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FESTIVALES

Blake Edwards (hoy inactivo) dirigió a Roberto Benigni (hoy hiperactivo) en una de las muchas secuelas de "La pantera rosa" (hoy felizmente olvidada).Desde el comienzo del año distintos países organizan carreras desenfrenadas para mostrar en primicia las últimas películas (¿maravillosas?) que se hacen aquí y allá. Todo ello adornado con guirnaldas, fiestas y champagne (ahora que estamos con Blake Edwards la cosa suena hasta bien). Son los festivales de cine que inundan el aquí y el allá más recóndito y lejano. No hay prácticamente un país (o región) en el que no exista un festival de cine. Da igual que se trate de festivales de cortos o de largos, que sea internacional,  nacional, local o vecinal, de una u otra lengua, de valores o antivalores. Hay festivales centrados en géneros. Hasta el cine X (o porno), el gore y el más madito está presente. No es raro, pues, que  en tal cantidad de eventos se presente casi toda la producción  mundial (exagerando un poco) y que cualquier película pueda airear en su propaganda poseer tal o cual premio: el de las tulipanes de las islas Harika o el trono del rey sabú de Kariadasti.

Hay, claro, está festivales de primera, de segunda, de tercera y hasta de cuarta regional. Lo importante es participar y conseguir, cualquier director, elevar su ego ante el desconsuelo que su filme ha tenido en taquillas o ante el vapuleo (o cotilleo interesado o fraudulento) de aquellos que dicen ser críticos. 

A la vera, verita nuestra, resplandecen los excelsos, los grandes festivales de Cannes y Venecia, cada vez más vendidos a la industria americana y que dan lo que pueden en un momento donde el cine es, en general, de una gran mediocridad. De cualquier manera pueden verse, en algunas de sus variadas (y no apetitosas secciones) ciertas obras innovadoras, originales (pocas, pocas), o al menos que sobre el papel prometen. Sus realizadores son algunos de las especies en peligro de extinción que aun nos quedan. 

Junto a Cannes y Venecia está Berlín e incluso San Sebastián con categoría reconocida como abanderados de películas en primicia y expectantes. Otros festivales, o certámenes, hacen lo que pueden o lo que les dejan.. Existe aquí en España uno muy interesante como es el de Valladolid, aunque no sea sino (y digno de agradecimiento) en su sección oficial una especie de festival resumen que engloba películas de otros festivales. 

Pero por si las películas oficiales no son bastante apetecibles, los festivales se revisten de múltiples ramas de cada una de las cuales pende una determinada sección: especial, informativa, informativa de informativa, de homenaje, ciclos de directores, de géneros, de cinematografías. Apartados estos últimos que aunque sean bienvenidos son más propios de las Filmotecas que en el mundo son que de estos certámenes. Quizás a esas catedrales salvaguardadoras del verdadero cine había que dejarlas hacer su maravillosa labor, unida a la de conservación y encuentro de obras perdidas. Centros de veneración y culta. Loados sean por muchos años. Pero no está mal que los festivales muestren también su admiración por tan o cual realizador, género, temática o nos descubran esa película que incluso permanece ignorada por los centros del saber fílmico. Una película que alguien un día descubrió de forma casual en algún lugar del mundo. 

Aquí, en nuestra España cañí nos surtimos de festivales a diestro y siniestro. Tenemos los citados de San Sebastián y Valladolid, pero también los tenemos a lo largo y ancho tanto de nuestra península como de las Islas. Cualquier pueblo por perdido que se encuentre puede, pues, elevar, incluso a tan honrada categoría la exhibición comercial –y dificultosas- de filmes en distribución normal. Desde Huelva hasta Castejón de Abajo podemos encontrar certámenes, festivales, semanas de cines. En algunos sitios se especializan en cosas referentes a la tierra o el mar. La Comunicad Valenciana es proclive a los festivales o certámenes de cine. Así de pasada podemos citar los de Alfaz del Pí, Peñíscola, Elche y los dos (¡dos!) que se celebran en la ciudad de Valencia (y no es la única ciudad que tiene dos festivales). Menos mal que ambos son muy diferentes. Uno, la Mostra de cine mediterráneo o como demonios se llame ahora o se vaya a llamar, y el otro Cinema Jove.. El primero es el más antiguo, el que mueve más dinero, el segundo es más jovencito pero abarca una serie de cuestiones felizmente interesantes. 

