Principal
Arriba

Cuando ruge la marabunta
Aquí un amigo
Con la muerte en los talones
Rashomon-Blake Edwards
Cinema Paradiso
Sin perdón
El último de la lista
Ópera prima
La muerte viaja demasiado
El valor del cine
Malalts de tele
Network
El bazar de las sorpresas
Gremlins 2
Ábrete de orejas
Farenheit 451
Retorno al pasado


EL IMPERIO DEL SOL

Steven Spielberg asegura que "Inteligencia Artificial" es un sentido homenaje a su querido Stanley KubrickAprieta el sol cada vez más fuerte, lo que nos obliga a huir hacía otros lugares buscando un poco de frescor. Bueno, eso ocurre aquí, en este hemisferio, en el otro (donde nos leéis bien a gusto y muy críticamente) os encontráis renegando porque ha llegado el frío, y quizás os preguntaréis cuándo llegará el dichoso calor. La cuestión es quejarnos por algo, pero sobre todo por el mal (malísimo) cine que padecemos en general en el irreconocible año soñado por Kubrick.

¿Diferencia entre realidad y ficción? Naturalmente. Y para el perfeccionista Kubrick, al que ahora le salen amigos por todas partes, lo mejor fue no llegar a ver la posibilidad de conseguir lo soñado, por imposible. Aunque bien mirado, y ya lo he dicho más veces, la célebre película de Kubrick representaba (a pesar de su número) una fecha indeterminada. La marcó en el 2001, pero podía haberlo hecho en otra fecha. La que tomó eran tan buena como cualquiera. Representa un cambio de siglo. Ocurre al igual que con el 1984 de Orwell o tantas otras fechas que aparecen en novelas -o películas- de anticipación. Aunque “¡cómo se equivoco fulanito!” (con un malsano frotamiento de manos) sea la frase predilecta de los agoreros. Pero eso es ignorar el propio juego que significa la ficción del tiempo señalado.

Quizás, algún día (dentro de cientos de años) el hombre se convierta en el superhombre de Kubrick. Falta menos para que el cine sea algo de difícil de comprensión para aquellos que inventaron nuevos procedimientos en los años cincuenta. Aquí en esta ciudad de Valencia (España) los cines parecen esponjas. Tratan como sea de absorber espectadores. Casi cincuenta salas pegaditas a Valencia se  han abierto en menos de un mes. Grandes multinacionales de la diversión (ciudades de ocio) o del propio espectáculo fílmico (las productoras) levantan catedrales, anfiteatros romanos para mostrar los últimos birriosos iconos que, en casi su totalidad, tratan de iluminar las grandes pantallas con sus novedosos sistemas de proyección. Ya lo hemos dicho antes: más cines no significa más películas para ver. Una sala es hoy como un supermercado cuyos productos ofrecidos son las películas en cartel (las mismas que se ofrecen a veinte metros) condimentadas mejor o peor, pero pese a la competencia siguen subiendo los precios de forma descarada. Todo sea por la novedad. Más oferta no significa pues, como también ocurre en el caso de las gasolineras en nuestro país, que haya una rivalidad en precio... a la baja. La competencia, ¡asombroso!. es al alza. Miren, lo que se paga es, además de la película, la comodidad para aparcar, la excelente pantalla, la visión generalizada desde cualquier ángulo (?), el sonido retumbante a punto de destruir nuestros tímpanos... y los accesorios que completan tan taimado sacrificio: palomitas, bebidas, locales contiguos de diversión...

¿Por cuanto puede salir hoy día una sesión de cine en una de las ciudades del ocio? El ir en coche, dejar sus muchas pesetas en las entradas e incluso en los accesorios puede significar una cuenta de varios miles de pesetas (mañana en euros parecerá menos). Pero eso si, las entradas pueden encargarse por Internet, pagarse con tarjetas de crédito... Un mundo que ni Huxley hubiera soñado: la masificación y deshumanización de los seres que acuden a tan grandes edificios. Todo tan pulcro y organizado que puede incluso no haber un sólo ser humano como “organizador” de un “ente” tan complejo. Se imaginan: letreros indicadores, entradas magnetizadas, escaleras rodantes que nos acercan y separan, butacas que nos dan la bienvenida y una maquina que solita pone en funcionamiento la película. El gran hermano-oráculo es el que se impone. Y todo para ver superproducciones vacuas, inconexas, inútiles, idiotizantes. Y es que el Gran Hermano, con su inutilidad, quiere hacerse dueño del mundo y de los negocios.

