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A CANTAR TOCAN

Por Adolfo Bellido

Uno de los grandes musicales animados de los últimos años ha sido esta versión Disney de "La bella y la bestia"La verdad es que nunca he sido un entusiasta de las películas de animación. Siempre me han terminado cansando. Recuerdo la dificultad que tenía de ver seguidos varios cortos de animación, y eso que era lo que más me gustaba del género, como los ofrecidos (en bloques de unos diez) en aquellos festivales de hace años en los se encadenaban varias aventuras disparatadas de los estupendos Tom y Jerry, divertidos personajes creados por Hanna-Barbera, uno de los múltiples rivales de Disney, para la M.G.M. En los cortos animados mi cansancio quizá se debiera a la constante repetición de los modelos.

En los largometrajes el cansancio daba paso al aburrimiento. Mucha culpa (de ello) la tenía la constante inclusión de canciones, que, para mi, paralizaban la historia. A lo mejor en algún sitio, aunque no sé muy bien donde, está escrito que la mayor parte de los niños del mundo se sienten mejor en el cine cuando hay canciones en las película que ven. No era, desde luego, mi caso. De todas formas, no sé si ese mandato es algo inherente al cine de animación en general o ha sido impuesto por Disney, ya que en general la mayor parte de películas de animación están atiborradas de canciones más o menos melosas, cretinamente edulcoradas, a tono con los colores y la narración transmitida.

En los filmes animados de Disney, atiborrados de canciones, resultaba incongruente que a todo bicho parlante (algo que ha ocurrido hasta hace relativamente poco tiempo) se le negase otro visado que el de un determinado país latinoamericano. De uno en concreto (de cuyo nombre no puedo acordarme... quizá Puerto Rico) procedían todos los doblajes de aquellas películas. Se trataba, probablemente, de una artimaña tendente a ahorrar dinero a las distribuidoras (cuando no eran propiedad del propio Disney, como ahora ocurre con sus internacionales sistemas productivos: producción y distribución corresponden a la propia multinacional) o al contrario. Entonces, tal sistema, se habría impuesto como forma de venta más cara al ser entregadas las películas con el doblaje incluido. Algo que además hacia posible la utilización de una única copia para todos los países de habla hispana. Sin duda Disney poseía un gran cerebro comercial. A lo mejor, incluso de esa forma, la versión doblada era aprovechada en el propio mercado norteamericano extendiendo su poder a la población hispana que allí vivía.

En las versiones dobladas de Disney, era sorprendente escuchar hablar en un arrastrado castellano a todo lo que aparecía (desde Blancanieves a Peter Pan, pasando por Alicia, Cenicienta, Pinocho, Dumbo, Bambi...). Si los diálogos resultaban así bastante sorpresivos no digamos nada de las canciones “cuidadosamente” dobladas. Un hecho que no solamente se impondrá (insisto en el poder de “don” dinero desde la necesidad de que el espectador que acuda a ver estas película no sea únicamente infantil) en las producciones animadas sino que será la norma de los seres “reales”. Sin ir más lejos tanto Van Dyke como Julie Andrews hacen gorgoritos en sus arrebatadoras -y melosas-  canciones con tintes latinoamericanos en cualquier película Disney.

Las canciones en estas películas siguen actualmente dobladas, aunque ahora, eso sí, lo sean en un correcto español (en nuestro Estado) de Castilla. Algo que me figuro será la norma (doblarlas en el país destinatario del producto) en todos los sitios de Latinoamérica en los que exista el doblaje. No obstante, ahora, al igual que ocurría en otros países antes de la muerte del dictador de acá, quien lo desee puede acudir a las grandes ciudades para poder escuchar la voz original de las películas. En las megametrópolis existen versiones dobladas y originales de un mismo título. Sólo allá. En las pequeñas poblaciones sólo se estrena la versión doblada. Algo normal y de fácil entendimiento: la capacidad receptiva para comercializar el evento.

