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ALGO PARA RECORDAR (en este espacio queremos analizar aquellos film - o figuras del cine - notables y perdidos en algún lugar del pasado reciente o lejano)

 

EL MANUAL DEL TREPA: El rey del río de Gutiérrez Aragón

 

Entre las variadas acepciones de la palabra trepa existen dos que sirven para definir perfectamente a las personas que ejecutan esa acción. Concretamente serían:

. acción y efecto de trepar (escalar, intentar subir a una posición elevada)

. astucia, malicia, engaño, fraude.

 

Sobre los múltiples trepas (también llamados arribistas) de este mundo se realizó una película. Se titulaba El trepa (1974) de Michael Deville. Los interpretes fueron Jean Louis Tritingnant y Romy Scheneider.

 

En mayor o menor medida todos hemos tenido alguna vez que padecer (bien en nuestras relaciones, en el trabajo...) a algún trepa. Forman una legión más controlable de lo que parece. Simplemente al trepa, en general, se le ve venir. Lo peor es cuando eso no ocurre, porque sus redes (sus señas de identidad) se basan en unas acciones claramente estereotipadas, con las que trata de "encañarnos", de llevarnos a su "huerto": Son simpáticos, tienen a gala "conceder" favores, pero únicamente cuando tiene a alguien delante (debe ser reconocida su magnanimidad), adulan (falsamente) por cualquier motivo... y difaman cuando se da la vuelta. El trepa o arribista no sabe pararse, no sabe medir sus acciones. Esa es su perdición. Hay trepas, además, que desconocen en gran parte el "mundo" sobre el que (desean) sustentan su ascensión Es evidente que estos son más fáciles de desenmascarar que los otros. Al final siempre (no obstante) a unos y otros, Corcones los pondrá en evidencia.

 

¿Qué quién es Corcones? Simplemente uno de los personajes míticos de ese hermoso cuento puesto en imágenes por Gutiérrez Aragón llamado El rey del río. El programa doble (Versión Española) de TV2 dedicado a un actor, director, profesional del cine español se dedicó no hacer mucho al director santanderino. Se proyectó este film junto a La mitad del cielo. En ambos, como es normal en la obra del realizador, existe un regusto por la estructura del cuento infantil. Aquí todo encaja para contar, con planeamientos mágicos, la historia de un "ser" dotado de "extraños" (y prescindibles) atributos, puestos en evidencia desde el momento de su nacimiento. Se llama Cesar es un "hijo" de padre desconocido (dato de dudoso mal gusto con el que los guionistas quieren indicar a las claras que estamos ante un hijo de su madre). Un rubio que habita en un mundo de "morenos". Está hecho para triunfar. Para conseguirlo utiliza todas las artes y dotes que el destino le ha concedido y que se concretan en una gran simpatía capaz de obligar a todos los que le rodean a caer en sus garras. Sólo los iguales a él podrán detectarle (el potentado Hector Alterio, un antiguo trepa rodeado de una familia afín a su pensamiento), aunque también lo pueden "olor" sus enemigos acérrimos y ancestrales como el ya señalado Corcones, siempre acechando con su guadaña a los Cesares impositivos. Naturalmente Corcones, desagradable, solitario y lisiado, habitante de un extraño (fantástico) paraje en el bosque, es la representación tanto del mundo del que Cesar se quiere apartar, y al que está destinado, como del fracaso y de la muerte con la que el taimado personaje no podrá jugar. Corcones le dice en el encuentro final que no se escapara de él, que un día le cogerá. Cesar sonríe, pero lo real es que un día caerá de su pedestal ante la brutal mueca de Corcones.

 