Pero no sufran, detrás viene el no va más (¿o sí?): el cine digital. O sea que desde cualquier parte del mundo (piense en algo parecido a un DVD vía satélite programable en los idiomas de cada país) se puede emitir a la misma hora desde el mismo sitio una película, con opciones determinadas. Casi ciencia-ficción, pero no tan lejano como imaginan. La cinta será transformada en discos volcados (en la forma que sea) al ordenador central, que mandará distintas ordenes. Y eso, aunque no lo crean, está a la vuelta de la esquina. El sueño de un tal Lucas, más avaricioso que el de Kubrick, controlando ciudad, lugar, día y hora en la que se proyecta sus filmes galácticos bajo su supervisión: le bastará apretar un botón para ser el amo... de las imágenes.

Entre nosotros está el mundo de la Inteligencia Artificial, la película que preparó Kubrick con tanto cuidado y que nadie sabe si llegó a filmar un sólo plano y que ahora de manos del rey Midas-Spielberg se estrenará entre nosotros en septiembre. Una historia donde ya no existe diferencia entre lo humano y lo regido por las leyes robóticas (y no por cierto en la estela de Asimov). Tememos que la cruda parábola que representaba la historia que Kubrick quiso filmar, y que nunca llegó a hacer ya que sus “ojos” se cerraron sin poder verla, se haya convertido en una tonta historia sentimental en las manos de Spielberg. ¿Otra vuelta a ET, el extraterrestre? ¿Buenos sentimientos y maniqueísmo barato? Se acaba de estrenar en pleno verano en Estados Unidos. La taquilla dirá la palabra. Seguro que sonará a dinero ganado a manos llenas. ¿Dedicada a Kubrick? “Es mi mejor homenaje a un amigo”, ha dicho el director. ¿Que le contestaría Kubrick, no dado a coquetear con el público como S. S? ¿Diferencia entre racionalidad e irracionalidad? Con todo lo que se diga, o deje de decir, I.A. nunca será como la obra que hubiera salido de las manos del autor de 2001.

Independientemente de las críticas que reciba, "Inteligencia Artificial" nuna será la misma película que habría rodado Stanley KubrickMientras nos llega septiembre, y el imperio del sol sigue mandando y con él la serie de películas con la bendición de la taquilla como reventadoras de salas. Desde héroes o heroínas futuristas hasta momias resucitadas pasando por tontorronas vueltas a Pearl Harbour, deformando la historia a favor, claro está, de los intereses de los Estados Unidos de América. ¡Loor y Gloria a su tecnología!, a su rabioso sentido comercial que puede hacer digerible el producto más indigesto, olvidando, como en este último caso, que desde ambas partes contendientes (las barras y estrellas y el sol naciente) hace años se estrenó la muy versada Tora, Tora, Tora. Dicen que en esta vuelta a la guerra (¡que manía el hacer ahora tantas películas de guerra!) la Disney va a perder mucho dinero. Hace tanto calor que los espectadores huyen del sol naciente. Sería maravilloso que los espectadores en pleno imperio del sol recobraran la cordura y, además de grandes catedrales cinematográficas, pidieran buenos productores, de lo contrario (¡que ingenuidad!) abandonarían tan falsos edificios donde se proponen la adoración de becerros que ni siquiera son de oro. Queda, eso sí, su resplandor, más cegador por el verano, pero puede deberse a un determinado oxido de hierro (la pirita), que como bien se decía en El tesoro de sierra madre, no es más que el oro de los tontos.

Nosotros cerramos (en agosto) por el calor. Abriremos a tiempo para contactar con la nuevas “inteligencias artificiales”. En septiembre ENCADENADOS se preparará para sufrir el frío y el cansancio del cine nuestro de cada día. Aunque de vez en cuando surja esa obra que nos despierte y nos haga pensar que el cine aún (con o sin nuevas tecnologías) existe.   

 

Adolfo Bellido López

(director de EN CADENA DOS).

 
Volver al SUMARIO Página ANTERIOR Página SIGUIENTE Ir a la ÚLTIMA PÁGINA