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AMENÁBAR-ARONOFSKY-SEGURA

(Pequeñas notas sobre jóvenes realizadores)

Por Mr. Arkadin

"Abre los ojos", la segunda película de Alejandro Amenábar, contará pronto con una versión americana a cargo de Cameron CroweLa mayoría de los jóvenes directores españoles alardean de su ignorancia. Es algo afín a la pobreza cultural en la que vivimos. Cualquiera puede tener una idea y hacer una obra maestra. La hará si se confunde obra maestra con grandes ganancias (¡a qué si, Señor Segura!). Tranquilidad y buenos alimentos. Aquí en este país nuestro, llamado España, tenemos los mejores directores del mundo (comenzando por Almodóvar), los mejores guionistas tanto masculinos como femeninos (con la Sinde a la cabeza), y los mejores actores no ya del mundo, sino del universo entero. Sólo hay que fijarse en casos como los de “esos” que se nos llevan a Hollywood (con la Pe y el Tony a la cabeza) y de aquellos que se nos quieren llevar (Javi que, eso sí, es mejor actor que Banderas).

Y hasta se nos compran ideas de películas grandiosas.¡Qué maravilla! El cine español, el numero uno. Realmente todo es un espejismo. Ni Almodóvar se puede comparar con Buñuel (alguien muy “analista” ha dicho –al igual que de Ripstein, por eso de que éste fue su colaborador en algunas pelis- eso de él), ni siquiera con Berlanga, Saura, Patino, ni con las mejores obras (por citar sólo a algunos realizadores de nuestra cinematografía) de Juan Antonio Bardem, Fernán-Gómez, Borau o Nieves Conde. Hoy por hoy, además, técnicamente le pueden superar muchos realizadores y sobre todo uno de los (para mi) mejores que tenemos, Montxo Armendáriz. Pero no, el maestro –y así nos luce el pelo- es Almodóvar, que va de “listo” por la vida (menos mal que de vez en cuando se dedica, junto a su hermano, a producir buenas o discutibles películas a otros).

Cómo también es un genio Amenábar. Un chico para todo, lo mismo escribe cine que música, dirige y monta sus películas, que ejerce de enfant divino arremetiendo contra todo lo establecido: Hitchcock a su lado es una birria. Abre los ojos (esa de la que está haciendo un remake Cameron Crowe) es la quintaesencia del cine comparado con Vertigo. Una película de Hitch que, a pesar de lo que se dice, es según el bueno de Amenábar un error de principio a fin. Mucho peor, según ha dicho, es Centauros del desierto del señor Ford. ¿Por qué no se callará y se dedicará a hacer sus películas? ¿Por qué aguantar su incultura fílmica transmitida a la mayor parte de los incautos e incultos espectadores de ahora mismo? Bueno, pues, el señor Amenábar, nada sencillo, en absoluto humilde (no debe haber visto Cautivos del mal- no ve películas en blanco y negro- donde Minnelli hablaba de esa cualidad necesaria para un buen director) y si un divo de aquí te espero, estudió imagen en la facultad de ciencias de la información de Madrid. Se vanagloria de no haber aprendido nada (...pero no sólo de cine) y de haber hecho cine sin haber terminado (ni Ford, ni Hitch, ni muchos más de los grandes de todos los tiempos han pasado por una escuela de cine).

Amenábar parece encontrarse a gusto en su incultura aunque sea un muchacho leído y (casi) universitario (lo cual no quiere, bien es verdad, decir mucho). Sus compañeras próximas de dirección –Inés París y Daniela Fejerman- son autoras (otro decir) de un guión de cine que algunos dicen que es formidable. No sólo el guión, sino también la película. Se trata de Sé quien eres de otra (casi) genio, Patricia Ferreira. En este caso (con el escondido precedente de Recuerda del señor Hitch, al parecer ignorado por la gente dada a la crítica) una buena idea escondía un pésimo guión repleto de situaciones absurdas. La ilógica narrativa era el sustento de una “muy importante” tesis sobre la transición española. Vítores para un filme, pues, por ser político (en mayor grado lo era Nadie se acordará de nosotras cuando hayamos muerto de Díaz Yanes) y... bobalicón. Mientras tanto, en el hoy, una buena obra política (no española) y eminentemente culta como es Abajo el telón de Tim Robbins es ignorada (¡claro, no es de aquí).

