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ÁBRETE DE OREJAS

 

"La historia más grande jamás escuchada"

Por Sabín

Esta sección, dedicada al mundo de la banda sonora, ha intentado hasta ahora buscar planteamientos y temas novedosos en cada número. En vez de limitarnos a comentar una serie de novedades en el mundo discográfico (que suele ser la tónica habitual en las revistas del sector, y muchas veces por intereses promocionales de las propias casas), os hemos acercado a los conciertos de cine (Jerry Goldsmith en Sevilla), a las revistas de música, a las novedades y, ahora, os ofrecemos una entrevista con un auténtico loco del tema: Juan Sáiz, un hombre (y una mujer, Amparo, no olvidéis que detrás de cada gran hombre siempre hay una mujer aún mayor) que no sólo ha invertido sus ahorros en montar una tienda especializada en bandas sonoras (por cierto, hoy por hoy la mayor de España, no en cuanto a espacio físico, pero sí en lo que se refiere al stock de títulos disponibles), sino que se atrevió más tarde con una de las pocas revistas de "música de cine" que siguen en activo ("Rosebud") y, ya para rematar la faena, bajo el sello SAIMEL ha comenzado a editar bandas sonoras de autores españoles. Nueve títulos forman su catálogo, aunque prometen no acabar ahí su aventura y seguir ofreciendo ideas nuevas a los aficionados españoles. Para facilitar la lectura, hemos dividido la entrevista en dos grandes apartados, el primero dedicado a la aventura de editar bandas sonoras en nuestro país y el segundo centrado en el mundo del soundtrack en general.

PRIMERA PARTE: LA AVENTURA ES LA AVENTURA

¿Cuándo surge la idea de editar bandas sonoras?

Nuestra intención para el primer número de la revista "Rosebud" era hacer un monográfico dedicado a Pepe Nieto, incluyendo además un Compact-disc de regalo. El Festival de Valladolid le dedicó por aquellas fechas un libro que incluía la banda sonora de La aldea maldita y tuvimos que paralizar el tema. Entonces nos propuso editar El perro del hortelano que nadie quería sacar a la venta. No sabíamos cómo se hacía eso de editar y las casas comerciales tampoco quisieron saber nada del tema. Pero nos comprometimos y decidimos tirar adelante: a última hora la casa se volvió atrás y a cuatro semanas de la fecha prevista para el estreno del film nos encontramos con que o editábamos nosotros mismos o el CD no salía... al final logramos tenerlo listo para septiembre del 96, aunque el estreno del film se retrasó por lo que teníamos la banda sonora a la venta en octubre y el film tardó un par de meses en ver la luz.

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¿Por qué os habéis planteado editar bandas sonoras?

Sencillamente porque los propios compositores nos ofrecen sus piezas cuando contactamos con ellos, normalmente para realizar entrevistas y estudios de cara a su publicación en la revista. Aunque la situación está mejorando debido al éxito del cine español, lo cierto es que no hay casas interesadas en la música de cine y menos si es autóctona, porque los CDs de este tipo se venden poquísimo, aunque la película sea un gran éxito. Tras El perro del hortelano nos planteamos un nuevo proyecto con Pepe Nieto, que recogería la música de Libertarias y La pasión turca, pero no llegó a cuajar, aunque inmediatamente nos llamaron otros autores ofreciéndonos material suyo inédito y, claro, como además nos gusta, fuimos metiéndonos casi sin darnos cuenta, intentando sacar pocos productos, pero escogidos, en la medida de nuestras posibilidades económicas.

 

¿Es complejo editar una banda sonora?

Lo más difícil del proceso es llegar a un acuerdo entre la compañía productora, el autor de la música y el productor del film, que es quien posee el master. Si esto se consigue, entonces hay que masterizar para el CD, ya que la música nos llega mezclada en seis canales (para el sonido Dolby de las salas de cine), además de filtrar y remezclar. Posteriormente, diseñamos la portada, fabricamos los CDs y buscamos los contactos adecuados para distribuirlos.

