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CUANDO RUGE LA MARABUNTA (editorial)

(Nouvelle vague)

 

Mayo de 1959, un festival de cine, Cannes, dio a conocer una nueva forma (exagerando el término quizás) de hacer cine. Ahora durante el festival de este año se cumplirán los 40 años de aquel movimiento. Puede pensarse que, todo lo que significo (y lo poco que queda del movimiento) es un ejemplo del clásico chauvinismo francés. Como si los críticos franceses de aquellos años se hubieran mirado el ombligo, y hubieran descubierto la formula mágica que pudiera dar mayor libertad al cine. La realidad no se corresponde con ello. El movimiento (la nouvelle vague) fue importante, dio a conocer a directores destacados, algunos aun en activos y jóvenes en sus planteamientos expresivos. La fuerza del movimiento francés fue tal que llegó a muchos otros países donde jóvenes, difíciles de trabajar en la industria, se instalaban en los estudios y demostraban sus conocimientos, sus ideas llenas de innovadores recursos cinematográficos. el "free-cinema", el joven cine alemán, el cine español, los nuevos cines que nos llegaban del Este (Checoslovaquia o Polonia sobre todo).

 

Cannes en 1959 reconoció en su palmares la importancia de unos hombres que tenían muchos que decir. A todos les unía, por encima o por debajo de su edad, el amor al cine. Si Resnais ya era un "clásico" del documental rompedor no estaba demás que se le reconociese su ruptura en el largometraje (Hiroshima mon amour) o que recién llegados, casi todos procedentes de la crítica, con pocos cortos en su haber, fueran recompensados por las soberbias lecciones que explicaban con A bout de souffle o Los cuatrocientos golpes.

 

La nouvelle vague no surge porque sí, no es un movimiento anárquico sino estructurado desde unos condicionamientos teóricos, que tienen su centro en un hombre y una revista Andre Bazín y Cahiers du Cinema. A través de diversos trabajos de investigación se asientan las bases de un "nuevo" cine: una vuelta a un tipo de cine-cine, de presupuesto escaso, donde la cámara salga a la calle, se despejen los decorados, obteniéndose una total libertad de movimiento. Un movimiento de cámara puede, porque no, expresar cualquier sentimiento o sensación. Es el sentido de un Ophuls, de un Renoir, de un Bresson lo que proclaman estos nuevos realizadores, que son capaces de rodar un film con presupuestos cortos. No sirve el llamado cine de "qualite" francés, sólo sirven algunos grandes (y ya citados) clásicos hombres, junto con otros más jóvenes como Becker o Melville.

 

Hoy a los 40 años del movimiento es el momento de juzgar lo que fue y representó. Sin colorines o cortinillas que empeñen o oculten verdades. La obra existió y existe. No llegó a sus últimas consecuencias. Incluso se puede decir que en las obras de la nouvelle vague se inventa poco, que muchas de sus innovaciones aparecen desperdigadas en determinados films. Pero eso también se puede decir de Welles. Lo importante es lo que representó el movimiento en Francia y fuera de Francia. Lo admirable es que aun hoy directores como Godard sigan reinventando el cine, mientras que Chabrol, Resnais, Rohmer o Rivette siguen mostrándose, entre algún otro, fieles a si mismos, a una forma de entender el cine. Lastima que, en el medio, se nos muriera tan joven Truffautt.

 

Enhorabuena al cine francés en este aniversario. Y a aquellos que quieran conocer más de este movimiento les recomendaría la estupenda revista que Nickelodeon (la que dirige Garci) acaba de sacar, y donde se recogen viejos (y siempre jóvenes) artículos de los grandes patriarcas del movimiento (Chabrol, Truffautt, Godard...). Hay otras publicaciones sobre el movimiento, pero esta es la más reciente, y una de las más sugestivas.


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