitarlas o transformarlas, con sus errores, alegrías, torpezas y miserias. Eso no ocurre, ni mucho menos, en el cine. Aquí las escenas se repiten infinidad de veces hasta que quedan lo mejor posible, hasta que la “vida” se crea de la forma que se quiere.

Otro director francés, el grandioso, travieso, incomprendido y continuo buscador de nuevas formas de expresión, Jean-Luc Godard, decía hace mucho tiempo que el cine era la verdad a 24 imágenes por segundo. Su espíritu contradictorio le llevaría a decir años después todo lo contrario, el cine es la más radical de las mentiras. Su razón estribaba en la existencia de un montaje capaz de trastocar toda la realidad del momento. En una película se mezclan planos de aquí y de allí para fundamentar las ideas que el director desea transferir. Es el caso de los documentales. Ninguno, por mucho que se precie, es la realidad, como máximo es un determinado punto de vista personal de la realidad (el punto de vista del director). Peter Jackson fue capaz de rodar un documental sobre la vida de un cineasta que nunca había existido. Aquí en España experimentos de ese tipo los ha realizado gente tan importante como Basilio Martín Patino o  José Luis Guerín. Canciones para después de una guerra de Patino (por cierto qué manía tiene alguna prensa de apellidarle Patiño) una mezcla de imágenes de diferentes sitios y lugares colocados en un determinado orden para conseguir unos variados efectos. No es la mirada concreta sobre una realidad. Es lo mismo que hace Guerín con, por citar uno de sus títulos, En construcción. Las historias nacen en la película preparadas para contar aquello que le interesa al realizador. Y da igual, en ellos o en otros directores, que se hable de películas de ficción. Son no documentales y sí documentos de una época, de un lugar. Piénsese en Madrid, Nueve cartas a Berta o su reciente Octavia. En general cualquier película que veamos es un documento que señala la fecha, el estilo, el sentido de una época, que fue o pudo ser así. Y pensamos en La edad de la inocencia como recreación de una época o en E. T. , Superman, Sólo ante el peligro, La invasión de los ladrones de cuerpos, El telón de acero, Mi hijo John, La aventura del Poseidón ... como apologéticos tratados sobre determinadas épocas de la historia-realidad de Norteamérica.

El cine (digamos mejor las películas) no pueden ser tratadas de forma simple. No basta con acudir a ellas para pasar un rato. En ellas, en sus historias, hay ideas, mensajes que es necesario aprehender. Hay muchas personas que creen que una película buena es aquella que más recauda (peor para ellas), que más Oscar recibe, que gusta a la mayoría de las personas. Si así fuera hoy no estarían vivas obras como La noche del cazador, el único (y genial) filme dirigido por ese actor maravilloso que era Charles Laughton. No creo que llegase a estrenarse, en la época en que se filmó, en muchos lugares. La vuelta al mundo en 80 días recibió no se cuantos Oscar y hoy nadie parece acordase de ella. Y qué decir de las exitosas en su tiempo Un hombre y una mujer o La mujer de paja. Dieron al estrenarse mucho dinero, mientras otras eran ignoradas en taquilla. Hoy muchas de estas últimas pasan por Filmotecas, forman parte de esas pocas obras seleccionadas como verdaderamente artísticas. El tiempo es el que dice la última palabra. No ocurre en cine solamente. Si nos guiáramos por las “apreciaciones” de los espectadores, los maravillosos cuadros de Van Gogh habrían pasado siempre desapercibidos. ¿En cuánto se valoran ahora esos cuadros?

"Octavia", la última película de Basilio Martín Patino, nos ha animado a dedicar el próximo monográfico de EN CADENA DOS a este cineasta salmantino.Nuestro intento al hablar de películas, no siempre conseguido, es intentar hacer un análisis del filme, encontrar las razones por las cuáles esa secuencia o aquella otra está bien o mal resuelta. En general no nos gusta emplear términos de esos que no dicen nada, pero que son muy socorridos: divertida, interesante, un “ladrillo” (¡pobres Rohmer, Rossellini, Godard, Bergman...!), buena, excelente... Explíquense, por favor, den razones y no se queden exclusivamente en la floritura de los adjetivos. Claro, que lo difícil es saber por qué una película es buena o mala, la razón por la que esa secuencia está bien o mal construida. Nos quedamos en la historia. No nos adentramos en el interior. La historia que se desea contar en cine (y en literatura, y en las artes en general) es lo de menos. Lo de más es el cómo se cuenta. En caso contrario, un bodegón sería considerado una total necedad.

Intentaremos en números posteriores indagar en el mundo del buen o mal cine. En las razones que hacen que una película (aunque guste) no sea más que una tomadura de pelo (mas o menos genial pero tomadura de pelo al fin y al cabo) o que sea genial. Fíjense en Hatari de Hawks. Traten de contarla. Comprenderán que es imposible convencer a nadie, contándola, que se trata de una obra maestra. Godard se reía de los que buscan grandes mensajes (discursos más bien) en cine explicando que la película de Hawks era simplemente la historia de unos cazadores de fieras para circos que un día no pueden cazar un rinoceronte. Vuelven sin él al campamento. Pero tratan de cogerlo. Es una meta que se han marcado. Vuelven a salir y nada. Otra vez al campamento. Al tercer intento lo logran. Fin de la película. Eso tan simple dura dos horas y media, y no sobra un sólo plano porque la acción -y los personajes- progresan, lo contrario de otras películas que duran bastante cuando se podían contar en mucho menos tiempo.

Uno de los cineastas más sobrevalorados de los últimos años ha sido M. Night Shyamalan. Por suerte (o por desgracia, según se mire), su última película ofrece "señales" inequívocas para dejar claro que lo suyo es un bluff, una tomadura de pelo.Pienso en Los otros (afortunadamente no se la ha seleccionado para el premio de las mejores películas europeas), un cortometraje alargado al máximo y con (falsa) sorpresa al final. Lo de menos es que sea una mezcla de esa maravilla que se titula Suspense de Clayton y de esa tontería de El sexto sentido (los amantes del cine de este realizador habrán comprendido después de ver Señales que en su cine no hay nada, que todo se encamina hacia una -insoportable- sorpresa), lo demás es que todo se repite. Se escribió aquí un análisis largo, muy largo cuando se estrenó, hablando de los pros y los contras de Amenábar. De entrada se le pedía que fuera humilde, que tenía mucho que aprender aún. Es insoportable leer la entrevista que aparece en el libro de los jóvenes realizadores del cine español de Carlos Heredero. Con toda la soberbia del mundo no sólo está orgulloso de no conocer el cine clásico (probablemente porque es en blanco y negro y en pantallita pequeña), además se atreve a decir que Centauros del desierto (obra maestra de Ford) es racista y que la grandiosa Vértigo de Hitchcock es una equivocación total porque el secreto se descubre mucho antes del final. Y se queda tan orondo. Esta claro que no ha entendido nada. Eso sí, ha ganado mucho dinero con Los otros (y más con los anuncios para El Corte Ingles). Que vea cine. Hay cosas que conoce bien y puede llegar -con humildad- a ser un director bueno. Esperemos que no le pase lo mismo que le ha ocurrido al señor Tarantino. ¿Tarantino, dicen? ¿Quién ha oído hablar de tal personaje? Sobre él, de momento, se hizo el silencio. Suponemos que sus fans estarán desilusionados. Pero nada, no hay que preocuparse ya aparecerán otros realizadores de primeras películas exitosas a los que, por desgracia, se los llevará el viento. 

 

Adolfo Bellido López

(Director de EN CADENA DOS).

 
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