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¿Cuántos títulos habéis editado y cuál es su tirada media?

Con Muertos de risa, que acaba de salir, ya tenemos nueve títulos en distribución, todos ellos comienzan con una producción de 500 ejemplares, que es lo mínimo que nos permite la fábrica, aunque a veces la productora nos pide una edición algo mayor. De todas formas, no llegan a venderse todos ellos, al menos de momento. De lo que no cabe ninguna duda es que son auténticas "ediciones limitadas para coleccionistas".

 

¿Sólo pensáis editar autores españoles?

Tenemos ofertas de Italia, pero no sabemos si tienen salida los títulos y autores que nos proponen. Nos ofrecen más de lo que podemos editar, así que como no nos toque la lotería. Mientras nos llega el "cuponazo", es muy posible que nos pongamos a trabajar en una edición de Muerte en Venecia que será muy distinta del disco antiguo, porque siempre se han editado los temas de Gustav Mahler completos y nosotros pensamos editarlo como están en el "soundtrack": pequeños (o largos) fragmentos ordenados según su aparición en el film de Visconti.

 

¿Cuáles son los problemas "normales" para editar un CD?

De todo: desde ponerse de acuerdo en la carpetilla del disco, hasta decidir qué temas y en qué orden deben aparecer. Normalmente el autor prefiere los temas lucidos y no muchas variaciones del mismo motivo, además no suelen querer que se incluya toda la música de la película. Por otro lado, el productor sólo suele estar interesado en cuestiones económicas y en cómo se distribuirá el compacto. Incluso hay compañías, sobre todo multinacionales, que obligan a ceder parte de los derechos de autor a cambio de la edición. Pero no nos engañemos, la mayoría de bandas sonoras (hablo del "score", de la música incidental, no de las recopilaciones de canciones) no venden más de doscientas copias en nuestro país, por eso no se editan siquiera aquí, sino que vienen importadas de Estados Unidos o de Alemania, donde centralizan la producción europea.

 

¿Y cuáles son los problemas "especiales" a la hora de editar?

De todo, naturalmente. El más claro fue un proyecto que tuvimos y, después de haber grabado y haber preparado la edición, nos enteramos que no teníamos los derechos de grabación porque eran de una compañía distinta a la que habíamos negociado. Esto pasa sobre todo en las coproducciones, donde hay que mirar con lupa la letra pequeña para saber qué es de cada uno y cómo puedes conseguir tú los derechos, aunque sea para editar un cromo. Complicado y farragoso. Aunque en el caso citado, al final logramos sacar el disco y todo.

 

Has hablado de doscientas copias vendidas: ¿cuál es vuestro "best-seller" ¿hay algún fracaso de ventas en vuestras ediciones?

El disco más vendido es el primero, El perro del hortelano, que ya está cerca de las 500 copias y el de menor venta La mirada del otro, también de Pepe Nieto, creemos que debido a la floja carrera comercial del film en nuestro país. Aunque cuando hablamos de tiradas tan pequeñas la cosa puede cambiar radicalmente con el pase en televisión: si La mirada del otro se programa en un buen horario puede que dupliquemos fácilmente los 100 ejemplares que vendimos cuando se estrenó la película de Vicente Aranda.

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¿Y a nivel económico, es costoso?

Una edición "normal" puede tener un coste en torno al medio millón de pesetas, aunque a veces se descontrolan los costes y eso puede repercutir en retrasar o anular alguna edición posterior. Lo que está claro es que con tiradas tan pequeñas un CD que se venda bien apenas da para cubrir costes... y no todos se venden bien.

 

Tienda, revista y editorial ¿os embarcaréis en nuevas aventuras?

