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En esta sección comentaremos los filmes proyectados en la Filmoteca de la Generalitat Valenciana que difícilmente podríamos contemplar fuera de su ámbito. Son las joyas de la programación, películas raras o inencontrables,  que van siendo recuperadas por los restauradores y que perviven gracias a los esfuerzos de las cinematecas, que sólo con esos rescates justificarían más que sobradamente su existencia.

 

"YI-YI", UN CATÁLOGO DE MAESTRÍA CINEMATOGRÁFICA

Por Marcial Moreno

El estilo pausado, el fuera de campo, las elipsis y el uso de las sugerencias hacen de "Yi Yi" una película espléndidaDentro de su ciclo “Nuevas miradas de Oriente”, la filmoteca valenciana nos ha obsequiado con una espléndida película, una de esas joyas a las que difícilmente podríamos acceder si no fuera por la labor de la institución valenciana.

Se trata de la coproducción entre Japón y Taiwan del año 2000 Yi Yi (Un uno y un dos). A lo largo de sus casi tres horas de duración se nos ofrece un relato austero y distanciado, no desprovisto en ocasiones de humor, sobre el choque entre una cultura mágica y milenaria y una modernidad tecnificada en la que la comunicación, la fidelidad y la verdad se tornan casi imposibles.

La película está repleta de momentos formidables, de personajes entrañables, de maestría cinematográfica. Su discurso se apoya fundamentalmente en una serie de contraposiciones sobre las cuales se organiza el relato. Así, en una sociedad altamente tecnificada, se recurre constantemente a los horóscopos y la magia; en un mundo repleto de teléfonos móviles, el principal problema de sus dueños es la irremediable incomunicación en la que han caído, por mucho que las tenues paredes de las viviendas permitan escuchar todo lo que dicen y hacen sus vecinos. Oposición, en fin, entre generaciones, la que despierta al amor y la que ha descubierto lo terrible de no poder llevarlo a cabo, la que viaja en el embrollado sistema ferroviario japonés y la que utiliza la sencilla bicicleta taiwanesa.

Y sobre todo ello la película nos narra lo trágico del paso del tiempo, la imposibilidad de realizar las ilusiones. Escenas como la despedida entre los viejos amantes en la que él le confiesa que sólo la ha amado a ella, a lo que ésta responde con el silencio y el posterior llanto, son escalofriantes, como también lo es el modo en que se nos cuenta el tránsito de la niñez a la juventud y a la edad adulta a través de los dos niños protagonistas: En el primer caso mediante la fascinación del niño cuando descubre a la joven que entra en la sala de proyección justamente en el momento en que se explica cómo surgió la vida (maravilloso reverso del modo en que Nicholas Ray rodó la muerte de Sal Mineo en Rebelde sin causa, mientras en el planetario se producía la destrucción del universo), o en el caso de la muchacha que se queda por primera vez sola en casa en el momento en que ha descubierto el amor, e imagina contarle a su abuela el nuevo modo de ver la realidad que ha descubierto.

El estilo pausado, el uso del fuera de campo, las elipsis, la capacidad de sugerencia, todo ello construye una película espléndida que, como el niño que la protagoniza, busca la auténtica verdad, aquella que está por detrás, la que la simple mirada no puede ver, y que para ser mostrada recurre al propio cine, a su historia, del mismo modo que el niño recurre a la fotografía, Y es así como todo el filme aparece poblado de referencias cinematográficas: La ya citada Rebelde sin causa, pero también Jenny, El mensajero, París Texas o el filme de Rohmer El amor por la tarde, grandes obras todas ellas que no desmerecen en absoluto a esta hermosa película.

Yi Yi (Un uno y un dos). Nacionalidad: Taiwán, Japón, 2000. Color. Dirección y guión: Edward Yang. Fotografía: Yang Weihan. Música: Kaili Peng. Intérpretes: Wu Nianzhen, Kelly Lee, Jonathan Chang, Issey Ogata, Elaine Jin, Ke Suyun.

 
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