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MALALTS DE TELE (Pequeños comentarios sobre la pequeña pantalla)

 

Compañeros

por Ángel Esparcia

 

Los temibles índices de audiencia indican que la serie de Antena 3 "Compañeros" (miércoles por la noche) está en alza. Recordamos que ésta trata de lo que les ocurre cotidianamente a los profesores y a los alumnos del "Colegio Azcona", un centro privado (¿subvencionado?) que imparte enseñanzas de Primaria y de Secundaria. Y Parece que su creciente éxito reside en que se centra cada vez más en la vida de un grupo de adolescentes, alumnos del colegio.

En la televisión existen numerosos antecedentes de este tipo de series (comenzando por "Fama" y acabando por "Querido maestro") en los que supuestamente se acerca al espectador al interior de un centro de enseñanza. En el caso de "Compañeros" yo destacaría el abuso de las técnicas del video-clip, especialmente cuando la historia se centra en las andanzas de un grupo de adolescentes. Es muy frecuente que sin venir a cuento se suspenda la acción mediante travelling circular,etc...La única explicación que se me ocurre es que mediante estos "trucos" se intenta atraer a la audiencia adolescente. Porque el gancho de esta serie entre este grupo de edad parece que es uno de sus principales pilares.

Por último señalar la confusión que se produce entre realidad y televisión en el medio televisivo: en el nuevo debate (?) de Jesús Hermida titulado "Los Comunes", en el dedicado a la violencia en los centros de enseñanza, fueron invitados dos actores de la serie, un "profesor" y un "alumno", como "expertos" en el tema. Ver para creer.

 

 

La guerra de la información

por Ángel San Martín

 

En la guerra las bombas destruyen vidas y los lugares donde éstas se recrean. En las guerras actuales las "bombas informativas" de uno y otro bando no matan pero anestesian. El caso de Yugoslavia está siendo paradigmático al respecto. Primero se nos dice quienes son los buenos y quién los malos. Nosotros, el Occidente dueño de las altas tecnologías, no tiene más interés en el asunto que ponen paz en las desavenencias entre vecinos. Tan filantrópica actitud desemboca en un bombardeo sobre los malos, cuya consecuencia más visible es que los buenos abandonan destrozados sus tierras y sus pertenencias. De los malos apenas nos dicen algo, salvo que son malos. Y por eso, para castigarlos, gastan en bombas el dinero recaudado con los impuestos, mientras que apelan a nuestra caridad para atender las imperiosas necesidades de los buenos, ahora ya sin lugar donde estar con los suyos.

Una de las consecuencias inmediatas de todo este despropósito es que las acciones de las empresas de armamento se disparan en la bolsa de Nueva York. Al fin se da salida a un material bélico ya obsoleto, porque la alta tecnología le permite a la industria bélica ofrecer ingenios muchos más poderosos y precisos. Es la ocasión propicia y a Yugoslavia le ha tocado ahora la peor parte. Los poderes fácticos imponen implacablemente su lógica y la ONU marginada y en quiebra técnica , hace lo que puede y sólo puede justificar la acción bélica. Las convicciones y procedimientos democráticos sufren otra dura derrota. Los parlamentos nacionales son acallados por la televisión, esta sólo tiene imágenes para unos pocos líderes mundiales empeñados en la defensa de un nuevo imperio.

En los campos de batalla y en los despachos suceden cosas graves, la televisión informa continuamente de otras que resultan muy difíciles de comprender. En su retórica ensalza los milagros de de la alta tecnología con la que opera la maquinaria militar de la OTAN, es talmente un videojuego. Los "efectos colaterales" se nos presentan no como algo intrínseco a la guerra sino el daño necesario causado por la malvada astucia del enemigo. Las imágenes ensalzan los desastres que son capaces de hacerla bombas aliadas, no se muestra nada de lo que están haciendo con su material bélico los serbios. Los buenos aparecen desfilando sin amparo ante las cámaras de televisión, mientras que los malos sólo sabemos que existen por lo que cuentan quienes los han visto y oído. Según parece la alta tecnología no le permite a la televisión entrar en el campo de batalla para dar también imágenes de lo que se dice que hacen. No tanto porque dudemos si no sale en la pantalla es porque no lo hacen, sino por dar un tratamiento informativo equitativo

La parcialidad informativa de la TV es de tal magnitud que resulta difícil imaginar, imposible comprender, lo que realmente está sucediendo en Yugoslavia. La Televisión se empeña en levantar acta del presente, aunque para ello tenga que ignorar o deformar la historia del conflicto. Para mantenernos unidos nos dan los primeros planos de rostros albanocosovares marcados por la tragedia. Los serbios sólo se nos hacen presente en el off del enviado especial o en entrevistas apresuradas. La OTAN da conferencias de prensa a la hora de los informativos de medio día. Milosevic, nos dicen, sólo ofrece panfletos audiovisuales de exaltación nacional. De modo que la TV viene a ser la reedición actualizada del catecismo en el que se dictan los principios morales de convivencia, los símbolos del culto, la mística de la eficacia tecnológica y nos muestra cómo y dónde está ahora el infierno. Así que para salvar el cuerpo y tener el alma con el imperio, resulta imprescindible una dosis diaria de información televisiva.


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