Cesar lleva ya en su nombre el estigma del vencedor. Para llegar a la cumbre enarbolara cuantas armas tenga disponibles pero siempre desde su simpatía. El comienzo del film es elocuente. Vemos como el personaje acompañado de su (falso) hermano (en realidad su primo) pesca el gran pez del río. Una elegante elipsis nos impide ver el momento de la captura, de forma que saltamos desde la pesca al transporte de la preciada presa. Todos darán la enhorabuena a Cesar por sus dotes de pescador. Al llegar a la cocina comienza un largo flash back cuyo inicio resulta tan falso como el personaje que lo protagoniza. Cuando casi al final nos vuelve a enlazar la historia, comprobamos que el círculo cerrado no es perfecto, más bien se ha inventado a imagen del protagonista. Cesar no cazó nunca ningún gran pez (lo hizo su fracasado - falso - hermano). Lo que hemos "visto" e "intuido" no es tal. Quizás de una forma un tanto despistante para al espectador, el director nos explica ese hecho ya que podemos comprobar que las cosas hechas y dichas en el prólogo de la película no se corresponden con las que (al repetir la misma acción) se nos muestran casi al final. El punto de vista se abre a nuevas realidades. Es este instante elocuente para entender el film, para darnos cuenta de cual ha sido el sistema empleado por el director para llegar a unas determinadas conclusiones. Simplemente, al igual que otras películas distinguidas, se ha procurado (pienso en la excelente La ley del hampa de Boetticher) la unión del personaje con sus acciones, es decir la (falsa) simpatía del personaje atrapa a los espectadores, que no se dan cuenta (al igual que los seres que pueblan la película) que están siendo cazados en las redes de un cazador profesional, cuya única meta es ascender a costa de lo que sea o de quien sea. El "simpático" Cesar en su camino hacia arriba es capaz de asesinar, despreciar, utilizar, aplastar a cuantos encuentra en su camina. Su única ley es el beneficio propio. Ignora a su madre aun sabiendo que lo es ("es mi tía" dirá en su entierro) porque le interesa vivir con sus tíos como si fuera su hijo. Al final cuando marche a USA para recibir el diploma de trepa oficial, es decir cuando marcha a América para ser investido de las nuevas dotes de ejecutivo, que le procuren el estar arriba, niega a su (falso) padre con una frase idéntica a la anterior ("no es mi padre es mi tío". Palabras que acompaña con una sonrisa metistofélica). Ahí si que se cierra el círculo. El espectador engatusado por la sonrisa de Cesar debe rebobinar la película y comprender cual ha sido la irónica propuesta de Gutiérrez Aragón. Sólo así comprenderá que ha asistido a una narración en la que se narra, en una espléndida unión entre fondo y forma, la ascensión de un autentico trepa, de un sinvergüenza de innoble catadura, capaz de las mayores infamias para llegar "arriba". En definitiva un manual perfecto sobre lo que es y significa el arribismo contado desde un punto de vista de identificación con el propio personaje. Ese punto de vista es su gran mérito y también su peligroso sentido.

 

El rey del río de paisajes maravilloso, de música excelente, de fotografía luminosa esconde las tinieblas de un personaje capaz de cualquier cosa para llegar al lugar que se ha marcado. Escenas como la de su "confesión" (sabiendo que ha habido un testigo) en la que se hecha la culpa de lo que su (falso) hermana ha hecho ("me he meado esta noche en la cama"), la del examen, la final (acostándose con las dos chicas: la rica y su -falsa- hermana), la del asesinato de (el psicólogo) la persona que le "ha descubierto"... son esenciales para entender al "Cesar".

 

Un film excelente que recrea en imágenes, y con envoltorio de cuento clásico (los tres deseos, los tres hermanos, el iniciático camino, la captura de un gran presente para entregarlo al rey del castillo y poder convertirse así en un rey) la realidad de un trepa. Sin dudarlo este sugerente, hermoso, sorprendente e inclasificable film de Gutiérrez Aragón es el más completo manual del trepa jamás señalado (e identificado) por unas imágenes.- Adolfo Bellido.

 

Notas a El rey del río: El argumento es del propio director y de Rafael Azcona. Escribió el guión, junto a Gutiérrez Aragón, José Luis García Sánchez. La música es del grupo Miladoiro y la (excepcional) fotografía de Teo Escamilla. Los interpretes fueron Gustavo Salmeron, que interpreto el papel de Cesar, sus tíos eran en la ficción Alfredo Landa (Antón) y Carmen Maura (Carmen). Silvia Munt (Elisa) incorporaba a la madre, mientras que los hermanos - primos - eran Achero Mañas (Fernando) y Ana Alvarez (Ana). El rico dueño del "castillo" era Hector Alterio (Juan), su hija Miriam Ubri (Elena) y el enemigo Corcones Cesáreo Estévanez.

 

La película estuvo (lamentablemente) una semana en Valencia en un cine de estreno. Pocas semanas después se volvió a proyectar estando varias semanas más.

 

Entre los premios recibidos destacan los concedidos por el CEC a la mejor película española y a la mejor música. Después de esta película Gutiérrez Aragón no volvió a realizar otra hasta 1998.


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