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Tony Curtis
Desayuno con diamantes
Días de vino y rosas
10, la mujer perfecta
Victor o Victoria

GATO, AMOR Y LLUVIA

(Desayuno con diamantes)

Por Mister Arkadin 

Una historia de amor contra todo y contra todos, basada en una novela de Truman CapoteRichard Quine, realizador de algunas inteligentes películas en los años 60, fue amigo personal de Edwards, quien fue su guionista y ayudante de dirección en algunos títulos (Mi hermana Elena, por ejemplo). Ambos se dedicaron, con esmero, a bromear entre ellos. El pobre Quine, entre bromas y desengaños, terminó por suicidarse. Hoy, los chistes (muchos de ellos privados) entre ambos aparecen diseminados por sus respectivas películas. 

Desayuno con diamantes, gran obra entre las grandes de Edwards y el cine, fue objeto de algunos sutiles chistes, por ejemplo, en Encuentro en París. Allí, el protagonista, un guionista (William Holden), explicaba a su secretaria (Audrey Hepburn, naturalmente) una escena de amor bajo la lluvia con un gato correteando bajo la lluvia. Los gatos y gatas ya habían tenido protagonismo en un filme anterior de Quine, Me enamore de una bruja, donde la bruja Novak se emparentaba con su felino. Kim Novak curiosamente fue objeto de entusiastas (y dolorosos) cantos amorosos en algunas películas de Quine (amante efectivo o simplemente rendido admirado de la actriz). 

El mítico filme de Edwards basado en la obra corta de Truman Capote es ante todo una historia de amor frente a todo y todos: el mundo, la gloria, el dinero, los otros. Dos seres que se encuentran en una ciudad repleta de enormes edificios, que parecen aplastarles. Ahí esta Holly-Hepburn en la primera secuencia mirando la riqueza de la joyería emblemática a primera hora de la mañana, en el silencio de la madrugada. Sofisticada e inútil, pobre en busca de un mundo de riqueza que se le niega. Holly, de aquí para allá, engañada, timada, buscando acomodo en el país de los falsos triunfos, es una perdedora, una fracasada, 

Como lo es Paul-Peppard. Autor de un único libro. Buscador de un éxito que nunca llega. Al igual que Holly, apuesta por la facilidad de un triunfo que no es un fracaso. Uno y otro personajes son reflejos: ella vive de los hombres, él vive de las mujeres. Viven o simplemente tratan de subsistir en un mundo cruel donde no hay ni siquiera esperanza de un cambio. Hay ilusiones rotas, la posibilidad -¿consolidada?- de una vida en común. Meras formas de enfrentarse a la cruel realidad que les separa, el mundo de la riqueza y el mundo de la cultura. El paseo de ambos por las calles de Nueva York es otro reflejo del comienzo de Holly frente a la joyería. Son aplastados por los edificios en una ciudad difícil, donde todo suena a escaladas imposibles. 

Al parecer la película fue comenzada por el director Frankenheimer. Algo extraño, ya que poco o nada tenía que ver con su mundo. No sé muy bien por que pasó a las manos de Edwards, pero lo que está claro es que él le dio el tono preciso... Por supuesto se encargó de introducir en el guión una fiesta caótica, demencial, en la que todo es posible. 

Hay mucho saber en el encuentro de los dos seres marginales que protagonizan la historia. El autor de una única novela (y con una máquina de escribir sin cinta a cuestas ) y el de una chica sin libros y muchos hombres (canallas y super-canallas) que la engañan en su pretendida vida amorosa. 

Holly huyó a la gran ciudad desde un pequeño pueblo, donde desde muy joven se vio obligada a ejercer de madre, casada con una persona mayor. El hombre va a la gran ciudad en busca de la mujer. Las escenas entre ambos son magníficas. Y mucho más lo es la despedida emotiva en la terminal de autobuses. Una despedida de dos seres distintos, más próximos a una relación paterno-filial que a una separación de enamorados. 

