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SI QUIERES TENER RIQUEZA

Por Mr. Arkadin

Los personajes animales protagonistas de historias sensibleras animadas siempre han sido el plato fuerte de la productoraDisney, nacido en 1901 y fallecido en 1966 (la leyenda que le persigue proclama que se encuentra en estado de hibernación: realmente fue incinerado) se “hizo” desde  la nada (así se dice). El sueño americano (norteamericano), por excelencia. Alguien sin nada que echarse a la espalda se convirtió de la noche a la mañana (quizá en un proceso algo más lento) en (multi)millonario. Como corresponde a un hombre emprendedor (y avispadillo), nuestro moderno héroe perdió a menudo el dinero (embarcado en ilusorios y ruinosos proyectos) para, como estaba mandado, volverlo a ganar. En el camino se aprovechó de unos y otros, siempre fiel a una (su) idea: lo único que importa es uno mismo. Varios de sus compañeros de viaje se bajaron del tren en marcha y formaron nuevas productoras (como la USA de Bosustow que creó, entre otros, los personajes de Mr. Magoo o Boeing Boeing) o se pasaron  a la competencia (actualmente, aún desaparecido Disney, siguen haciendo lo mismo: la producción animada de la productora de Spielberg, o sea de la Dreamworks, está en manos de antiguos oficiantes de la Disney, o sea de Buena Vista). Se cambia de nombre pero no de método u oficio.

Disney, a pesar de los pesares, será siempre uno de los grandes de la animación. Sin él, el género animado sería otra cosa. Su facilidad, para crear personajes del reino animal con rasgos humanos ha sido grande. Su gran imperio (parques de atracciones, una gran productora, tiendas repartidas por todo el mundo, productos marcados con su nombre) nació de la mano de Mickey y no de Donald ni de Dumbo (con anterioridad habría aparecido la “animada” humana Alicia). El reino animal de Disney se completaría luego con patos, vacas, hienas, osos, cervatillos, leones, cerditos...: un inmenso zoo a través del cual se explicita claramente la identificación de los seres imaginarios con los humanos. Realidad o no, se dice que los dibujantes de Disney se ponían delante de un espejo para ver sus caras y poder copiar (para los dibujos) las distintas expresiones del rostro. Del animal irracional al animal racional. O viceversa. Unos y otros, quizá, debiera pensar Disney, son una misma cosa. De hecho, los animados humanos racionales son, en su cine, la expresión de los animados irracionales. Tanto da Blancanieves o Cenicienta o Alicia (el gran experimento, y el gran fracaso de Disney -junto a Fantasía- , aunque su fijeza por Alicia, o por ello, es tal que con su figura inició en 1924 su triunfal carrera en la animación fílmica) como Bambi o Dumbo o los ratones de Cenicienta o los pájaros de Blancanieves. Aunque, eso sí, los seres racionales como los irracionales (no nos equivoquemos) se dividen en buenos muy buenos y malos muy malos. El término medio no existe. Sobre eso volveremos después.

En la obra del “mago” de la animación (como se suele decir, no se sabe muy bien por qué) no sólo hay películas animadas. No, había mezcla de animación y de realidad, al tiempo que también se alternaban las películas animadas (largas) de seres irracionales (largas o cortas) con las de seres racionales (de la “racional” Alicia, en sus comienzos, como se ha dicho, al irracional Mickey). Un paso más que, posteriormente, y ante los avances técnicos, llevará a la productora a trabajar con imágenes digitalizadas. Lo animado se transforma en real pero lo real es un reflejo de lo animado. O más claro: la ficción se funde con la realidad.

