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El círculo
Tiempo de rodaje

UNA TARDE EN EL CINE D'OR

 Por Mr. Arkadin

"El círculo", una película iraní con mucho que enseñar sobre la situación de la mujer en aquel paísHoy en la ciudad de Valencia, y prácticamente en todos los sitios, han sido barridos los cines de reestreno, locales de gran tradición en la ciudad y en algunos de los cuales (hasta, creo, la década de los ochenta) se proyectaban diariamente (por lo que se refiere a Valencia) hasta tres películas. Hoy, las grandes multinacionales han construido las Catedrales del ocio y bajo su manto se quema en escaso tiempo la exhibición de una película. Antes eran cinco años los que pasaban hasta que un filme perdía su “carta” de exhibición. Hoy como máximo (los más rentables) pueden aspirar al corto plazo de seis meses, momento en que el filme pasa a adueñarse de los sistemas videográficos. Muchas películas están en cartel escasas semanas (cuando no una sola) pero proyectándose al mismo tiempo en multitud de salas. Las catedrales cinematográficas están, así, compuestas por múltiples salas que repiten la misma programación que la del complejo situado a sus mismas espaldas.

Decía al principio que en Valencia, como en casi todas las ciudades, han desaparecido los cines de reestreno. No es cierto en forma general. Había aquí, hasta hace unos meses dos salas del mismo exhibidor que se dedicaban a proyectar durante una semana filmes de reestreno (y en programa doble), a priori, de cierto interés o de un cierto gancho. Hoy, de momento, sólo queda uno de ellos. En el otro hubo un incendio al comienzo del verano. Se prometió que se arreglaría y seguiría funcionando. Seguimos a la espera del cumplimiento de esa promesa. Nos queda pues tan solo un local de reposiciones “selectas”. Se alternan películas semanalmente desde una total heterogeneidad. Los precios increíbles, teniendo en cuenta lo que cuesta un cine de estreno: 400 pesetas entre semana, 300 el día del espectador y 500 los domingos. Hace años sería el lugar ideal para chachas y turutas, para estudiantes, para gente de bien y mal vivir. Hoy el público asistente (eliminadas las chachas hispánicas convertidas en ecuatorianas o dominicales) es variopinto a lo largo de la semana. Hay de todo, como se decía antes de las boticas. Los domingos suelen ser más heterogéneo si cabe: maduras y maduros solteros, hispanoamericanos, jubilados, divorciados (as), viudas (os), bujarrones, estudiantes, novios de no demasiado recursos, planes, matrimonios de tercera edad... Asisten a (y aguantan) lo que le echen. El acudir a estas sesiones debería ser obligada para los profesionales del cine. Un auténtico test para comprender y “vivir” los gustos de los ciudadanos..

¿Cual es la actitud de este publico dispar asistiendo a películas muy diferentes? Normalmente son gentes enseñadas a ver mucha televisión, a dormirse y platicar con ella, de ahí que en las sesiones hablen, comenten la película, griten, se enfaden. En una palabra expresen, pero con moderación, sus sentimientos frente a lo que están viendo. No es nada, por supuesto, en comparación con las sesiones abundantes en Valencia y zonas costeras que tienen lugar en verano en los cines al aire libre. Pero eso es otra cosa, otro mundo. A las sesiones de verano en las “terrazas” se lleva uno hasta la tartera y las bebidas. La proyección se convierte en una fiesta popular. En las sesiones de los dos cines de reestreno no se llega a cumplimentar esa ceremonia aunque nadie pone obstáculos para que se introduzcan en la sala bebidas o bocadillos. No se prohíbe entrar con ellos porque eso sí, por fortuna en su interior no se venden palomitas de maíz, cocacolas y demás maravillosos aditamentos pro-americanos. 

Hace unos semanas se proyectó en dicho cine la película iraní, El círculo, junto a Nadie es perfecto de Schumacher. Una curiosa combinación. No había visto El círculo y, aún pensando que podía morir en el intento, acudí el domingo por la tarde. Muchas mujeres en la proyección de mediana (y más) edad. No creo que en la mayoría de las casos acudieran porque sabían que era una película feminista. Entré a primera hora (17h 20’, una curiosa hora de comenzar la sesión). El cine, con mucha gente al comienzo, se iría llenando progresivamente, de forma que al comenzar la película interpretada por De Niro el lleno era casi absoluto.