Recuerdo algo que nos hizo mucha gracia leyendo una publicación extranjera, donde se hablaba del "grupo Rosebud", que en realidad somos mi mujer Amparo y yo. Hemos sido tentados para editar algún libro, también colaboramos con Radio Klara y Radio Nou, con un magazine dedicado al mundo de la música en el cine. La verdad es que ganas no nos faltan, y ayuda de amigos tampoco, aunque un poco de capital no vendría mal.

 

¿Y de dónde sacáis el tiempo para todos los proyectos?

De donde se puede. Además, no estamos sometidos a ninguna presión editorial: sacamos las cosas a medida que podemos. Si un mes se retrasa la revista, no pasa nada. Y en cuanto a las ediciones discográficas, sólo las acometemos cuando tenemos posibilidades económicas, de tiempo y de derechos de autor para trabajar en un proyecto concreto.

SEGUNDA PARTE: EN UN MERCADO PERSA

Hablemos del mundo de la banda sonora en general: ¿por qué ha cambiado tanto el panorama del aficionado en las últimas dos décadas?

Lo más importante es que hay una mayor comunicación y uno puede encontrar aquello que busca independientemente del país (o la casa) donde esté editado. Además, hoy se edita mucho más: los jóvenes aficionados pueden encontrar las bandas sonoras de sus ídolos actuales (como Hans Zimmer o Mark Mancina) y, al lado, estar presentes las ediciones de clásicos (como Miklos Rozsa o Bernard Herrmann) para aficionados más veteranos. El ejemplo a seguir es Italia, donde se reeditan viejos discos de sus autores, y no sólo Morricone, que vende bien, sino también Nino Rota y recopilaciones de clásicos hoy casi olvidados. También en Estados Unidos las casas Intrada y Citadel están siguiendo una política similar, reeditando clásicos con una gran calidad y cantidad de temas. Hace diez años no se producía nada de todo esto. Ese ha sido el auténtico boom de la banda sonora.

 

¿Y qué echas en falta en el mundo de la música de cine hoy en día?

Sobre todo continuidad y normalización de las compañías discográficas. Cualquiera se compra un CD de The Beatles hoy o dentro de diez años, pero eso no sucede en el campo de los soundtracks. Por ejemplo, una banda sonora como la de Bajo el fuego de Jerry Goldsmith, que estuvo editada y luego incluso descatalogada (y a precio reducido), ahora se paga a 15.000 pesetas el ejemplar, y eso sin entrar en subastas o similares, donde los precios se disparan. Esta situación ha provocado además la aparición de especuladores, con ediciones falsamente limitadas y muy caras, que sólo buscan aprovechar la coyuntura. Falta que cunda el ejemplo de casas discográficas como Rhino o Ricodix, que editan legalmente títulos a buenos precios y mantienen copias en stock, para evitar los abusos posteriores.

 

¿Las ediciones normalizadas acabarían con los piratas?

Los piratas no tienen solución. Los CDs regrabables permiten que todo el mundo se piratee lo que le venga en gana. Es una consecuencia del exceso de productos y del recelo de los aficionados, que ya están hartos de pagar nuevamente por distintas versiones "oficiales" que apenas llevan un tema o dos nuevos, por lo que prefieren hacerse una copia pirata y en paz. Un ejemplo de lo dicho es la banda sonora de Superman, de John Williams. Salió una edición oficial de la Warner Bros. con dos discos, luego se reeditó en Japón en un solo CD, quitando algunos temas; hace unos meses ha salido la regrabación de Varese Sarabande, con Joel McNeely dirigiendo la orquesta y ya está anunciada la "versión definitiva", a cargo de la casa Rhino, que anuncia un doble CD con 150 minutos de música, incluyendo temas no utilizados y una gran calidad de grabación. ¿Cuántos están dispuestos a comprarse todas las versiones "oficiales" de esta banda sonora?. Y eso sin contar que te chafen los productos, porque la casa belga Prometheus está hasta las narices de anunciar proyectos que pone en marcha y las multinacionales se los pisan, por lo que tiene que cancelarlos, aunque en ocasiones la multinacional no saca el producto y acaba siendo algún espabilado pirata el que coloca en el mercado el viejo proyecto de Luc Van de Ven y su Prometheus. Falta regularidad en las ediciones, eso beneficiará a los auténticos aficionados. Pero piratas seguirá habiendo, de eso no cabe ninguna duda... y más si tenemos en cuenta lo difícil que resulta conseguir todos los derechos (músico, orquesta, productor del film) para poder editar el disco legal.