El primer largometraje animado de Disney fue "Blancanieves", donde ya quedaba muy claro que junto a sus innovaciones técnicas había que tener en cuenta sus "retrocesos" ideológicosDesde muy temprano (los primeros cortos los realizan unos años antes del comienzo del cine sonoro), Disney comienza a experimentar con el dibujo y con la técnica. Y no sólo en su serie Sinfonías tontas iniciadas en 1929, y que le supondrían varios Oscars (El viejo molino, 1938, sobre todo). Nuevos sistemas de rodaje, mezclas (ya indicadas) de imagen real y animada, seres racionales “conviviendo” con irracionales, formas nuevas de enfrentarse a los trucajes... Su ambición sin límites le lleva a ampliar el campo del cortometraje al largometraje, iniciados éstos en 1937 con Blancanieves y los siete enanitos. No contento con ello Disney se embarcó en nuevas formas de encarar las películas de la casa: de imagen real, series de documentales... Todo ello, primero tímidamente y posteriormente imponiendo una ley: crear una de las grandes productoras/distribuidoras del actual Hollywood: Buena Vista.

Junto a lo anterior, no se debe dejar a un lado, el -curioso- didactismo de Disney para llegar (y llenar) de forma sencilla multitud de áreas. No es sólo la música (hay un famoso dibujo sobre la historia de los instrumentos musicales, Zim Zim Boum Boum, primer filme en Scope de la historia de los dibujos animados, así como esa -falsa- “visionalización” de la música clásica que es Fantasía), sino también las matemáticas (un estupendo Donald en el país de las matemáticas), la química (entre otros un corto sobre la configuración electrónica), la medicina (ídem sobre las vacunas)... lo que incorpora a su filmografía animada. 

Pero lo didáctico no sólo está presente en sus cortos explicativos sobre materias científicas. También lo está, aunque de otra manera, en todo su cine. Él, Disney, niño bueno, trabajador, ciudadano irreprochable, fiel a los fines políticos de su país (su postura en el periodo de la caza de brujas le muestra como derechista, defensor de la persecución de los “izquierdosos”, aunque quizá habría que preguntar si estas fidelidades no estarían más bien en función de “sus” ganancias personales), lanza mensajes impecables en las películas que realiza o se producen bajo su supervisión. Lo cual, no se entienda mal, no quiere decir que, por ello, haga varias malas películas en el campo de la animación o en el campo de la imagen real. Pienso, que en uno y otro caso hay algunas obras suyas destacadas. Citaré, en el campo de la ficción real, la estupenda 20.000 leguas de viaje submarino realizada por Richard Fleischer en 1955, coincidiendo con la iniciación de la mejor etapa directora del autor de Los vikingos. Curiosamente Fleischer es el hijo de Dave Fleischer, creador, entre otras figuras, de la políticamente incorrecta Betty Boop, y uno de los grandes pioneros de la animación. Por tanto un fuerte rival de Disney. El contrato de Richard por Disney suena a una especie de “venganza”: su rival, a través del hijo, ha “mordido el polvo”, ha terminado pastando en las praderas del enemigo.

Pero, volvamos al enunciado mensajístico, de Disney, a su cartilla lanzada a los niños del mundo para que aprendan a ser disciplinados, buenos, amantes de la competitividad y del dinero, y para que también descubran al “mal” (malísimo, terrible), agazapado, olfateando el momento en que debe intervenir para acabar con un poder (éxito, dinero, fama) tanto tiempo soñado. Se trata, en definitiva, de crear una sociedad (amansada) de triunfadores. Si se es así, se llegará muy lejos. Casi, casi, a tocar el imperio de Disney. No se olvide que al final de sus filmes aparece siempre un inevitable happy-end: los buenos triunfan. Ya se sabe hay que estar pendiente del lobo feroz para lograr vencerlo. ¿Quién teme al lobo, lobo feroz?

