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ESOS MALDITOS E INCOMPRENSIBLES CÓDIGOS

Por Mr. Arkadin 

Exceptuando el prólogo y el epílogo, "Código desconocido" está compuesta por algo más de cuarenta planos-secuencia impactantesLos personajes del cine de Haneke se expresan con código. Ellos mismos son un código. También lo es su cine: intento de encontrar el código con el que expresar y con el que puedan expresarse sus personajes. Miradas hacia fuera como forma de recoger, aceptar, o sentir un código. Pero sobre todo la imperiosa (y difícil) necesidad de comprenderlo. No es tan fácil. Ni tan siquiera en el caso que nos topemos con el más elemental o el más simple. Cada acción en su cine, y de ahí la dificultad, es representativa de un código. Se precisa una determinada (y diferente) manera de enfocar cada situación. Un código para cada cosa, para cada instante. Una parte o un todo realmente complejo.

La película Código desconocido explicita la búsqueda de esos códigos escondidos, propios de cada personaje. Necesarios, en definitiva, para entender la vida, para poder acercarse a los otros seres. Al final todos ellos (y sus infinitos códigos) convergerán (como al principio) en un secreto, el que imposibilita entender lo que allí ocurre. Y el que ellos puedan entenderse. Algo que Haneke comunicará expresará en sus películas. Tanto a la forma como al fondo. A la realización y a la historia de las múltiples sinhistorias de muchos de sus títulos.

En algún sitio, una publicación acaso, alguien que se autodenomina crítico de cine decía que Código desconocido no estaba mal. Casi un milagro que así le pareciera, ya que, añadía el escribidor, detestaba su película anterior, Funny games. No tengo nada contra sus gustos personales, pero no admito que esas querencias o desavenencias negativicen un análisis crítico. Un hecho que, ante todo, anula la capacidad crítica de quien desea erigirse en profesional del análisis. Una cosa es el gusto y otra muy distinta el análisis. Se trata de pasar de lo (deseable) objetivo a lo (indeseable) subjetivo. Está claro que los códigos de Haneke obligan a muchos espectadores (no críticos) a buscar una defensa personal contra la brutal agresión a la que son sometidos. Una agresión que obliga a recapacitar sobre nuestro propio mundo codificado y sacar unas determinadas conclusiones. Pero siempre desde la distancia. No hay nada más helador que las imágenes brutales (y denunciadoras) de Haneke. Funny games, terrible mirada sobre la violencia de ahora mismo, puede ser vista como cercana al vómito y al tiempo. Todo ello desde un distanciamiento reflexivo. Un concepto bebido probablemente en la obra de Brecht.

Las películas de Haneke son de lo más salvaje y violento que ha dado el cine. Pocas películas son tan difíciles de “aceptar” como Funny games. Personalmente pienso que junto a La carnaza de Tavernier es el retrato más brutal que ha reflejado el último cine, y eso sin dejar a un lado El vídeo de Benny, el primer contacto que tuvimos en un sala de proyección comercial con el cine de este realizador. Títulos, tanto El vídeo de Benny como Funny games, que presentan un desconocimiento (para sus personajes) o una forma de asumir los códigos. Benny los ignora. No distingue entre la realidad y la ficción. Una cámara muestra una realidad pero la realidad se transforma en el propio reflejo de la cámara. Desconocimiento o caos. Incapacidad y falsa madurez. Los jóvenes de sus “juegos divertidos” tratan de repetir -como Benny- lo que ven en la pantalla. Todo forma parte del juego de la imagen, de la parafernalia de los medios audiovisuales. La gente en general parece saber de “que hablan” los medios y cómo lo hacen, pero realmente lo ignora al confundir la realidad con la ficción. Se identifica lo que los medios transmiten con una realidad soñada o buscada. ¿No le ocurre eso mismo a la protagonista de La pianista que busca el amor, su significado, a través de videos pornográficos o espiando a las parejas que hacen el amor en... un autocine? No hay posibilidad de equivocarse. Y, realmente todo es una equivocación. La más clamorosa idea de Haneke, respecto a la necesidad de unir realidad con ficción, semejar el código irreal con los códigos vivenciales, se produce en Funny games como pasamos a exponer. Es un momento importante, repleto de ironía, y que puede recordar a las historia vividas por aquel Mr. Chance que aprendió a vivir (sin vivir) viendo televisión.

