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ÁBRETE DE OREJAS (La página dedicada al mundo de la música en el cine incluye este mes dos artículos: uno de carácter general sobre el mundo sonoro y otro centrado en los conciertos de Jerry Goldsmith en Sevilla).

 

EL SUPERMERCADO VIRTUAL DEL MIX MUSICAL

 

Cuando hablamos de bandas sonoras, inmediatamente pensamos en una selección de obras musicales que han sido creadas para adornar la historia que la película narra. Sin embargo, algo más ocurre cuando la luz de la sala se apaga y, en silencio, la película comienza a verse y también a oírse. La música pertenece a la trama, por eso, con ella, se disfraza de espía, cómplice, protagonista, delator... Tiene la ventaja para el productor de no usar elementos de atrezzo diferentes del sonido. así, un mismo paisaje o habitación es investido de forma diferente por la escucha de la música que, inmediatamente, llena una estancia o paisaje vacío. Existen otras ventajas que la hacen un objeto inestimable en cualquier audiovisual. Es ideal para el uso de mensajes ideológicos y también para describir o exagerar cualquier situación en la que intervenga un factor emotivo alto, o requiera destacar valores y sentimientos llamados universales, como son el principio de autoridad, tristeza, muerte, tensión, felicidad.

Cualquier audiovisual creado por fragmentos, aunque sean inconexos será suturado por una banda sonora, que no tiene por qué ser buena, ni siquiera creada con sentido de unidad, lo que sí se le pide a cualquier sonorización audiovisual es que sea intencionada, y si es posible, creada después de una lectura narrativa del film. El mix en música puede alcanzar valores inestimables como son el cambio instantáneo de cultura, rol, ámbito geográfico o estilístico, simplemente con la utilización de algunos instrumentos, melodías y unos cuantos elementos formales de la música.

Hablábamos al principio de apagar la luz para ver y escuchar la historia audiovisual, pero eso sólo pasa cuando vamos al cine, es decir, pocas veces. Lo que ocurre casi siempre es que vemos y oímos lo que ofrece la pantalla junto a muchas otras cosas: el teléfono, los comentarios de nuestra familia, la música del vecino, el tráfico de la calle, el altavoz del coche que pasa, el camión de la basura. Todo ello percibido como una larga e interrumpida secuencia sonora en la que se intercala de forma intermitente el sonido de otras cadenas con el zapping.

Claro que, desde el otro lado, el de la escucha, muchos elementos quedan en entredicho como el acceso a un presente instantáneo y permanente que trastoca la Historia y descoloca a los personajes permitiéndoles cambios de escenarios -de históricos a nuevos escenarios virtuales- en los que el presente permanente hace acto de presencia. Presiden y presencian nuestra música mix desde las Walkirias de "El Anillo de los Nibelungos" de Wagner en un anuncio de Citroen Saxo; el "Ave Verum" de Mozart en "El Rey León"; hasta una balada irlandesa con acentuación binaria en "Titanic,", o un rock and roll y una tarantela napolitana en un anuncio de cerveza. Todos ellos engarzados con blues y el musical americano que aparecen con mucha más frecuencia que ningún otro.

Usted puede acceder al mix musical con un simple sintetizador. Con él conseguirá sonidos analógicos -creados por imitación de otros- y así podrá obtener aproximaciones muy variadas a sonidos de clarinete, piano, violín, guitarra eléctrica, baterías diversas, gaitas irlandesas o gallegas, banjos, y hasta cajas flamencas. Con todo ello puede sonorizar desde una comunión, hasta una boda o crear el sonido para una fiesta de fin de curso. Y si no tiene suficiente, no tiene más que acceder a la Historia de la Música editada en su totalidad en CD o teclear en su ordenador algunas melodías que irán apareciendo en el pentagrama, editando la partitura. También puede crear directamente sus pistas que después escuchará de forma simultánea, sucesiva, creando bucles, intermedios o repeticiones instrumentales, cambios de tonalidad, instrumentación o efectos de eco. Todo es posible con el supermercado virtual del mix musical. Amparo Porta.

 

EL FANTASMA Y LA OSCURIDAD

(A propósito de los conciertos de Jerry Goldsmith en Sevilla)

 

Hace cinco años Goldsmith ofreció en Sevilla dos conciertos, uno dedicado a los grandes maestros de la música en el cine y el otro a su propia obra. Fue algo grandioso. Los días 4 y 7 de noviembre de 1998, Jerry volvió a La Maestranza con un planteamiento similar: un concierto dedicado a un gran maestro Bernard Herrmann (aunque quizá habría que hablar de dos: ya que gran parte de las obras pertenecían a películas de Alfred Hitchcock) y el otro dedicado a su obra más reciente. goldman.jpg (11841 bytes)

 

El fantasma

 

Durante el primer concierto, el fantasma de Herrmann se paseó por La Maestranza. Las inconfundibles sonoridades herrmannianas en el cine de aventuras (La isla misteriosa o Simbad y la princesa) y lirismo de Alma rebelde, El hombre que sabía demasiado o Ciudadano Kane encontraron en la ajustada interpretación de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla un motivo de doble satisfacción para los asistentes que llenaban tres cuartas partes del aforo: por un lado, se acercaba mucho al "sonido" que todos recordamos de las grabaciones de discos de Herrmann; por otro, es la primera vez que vemos a una orquesta de este tipo en España tomarse "en serio" un repertorio no clásico y, además, disfrutar con la interpretación.