¿Qué puedo decir de la señora o señorita Sinde autora –entre otros- de los dos últimos filmes de Ricardo Franco (y del nefasto Las razones de mis amigos del bueno de Gerardo Herrero)? Pues que como las anteriores muestra, sin recato, su (mal) aprendizaje en las (peores) series televisivas. Si La buena estrella salió adelante, es un filme estimable, es porque tuvo detrás a su director (Ricardo Franco) y a un productor que de vez en cuando sabe de qué va la cosa (Pedro Costa). En el siguiente Lagrimas negras se murió (durante el rodaje) Ricardo Franco y la cosa quedó, como está, de risa. Los diálogos de la señora o señorita Sinde son carcajeantes en los momentos más dramáticos. ¿Para cuando nos regalará una comedia? Pues bien ellas tres (si añadimos las citadas guionistas de Sé quien eres) probablemente también poseen un alto nivel cultural (como Amenábar y Cia), ya que entre otras cosas no se encuentran en el nuevo sistema educativo. O sea que deben saber lo suyo de libros y de “historias”, aunque lo demuestren bien poco.

"Torrente 2", de Don Santiago Segura... éste sí que sabe.El que sabe un rato es el señor Segura, don Santiago será el nombre que pondrá dentro de poco en sus tarjetas, en sustitución de aquellas (de hace años) en que se denominaba “el perturbado”. Santiago Segura que ha empezado no se cuantas carreras (incluida la de buen vividor y buen vendedor) ha demostrado en la presentación de su último bodrio Torrente 2 su amplia cultura literaria. Y la ha transmitido con tal fuerza que algunos críticos no han podido por menos de ver sus palabras convertidas en imágenes. De no creérselo, pero es cierto. Segura dijo que su película era la puesta al día del esperpento valleinclanesco. ¡Ahí es nada! Un clásico del siglo XXI mostrando en Marbella las imágenes deformantes reflejadas en los espejos madrileños del autor gallego.

Mientras tanto un tal Aronofsky (nacido en Norteamérica) se deja caer por España, presenta su segundo filme en el certamen de  Valladolid (Réquiem por un sueño), gana el primer premio junto al último Guédiguian, y pocos le hacen caso. A lo sumo su, al menos, original propuesta se ataca furiosamente. Su ansia innovadora es vista con malos ojos. Y no digamos sus disertaciones culturales. Curiosamente se trata de un joven “culto” (especie en vías de extinción) que ya había mostrado sus cartas de presentación con su primera película, Pi, premiada en el festival de Sundance. No va de genio (cosa rara) y sabe que en su próxima película (en manos de un gran estudio) sobre Batman, puede verse obligado a tener que claudicar en muchas de sus pretensiones, para ganar dinero y... poder (como hacia, ¿os acordáis, aquel “directorcillo” conocido aún por algunos que se llama Orson Welles, aunque él obtuviera el dinero como actor para otros) hacer sus personales obras. En su visita a España se fue a ver el espectáculo de Joaquín Cortes, preguntó sobre la aceptación (o representación) de las obras de Eugene O´Neil en nuestro país.

El tal Aronofsky estudio cine en la Universidad de Haward y se licenció como director en el American Film Institute. Y es capaz de estudiar con detenimiento la composición de sus película, al tiempo que reconoce la influencia –en la última- de un tal Francisco de Goya. Asegura que el Museo del Prado –y no por estar aquí en ese momento- es su preferido. O sea, que el muchacho, americano él y no europeo, da una lección de cultura. Su última ( y segunda) película es todo menos vulgar y tópica. Un raro ejemplo en este mundo donde lo normal es ir de genio haciendo películas vulgares. Pero no hay que preocuparse, Aronofsky no es nadie mientras que nuestros A (Almodóvar, Amenábar) y Segura son auténticos directores de cine. Lo que hacen ello si que son películas y dan dinero. ¿Qué se puede decir del filme que no da ni un duro?

El “mañana nunca muere” y entonces resplandecerá la verdad. Mientras la mentira (incultura, globalización...) siga presente, seguiremos expectantes, oteando el horizonte, vigilando el camino esperando que la gente (críticos, espectadores, gentes de mal y buen vivir) termine por “abrir los ojos”.

 

 
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