El señor de los anillos
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El señor de los anillos

¿Quién podía esperar que el ex-realizador de "gore" Peter Jackson ofreciera una lección tan sorprendente al adaptar una obra literaria?Dos películas parecen competir en estos días de fin y principio de año, auspiciadas por una fuerte promoción publicitaria y por unos espectadores que antes han sido compulsivos lectores y ahora andan deseosos de ver en pantalla lo que otrora su imaginación fraguó al socaire de la lectura. Aquí está unos de los riesgos a correr cuando se intenta filmar un argumento apreciado o valorado expuesto antes por la escritura: las comparaciones (dicen que siempre son odiosas) entre el texto literario y el texto fílmico son inevitables y a la vez engañosas, por cuanto que lo que se escribe sugiere el despertar de la imaginación y lo que se ve en imágenes incita más bien a la connotación de otros discursos reflexivos.

Digo esto porque curiosamente, en estos días nos hemos enfrentado a dos películas que se diferencian precisamente por la inteligencia con que han sido adaptadas de sendas obras literarias y cuyas premisas de calidad artísitico-literarias resisten mucho el ejercicio de comparación: la obra de Rowling, que me parece literatura light, deficientemente infantiloide, de lectura facilona y la ya obra cerrada de Tolkien, de lectura apasionante, de imaginación desbordada, de elevado nivel cultural y de hondo y soterrado discurso.

Ambas obras literarias has dado lugar, con la poderosa ayuda financiera de las grandes productoras, a dos filmes que no son comparables: Harry Potter y la piedra filosofal, una cinta comercial que no remonta el vuelo del arte y un filme mediocre que rezuma la sospechosa filosofía del oscurantismo, de la exaltación del poder y del éxito, del maniqueísmo y de hasta cierto racismo. Por el contrario, El Señor de los Anillos es una película muy lograda artísticamente, que a la vez realiza un severo discurso de hondas raíces humanistas. El primero, en su intento de seguimiento estrechísimo de todo lo que narra y describe el libro se queda a medio camino en ambiciones, desperdiciando, en su conjunto, las inmensas posibilidades que el medio cinematográfico ofrece. El segundo, sin guardar estricta literalidad al libro, conserva el espíritu propio a la obra de Tolkien: una verdadera saga reflexiva sobre la condición humana a través de simbolismos y desbordada imaginación, que bebe sus aguas de los prístinos manantiales de la literatura anglosajona, como fueron las leyendas artúricas o el material del que se valió Wagner para escribir sobre otro anillo. Tolkien añadió, muy camuflados, elementos bíblicos y una filosofía propiamente cristiana (no en vano fue un católico convencido) como son los temas de la vocación, el ideal del servicio a los otros o la aceptación del  sacrificio o la propia inmolación. Paro además, el profesor de Oxford, que dedicó gran parte de su vida a la confección de esta obra literaria, añadió toda su sabiduría sobre mitología griega y céltica y todos sus conocimientos de lenguas extranjeras, vivas y muertas.

En tres años consecutivos veremos la obra completa del novelista inglés filmada por el australiano Peter Jackson, que ha rodado simultáneamente en bellísimos y casi increíbles exteriores de Nueva Zelanda. No es cosa aquí de contar un argumento que Pese a que ambas han sido rodadas con gran respeto a sus fuentes literarias, "El señor de los anillos" es muy superior a "Harry Potter"de por sí es muy largo y prolijo: pero el mismo filme en su transcurso se encarga de recordar al espectador los entresijos de éste (hay varios feed-back en la primera parte de la película para redirigir la atención del espectador). Viendo el filme y gracias a un guión muy bien trazado, el espectador sigue con interés creciente en variados clímax y anticlímax, una larga aventura que se interrumpe casi a las tres horas y deja al espectador con deseos de ver su continuación.

El Señor de los Anillos se sitúa en una época antigua, casi primigenia, pero como toda obra de arte que se precie, a través de su belleza, retrata las cuitas y desdichas de los hombres de hoy. Su corrupción y caída por obtener el poder, las tentaciones que éste provoca y la violencia que por su falta o mal uso produce. A la vez es un canto al sentido del deber, a la fidelidad a la conciencia, a la lealtad en la amistad, a la capacidad de sacrificio. Pese a que en este tipo de historias la presentación maniquea de los personajes es muy corriente, aquí por mano de Tolkien y respetado por su director Peter Jackson, tal separación radical entre el bien y el mal existe, pero fuera de sus protagonistas: estos se debaten entre las dos fuerzas, de modo que los hombres y los hobbits aparecen como somos todos en la vida: con el corazón dividido entre bien y el mal, debatiéndonos entre la elección del bien y la tentación al mal.

¿Quién podía esperar del realizador que empezó con Mal gusto y otras películas gore, Peter Jackson, el esplendor de este filme? Porque esta entrega primera de El Señor de los Anillos constituye una verdadera sorpresa para muchos espectadores exigentes que podrían pensar que el filme sería uno más del género fantástico, donde la voluntad de primar la fuerza de los efectos especiales borraría la línea clara y bien trazada del horizonte bien definido de una obra estimulante. Lo que el espectador ve es precisamente eso: el claro empeño y decido proyecto de realizar una Estamos ante una obra que no cede el protagonismo a los efectos especiales, sino a la narración de una gran aventuraobra coherente, seria y divertida a la vez, con conjunción de los intereses comerciales y artísticos y que junto al deslumbramiento de su espectacularidad no pierde de vista lo íntimo, lo lírico y lo personal a través de un adecuado discurso.

Todos sus elementos técnicos y artísticos están al servicio de este discurso: su potente plasticidad estética nunca cansa, al contrario, sorprende continuamente: arquitecturas oníricas, paisajes soñados, criaturas imposibles aparecen soberbiamente fotografiados. El casting de actores anda a la vez muy adecuado al elenco de sus personajes donde destaca sobre todo Ian MacKellen en el papel del mago Gandalf. Eljah Wood, al menos en esta entrega no da empero la altura del personaje que encarna: quizá se deba a su juventud. Una música con resonancias célticas y wagnerianas y las dulces y ensoñadoras melodías de Enya hacen aún más atractiva, si cabe, ésta más que hermosa película que devuelve al cine algo que nunca debe perder: espectáculo, emoción, arte y reflexión.

José Luis Barrera          

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS

Título Original:
Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring
País y Año:
EE.UU., 2001
Género:
FANTÁSTICA
Dirección:
Peter Jackson
Guión:
Philippa Boyens, Peter Jackson, Stephen Sinclair, Frances Walsh
Producción:
New Line
Fotografía:
Andrew Lesnie
Música:
Howard Shore, con canciones de Enya
Montaje:
John Gilbert, D. Michael Horton, Jamie Selkirk
Intérpretes:
Elijah Wood, Ian Holm, Ian McKellen, Christopher Lee, Billy Boyd, Liv Tyler, Cate Blanchett
Distribuidora:
Aurum
Calificación:
Todos los públicos
, luego modificado a Mayores 13 años.

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