Pero el verdadero disfrute vino en la segunda parte de este concierto, dedicada íntegramente al tandem Hitchcock-Herrmann. Interpretaron Pero ¿quién mató a Harry?, Vertigo, Con la muerte en los talones y Marnie. Pero Goldsmith, muy alejado del divismo que algunos le presumían por su anterior visita a Sevilla, quiso sumarse a la fiesta y añadió un título ya interpretado en su anterior estancia: la "Narración para orquesta" de Psicosis. Claro, el anuncio fue recibido con una gran ovación, y no es para menos: el trabajo de dirección e interpretación es doblemente difícil, al estar la partitura compuesta únicamente para dicha sección de la orquesta.

Aunque la cuerda no fue la única sección que disfrutó: las piezas, sabiamente distribuidas para que todo el mundo tuviera su protagonismo, permitían el lucimiento de distintos grupos y todos tuvieron oportunidad de brillar y saludar... destacando, para quien esto suscribe, las percusiones en Simbad y la princesa y la "Scene d’amour" de Vertigo, donde Goldsmith, para acallar definitivamente las bocas de quienes le acusaban de "director frío", abandonó la batuta y dirigió únicamente con las manos: fue un gesto exquisito que aumentó, si cabe, el romanticismo del tema compuesto por Herrmann y, sobre todo, la expresividad de su delicada dirección de la orquesta.

Al final no hubo bises. Con un español bastante más torpe que su capacidad para dirigir, se despidió diciendo: "Muchas gracias, pero no hay más música". Fue una relativa desilusión, aunque compensada por la inclusión de Psicosis, que no estaba anunciada en el programa.

 

 

...Y la oscuridad

 

El segundo concierto comenzó con su recién creada "Fanfarria para el Oscar" y siguió con una hábil mezcla de títulos clásicos (El planeta de los simios, la "Suite de los generales" –que incluye Patton y MacArthur-- y el "Prólogo" de El tormento y el éxtasis) con sus trabajos más recientes: Mulan, El desafío, El primer caballero, L. A. Confidential o Los demonios de la noche.

Pero hubo más: una suite dedicada a las "Tiny creatures" centrada en la gamberra música de los no menos gamberros films de Joe Dante: el tema principal de Pequeños guerreros con el conocido "Gremlin rag" del primer Gremlins. Un estreno absoluto: la música que ha compuesto para un título aún no estrenado, Star Trek IX: Insurrection, que incluye su conocido tema principal para la serie, además de una nueva música intimista y muy atractiva.

Y, por último, lo nunca visto: Goldsmith hizo dos bises al terminar el concierto (Air Force One y The Shadow) y, como el público que abarrotaba La Maestranza seguía pidiendo más, tuvo que saludar uniformado con el típico sombrero de sevillano y, last but not least, ofrecer un nuevo bis de un tema elegido por el público, en este caso The ghost and the darkness (Los demonios de la noche).

Nuevamente el colorido orquestal fue la nota dominante. Y la seriedad con que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla se tomó las interpretaciones. Disfrutaron ellos y nosotros. Además, Goldsmith decidió utilizar únicamente la orquesta convencional, sin el añadido de sintetizadores (algo muy habitual en su cine desde los años ochenta), ni de instrumentos nativos, por lo que la interpretación era doblemente difícil. El propio autor reconoció el esfuerzo de los músicos haciendo saludar en cada pieza a los que habían llevado la voz cantante: las trompetas en L. A. Confidential, la percusión en Los demonios de la noche, los violines solistas en El tormento y el éxtasis y, cómo no, a toda la orquesta en El planeta de los simios, quizá la obra más compleja de interpretar porque fue compuesta para orquesta convencional, pero tocando los instrumentos de una forma nada convencional, para obtener esas sonoridades únicas que pueden apreciarse en el film de Franklin Schaffner.

Dos apuntes para finalizar. Primero: este tipo de conciertos sirve para demostrar que los aficionados a las bandas sonoras continúan aumentando en España, por lo que merecen un respeto, como también lo merece una música cuya importancia dentro de la música del siglo XX es incuestionable. ¿Para cuándo una programación continuada de actos de este tipo en las distintas capitales de nuestro país?.

Segundo: fue un concierto que acabó con el mito del genio distanciado de su público, aunque ciertas actitudes de la organización (como no avisar de una rueda de prensa fantasma que se convocó sin que los que habíamos pagado la correspondiente entrada, ni la prensa acreditada tuvieran noción de la misma) ya nos habían confirmado que el problema en los conciertos de cine en España no está en los compositores, seres normales que disfrutan como todo el mundo, sino en los organizadores, que secuestran a sus invitados como si fueran propiedad exclusiva. No es la primera vez que vemos una actitud de este tipo y tanto los organizadores de los encuentros en Sevilla (con Carlos Colón a la cabeza) como los de la Mostra de Valencia (con Luis Fernández al frente) deberían tomar nota de lo sucedido con Ennio Morricone en Roma y otros autores en distintos lugares de Europa: firmar autógrafos, atender a la prensa, conversar con los asistentes y actitudes similares contribuyen a engrandecer no sólo al autor de la música, sino a la propia organización del evento. Algo que ellos han olvidado continuamente. Confiamos en que sea la última vez que la organización secuestra al invitado y se autoimpone un protagonismo que jamás debería tener... para eso ya tenemos a los omnipresentes presidentes de los equipos de fútbol continuamente asomando el careto en la prensa. Trabajen y dejen trabajar. Por favor.

Sabín.


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