También en "La pianista" su protagonista desconoce el código del amor, por eso transforma sus relaciones afectivas en un auténtico calvario¿Qué detalle o escena refleja, pues, la sumisión a los códigos en la historia violenta de los jóvenes dispuestos a llevar hasta sus últimas consecuencias sus “juegos” que irremisiblemente conducen al asesinato? Recordemos. Los jóvenes asesinos se disponen a matar a la mujer, pero por una serie de circunstancias ella se hace dueña de la situación. Ahora domina a los jóvenes. Les ha vencido. Es ella quien puede matarlos. Pero, de pronto, el listo del dúo de jóvenes, piensa que hay algo que no funciona. Y rebobina sus acciones, sus pensamientos, de la misma manera que haría al ver una cinta de vídeo. El joven, y la película, vuelve al momento en el cual la mujer se hizo dueña de la situación. Y, en ese instante, él, que sabe lo que va a ocurrir, toma la iniciativa, la hace caminar desde su conocimiento genérico. La película se regirá, así, por un código primigenio o característico de este tipo de películas. El que transcurriera de otro modo rompería sin duda la “cotidianidad” de lo narrado, se saldría de la norma... Un nuevo código interpretativo condiciona este momento. Concretamente la referencia al género del que se trata. Una regularidad/norma que no se debe alterar.

Los cuarenta y pico fragmentos que existen en Código desconocido se corresponden a los cuarenta y pico planos secuencia (tan sólo transgrede esa narración el comienzo como indicaremos más adelante) que se corresponden con una línea innovadora, difícil, ensayística. Un filme que probablemente no hace más que prolongar, o prologar, un título no estrenado por acá, 71 fragmentos de una cronología del azar. Aunque sea tal, Código secreto es uno de los filmes más libres del cine actual. Vivo y difícil a partes iguales. Puede recordar, el filme, los experimentos, en sus comienzos, de la nouvelle vague y especialmente los ejercicios estilísticos de un Godard con los que el cine de Haneke parece poseer variadas connotaciones o señas identificativas. Ya ha quedado dicho que la película se estructura en unos cuarenta fragmentos (pocos más). Añadiré que esos fragmente se encuentran separados por (reiterados) fundidos en negro. Cada bloque recrea de forma alternativa los trozos de vida de diferentes personajes que aparecen y desaparecen (para volver a aparecer más tarde) en la pantalla con escasa o ninguna unidad. Cada fragmento es, pues, un trozo de vida, aislado, explicativo de un momento de la vida de unos personajes. Un sentido aislado (y generado desde el propio aislamiento-soledad de sus personajes) que no supone la inexistencia de un antes y un después. De hecho existe un algo precedente y un algo que sigue. Pero, por el contrario, no existe ni un principio ni un fin. De hecho la película podía durar cinco, veinte horas o quince minutos. El sentido de todo ello, la existencia del propio sin sentido, la negatividad de un conocimiento general o particular es algo que el espectador, y los propios personajes, debe descifrar. El subtítulo del filme es claro “Relatos incompletos de varios viajes”. Casi nada. Viajes personales en un mundo desconocido, ignorado, incomprendido.

Lo peor del caso no es que no se conozcan unos determinados códigos, lo fundamental es que no se conoce un sentido esencial, específico: el de la vida, el del amor, el de los seres que nos rodean. ¿Acaso conocemos el nuestro? Este asentimiento que produce Código desconocidose extiende a todo el cine de Haneke. ¿No es acaso ese uno de los mayores problemas de Isabelle Huppert en La pianista? Realmente la refinada artista desconoce el código “amoroso”, por eso lo transforma en un calvario de dolor y sufrimiento. El que fatalmente fue concebido, ordenado, instaurado desde su niñez.

Códigos inconclusos, códigos sin descifrar. La vida, el código por excelencia, intentando ser comprendida, “viviendo” los seres como si creyesen comprender lo que ocurre y les ocurre. Lo que “realmente pasa” es algo muy distinto. Al principio de Código desconocido, después del prólogo, hay una secuencia modélica en realización. En ella se concreta la idea del prólogo. Se trata de un larguísimo plano-secuencia creado por una cámara que sigue en movimiento constante a los personajes. El movimiento muestra el no saber estar, el no comprender, con la prisa y el aislamiento, la necesidad de una mirada pausada o de unas palabras repletas de cariño. Todo eso, y más, se da de una sola vez. Lo que aparece como real, y claro, para unos, es difuso y enigmático para otros. ¿Sabemos mirar? Alguien por hacer un bien sale en defensa de una mujer que pide limosna. El favor se vuelve contra la mendiga: no tiene papeles por lo que se la obliga a volver a sus país de origen. No ha sido sólo la ausencia de un código lo que ha impedido entrar, acceder a alguien a un edificio. Ha sido eso y mucho más, aunque aquello suponga cambios de situación. Es el caso del final, cierre con el comienzo, donde el amante de Juliette Binoche se marcha sin despedirse de ella porque “ignora” el código de entrada al edificio. Algo lógico y entroncado en el antes. En la soledad y el aislamiento de las personas reflejado también en el estupendo fragmento del metro, donde Juliette Binoche (en otro de los extraordinarios planos-secuencia del filme aunque ahora en plano fijo) es “atacada” verbalmente por unos jóvenes de color ante la indiferencia de la gente que se encuentra en el vagón.