 

Aunque a veces no sean piratas, sino ediciones promocionales...

No te creas que se diferencian en nada, son simples trucos para saltarse determinadas leyes. Aunque no siempre es así, y puede tratarse de una auténtica edición promocional (que entonces no debería salir a la venta) o de la aventura de algún loco. Mira el caso de El planeta de los simios de Jerry Goldsmith, que apareció en una edición de Project 3, en otra de Intrada y, finalmente, en otra de la 20th Century Fox, con más música. Por supuesto que ninguna de las tres ediciones es un negocio, pero como son tiradas pequeñas, de apenas 1000 o 2000 ejemplares para todo el mundo, puede permitírselo algún productor obsesionado con editar tal o cual título.

 

¿Sirven para algo los congresos de música de cine?

Claro que son importantes, porque ponen en contacto al músico con sus estudiosos y aficionados. Ayudan a aclarar las circunstancias en que fue creado un determinado trabajo. Lo que no tiene sentido es la falta de profesionalidad de las personas que los organizan, y esto es aplicable tanto a los congresos, como a los encuentros y los festivales de cine en general. El único gran ejemplo a seguir que conozco es Fernando Lara y su equipo de la Seminci en Valladolid: él no está para salir en la foto, sino para que salgan los que acuden a su Semana Internacional de Cine. En el resto de festivales ocurre exactamente lo contrario: es el organizador, el director o el político de turno el que quiere salir en la foto y así no puede ser.

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¿Y los conciertos de música de cine deberían fomentarse?

Jerry Goldsmith lo dijo claro en Sevilla el pasado otoño: la música de cine puede servir para que la gente vuelva a las salas de conciertos. Ni los contemporáneos ni los clásicos (salvo que el director de la orquesta sea un monstruo) atraen público a las salas. La música de cine, en cambio, es muy popular y arrastra un público que de otra forma nunca iría a esas salas. Además, es un tipo de concierto agradecido para la orquesta, ya que cada sección suele tener el protagonismo en alguna pieza concreta. Hay ejemplos, como la reciente interpretación de La misión, a cargo de Ennio Morricone en Roma, que de verdad impresiona, con todos esos coros en directo, algo fascinante. Falta, eso sí, que las orquestas aprendan a respetar la música de cine: hay música de películas buena, regular y mala, como también la hay en el terreno de la música "clásica". Dentro de unos años sobrevivirá la buena, como así ha sucedido con los clásicos. Pero hay que aprender a respetar esa música.

 

¿Y qué papel deben desempeñar las revistas de música de cine?

Ante todo deben informar. En música de cine más aún, porque apenas hay programas de radio que se ocupen exclusivamente de este tipo de música. Toda la "información" es buena, aunque en general las revistas de cine actuales son deficientes en este tema, tanto por los autores que escriben como por el espacio que le dedican: acaban siendo simples gacetillas. Es curioso, pero la aparición en vídeo de un título suele obtener más espacio que la edición discográfica, esto suele suceder porque la publicidad de bandas sonoras apenas existe, mientras que las casas están mucho más interesadas en promocionar sus ediciones videográficas... y así nos va a los melómanos.

 

¿Pero no hay bandas sonoras que son auténticos éxitos de ventas?