¿Cómo fue recibida la película iraní? El comienzo extraordinario (el nacimiento de una niña) empieza a desatar las lenguas a gran escala. En negro mientras van apareciendo los (ininteligibles) letreros se escuchan en “off” (en versión doblada o sea en purito castellano) un nacimiento que está teniendo lugar en un hospital en Teherán. Sabemos que el final de los letreros va a coincidir con el nacimiento de... una niña. Los comentarios audibles en las zonas cercanas se refieren a la extraña nacionalidad de una película cuyos letreros no se pueden leer. ¿Será una película árabe? ¿Dónde nos hemos metido?. El negro da pie a la abertura de la ventanilla donde se asoma una enfermera anunciando a los familiares (la madre de la mujer que acaba de tener la hija) el feliz (pero triste para los personajes) nacimiento. La madre de la parturienta pide que le vuelvan a decir qué género es el del recién nacido. No puede ser, exclama, “el médico nos dijo que sería un niño”. La abuela de la recién nacida se escabulle, huye del hospital. De golpe el tema de la película se ha mostrado: el papel de la mujer en Irán (y eso que ahí están mejor que en otros países islámicos). La mujer sale a la calle. La cámara se centra (y se queda) en tres jóvenes mujeres que intentan comunicarse con alguien en una cabina telefónica. Los espectadores se revuelven. Le han cambiado los personajes. ¿Cómo es posible? ¿Es esto una película que cuenta algo?.

Posteriormente la cosa se irá complicado más, ya que El círculo como corresponde a su nombre va a pasar de unas mujeres a otras. Se trata de mostrar el problema de unas mujeres que no quieren ser prisioneras. La lentitud de anteriores obras del director, y del cine iraní en general, se explicita en las variadas historias tristes, desgarradoras, de estas mujeres de negro, utilizadas por los hombres, dominadas por una sociedad machista al tope. Llegan los ronquidos de un espectador que se acaba de dormir y qué despertará y volverá a repetir el ciclo varias veces a lo largo de la proyección.
Al tercer “cambio” de mujer de negro la mayor parte de los espectadores ya no saben de qué va a aquello. Se preguntan (en alto) “sobre si esa que acaba de salir es la misma que desapareció anteriormente”.

Entre el naturalismo más elemental y la reflexión a media luz (para evitar a la furiosa censura) la película sigue pasando revista a unos estamentos erráticos y erróneos. Una sociedad dominada por hombres y sin posibilidad de aire para la mujer. Diversas historias, diversas mujeres nos hablan de lo mismo, al tiempo que nos descubren una sociedad oprimida por la continua (real y simbólica) presencia policial. El carácter metafórico quizás sea lo más elemental del filme. La utilización de elementos simples para trascender a una categoría discursiva o mensajística. Entre ellos, quizás sea demasiado ingenuo presentar a las mujeres siempre fumando (un “algo” propio de hombres y que ellos tienen prohibido). Repetitivo sistema elemental con trasfondo socio-político. 
Comentarios en alto y para todos los gustos siguen acompañan a la película. En un determinado momento alguien pone (muy bajito, eso si) un transistor. Se escuchan debajo de los diálogos de la película, las distintas incidencias que van teniendo lugar en los distintos campos de fútbol (cómo la peli es tan rara algunos espectadores pensarán que el efecto está en las imágenes que reciben). Cuando llega un gol, como se puede suponer, la intensidad del “locutor” aumenta.

Pero en el fondo, el público que acude a los cines (y más si son de reestreno) lo que buscan es el atractivo comercial de un actor como Robert De Niro...Y llega el final. Un claro y hermoso remate. Todas las mujeres que nos han acompañado a lo largo del filme se encuentran en una comisaría. El círculo se ha cerrado. La cámara gira alrededor insistiendo en la idea del título. Finalmente se para en la ventanilla del calabozo, que nos recuerda la ventanilla del hospital con la que se abría la película. Ahí, fija, se queda un rato la cámara. Luego la peli funde a negro. La pantalla queda así unos segundos. Nadie en la sala se ha movido. No captan el final. Esperan algo más.

Y de pronto se encienden las luces. Sorpresas para los cómodos espectadores. No entienden nada. Quieren/requieren/exigen una resolución a los conflictos. “¿Será posible?” dice alguien. “Nos han tomando el pelo”, dice otro/a. “Pero ¿de qué va esto?”, comentan los de más allá. El público (feliz o desgraciado de una tarde de domingo) desea historias con principio o fin, no algo que pida su atención, obligue a reflexionar sobre ciertos problemas. De todas formas, en ese maravilloso final, el mejor comentario procede de un jovenzuelo que está con su novia. “propaganda americana”, dice. Y, después de eso, parece quedarse tan contento. Seguro que al director iraní, si pudiera haberlas escuchado esas palabras, le habría dado un soponcio.

Me marcho del cine. No deseó ver el filme interpretado por De Niro. Sigue entrando gente para ver “esa” otra película. Los comentarios del publico serán muy distintos.. Hace tiempo en este mismo local, como reestreno, se pasó Juegos divertidos la terrible, y maravillosa, peli de Haneke. Me pregunta cuál serían los comentarios durante la proyección y en el final de la sesión dominguera

¿Qué hacer para rescatar a tanto dominguero que en vez de ir al campo se mete en un cine para soñar -o dormir- con la película de turno? Quizá, de todas formas, no haya que despreciar su ensueño.

 

 
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