Los códigos también saltan a la pantalla, como en sus otras películas. Ocurre en la secuencia de la piscina (que por cierto da lugar al cartel que publicita el filme) donde una pareja se declara su amor. A continuación, dentro de la misma secuencia, comprobaremos que esa “imagen” es una parte de una película, que está siendo doblada por la misma pareja que interpreta la secuencia. ¿Se trata realmente del reflejo de una relación amorosa o es algo puramente ficticio? ¿Es real, o propio de una actuación, el miedo de la actriz que interpreta una escena de una película de terror? ¿Ese instante “vivido” forma parte de la realidad o de la ficción? Lo importante es saber descifrar lo que se muestra, lo que hay en ese título y en los otros del realizador. Pero no sólo hay que descifrar lo que él nos dice sino todos y cada uno de los mensajes lanzados por los medios de comunicación. ¿Realidad o ficción? Mensaje y código. Manipulación y demagogia.

El prólogo (esa parte de la que hemos hablado al principio) de Código desconocido expresa claramente el sentido de la película de Haneke (y de todo su cine). Un prólogo al que el espectador, y parte de la crítica, parece no haberle dado ninguna importancia. Como si no existiera. Estoy seguro, por ello, que si se preguntará cómo comienza la película se nos diría de forma general que con la secuencia de la calle que hemos indicado anteriormente. Se ha olvidado que existen imágenes anteriores. Se las ha ignorado como si no contasen, fueran parte de otra película. Y, por tanto, de otro código. Esas curiosas imágenes son las que dan el total significado a la película. Ese prólogo es la única secuencia, por cierto, no contada en plano secuencia: muestra en un montaje alternativo -plano y contraplano- a la chica emisora y a los niños receptores. En el mismo vemos a una niña sordomuda (hay que fijarse claramente en ese detalle de sordomudez, es decir los personajes de este inicio ni oyen ni hablan “normalmente”) trata de comunicar algo a sus compañeros sordomudos. Representa algo delante de ellos. El resto deberá indicar lo que la compañera trata de expresar. Piensan los receptores, reflexionan, dicen su parecer y la niña niega los descubrimientos o falsas certezas de ellos... No consiguen descifrar “su” código. Y eso que se explicita desde algo común a ellos, a su existencia “real” de niños sordomudos. El filme concluirá con una breve imagen que nos devuelve a los mismos niños que tratan de descifrar un código desconocido para todos salvo para el emisor...

Haneke, en "Código desconocido", parece hablar no sólo de la incomprensión de sus protagonistas entre sí... sino también del espectador hacia su obra en particular y el cine en generalY es que, en todas estas codificaciones que, sin duda, harían las delicias de Umberto Eco, se necesita el conocimiento y, por tanto, la captación/comprensión del código por parte del receptor. Tanto de la película como de los espectadores. De no ser así el cine de Haneke puede llegar a cansar. Sólo desde una lectura atenta a todo lo que acontece en las imágenes (y que infiere un conocimiento del arte y la realidad) pueden ser entendidos muchos momentos o reacciones de los personajes de sus filmes. Pienso en  ciertos momentos de La pianista, como es la automutilación, la colocación de los cristales en el bolsillo de la niña o el final (¿se busca el suicidio, el asesinato o la simple huida...?). Momentos, todos ellos, referidos a la presencia de la protagonista.

El mundo de los códigos puebla, pues, el inquietante y terrorífico cine de Haneke. Pese a su silencio externo, los personajes tratan de gritar (desde su interior) para darse a conocer, proclamar sus problemas. Los demás no captan su petición, quizá porque ellos también están emitiendo señales (incomprendidas) de ayuda. Todo sigue igual.  Domina el silencio y el dolor aunque unos niños (sordomudos) lancen al aire (otra vez Código desconocido) el estruendoso sonido de los tambores que aporrean inmisericordemente, con furia, como si se tratase de los mismos (idéntico sonido) instrumentos que en Nazarín señalaban el dolor y pasión del sacerdote de la película de Buñuel. Tambores, en ambos casos, que puntean la tragedia humana. No es casual que en una película repleta de silencios sólo los últimos minutos se jalonen con el incesante (martilleante) sonido de esos tambores. Podremos cerrar nuestros oídos a su llamada imperiosa a la necesidad de hacer algo, de comprender a los demás, de recibir y dar algo tan simple como un poco de cariño, de comprensión pero los tambores seguirán llamando, sonando, implorando...

Nota: la presencia al inicio y al final de la película de los niños sordomudos podría ser un símbolo de todos los personajes del filme... ¿o también se refiere a los espectadores?

 

 

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