¿Qué hay que hacer para triunfar y ser admitidos a la mesa de los poderosos? Sus películas son claras en esa propuesta. El mundo se divide en buenos y malos integrales. No hay vuelta de hoja. Se es una cosa u otra. Se está conmigo o con el enemigo. Los buenos, ya se sabe, son aseados, bien hablados, de cara sonrosada, buenos modales, esmerada educación, obedientes, dóciles, amantes de sus padres... mientras que los malos (aparte de aterradores) son cobardes, egoístas, sucios, mal hablados, maleducados, feos a rabiar, deformes... La propia presencia de unos y otros es determinante. Nada más que aparecen (como si de una película muda se tratase) quedan definidos por su presencia. No hay termino medio: buenos o malos. Así de simple. Hay que dejar las cosas claras desde el principio. Se trata de aceptar o de rechazar unas determinadas formas de conducta, de pensamiento. En eso no hay duda. Para ello lo mejor es aterrorizar. Presentar a unos malos tan malos que den miedo y que, por tanto, deben ser eliminados. Recuerdo, como ejemplo, a los ”malos-perversos”, especie de comedores de niños, que aparecen en Mary Poppins. Mientras que los niños (de familia bien), el deshollinador alegre y contento con su trabajo (de una limpieza inmaculada a pesar de su oficio), y la hada angélica que representa Mary Poppins son el bien absoluto, los trabajadores de los muelles (se supone que encierran peligros para el sistema) aparecen con pinta de furibundos criminales. Por un lado, los inmaculados ejemplos del boyante y querido capitalismo, por otro, ejemplarizaciones de los demonios comunistas. Ahí es nada la dicotomía entre un barrio y otro, entre los barrios altos como símbolo del bien y los bajos como cobijadores de los “canallas”. No hay mejor instante (definiendo estas propuestas) que esa visita de los niños al muelle (la escena ya citada de la encantadora institutriz) descubriendo lo que pueden llegar a ser si no son buenos. Toda una aseveración de urbanidad para niños bien. Sin duda, para los futuros dirigentes y hombres de bien (y que quieran, claro está, vivir bien) del futuro cercano: un paraíso logrado con -y por- el dinero.

La peligrosidad ideológica de Disney queda claramente reflejada en el ataque a los "pobres trabajadores", que son feos y malos, en "Mary Poppins"Habría que estudiar la influencia negativa que (para la vida posterior del niño) pueden tener estas películas de Disney para los niños (o los tebeos que cuentan las historias de sus familias de animales). Pero en realidad su esquema no se aleja demasiado del de los cuentos infantiles. Uno y otros tratan de asustar (igualmente) al niño, contándole que “no deben salir del camino”, que deben ser obedientes en todo, ya que así (como Cenicienta, por ejemplo) alcanzarán el premio. Otra cosa es que algunas de las historias de Disney, aprovechándose de una gran sensiblería (distinto, claro está, de la verdadera sensibilidad) se erijan en terribles historias de culpabilidad o de remordimiento. En ese sentido una de las más destacadas (aparte de Pinocho que introduce en el filme el personaje “conciencia”, Pepito Grillo, inexistente en el relato original) será Bambi, historia que, bajo distintas formas, volverá a ser tomada como base para posteriores filmes de la productora. Es el caso, sin ir más lejos, de El rey León y Dinosaurio. La narración base en el primero de los relatos posee incluso concomitancias de tonos shakespearianos.

Canto, pues, y loa al mundo establecido, al consumismo y al dinero. El tío Gilito (un personaje de los comics de la casa) ha sido objeto de estudios por sociólogos, pedagogos y psicólogos. Es representante del poder económico que deja, a regañadientes, caer el dinero, como migajas, entre los suyos. A pesar de su avaricia es envidiado por todos sus familiares, que desearían ser tan ricos como él lo es.

Disney es americano de pura cepa. Nació en Chicago, pero España (no sé si otros países también) consideran que ha nacido o tienen ascendencia española. Si van por el precioso pueblo almeriense de Mojácar comprobarán que en sus comercios de “souvenirs” hay datos que “revelan” (afirman, confirman) la conexión de Disney con ese lugar. La leyenda continúa. Mientras, su imperio sigue, después de la muerte, envolviendo a todo el mundo (por supuesto al civilizado), y enunciando, a los niños, las normas que deben cumplir si quieren ser “algo” en el mundo. Aunque eso sí, el ser así, no les evita vivir atemorizados, con el miedo pegado a la piel. Tarea, esta de meter miedo a los ciudadanos, en la que se esfuerzan todos los poderes (y poderosos) del mundo.


 

 

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