Son casos puntuales, como Titanic de James Horner, o recopilatorios de canciones que a veces ni aparecen en el film y que van dirigidos sobre todo a un público joven. Los demás, incluso Goldsmith, Williams o Horner, acaban en liquidaciones masivas de grandes almacenes. En general, venden los autores norteamericanos, sobre todo Horner, Williams y Goldsmith, en función del título y de la duración y calidad de grabación. Los europeos lo tienen más difícil y sólo casos aislados triunfan en todas partes. Un caso aparte son los discos de la Varese Sarabande, la casa norteamericana que insiste en sacar compactos con menos de media hora de duración, alegando problemas con los derechos de las orquestas que interpretan la música (algo que no sucede cuando edita discos grabados con orquestas europeas, que pueden tener más de una hora de duración): es algo que cabrea a los aficionados, pero como tienen una gran red de distribución tanto en América, como en Europa (a través de la Colosseum alemana), tienen el disco casi amortizado antes de sacarlo, por lo que las críticas le tienen sin cuidado, siguen sacando títulos breves y vendiéndolos sin ningún problema.

 

¿Tanta diferencia hay entre las ventas de un "score" y un recopilatorio de canciones?

Sí, aunque es una diferencia momentánea. ¿Quién se acuerda hoy del recopilatorio de Twister? En cambio el disco dedicado a la música de Mark Mancina hoy sigue vendiéndose relativamente bien. Es un tema de marketing de las multinacionales: les interesa vender rápidamente a los jóvenes, y, en el fondo, no son más que los mismos recopilatorios del verano o las navidades pero con otra etiqueta. Luego pasan las canciones y queda el "score" para los auténticos aficionados, que siempre mantienen un goteo de compras. Pero sí, la diferencia de ventas suele ser enorme en el primer año.

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¿Cuál es el CD más raro que has tenido en tus manos?

Los discos no valen esos precios que se piden por ellos, es un tema de los especuladores. No recuerdo ediciones realmente raras, todas acaban reapareciendo de una u otra forma: Cleopatra, Grupo salvaje, las músicas de Jerry Fielding en los recopilatorios de la casa Bay Cities... todos ellos han sido "títulos-estrella" en un momento dado, pero luego se han normalizado e, incluso, ahora son rarísimos. Otros títulos tuvieron edición normal, fueron incluso descatalogados y ahora pueden costar 15.000 o 20.000 pesetas, como sucede con A propósito de Henry (Hans Zimmer), El turista accidental (John Williams), Bajo el fuego (Jerry Goldsmith)... Estos títulos suelen cobrar auge por el afán de algunos coleccionistas de tener todos los títulos de un autor... pero luego aparecen reeditados aquí o allá y se acaba su prestigio. Por supuesto, la calidad de la música nada tiene que ver con este mercado.

 

¿Y en cuanto a tus gustos: quiénes son tus autores favoritos?

Mi educación en las bandas sonoras comenzó con Bernard Herrmann y Elmer Benstein, luego llegué a John Williams y Jerry Goldsmith. Bernstein ha tocado todos los tipos de música y ha conseguidos bellas composiciones en todos los campos. Herrmann es muy peculiar: el que se aficiona a él difícilmente se desengancha. Pero no tengo manías de compositores, si alguno hace algo malo lo digo, y si es bueno, aunque no tenga otras cosas de interés, también lo digo.

 

¿Y cómo ves el futuro de este "mundillo"?

Si no se adapta a los nuevos tiempos acabará desapareciendo. Creo que debe, por un lado, procurar la edición de discos más baratos y, por otro, ofrecer algo más que la simple música, algo que ya se está haciendo en Internet, aunque de forma no demasiado legal. Incluso los francotiradores como nosotros tendremos que limitarnos a un par de ediciones anuales. El DVD permitirá escuchar la banda sonora aparte del visionado del film, incluso nos permite escuchar distintas versiones o añadir entrevistas, making-of y otras ventajas. Creo que el futuro va hacia el DVD, el CD convencional acabará arrinconado. Otra opción puede estar en la venta de temas musicales a través de Internet, así tú te montas tu banda sonora a elección, no con los temas que te impone la casa discográfica... pero ésta última es una opción que todavía tardará.


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