No es la única hermosa relación-unión entre seres humanos. Hay muchas más. Pero si tuviera que escoger otra tomaría ese momento preciso en que Holly pide descansar en la cama junto a Paul. El reposo de dos seres cansados, que añoran tantas cosas. Algo que Edwards explota en más de una película. Son unos tiempos muertos que reflejan una paz y un sosiego. Recuerdo, por ejemplo, el extraordinario instante en que Holden mantiene en la cama –simplemente- enlazada por los hombros a la prostituta mejicana. Una secuencia silenciosa, como ésta de Desayuno con diamantes, en la que muestra el rostro de los actores y en los que se manifiesta todo un mundo (las ilusiones, lo que nunca fue pero pudo haber sido). 

La banda sonora de "Desayuno con diamantes" supuso la entrada de la música "popular" y "comercial": fue uno de los discos más vendidos del añoFrente a los personajes de Holly y Paul emerge el de Edith (una excelente Patricia Neal), otra mujer fracasada, que intenta lograr una (falsa) felicidad a base de talonario. El amor comprado tratando de convertir en imposible una relación sin futuro. 

Mundos falsos en los que aún queda lugar para la ilusión. Uno de los vendedores de Tiffany (con la ilusión perdida en un mundo en el que probablemente ayer creyó)  piensa que los tiempos aún pueden ser como antes: en los paquetes de palomitas aún se pueden encontrar regalos. Es posible todavía soñar. Nada se encuentra perdido. 

Planos largos sirven para desarrollar esta admirable –y contenida- historia. Edwards niega el inserto. El plano general no es cortado para pasar a un plano corto aunque un hecho sea importante. Es lo que ocurre en la excelente secuencia que muestra la conversación de Paul y el ex-marido de Holly en el parque, mientras aquél encuentra la sortija de bisutería. 

Los milagros a veces ocurren. Alguien puede grabar una sortija de bisutería en Tiffany. O dos seres tan iguales y tan distintos se pueden encontrar. Lo difícil es que eso siga adelante. 

Una gata es el propio símbolo de Holly. Una gata que se pierde bajo la lluvia y que precisa ser rescatada. ¿Momentáneamente o para siempre? Tanto da. Lo que ahora importa es ese final bajo la lluvia, que limpia todo, incluso el rostro sofisticado de Holly. Una lluvia que es también un lloro por tantas cosas que nunca fueron, pero que pudieron ser. Una gato, unos cubos de basura, un taxi, un hombre y una mujer que tratan de convencerse de que el amor puede triunfar sobre la crueldad y las llamadas a la riqueza de un mundo falso y peligroso donde nada es lo que parece. Detrás de todo y todos se oculta algo que es más poderoso que la propia naturalidad de la vida. 

Henry Mancini, con su inolvidable melodía "Moon River", fue otro de los artífices del éxito del filmeLastima de algunos excesos (el telegrama notificando a Holly la muerte del hermano dado por una planificación grandilocuente) o de algunos personajes chistosos (el chino interpretado por Mickey Rooney, más cercano a algunos filmes de Clousseau, y al que al parecer Edwards dejó ir por libre) que afean la película. Pero hay muchas más cosas en Desayuno con diamantes, como lo ya señalado o esa secuencia juguetona del robo de las caretas y, sobre todo, el personaje inolvidable de la sofisticada Holly ocultándose detrás de sus gafas, Y, claro, la música de Mancini y su sugerente “Moon River”. 

Inolvidable película sobre el amor en un mundo, donde tal palabra parece estar prohibida y sustituida por el interés. Un mundo de falsedad donde aún puede brillar una sonrisa, aunque sea muy leve, muy pequeña. Y una ilusión por un mundo distinto no dominado ni por la mentira ni por el dinero. 

Holly, maravillosa e inolvidable Holly, caminando por un Nueva York desierto, en una mañana cualquiera, en busca de una riqueza que nunca encontrará. Aunque así lo parezca, Estados Unidos no es el país de los triunfadores. Estos son siempre los mismos, los adinerados y explotadores. Detrás existe una mayoría silenciosa de perdedores que insistentemente llaman –inútilmente- a puertas que siempre terminan por cerrarse.

 

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