Como complemento a lo anterior añadamos que desde hace años la Disney (al igual que sus rivales) utiliza la sorpresa añadida de ofertar en sus largometrajes la voz de actores famosos. Mediante un alto emolumento “prestan” su voz a los seres de ficción de las películas. Una forma de jugar al variado entretenimiento de “escuchar a ese que no está”: una forma más de incrementar las amplias ganancias.

Las influencias narrativas de "Bambi" se han extendido a títulos más recientes, como "Dinosaurio" o "El rey león"Por fortuna, la Disney, en los últimos tiempos, se ha visto “animada” por la presencia, en sus estudios, de nuevos realizadores, que al no encontrarse bajo el domino directo de Disney pueden trabajar más libremente, imponiendo nuevas formas y visiones en el tratamiento de la animación. Por supuesto, el descubrimiento de las técnicas de producción de imagen digital con el ordenador, ha conseguido dar nuevas alas al género como en el caso de Lasseter y sus curiosas (y a veces tan reaccionarias como si fueran “directas” de Disney) películas que desde su propia productora (la Pixar) viene generando (de Toy Story o Bichos, el curioso “remake” animado de Los siete magníficos,  hasta el muy reciente, y aún pendiente de estreno por acá, Monstruos s.a.). Pero no solamente la originalidad, el talento o las nuevas perspectivas que abre el dibujo se han dado en el campo de la animación digital (aunque se apoyen en ella). Desde hace unos años el cine de animación de Disney busca una forma de expresión novedosa, algo que, curiosamente, ya aparece en El libro de la selva, primera película de animación realizada después de la muerte de Disney.No sería correcto, no obstante, decir que en tiempos de Disney no se experimentaba. El creador de Mickey no se quedaba sólo en el caldo de sus primeras obras. Con la batuta directora en sus manos, Disney, experimentó constantemente en el campo de la animación: mezcla de imágenes reales con animadas, nuevas formas de dibujo, historias novedosas... Los tres caballeros, Fantasía o Alicia en el país de las maravillas son filmes que, más o menos logrados, buscan otras formas de expresión en el género. Bien es verdad que el fracaso de muchos de estos proyectos, es decir, el contemplar que sus innovaciones resultan ruinosos, obliga a Disney a cerrar esas vías, al menos temporalmente, hasta que otras circunstancias permitan seguir caminando por ellas.

Durante los años noventa en los estudios Disney se plantean una visión conductora de unas películas novedosas aunque, muchas de ellas, finalmente terminan por decantarse hacía la clásica temática Disney, de la que la productora no parece desprenderse tan fácilmente: buenos y malos a conciencia, triunfo del bien sobre el mal, final feliz ante la, lógica pero difícilmente aceptable, eliminación de los malvados. Quizá sea una película tontorrona y edulcorada, como el resto de los largometrajes producidos directamente por Disney, la que ponga la nota (y el canto) para promocionar un moderado cambio estético y narrativo. Se trata de La sirenita. Título vital que sirve de apoyatura para emprender empresas mayores: Aladdin, Hércules, La bella y la bestia y El jorobado de Nôtre Dame marcan el rejuvenecimiento momentáneo de la marca junto a las producciones digitales de Lasseter.