Y este certamen, Cinema Jove, es el que va a celebrarse en este mes de junio. Nació hace dieciséis años de forma sencilla. Se trataba de ofertar una serie de películas llamémoslas infantiles y juveniles realizadas en -¡que tiempos aquellos!- formato cine súper 8 y en (exclusivamente) la Comunidad Valenciana.. Eran como unos encuentros escolares que se realizaban al amparo de lo que entonces era la Universidad Laboral de Cheste, una localidad situada a 20 kilómetros de Valencia. A los pocos años pasó el festival a celebrarse en un hotel de Valencia, y a continuación incorporaría sus proyecciones a la Filmoteca Valenciana y al Centro Cultural de Bancaixa. Ahora a ellas añade las que para el público en general tienen lugar en los jardines de Viveros o en el amplio espacio al aire libre de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias.  

Cinema Jove comenzaba a crecer, a dispararse. Lo que era un certamen exclusivo para grupos escolares iba ampliando su oferta, sin olvidar lo conseguido hasta el momento. Incluso, haciendo lo posible o imposible, porque los viejos espacios y propósitos siguieran presentes y potenciándose. Se unía a los grupos escolares un certamen de cortos en vídeos. El ámbito era ya a nivel de todo el Estado Español. Pero eso no era nada con lo que iba a venir después y ahora se mantiene. Así las secciones oficiales están formadas por cortos y largos a nivel Internacional realizados por menores de 33 años, el encuentro de grupos escolares a nivel de Estado Español y una exhibición de cortos en vídeo de la Comunidad Valenciana. 

Junto a las secciones oficiales estarán las otras, las que muestran las características y la orientación del festival. Secciones informativas, homenajes a directores que en esta ocasión serán dos: Claude Chabrol y Blake Edwards, un ciclo dedicado a la utopía en cine (a ese año 2001 que señala la propia película de Kubrick), una relación entre cine y teatro, un premio a una joven promesa del cine español. 

El Certamen de Valencia, Cinema Jove, ha descubierto a directores que son todo un ejemplo para los jóvenes que se mueven por el certamen. Por aquí estuvieron, hablaron, y se vio la obra de Budd Boetticher, Basilio Martín Patino o Roger Corman. Y se editaron interesantes libros. Excelentes mesas redondas y coloquios. 

"Cinema Jove" permitirá rescatar algunos de los títulos emblemáticos de Blake Edwards, como "¿Qué hiciste en la guerra, papi?".Nosotros, en nuestro homenaje particular al festival, y a un determinado tipo de cine hemos dedicado el Rashomon de este mes a la obra de Blake Edwards, uno de los grandes realizadores de la comedia americana de finales de los años cincuenta y de los sesenta del cine norteamericano. No creemos que sea superior a Chabrol, pero sobre la obra del francés, que sigue en activo, hemos escrito bastante cosas, y seguiremos escribiéndolas, cosa que por desgracia no se puede decir del inactivo Edwards. Es nuestro forma de rendir tributo a un tipo de cine que fue y ya no es. 

Desde el 16 de junio y durante una semana los amantes del cine tendrán una cita en Valencia. Quizás de todas las secciones la menos conocida sea la escolar. Una sección importante y a la que dedicamos unos líneas en nuestro espacio El bazar de las sorpresas. 

Adentraros en el festival. Descubrir sorpresas y sobre todo volver a ver (o ver por primera vez) alguna de las grandes obras de Edwards (Vacaciones sin novia, Operación Pacífico, Chantaje contra una mujer, Días de vino y rosas, La pantera rosa, ¿Qué hiciste en la guerra papi?... y sobre todas Desayuno con diamantes, un filme que encierra todo él una época). 

Y, por supuesto, no perderos esa obra difícil de ver, Seven men from now, de Boetticher. Una película que inauguró su serie de siete filmes con el actor Randolph Scott, y que se conoce como el ciclo Ranown. No se proyectó hace años (en el 95) cuando se homenajeó al director, pero que ahora sí se podrá ver. Aunque sólo fuera por esa películas (y las de Edwards y las de Chabrol) el certamen ya sería importante. Pero hay otras muchas cosas para tener en cuenta. 

Bienvenido, pues, este Cinema Jove, en su dieciséis años de existencia.

Adolfo Bellido López

(director de EN CADENA DOS).

 
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