Gary Trousdale y Kirk Wise dirigieron dos de los mejores musicales de la Disney: "La bella y la bestia" y "El jorobado de Notre Dame"Voy, brevemente, a centrarme en los dos último títulos señalados, y que son las dos únicas películas que realizan en los 90 Gary Trousdale y Kirk Wise, responsables igualmente de Atlantis, la más reciente producción de la factoría. ¿Qué me interesa de estos dos títulos tan parecidos entre sí? Sobre todo su sentido del espectáculo, su fascinación por el musical del Hollywood clásico, la forma en que su “tempo” encadena las imágenes consiguiendo resultados sorprendentes. La identidad temática de ambos títulos está en la presencia de personajes deformes que enuncian una tesis: el ser bello no tiene por qué ser bueno. Por lo mismo, un ser deforme puede ser bueno. En resumidas cuentas, se trata en ambos casos de una escondida adaptación de la doblez que encierran los seres humanos. No es, pues, muy distinto el personaje de la bestia del de Quasimodo. Ambos, solitarios, suspiran por conocer (y amar y ser amados) a alguien que rompa el hechizo y les saque del estado en que se encuentran. El “bello” de La bella y la bestia, por el contrario, es un ser ególatra (como lo era la bestia antes de ser condenada al hechizo: su verdadera y monstruosa figura será reflejada en un espejo), malvado. Pero mientras la bestia es un ser temido por los lugareños, Quasimodo es una especie de otro bufón, uno más, en una corte de bufones.

En ambos títulos se encuentra el tufillo “maligno” de las obras Disney. Personajes de una pieza, seres irracionales o inanimados que hablan con los humanos, la terrorífica presencia del mal (en el caso del primer título el terror, aparte de los lobos y del entorno, se comunica con la presencia del propio protagonista), los finales felices.

Como contrapartida existe una estructura/atmósfera gótica muy lograda. El tenebrismo de ambos filmes en sus escenarios (el bosque, la habitación prohibida, el castillo en La bella..., Nôtre Dame, la casa del “juez”, el camino hacia la corte de los milagros en El jorobado...) o en la resolución de ciertas escenas (el ataque de los lobos en la primera, el prólogo o la secuencia de las llamas en la segunda) le dan un carácter insólito y muy alejado del cine para niños (máxime cuando existen proposiciones claramente alejadas de un estructura infantil: el intento del juez por “poseer” a Esmeralda).

Si existen elementos de uno y otro filme perfectamente relacionados como las gárgolas de Nôtre Dame, que ya aparecían en La bella y la bestia (cuya “vida”, incluso, puede plantearse como una ensoñación o mentalización del propio jorobado), los utensilios (en realidad los sirvientes hechizados) en La bella..., las figuras creadas por Quasimodo para su gran teatro (elemento que posibilita una unidad con el propio personaje del juez: ambos intentan crear, adueñarse, aunque de forma distinta de la ciudad: uno podría considerarse como el reflejo del otro)...

De todas las maneras, lo más sorprendente de estas dos obras es su sentido del musical, hasta el punto que pueden ser consideradas ambas como dos de los mejores musicales de la década de los noventa. El concepto de musical se posibilita tanto desde el propio espectáculo representado (la primera secuencia del pueblo en La bella y la bestia o la sensacional secuencia de la fiesta anual en París en El jorobado de Nôtre Dame), el color, el ritmo, la planificación (el baile entre la bella y la bestia), el paso de un lugar a otro (el movimiento de la capa del bufón, por ejemplo, en El jorobado...) y hasta el homenaje al propio género en sus propuestas más clásicas (piénsese en el baile de los objetos -tazas, platos...- en La bella y la bestia montado como un ballet de Berkeley). Sin duda, en este sentido, es donde estos filmes de Disney alcanzan su grandeza, hasta el punto de elevarse a gran altura. El musical, parecen enunciar, a pesar de todo, sigue vivo. Los dos filmes, en su grandeza, en su imaginaría gótica, así lo proclaman.

Aunque sólo fuera por ello estos dos filmes serían destacables. Música y cántico -y recitado como corresponde al musical más moderno, el que lleva al género al abismo de su propia destrucción- se unen en un todo, compenetrándose, creando, desde su génesis, la grandeza del musical. De esa forma, este cine, escapa al sentido de aquellas canciones melosas que acompañaban las historias de Cenicienta, Dumbo o Bambi... Ahora, en estos títulos al menos, parecen haber encontrado un brillante lugar de acomodo.

 

 

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